David Rockefeller. Memorias

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Descendiente de una de las familias más legendarias de la historia, David Rockefeller (1915) es hijo de John D. Rockefeller,Jr., uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, y de la gran mecenas del arte moderno Abby Aldrich Rockefeller. Su ocupación como miembro del servicio de inteligencia del ejército de Estados Unidos en el norte de África y en Francia le permitió establecer contactos con muchos de los personajes que pronto dominarían la política europea, y le dio una perspectiva única de los acontecimientos y las personalidades que desembocaron en la guerra fría. Ingresó en el Chase Bank en 1946 como subdirector del Departamento de Extranjero y ascendió hasta llegar a ser presidente de la junta y director general. Durante sus ochenta y nueve años, David Rockefeller ha conocido a líderes mundiales, como Zhou Enlai, Mijaíl Gorbachov, Anwar al-Sadat o Ariel Sharon, y ha trabajado con todos los presidentes de Estados Unidos desde Dwight Eisenhower, en los tiempos en que sirvió como emisario oficioso en misiones de alto nivel. Ha viajado a más de cien países y ha recorrido aproximadamente seis millones de kilómetros. Su implicación con el Rockefeller Center, el Museo de Arte Moderno (MoMA), la Universidad Rockefeller, la remodelación del área de Wall Street y la edificación del World Trade Center, entre otros muchos proyectos, se descubren en estas memorias, en la que es la primera vez que un Rockefeller cuenta su propia historia. Como financiero, fIlántropo y embajador sin cartera, David Rockefeller ha tenido una vida única. Actualmente está retirado y vive en la ciudad de Nueva York.

ANTICIPO:
El Tercer Reich

Durante las vacaciones de Navidad de 1937, Bill Y yo viajamos a Alemania. Recuerdo especialmente la ropa de «lana» hecha de pulpa de madera. Supongo que la lana de verdad había sido requisada por los militares.

En Munich presenciamos el masivo cortejo fúnebre del general Erich van Ludendorff, el verdadero jefe del ejército alemán durante la primera guerra mundial y cómplice de Hitler en el Golpe de la Cervecería, de 1923. La mayor multitud que yo hubiera visto jamás abarrotaba la Ludwigstrasse, el bulevar principal de Munich. Tropas de las SS completamente armadas y rígidamente firmes se alineaban a ambos lados de la calle. Cuando Bill y yo llegamos a la parte delantera, el cortejo fúnebre comenzaba a pasar con Hicler a la cabeza de columnas de soldados al paso de la oca. Le hice una foto con mi cámara Leica mientras pasaba pavoneándose y respondiendo a los saludos nazis con el brazo en alto y los atronadores gritos de «Sieg Heil». Nunca había visto nada igual a la frenética adulación de esa multitud ni había experimentado una sensación tan abrumadora de desagrado ante lo que representaba esa adulación.

Después de ese espeluznante encuentro, pasé el resto de las vacaciones en Frankfurt con un gran amigo de Harvard, Ernst Teves, y su padre, un importante industrial alemán. Acudimos a varias fiestas, incluido un sofisticado baile de disfraces donde los más mundanos de Frankfurt parecían inclinados a pasárselo bien casi frenéticamente. De mis conversaciones deduje que muchas personas creían que las agresivas exigencias de Hitler sobre la devolución de territorios alemanes conducirían inevitablemente a la guerra, aunque nadie quería protestar. También me pareció que la cada vez mayor reglamentación de la vida cotidiana, la amenazante ideología nazi y la flagrante persecución de los judíos y otros grupos habían producido una fuerte corriente subterránea de temor y ansiedad. La gente parecía tener miedo de decir o de hacer algo equivocado. «¡Heil Hitler!» era el saludo obligatorio para todos. Las esvásticas estaban por todas partes y la gente se sometía obsequiosamente a los oficiales del partido nazi cuando se encontraba con ellos. La alegría de las fiestas a las que asistí parecía forzada y hueca. Regresé a Inglaterra entristecido por el futuro.

La costa dálmata y Grecia

Durante las vacaciones de Semana Santa de 1938, Bill Y yo nos juntamos con tres amigos de Harvard para hacer un viaje por el Adriático. Fuimos todos en un carguero italiano que partía de Venecia. Los camarotes eran pequeños pero limpios y cómodos y la comida sorprendentemente buena, teniendo en cuenta que el viaje de cinco días completos costaba cinco libras por persona (entonces 25 dólares), ¡todo incluido! Estuvimos unas pocas horas en Trieste, Zara, Split y Dubrovnik en Yugoslavia y Durazzo en Albania, y finalizamos el viaje en Bari, Italia.

Volamos desde Bari a Atenas, donde alquilamos un coche y recorrimos el Peloponeso hacia Esparra y el monte Parnaso, y luego regresamos a lo largo del golfo de Corinto hasta Delfos. Mientras tomábamos unas bebidas en el bar del gran hotel Bretaña en Atenas, me encontré con el profesor Kirsopp Lake, que era famoso por su popular curso sobre la Biblia en Harvard. Me pidió que les acompañara a él, a su esposa y a su hijastra, Silvia Neu, a Salónica en un barco por la noche. Desde allí, él Y yo tomaríamos un barco más pequeño hasta la península del monte Athos, donde estaba buscando manuscritos en las bibliotecas de los monasterios ortodoxos. La invitación era demasiado tentadora para rechazada.

