The 100 ✓ Los cien magufos

Los cien contra la naturaleza
Género :

La premisa:

La humanidad sobrevive en una gran estación espacial -el Arca, fruto de unificar todas las estaciones espaciales existentes- después de una guerra nuclear. Han pasado cien años y el aumento de población y escasez de recursos son tan graves que se ha instaurado la pena de muerte para todo delito que comenta cualquier mayor de edad. En este escenario, las autoridades de los supervivientes envían a 100 adolescentes delincuentes a la Tierra como conejillos de indias para comprobar si el planeta vuelve a albergar condiciones para la vida.

Con este interesante punto de partida, tras ver el piloto uno recuerda esa frase de el estupendo documental sobre la guerra de Irak La guerra sin fin:

Sabíamos que era difícil. Había 4 formas de hacer las cosas bien, y 100 de hacerlas mal. Lo que no podíamos imaginar es que se hicieran todas y cada una de las cosas que era posible hacer mal.

Los 100 magufos

El desarrollo:

A los guionistas parece que el explorar un planeta desconocido y lleno de peligros con precariedad de medios no les parecía suficiente conflicto, así que mejor introducir tensiones exageradas y comportamientos disparatados en la mejor tradición de Galáctica o Helix. De este modo, nos encontramos con que los descendientes de un montón de científicos y astronautas de gran preparación, acostumbrados a la cooperación internacional y escaldados por un apocalipsis nuclear, montan un estado fascista en el que se castiga con la muerte la menor disidencia de opinión que sería el sueño húmedo del hijo tonto de Cristina Cifuentes y Felip Puig. Para arreglar las cosas, estos lumbreras envían a explorar un planeta que se ha vuelto desconocido y posiblemente hostil a 100 adolescentes sin darles preparación, herramientas, instrucciones básicas y sin hacer un mínimo control de selección.

Así, durante una maniobra tan peligrosa como es el descenso ya hay unos cuantos candidatos a premio Darwin que se quitan los arneses y se ponen a hacer el magufo por la nave con los resultados de muerte por gilipollismo que se podrían esperar. A los 5 minutos del aterrizaje, los matones a los que a nadie se le ha ocurrido que quizá no sean el mejor liderazgo a la hora de reconstruir una civilización ya están montando su particular reedición de El señor de las moscas y, naturalmente, ningún lince ha reparado tampoco que podría causar algún problemilla de convivencia el hecho de que los chavales tengan ligeros resquemores del estilo “tu padre mató al mío”.

Los cien contra la naturaleza

Lo siguiente que hace muchachada, además de pelearse, es ponerse a disfrutar de la naturaleza mientras sólo los 2 listos del grupo se preocupan de que hay que comer y beber. En este punto ya lo único sorprendente para el espectador no son los ciervos de 2 cabezas, sino que los chavales no anden cagándose encima. Ni siquiera el 2% de privilegiados cae en la cuenta de que a lo mejor hay que buscar también refugio, o tomar alguna precaución -como no bañarse en ríos desconocidos con serpientes gigantes- en un bosque que brilla por las noches, lo pueblan animalejos  mutantes y tiene unas preocupantes huellas de bípedo. En el Arca, entretanto, los padres de las criaturas les han enviado a unos cuantos kilómetros de su destino, han perdido la comunicación y se ponen a ejecutarse entre sí. ¡Conflicto! ¡Conflicto!

La serie tendría pinta de ser una serie currista en potencia de no ser por la orientación juvenil llevado al extremo ridículo que le han dado cambiando el instituto por la tierra postapocalíptica, pero manteniendo los matones, los rebeldes independientes nobles de corazón, la chica cándida redentora de malotes u otros ejemplares. Junto a Starcrossed (dudo que me digne a escribir sobre esa) esta es la segunda serie de ciencia-ficción-juvenil de la temporada y, ojo al nivel, por el momento la mejor es The 100.

 

Óscar Cuevas

 

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