El cerezo

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El cerezo siempre estuvo allí, o al menos así aparece en mis recuerdos. Yo iba todos los días al parque, hiciese calor o frío, lloviese o nevase. Me sentaba en el banco de madera, situado en frente del cerezo y pasaba las tardes contemplándolo. En ocasiones, también le contaba mis penas y alegrías, mi día a día.

Noa apareció una tarde, a finales del invierno. Yo, como siempre, me dirigía a mi sitio en el banco. Fue entonces cuando reparé en aquella figura; había alguien sentado en mi lugar frente al cerezo.

Un poco perplejo me acomodé a su lado. Aquella chica, nuestra invitada, parecía alguien corriente, aunque su cara, casi como si de un espejo se tratase, reflejaba la parsimoniosa armonía que el cerezo me daba. Noa, como el cerezo, era la belleza contenida de perfecta medida; brillante pero sin llegar a aturdir.

La primavera llegó. Para entonces, la presencia de Noa era para mí como la del propio cerezo. Día tras día nos encontrábamos allí los tres, sin decir ni una palabra, sintiendo que nos habíamos convertido, cada uno de nosotros, en una pieza pequeña pero deseada dentro de nuestras rutinarias vidas.

Una tarde, bien entrado ya el verano, encontré a Noa dando vueltas al rededor de banco con la mirada en el suelo. No fue difícil adivinar que estaba buscando algo, así que yo me dispuse a hacer lo mismo sin mediar palabra. Y fui yo quien encontró lo perdido; un carnet de biblioteca, y en él, una fotografía en blanco y negro junto a su nombre. Disimuladamente lo guardé y continué con la búsqueda. Cuando llegó la noche y Noa se marchó, yo me quedé compartiendo mi victoria con el cerezo.

Sentía cierto pudor teniendo aquel tesoro prohibido, pero aún así, pasaba largos ratos mirando aquella fotografía mientras repetía mentalmente su nombre. Teniendo la excusa, pensaba en qué decirle. Aún con todo, la vergüenza y mi timidez siempre se imponían. Al menos, hasta que me decidí.

La primera hoja del cerezo murió aquella tarde a finales de Septiembre. Con paso firme y el carnet en la mano, me dirigí a Noa, pero no estaba en nuestro banco. Me senté a esperar, repasando cada sentimiento para dárselo después. Horas pasaron lentamente, otras pequeñas hojas descendieron a mi alrededor, haciéndome compañía. También pasaron los días, las estaciones, los años, pero Noa ya nunca volvió y volvimos a ser dos.

26.297 horas después ya no me dejaron sentarme en nuestro banco, junto al cerezo. Los obreros me dijeron que era tarde para aquel árbol, un centro comercial ocuparía su lugar. Yo me di la vuelta lentamente, dejando caer el carnet junto a los pétalos del cerezo.

Interplanetaria

1 Opinión

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  • Liiz
    on

    este no es el texto qe yo qiero ni me ayuda , el texto qe qiero empieza asi : EL CEREZO , en un pueblo hubo una guerra qe desctruyò todo el pueblo tambien dejando familias destrozadas muertos , heridos .

    en el pueblo vivian una familia con la cual su padre habia muerto . y tenia dos hijos llamados TAICHI Y YUMIKO tambien una mujer …

    ese es el texto qe yo qiero ! por favor me pueden decir el autor haci lo busco ? muchas gracias un besii 😀

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