Laberinto

mascarasOro

-Le invito a probar fortuna en nuestro laberinto. Nos sentimos orgullosos de él, y creo que con justicia, ya que no existe otro igual. La verdad es que podemos decir que es algo único. No hay nada comparable al número y complejidad de sus trazados, a los múltiples niveles, que hacen que las probabilidades en su interior resulten prácticamente infinitas. Son muchos los que lo han visitado y aún no se ha dado el caso de que dos recorridos fueran exactamente iguales. Y, en mi opinión, nunca se darán.

Hizo una pausa.

-Es difícil, claro. Muchos pierden en él la vida apenas comenzar y el desastre nunca anda muy lejos. Nuestro laberinto está hecho de trampas y engaños, y es fácil acabar en un callejón sin salida, o extraviarse y vagar ya por siempre sin rumbo. La muerte y el fracaso aguardan a quienes prueban en el laberinto, son parte inseparable de él, y cada uno ha de decidir cuál de las dos opciones es peor. Sin embargo, a aquellos que logran triunfar les esperan recompensas sin límite. Pero, insisto, son muy pocos los que lo consiguen; ni tan siquiera uno entre muchos miles.

-Gente extraordinaria, claro.

-Se equivoca. Basta con algo de firmeza, flexibilidad, constancia, astucia… en fin, cualidades humanas, corrientes, y sólo en cantidades normales. Quienes destacan por algo suelen fiar de ello en demasía y eso es un error en esta prueba, porque lo que en un momento dado resulta útil puede llevar más tarde al desastre. No hay reglas fijas dentro del laberinto. Procure recordarlo, si es que se decide a entrar.

-¿Y si no…?

-En ese caso permanecerá aquí para siempre. Aunque he de aclararle que, en tal caso, no echará de menos nada. Usted decide.

-Creo que voy a probar fortuna. Elijo el laberinto.

-Muy bien -dijo en la oscuridad-. El laberinto se llama Vida y la prueba comienza en este mismo instante. Ahora, ya: nazca.

Interplanetaria

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