Amelia Earhart

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Amelia Earhart saltó a la fama por ser la primera mujer que sobrevoló el Atlántico como pasajera. En 1932 atravesaría el océano en solitario y se convertiría en la piloto más conocida de su tiempo. Fue elegida mujer del año y, además de dedicarse a su pasión por los aviones, se comprometería en su lucha por lograr la igualdad entre hombres y mujeres.

Con 20 años había ingresado como voluntaria en el cuerpo de enfermeras de Toronto y descubierto los horrores de la Primera Guerra Mundial: “hombres sin brazos o sin piernas, paralíticos, ciegos.” Tres años más tarde tendría el primer contacto con lo que habría de ser su destino desde entonces: los aviones.

En 1937 partiría de Los Angeles con un objetivo: dar la vuelta al mundo al mando de un Locheed Electra, pero no cumpliría su sueño: desapareció en el Pacífico. Había nacido la leyenda.

ANTICIPO:
Una hora después de que el Friendship tomase tierra en la costa de Gales, Norman Fisher, el alguacil mayor de Carmanthenshire, arrimó su pequeño bote al costado del voluminoso aeroplano.

-¿Necesitan algo? -preguntó a la joven envuelta en el mono forrado de piel, que lo saludaba desde la escotilla abierta.

-Venimos de América -respondió ella-. ¿Dónde estamos?

-¿Acaban de llegar? -volvió a preguntar Fisher-. Bueno, estoy seguro de que querremos darles la bienvenida a Burry Port, Gales. Voy a tratar de hacerles un hueco para amarrar el aparato y llevados a tierra.

Hasta que el alguacil remó hacia ellos, nadie en Burry Port parecía tener especial curiosidad por el aparato volador. Amelia había saludado con la mano a un grupo de estibadores que cargaban carbón en un carguero arrimado al muelle, pero, después de un nuevo saludo, se dieron la vuelta y siguieron cargando carbón. El exhausto y malhumorado Stultz amenazaba con meter el Friendship directamente en el muelle cuando llegó Fisher y se ofreció a llevar hasta tierra a un miembro de la tripulación. Fue Stultz, que dejó a Amelía y a Gordon en el aeroplano. Desde Burry Port, Stultz telefoneó a Hilton Railey en Southampton, donde llevaba dos semanas esperando. Stultz lo llamó a las 14.45. Tres horas más tarde, Railey y Allen Ray. mond, del New York Times llegaron a Burry Port. A aquella hora, dos mil personas, casi toda la población de Burry POrt se había enterado de la llegada de «la chica voladora» y estaban esperando en el muelle para ver a Amelia. Cuando ésta puso el pie en tierra, fue literalmente asaltada por «hombres, mujeres y niños que trataban de tocar su traje de vuelo, de estrechar su mano o de conseguir un autógrafo». Railey y Rayrnond, ayudados por tres policías y por el alguacil, se cogieron de los brazos para formar un círculo a su alrededor y abrirle paso, a lo largo de los cien metros que la separaban del refugio más próximo, la oficina de la Fricker Metal Company.

Amelia estaba perpleja. «El accidente del sexo», dijo, había hecho de ella la estrella de «nuestra particular caseta de atracciones». Una hora después, la obligaron a correr otra vez, rodeada por un refuerzo adicional de policías, que la escoltaron hasta un hotel local. Estaba indignada y atemorizada por los empujones, los apretujones, los apretones de manos de los extraños y las preguntas de los periodistas sobre su vida privada. En el hotel, Stultz y Gordon cenaron y se retiraron a sus habitaciones a dormir. Amelia, que estaba demasiado desquiciada como para comer, todavía tuvo que escribir el primero de los cuatro artículos sobre el vuelo que Putnam había prometido al Times.

Una hora más tarde, cuando Hilton Railey fue a su habitación a recoger el artículo y los mensajes para Amy, Muriel y Marion Perkins, se sobresaltó al ver lo enferma que parecía estar. Le temblaban las manos, tenía la cara cubierta de manchas de color gris y cuando se acercó a ella para tocada en el hombro, se revolvió como un animal enjaulado.

-¿Estás nerviosa? -le preguntó.

-¿Nerviosa? No -respondió-. Ha sido una gran experiencia, pero… Bill ha sido quien ha: volado, tenía que hacerlo. Yo no he sido más que un equipaje.

En el artículo que entregó a Railey alababa a Stultz y a Gordon, pero protestaba porque en ningún momento tuvo los controles del Friendsbip, por más que tenía más de quinientas horas de vuelo .en solitario.