Silvia Neu resultó ser una agradable compañera en el viaje en barco y los tres días en el monte Athos fueron inolvidables. Pasamos cada noche en un monasterio diferente como invitados de los monjes, a muchos de los cuales cono da el profesor Lake de viajes anteriores. Los monasterios, construidos durante la Edad Media, están colgados en las laderas del monte Athos, con el increíblemente azul Egeo a sus pies. Por la noche, la quietud quedaba rota por el obsesivamente hermoso canto de los monjes y el aire se perfumaba de incienso. Para mi desilusión, porque consideraba a Silvia bastante atractiva, los monasterios eran exclusivamente masculinos; las hembras, humanas, animales o de cualquier otra clase, estaban estrictamente prohibidas. Sin embargo, como entomólogo, me encantó descubrir varios escarabajos copulando.

Había esperado pasar varios días en Roma con el embajador William Phillips y su atractiva hija Beatriz, pero tuve que anulado a causa de mi viaje con el profesor Lake. Mi avión de Salónica a Roma hizo una escala inesperada en Tirana, Albania, donde descubrí que no había habitaciones de hotel disponibles. Por suerte me encontré con un entomólogo que trabajaba para la Fundación Rockefeller en un programa para la erradicación de la malaria, que me ofreció compartir su pequeña casa esa noche. Habían sido unas vacaciones inolvidables.

La Universidad de Chicago

Después de un año en Londres estaba ansioso por regresar a Estados Unidos para concluir mi trabajo de graduación en la Universidad de Chicago, que presumía de ser una de las primeras facultades de economía del mundo, que tenía luminarias como Frank Knight, Jacob Viner, George Stigler, Henry Schultz y Paul Douglas. Había escuchado una conferencia de Knight en la LSE y encontré una aproximación más filosófica a la economía completamente irresistible. Lionel Robbins conocía bien a Knight y me animó a estudiar con él. El hecho de que el abuelo hubiera ayudado a fundar la universidad jugó un papel completamente secundario en mi elección.

La «escuela de economía» de Chicago había adquirido gran parte de fama y no poca notoriedad en los últimos cincuenta afios por su inquebrantable defensa del mercado y su fuerte apoyo al monetarismo. Estas ideas estaban íntimamente asociadas a Milton Friedman, cuyos puntos de vista llegaron a dar una imagen de la Escuela de Chicago profundamente doctrinaria en su insistencia en que el gobierno no debería intervenir en absoluto en los mercados ni en el mecanismo natural de los precios. Friedman también afirma que los negocios deberían concentrarse exclusivamente en mejorar los beneficios y no desviarse en actividades ajenas que sean «socialmente responsables».

Aunque Friedman se convirtió después en adjunto de los profesores Knight y Viner en la Facultad de Economía, no tengo ninguna duda de que ellos se habrían resistido a ser catalogados como miembros de la Escuela de Chicago en el estricto significado actual del término. Ambos preferían «la mano invisible del mercado» a la intervención del gobierno como´ el mejor medio de sostener el crecimiento económico, pero creo que habrían objetado la desestimación del arrogante Friedman de la responsabilidad social colectiva.

Knight, Viner y Lange

Cuando llegué a Chicago en otoño de 1938, logré convencer a los profesores Knight y Viner para que fueran miembros del jurado de mi tesis. Oskar Lange, un profesor polaco refugiado, aceptó también formar parte del jurado. Yo ya tenía una idea general para una disertación típica -el profesor Hayek me había sugerido en Londres la idea del despilfarro económico- pero buscaba el consejo de esos distinguidos economistas para ayudarme a formular una propuesta más específica.

Frank Knight es uno de los economistas más reverenciados. Su conocidísimo libro, Uncertainty and Profit, es insólito en su insistencia en que las consideraciones éticas deben ser incorporadas al proceso del análisis económico. Sus penetrantes preguntas en libros y conferencias, poniendo a prueba la validez de los dogmas económicos, produjeron muchos debates acalorados.

Knight ponía en duda las afirmaciones de los creadores del New Deal de que un incremento en los poderes coercitivos del gobierno conduce automáticamente al bienestar y a la felicidad del pueblo. Al mismo tiempo, Knight criticaba a los que hablaban sólo de los beneficios del capitalismo sin reconocer las consecuencias morales implicadas y los fallos obvios del sistema para tratar problemas sociales importantes.

Jacob Viner era más conocido por su trabajo teórico sobre comercio internacional. Como Haberler en Harvard, Viner defendía un comercio sin restricciones como medio de producir crecimiento económico. Como profesor, Viner era conocido por su estilo exigente y severo en clase. Él mismo, lógico e incisivo, no toleraba a los estudiantes que no satisfacían sus criterios. Era famoso por expulsarlos de clase si fallaban dos o tres veces en dar la respuesta correcta. Simplemente decía: «No está usted a la altura de esta clase. Adiós.» Sin embargo, conmigo era casi amistoso y solícito cuando le consultaba sobre mi tesis. Quizá fuera una suerte para mí que yo fuese simplemente su alumno y no estuviera en uno de sus habituales seminarios de graduado.

