ÁCIDOS, relatos de la vida

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ÁCIDOS, relatos de la vida no es un libro de relatos común ya que está estructurado en tres partes: relatos, microrrelatos y relatos teatrales todos ellos con un punto en común: el toque ácido, a veces aromático y exótico como el del limón pero otras violento como el del vinagre. Los protagonistas de los relatos son gente normal que se encuentran en situaciones de la vida diaria y estas se tornan cómicas o grotescas como la vida misma en las cual a la monotonía se añade un toque ácido, una punta de sal o azúcar para acabar de marinar ese sabor de lo inesperado que surge en lo cotidiano. Eso es lo que el libro intenta transmitir como aquellas historias que vivimos o nos han contado puedes hacerse realidad en compañía de vecinos, amigos, familiares, desconocidos… gente normal, con una vida normal, con sueños, ambiciones, problemas, desgracias, humor…que intentan sobrevivir a su cotidianidad de la mejor manera que saben, viven su vida con un limón en la boca. Disfrutad de estos ÁCIDOS, relatos de la vida y dejad que os hagan la vuestra más sabrosa.
Carme Folch (n.1978) es Licenciada en Filología Románica por la Universidad de Barcelona. Poeta y escritora. Es autora, además de este volumen, del poemario Petjades de l’Ànima: Vida, Teatre, Amor i Pàtria (2010) Ed. Sunya, Barcelona y de su versión al castellano (Huellas del Alma: Vida, Teatro, Amor e Identidad), 2011. Además de ser autora del drama contemporáneo POLITICS (2011) una obra de teatro inédita en la que actualmente trabaja en su versión al castellano. Además es autora de un blog de crítica cultural y opinión Cultura Diaria y del blog literario Refracting The World (Litterary Atélier).

ANTICIPO:

“LA TORMENTA” : (…)No era un pecador, era un pobre cordero víctima de la injusticia del mal que le tentó: sus amigos, las drogas y lo peor: “Eva”. “No hay más mujer que yo, ni más madre que María para todos, hijo mío”( …). Su madre era su aura, su protección, su amparo, su consuelo, su guía. Ahora el cordero corría por pastos peligrosos en compañía de lobos infestos, pero estaba segura que ese acto de amor, de confirmación de su fe con “Dios, su padre” le devolvería al buen camino, le haría abrir los ojos y ver quien era de verdad su familia y su comunidad. (…) Domingo cuando ingiera la forma sagrada pagará por sus pecados. (…). Una muerte dolorosa y lenta para el ser más vil y pecador de todos: aquel fariseo que finge servir al Señor y se nutre de él engañando a sus hermanos y Padre. (…)
“EL DENTISTA” : (…)Salió mejor de lo que el Dr. Salvador Alegret Tirado había podido imaginar. Clientes y más clientes acudían en masa a la Consulta de la Felicidad donde el buen doctor erradicaba el dolor, el pesimismo, las caries y las dolorosas muelas del juicio en una agradabilísima sesión de Gas de la Risa y Anestesia del Placer. El buen doctor llegó a formar parte de los Top Ten de Forbes y murió por sobredosis de alegría cuando le llegó la noticia de su próxima canonización. El país se sumó en un duelo general y el pesimismo por la crisis económica lo remató. El país se hundió en el mar de los números rojos con la Atlántida.
“EL LAMPISTA” (…) sinceramente creo que sería un bonito guión, ¿no creen ustedes? Lástima que mi amigo Neil Sacks lo encontró facilón y poco vendible. Demasiado barroco para Hollywood y muy Light para la costa Este y Europa. Me devolvió el borrador con el siguiente comentario: “Amigo Clark, no te ofendas pero Heidi ya la inventaron los nipones, si se te ocurre algo a lo Marco (off) ya me dirá. Saludos afectuosos, Neil” Off.
(Nota: enviar a Sacks una botella de buen whisky junto con el borrador del guión que escribí sobre un mono gigante, con la cara de Homer, que salta de rascacielos a rascacielos en una gran ciudad sumida por el pánico).
“RAÍL MORTAL”: (…)Tengo un muerto a mis pies, un muerto a mis pies (risa nerviosa). (…)

“EL OLIMPO DE LOS DIOSES, UN diálogo para besugos”: (…)
A- Eh, quién coño te has creído que eres, Dios?
(…)
A- Pues ponte a la cola, hermano, porque yo soy el puto amo, yo soy Dios!
B- (Sarcástico)Ah si? Pues nadie lo diría con estas pintas…
A- (Susurrando) Shhh es que voy de incógnito…
“EL BANCO”: Hay un banco en un rincón del parque del que dicen cosas extrañas. El parque es un lugar de juego, de relax, donde reponerse en un día caluroso, bajos esos tupidos árboles que los niños, a menudo, convierten en seres mitológicos o fantasmas de los que huyen en sus alocados juegos.
El banco del rincón era especial: un solitario sofá de piedra gris, con antiguas cenefas medio borradas, yacía esperando las posaderas más diversas que quisieran posarse en él: aquellos que buscaran el lugar más tranquilo y aislado del parque donde relajarse, reflexionar, observar sin ser vistos o dedicarse a actividades menos públicas. Por sus características, y por el espejo follaje del fantasmagórico sauce que lo escondía, solía ser el banco menos transitado del parque. Sólo los habituales al recinto o los especialistas en rincones más apartados sabían y apreciaban su existencia. Casi nunca había más de una persona sentada en él y cuando esto ocurría dicha multiplicidad se debía a fines poco claros: fogosos amantes que se regalaban furtivas caricias, adolescentes que robaban el primer beso de chicas ingenuas o en las horas de menos afluencia, camellos de pacotilla que intercambiaban papeletas o pastillas por un par de billetes y, por las noches, algún mendigo que se colaba en el parque solía usar el banco como cama de piedra. Todo en aquel rincón solitario era rápido, furtivo, casi ilegal.
Aquel banco gris del rincón, desteñido por el paso del tiempo y las inclemencias climáticas, podía llenar miles de páginas con sus historias, de esas páginas que mejor era destruir que guardar, no habría nada en ellas que mereciera la pena recordar: parejas de amantes que engañaban a sus respectivos cónyuges, prostitutas que habían hecho algún servicio “ligero”, camellos que vendían sus productos o la multiplicidad de extraños objetos que aparecían abandonados a su suerte sobre su asiento: pendientes, guantes o calcetines sin pareja, baterías gastadas, alguna moneda de tan escaso valor que ni su dueño se molesto en devolver al bolsillo por tan nimio valor, los céntimos de la miseria que parecen engendrar más miseria, una vez hasta habían unos dientes postizos en el banco. El banco solitario bajo el lánguido árbol llorón que lo cubría parecía el almacén de los objetos desparejados y sin valor. No tenía historias alegres, de juegos alegres como las que presenciaban a diario los bancos centrales del parque que rodeaban el estanque. El triste banco gris apartado y solitario era el refugio preferido de las gentes grises y solitarias que parecían estar atraídos a éste como un imán.
Aquella semana el banco estuvo más frecuentado que nunca. Era extraño ya que en agosto, la ciudad quedaba casi vacía, los niños preferían otros lugares más veraniegos en los que divertirse que no el calor y aridez de la zona de juegos del parque. (…)

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