Cuando Railey la vio a la mañana siguiente, después de que Amelia hubiera dormido seis horas y hubiera tomado su primer baño caliente desde que habían abandonado Boston, ésta parecía haber olvidado las quejas de la noche anterior. En el corto vuelo de Burry a Southampton, finalmente pilotó el Friendsbip, después de que Stultz la invitara a tomar los controles. En Southampton, donde la esperaban miles de personas, fue presentada en primer lugar a dos mujeres que podrían haber sido las protagonistas de su álbum de recortes feministas de la década anterior. Eran la señora Guest, que había comprado el Friendship para que una mujer pudiera hacer el vuelo transadántico, y la señora de Foster Welch, Lord Mayor de Southampton y primera mujer gobernadora de Inglaterra.

El resto del día, verdaderas multitudes se reunieron para ver a Amelia adondequiera que fuera. En Southampton, cuatro policías a caballo luchaban para contener a cientos de ávidos buscadores de autógrafos, que le alargaban trozos de papel por las ventanillas del Rolls Royce del Lord Mayor. Durante un recorrido de ochenta kilómetros hasta el Hotel Hyde Park de Londres, se encontró con admiradores que volvían de Ascot y que la saludaban desde sus coches. Nuevos admiradores se reunieron en el vestíbulo del hotel y en la acera exterior, empujando y dando codazos para poder entreverla.

En su habitación, colmada de flores, se sentó en un sofá, atrincherada tras una mesa de té, mientras los disparadores de los flashes de los fotógrafos provocaban llamaradas y los periodistas no la dejaban respirar. Cuando le preguntaron si había tenido miedo durante el vuelo, respondió: «El señor Stultz es un piloto tan experto que en ningún momento sentí miedo.» Volvió a citar a Stultz en las respuestas al telegrama de felicitación enviado por el presidente Calvin Coolidge, de Estados Unidos: «La tripulación del Friendship desea expresarle su profundo agradecimiento por el amable mensaje de su Excelencia. Es un éxito que debemos por entero a la gran pericia del señor Stultz.» Cuando Byrd la llamó desde Nueva York, le dijo: «El éxito es también suyo, comandante, porque ha sido su maravilloso aeroplano el que nos ha traído hasta aquí.»

George Palmer Putnam no podría haber dicho mejores frases si hubiese estado allí para dictárselas. Cuando Amelia envió su segundo artículo al Times, el primero ocupaba la primera plana, encabezado por un titular de tres líneas a ocho columnas: «Amelia Earhart voló sobre el Atlántico, convirtiéndose en la primera mujer que lo hace. Nos cuenta su versión del peligroso viaje de 21 horas hasta Gales. Con la radio inutilizada volaron a ciegas sobre el invisible océano.»

En su primer día en Londres suscitó una avalancha de alabanzas editoriales tanto de los periódicos norteamericanos como extranjeros. Como aviadora, se ensalzaba su «inquebrantable determinación de intentar algo hasta ahora inalcanzado, sin importarle la magnitud de los peligros» y con su intento «hacer un servicio a la aviación comercial, muy lejos de buscar el sensacionalismo». Como mujer, fue aclamada por «una proeza que nadie de su sexo había realizado, si bien muchas lo habían intentado». Había conseguido «que todos se diesen cuenta de la gran audacia que animaba a las representantes de su sexo en esta época».

Las críticas fueron mínimas y la más incisiva fue la del Church Times: «El propio viaje […] es un logro digno de mención atribuible a la pericia y valentía del piloto […] Como señaló acertadamente el Evening Standard, "su presencia [la de Amelia] significa para la hazaña lo mismo que si la pasajera hubiese sido una oveja".» En el periódico francés Liberté, recibió mayores críticas el público que Amelia: « […] el palpitante interés del mundo por estas grandes aventuras procede del gusto por la agonía y la muerte que comparte toda la humanidad, desde el oscuro frenesí que empujó a los romanos a solazarse con los sangrientos espectáculos de la arena de los circos.» Muy afectada por estos comentarios, la nueva celebridad mantuvo ocultos sus sentimientos y mintió a los periodistas, «… todos mis contactos con la prensa han sido plenamente satisfactorios».

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Interplanetaria

2 Opiniones

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  • bribuela
    on

    ¿Cuál es preferible, esta biografía de Doris Rich o el libro de la propia aviadora?

    [url=http://www.interplanetaria.com/ficha.php?id=Ultimovuelo]Último vuelo[/url]

    A lo mejor era una gran aviadora, pero no buena narradora, o tal vez sí. ¿Me dejo engañar por las 5 estrellas de la ficha, o por las «i»s del «interés»? ¿O mejor por ninguna y me voy a ver la película?

  • bribuela
    on

    Olvidé el trailer: ;D

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