Brighton Rock

BrightonRock

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Brighton Rock es uno de los mejores thrillers escritos por Greene a lo largo de su carrera, si no el mejor. Sólo por la creación del personaje de Pinkie, el joven delincuente que ve amenazado su territorio por la llegada de un pez gordo, ya merece figurar entre las obras más destacadas del género, pero su retrato de los bajos fondos, el sutil modo en que va dosificando la información que nos ofrece y los dilemas morales a los que se enfrenta el protagonista la convierten en una novela que trasciende el género y deslumbra por su calidad narrativa, más allá de cualquier otra consideración. Y contiene el desenlace más sorprendente y despiadado jamás escrito por Greene.

Tiene la intensidad de un tigre y la variedad que puede lograr un duelo de ajedrez.

Jorge Luis Borges.

ANTICIPO:
Pinkie se detuvo de espaldas a Spicer, mirando el turbulento oleaje. Los dos permanecieron quietos, al final del muelle. A aquella hora y con aquel tiempo la gente estaba en la sala de conciertos; pues los relámpagos refulgían sobre el horizonte y caían gotas de lluvia.

-¿Dónde has estado? -preguntó Pinkie.

-Paseando… -repuso Spicer.

-¿Por allí?

-Quería ver si todo marchaba bien, si habíamos olvidado algo.

-He leído en alguna parte que cuando se comete un crimen a veces se está obligado a cometer otro para ocultar el primero -dijo Pinkie, con lentitud, reclinándose en la baranda bajo la llovizna suave. La palabra «crimen» revestía la misma importancia en su boca que «cajita», «cuello» o «jirafa»-. Deberías mantenerte alejado de aquel lugar, Spicer.

Pinkie jamás daba rienda suelta a la imaginación; ésa era su virtud. Nunca miraba con los ojos del vecino ni sentía con nervios ajenos. Siempre alerta, vigilante y seguro de sí mismo. Solamente la música lo intranquilizaba; entonces parecía que sus fuerzas perdían vigor, que se avejentaba y que la experiencia de los demás le martilleaba en el cerebro, haciéndole dudar de la propia.

-¿Dónde está el resto de la banda? -preguntó.

-En Sam´s, bebiendo.

-Y tú, ¿por qué no vas con ellos?

-No tengo sed, Pinkie, y me gusta tomar un poco el aire. ¡Oh, ese trueno te ha dado un aspecto muy extraño! -¿Por qué no se cansarán de armar escándalo allí? -exclamó Pinkie.

-¿No piensas ir a Sam´s?

-No, tengo algo que hacer -dijo Pinkie.

– Todo va perfectamente, ¿verdad? Después del veredicto, la cosa marcha sobre ruedas. Nadie ha hecho preguntas inoportunas.

-Eso es lo que quiero saber con exactitud.

-La banda no querría verse envuelta en ningún otro Crimen.

-¿Quién habla de otro crimen? -Un relámpago fulguró, iluminándole el raído traje con las solapas levantadas y un mechón de pelo sobre la nuca-. Tengo una cita, eso es todo. Cuidado con lo que dices, Spicer. No eres cobarde, supongo.

-No, no soy cobarde. No me has entendido bien, Pinkie. Sólo quisiera que no hubiese otro muerto. El fallo del jurado ha sido un golpe para todos. ¿Qué se llevarán entre manos? Porque nosotros lo matamos, Pinkie.

-Tenemos que seguir siendo prudentes, nada más.

-Pero ¿qué se habrán propuesto? No me fío de los médicos, ni de su autopsia. Demasiado bonito para ser verdad.

-Hay que abrir los ojos, ya te lo he dicho.

-¿Qué llevas en el bolsillo, Pinkie?

-No, no es una pistola. Estás viendo visiones.

En la ciudad un reloj dio las once; tres campanadas se perdieron en el trueno que avanzaba por el canal.

-Vete ya -dijo Pinkie-. Debe de estar al llegar.

-¿Llevas navaja?

-Tampoco. No hace falta navaja para tratar con chavalas. Pero si tanto te empeñas, te diré lo que es: una botella.

