Crítica de Robocop, u otra opinión más

Robocop
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Siempre es complicado hacer un remake de una película, más si esta película es relativamente reciente como para que parte del público la recuerde, y más aún si se trata de una película que por ser de culto ha llegado a espectadores posteriores a su generación.

Es el caso de Robocop, uno de los films de Verhoeven en los que más se nota su marca personal: ultraviolencia en la frontera con el gore y sarcasmo políticamente incorrecto. Ambientada en un futuro cercano respecto a 1987 mostraba una Detroit colapsada y unos Estados Unidos en los que se aplican los principios de privatización incluso a una policía que se está sin recursos para hacer frente a unos criminales organizados, bien entrenados, más numerosos y mejor armados. Este es el escenario para que aparezca la figura de Robocop: un robot al que las limitaciones de computación han obligado ha incorporar un cerebro orgánico (por aquello de que no vaya ametrallando civiles inocentes por error) y que se convierte en algo más que una película de acción futurista cuando este cerebro humano empieza a recuperar recuerdos de su vida pasada.

José Padilha (Tropa de Élite) se encuentra para hacer el remake con que ese futuro que anticipaba la película de Verhoeven ya ha llegado y no ha resultado tan terrible. Cierto es que Detroit ha quebrado, pero no matan un policía a diario, el Estado no está está siendo derrotado por bandas criminales y el modelo privado, lejos de avanzar, cada vez está más en cuestión (salvo en España, que merecería una película propia de Verhoeven para analizar su involución).

Si repetir el escenario era difícil, repetir la historia de la máquina que no sabe que es un humano podría haber sido suicida (véase -o mejor, no véase- el remake de Spiderman y su aburrida repetición en peor de sus momentos más dramáticos: pardillez de instituto, transformación, asesinato del tío Ben, primera aparición…). Quizá teniendo esto presente Padilha hace unos cuantos giros de tuerca interesantes: El futuro (esta vez el futuro respecto a la época actual) no es tan desesperante y el estado de la tecnología  permite tener robots de combate eficaces ganando guerras por todo el mundo sin bajas y sin víctimas inocentes (salvo que seas un un niño con un cuchillo, en ese caso asume las consecuencias de atacar a un robot de combate y acepta tu premio Darwin). Las justificaciones para introducir un policía con cerebro humano son muy distintas y bien argumentadas de cara a una opinión pública mucho más sensibilizada (y más parecida a la actual) que a la de la película de Verhoeven, pero el cerebro de Robocop se muestra menos eficiente que sus rivales mecánicos en la toma de decisiones críticas y aquí está otro de los giros de tuerca de Padilha: esta vez el humano es consciente de su cuerpo mecánico desde el principio y se hace necesario deshumanizarlo para hacerlo más eficiente en el combate.

En teoría habría sido una buena y novedosa línea argumental: el humano que no sabe que es una máquina. Pero si los giros de tuerca son muy interesantes la ejecución profundiza poco en ellos y deriva en secuencias de acción muy entretenidas pero no memorables. Los efectos han mejorado mucho en 27 años y Padilha tiene experiencia en escenas de acción gracias a Tropa de Élite, pero no ha dejado para la posteridad tiroteos como los de Verhoeven: épicos, gores, divertidos y dramáticos. El tener una música propia de discoteca barata en lugar de la potente banda sonora del gran Basil Poledouris tampoco ayuda.

Es esto (y el exceso de conspiraciones en la trama) lo que hace que la nueva Robocop se quede en un aprobado entretenido. Verhoeven, además de recrearse en las escenas violentas, las utilizaba en el viaje de vuelta de Robocop a su humanidad: de cada ensalada de tiros sacaba cadáveres, pruebas y cada vez más dudas que acaban despertando sus recuerdos. En la de Padilha, un tiroteo lleva a otro tiroteo y la forma en que Robocop  recupera su humanidad es porque sí o, según su científico creador: «no tengo la menor idea». El espectador tampoco.

Óscar Cuevas

 

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