Falco, detective privado

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Afortunadamente parece que lo más fuerte de la tormenta ha remitido, aunque confieso que no las tengo todas conmigo. No sería capaz de asegurarlo, escucho por ahí gritar que El nombre de la rosa fue la primerísima manifestación del fenómeno, pero creo que todo comenzó cuando un libro simpático y dicharachero, La plata de Britania, alcanzó un éxito tal vez excesivo. Era lógico, si uno lo mira con detenimiento, puesto que el producto mezclaba el género negro, en su lado más amable, con una ironía comedida pero acertada. La recreación de la vida cotidiana en el Imperio Romano era excelente, la corrupción estaba razonablemente hilvanada, no molestaba cierta previsibilidad, las frases irónicas se sucedían unas a otras sin solución de continuidad y la trama detectivesca se seguía con agrado. Y encima, miel sobre hojuelas, había una historia de amor tópica pero no molesta en la que Marco, el chico de la calle que no tiene un clavel y no demasiado deshonesto, se lleva al huerto a la hermosa hija de un senador. Bueno, más o menos, porque ella tenía planes. Me pareció curiosa y divertida, y dado que el telediario ya nos castiga con su realidad alternativa pero cruel, pues era una alternativa válida. No es que uno sea acrítico, pero la variante tenía su puntito original. El detective histórico había tomado carta de naturaleza.

La estatua de bronce ofrecía la misma receta, y el cambio de escenario e intriga platina con ramificaciones en el exterior, en este caso se hace hincapié en la importancia del control del trigo egipcio, seguía funcionando bien. Pero lo mejor era la capacidad de la autora para recrear personajes pícaros pero simpáticos, y la documentación estaba al servicio de una historia comedida que gustaba a todo el mundo. Era una mentira todavía divertida; pero se empezaba a atisbar que el peso recaía sobre la relación entre Marco y Helena Justina, quien a lo largo de la serie se iba a convertir, no necesariamente por este orden, en su amante, su prometida, su esposa y la madre de su prole (con el difícil parto en la Tarraconense incluido, en Una conjura en Hispania), y sus respectivas familias.

La serie mantiene el interés hasta El oro de Poseidón, la quinta de la saga, momento en el que Davis comienza a repetir giros, situaciones, tópicos y, lentamente, cae en la repetición argumental y, sobre todo, en el culebrón. El uso acaba gastándolo todo, hasta las buenas ideas. Es entonces cuando uno comienza a percatarse de ciertos fallos, de lo endeble de sus argumentos, de la reiteración en la presentación de los personajes, de la psicología moderna de sus personajes, de un ritmo paulatinamente cansino… Y lo que es peor, el disfrute de la lectura comienza a exigir la lectura previa de otras novelas de la saga para ver la evolución de los personajes. A partir de Una virgen de más la serie me pesó mucho, lo confieso.

No obstante me gustaría matizar un par de cosas. La serie en su global merece un respeto por su capacidad para entretener, ni los personajes ni la autora se toman demasiado en serio a sí mismos, es una manera idónea de recrear una forma de vida romana, modernizada, y la autora ha ganado mucha habilidad prosística a la hora de contar historias que, por desgracia, cada vez son más hueras. Pero no toda la culpa es suya, no. La caterva de detectives aparecidos en Roma, Egipto, Cartago, Medioevo, etc. han gastado el modelo prematuramente, y resultaría injusto cargar las tintas contra una de sus cultivadoras más honestas.

La segunda precisión, y me parece de justicia, es que el mejor cultivador de este subgénero es Steven Saylor y su Gordiano el Sabueso, quien, por otra parte, ha sido el que más ha respetado los hechos históricos de Roma. Sintomático, ¿no creen? Pero eso ya es otra historia.

Interplanetaria

11 Opiniones

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  • Barsoom
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    Comparto buena parte de lo que dice el artículo, pero no creo que se pueda considerar El nombre de la rosa una novela de detective histórico. Vale, acepto la investigación en la abadía y el guiño que existe en Fray Guillermo de Baskerville, pero existe mucho trecho de ahí a considerarlo otro más de ese subgénero.

  • Gim
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    Hombre, Eco comentó que el comienzo de su libro se debía a un único propósito: matar a un cura. Y luego comienzó a darle forma a esa idea. Por erudición, planteamiento y caché, Eco va en otra línea totalmente diferente.

  • Vidal
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    La finalidad del detective privado, con excepciones, es espúrea porque pretende hacer guiños al tópico detectivesco con cuatro bosquejos históricos.

  • Vidal
    on

    Considero necesario complementar el artículo con el listado de las novelas aparecidas.

    1. La plata de Britania

    2. La estatua de bronce

    3. La Venus de cobre

    4. La mano de hierro de Marte

    5. El oro de Poseidón

    6. Último acto en Palmira

    7. Tiempo para escapar

    8. Una conjura en Hispania

    9. Tres manos en la fuente

    10. ¡A los leones!

    11. Una virgen de más

    12. Oda a un banquero

    12+1. Un cadáver en los baños

    14. El mito de Júpiter

  • DrX
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    Es un divertimento, cierto. Pero la literatura con "pretensiones" suele ser temible.

  • Gim
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    No le entiendo, doctor X. ¿Podría explayarse su Señoría? :-)

  • Legroth
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    Yo siempre que encuentro alguna novela que recrea la vida cotidiana en la Roma Imperial, o en la Grecia Clásica, no puedo, por más, que remitir a los geniales textos de Indro Montanelli, quien nos da una imagen de la época con algo de humor y bastante rigor histórico. Claro que no hay trama de detectives.

    Y ya puestos a comentar ambientaciones….Mika Waltari y "Sinuhé el Egipcio"

    Un saludo

  • Carmen
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    Reconozco no haber leído a ese autor, pero buscaré libros suyos. En cuanto a Marco Didio Falco, sólo decir que me encanta.

  • Petrus
    on

    Pueden gustarte Davies y Montanelli, no tienen porqué ser incompatibles.

  • Sento
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    A mi me encanta la serie, es un poco marujona en los últimos libros, pero se deja leer con agrado y es entretenida. Además, he podido repescar buena parte en bolsillo, jejeje

  • grumete
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    Yo creo que a partir de cierto momento, esta buena señora, una vez aseguradas las judías, se ha dedicado a hacer su propio ajuste de cuentas, llevando experiencias de hoy al pasado. Repartió estopa contra los políticos, hay una en la que se mata a un editor, y luego arremete contra los arquitectos… Y que conste: no me parece mal.

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