-¡Si tú no bebes, Pinkie!

-Nadie se atrevería a beber este licor.

-¿Qué es, Pinkie?

-Vitriolo. A las chavalas les asusta mucho más que un cuchillo. -Se volvió, agitado e impaciente, de cara al mar, lamentándose con un susurro-: ¡Esta música…!

La sensación que le transmitían las cuerdas de los violines era lo más cercana posible al dolor, como el deleite desmayado y recóndito que le producía el contacto de la botella de vitriolo -mientras Rose cruzaba corriendo por delante del salón de conciertos- era lo más cercano posible a la pasión.

-Vete -ordenó a Spicer-.Ya está aquí.

-Oh -dijo Rose-. ¿Llego tarde? He corrido todo el camino. No quería que pensaras…

-No pienso nada. He esperado, simplemente –dijo Pinkie.

-Hemos tenido una noche infernal en el café. Todo me salía mal. He roto dos platos, y la crema estaba agria.

-Hizo una pausa para respirar y preguntó, mirando entre la niebla-: ¿Quién era tu amigo?

-No te interesa.

-Me había parecido conocerlo… Pero no he podido fijarme bien.

-No te interesa.

-Bueno… ¿Adónde vamos?

-Podríamos charlar un rato aquí primero y después ir a cualquier parte… A Sherry´s o donde quieras.

-Me encanta Sherry´s.

-¿Has cobrado el dinero de la tarjeta?

-Sí. Esta mañana.

-¿Te han hecho muchas preguntas?

-Ninguna. Pero, ¿no es horrible haber muerto así?

-¿Has visto su fotografia?

-Sí… Pero no era él. Eso es lo que me extraña.

-Bah, la gente cambia mucho en los retratos.

-Soy muy buena fisonomista, y no era él. Como para que te fíes de los periódicos.

-Ven aquí -la instó, conduciéndola casi al borde del muelle, a un sitio alejado de la música y más a solas con los rayos del horizonte y los truenos-. Me gustas –dijo Pinkie-, y quiero prevenirte. -Una forzada sonrisa asomó a sus labios-. He oído hablar de ese Hale. Andaba mezclado en muchas cosas…

-¿Cuáles?

-¿Qué importa cuáles? Te lo advierto para tu tranquilidad. Ahora ya tienes el dinero… Si yo fuera tú, me olvidaría de todo, de todo lo que se relacionase con ese tipo de la tarjeta. Él murió, y tú has cobrado el dinero; eso es todo.

-Si tú lo dices…

-Llámame Pinkie, ¿quieres? Así es como me llaman mis amigos.

-Pinkie -repitió Rose, mientras un trueno retumbaba sobre sus cabezas.

-¿Has leído algo de Peggy Baron?

-No, Pinkie.

-Estaba en los periódicos.

-No leo ninguno desde que trabajo en el café. Allí no nos dejan.

-Pues verás… Se vio mezclada con una pandilla, según creo, y alguien fue a hacerle preguntas… Es muy peligroso.

-No quisiera mezclarme en cosas así -dijo ella.

-No siempre pueden evitarse. Te caen de donde menos piensas.

-¿Y qué le hicieron?

-Estropearle el rostro. Le arrojaron vitriolo a la cara, y perdió un ojo.

-¿Vitriolo? ¿Qué es vitriolo? -murmuró Rose con un escalofrío. Los relámpagos iluminaron un poste del muelle, una ola que chocaba furiosamente y sus pálidas y aterradas facciones.

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Interplanetaria

1 Opinión

Escribe un comentario

  • oscar
    on

    El próximo 2 de octubre es el centenario del nacimiento de Graham Greene.

    Menos preciado por unos y merecedor del Nobel para otros, Graham Greene es sin duda uno de los autores más populares del siglo XX y un gran creador de retratos psicológicos.

    Edhasa está publicando todas sus novelas en la colección Biblioteca Graham Greene. Hasta el momento han aparecido 18 títulos, en una cuidada edición rústica con solapas.

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