Fitzgeraldmente

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¿Saben? Con mucha gente —gente que se piensa con cierta idea de lo que es y debe ser literatura y lo que no, por supuesto— sucede que le mientas el nombre de Scott Fitzgerald y enseguida te lo sueltan: “El Gran Gatsby”, tío, qué obra maestra, sí, aquélla de tipos podridos de pasta, podridos de lujo, podridos de suerte, no dieron en su vida un palo al agua. Y por eso acabaron como acabaron, peor que mal, ambos, los dos, porque mucha de esta gente de que os hablo tiende a identificarlos, Fitzgerald y Gatsby, los dos uno y el mismo, todo y que, bueno, al menos al entierro del primero asistieron algunos amigos y tal, porque al del pobre Gatsby quién: el narrador, Carraway, el padre del difunto y cuatro gatos más. ‹‹La buena vida, ya se sabe, te lleva al vicio››, te lo recuerdan, y es que la gente es envidiosa por naturaleza, sobre todo los que nunca han tenido un puto duro. El dinero, las fiestas, el alcohol, ‹‹no puede ser, hombre, tanto exceso››, al final el hígado pasa factura y no importa cuán rico seas, llega el momento en que no puedes pagar la última copa, ni siquiera el último zumo de naranja, que se le pregunten si no al tío Hem… Pero yo tengo mi propia teoría, sobre Fitzgerald, sobre su muerte, quiero decir. ¿Acaso le han leído ustedes con atención? No, no señores, no fue un ataque cardíaco, a mí con ésas que no me vengan, que fueron los ‹‹-mente›› (los ‹‹-ly››): tantos repentinamente (suddenly), rápidamente (quickly), ansiosamente (eagerly), probablemente (probably), frecuentemente (frecuently)… Vamos, que no te los acabas… No es que Fitzgerald bebiese demasiado, señores míos, es que no hacía otra cosa que jalar adverbios, el muy cabrón. Adverbios para comer, adverbios para cenar, adverbios en el desayuno, adverbios en el almuerzo, y eso sí que no hay cuerpo —ni intelecto— que lo aguante. Por fuerza tienes que reventar… Y hablando de reventar, ya que estamos, voy a soltarlo y ya me quedo tranquilo y me tomo la pastilla: lo que más le revienta del asunto a este servidor que les habla, ávido lector donde los hubiere, es que siendo como fue el suyo un estilo tan afectado —tan por las nubes su adverbiotis crónica—, tanto connaisseur de tres al cuarto, tanto flâneur de barra de bar, tanto miembro de esa intelligentsia trasnochada que ni no sabe de qué carajo habla, continúe subiéndolo al altar, siga hoy teniendo, con la excusa de la leyenda negra, el malditismo, la generación perdida y toda la demás gaita, por clásico contemporáneo a un tipo, Scott Fitzgerald, que jamás supo apuntillar un diálogo sin arruinarlo adverbial y definitivamente.

Y ya.

Interplanetaria

3 Opiniones

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  • Child in TIme
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    Coleguita, totalmente de acuerdo contigo. Fue en una discusión sobre el Fitzgerald que dije que lo sentía, pero que yo sólo pensaba leerme de éste al Gran Gatsby, porque acabé tan aburrido de la gran obra maestra que ni ganas tuve de volver a buscar otra en su repertorio. Y sí, demasiados -mentes

  • el rey de amarillo
    on

    Yo no la alabaría como obra maestra, pero no deja de ser una novela interesante ya que refleja un tipo de sociedad que quizás otras obras y autores no sean capaz de mostrar. Y a mí me gusta cierto toque crepuscular que emana de sus páginas.

    Totalmente de acuerdamente con el abuso de los mente.

  • SonGoku
    on

    Voy a buscar al Gatsby ese y te cuento…

    Salut!

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