Oskar Lange tenía menos fama como economista que Knight o Viner, pero añadió una importante y diferente perspectiva a mi tesis. Lange era socialista y un notable exponente del socialismo de mercado. Su libro Sobre la teoría económica del socialismo pretendía demostrar que «socialismo de mercado» no era un término contradictorio y podía ser mucho más eficiente que el capitalismo liberal. Evidentemente, ese concepto nunca ha sido demostrado en la vida real, pero Lange defendía su argumento con elegancia.

Lange pertenecía a un amplio grupo de profesores emigrados que había venido durante los años treinta a Estados Unidos con la ayuda de la Fundación Rockefeller, huyendo de la persecución religiosa y política en Europa. Chicago contrató a Lange por su capacidad en estadística matemática y su conocimiento de la economía keynesiana, y se nacionalizó americano en 1942.

Después de la guerra, Lange volvió a adoptar la nacionalidad polaca y llegó a ser embajador ante las Naciones Unidas. Más tarde ocupó varios puestos en el gobierno polaco, que por entonces estaba dominado cada vez más por los comunistas. Lange era un hombre muy amable, agradable y gentil, no un demagogo como Laski. Creo que regresó a Polonia más por un sentido del deber patriótico que porque fuera un marxista convencido. Vi varias veces a Lange en la ONU después de la guerra y estaba claro que era un hombre atormentado e infeliz.

Vida a mitad del camino

La universidad contenía una fascinante mezcla de individuos, muchos de ellos con fuertes personalidades y convicciones, empezando por el rector de la universidad. Robert Maynard Hutchins controlaba la universidad y consecuentemente enfurecía a la clase empresarial de la ciudad. Conocido como el «chico maravilla», Hutchins había renunciado a su cargo de decano de la Facultad de Derecho de Yale para aceptar la presidencia de

Chicago a los veintinueve años. Rápidamente conmocionó el campus aboliendo el fútbol y reestructurando el programa de licenciatura de los estudiantes. Hutchins estaba a favor de una educación en letras liberal y de amplio calado enfocada en los «grandes libros» desarrollada por su amigo, el filósofo tomista Mortimer Adler.

Las reformas de Hutchins pusieron en su contra a muchos miembros de la facultad, que también estaban hartos de su arrogancia y maneras dictatoriales. Hutchins también libró una serie progresiva de batallas contra los políticos y hombres de negocios de Chicago, a los que desdeñaba y consideraba que tenían una visión limitada y unos intereses pueblerinos. La señora Hutchins era de poca ayuda. Artista con graves problemas psicológicos, se negaba absolutamente a apoyar a su esposo. También causó asombro y comentarios cuando envió como tarjeta de felicitación navideña en 1932 un desnudo de su hija hecho por ella.

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10 Opiniones

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  • Tarkus
    on

    Suena apetitoso. La verdad es que nunca había prestado atención al género de las biografías, a lo mejor porque me sonaba a tostón. Pero todo esto me está abriendo el apetito.

  • orujo
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    En el diario El País de este domingo venía una entrevista corta con el propio Rockefeller a propósito de sus memorias.

    Parece que tiene cosas que decir, el hombre.

  • YO
    on

    este tio es el mayor asesino de la historia y a estado detras de todo siemprejavascript:void(0);

    Enojado :-[

    EJ. ASESINATO DE JFK ,POR SUPUESTISIMO 11S,11M Y 7Jjavascript:void(0);

    Llorar

    EL CREO LA COMISION TRILATERAL Y INFINITAS COSAS POR HACERSE CON EL CONTROL DEL MUNDO Y NO ESTA RETIRADO DE NADA A SUS 93 AÑOS

    ES UNA VERGUENZA PARA LA RAZA HUMANA QUE SIGUA VIVO

    MUERTE A LOS ROTHSCHILD Y ROCKEFELLER

  • Al
    on

    La historia… no es como la cuentan…

    Velad! pues no sabis cuando llegará el Señor, si por la mañana, por la tarde, de noche o de madrugada.

  • Ricardo Corazon de Leon
    on

    [font=courier][size=6][color=purple][/color][/size][/font] ;D Dónde podre conseguir este libro?

  • EDUARDITO
    on

    me digeron q el libro contiene declaraciones crudas de rockefeller …ya tendre oportunidad de leer la obra

    ATTE:

    NELSON

  • EDUARDITO
    on

    VOTO A FAVOR DE LEER LA OBRA….PERO EN CONTRA DE LA TIRANIA DE ESTA GENTE

  • EDUARDITO
    on

    YA VOTE PUES AHORA SI ESPERO ME CONSIDEREN EN SU LISTA…. VOTO POR LA LIBERTAD

  • anonimo
    on

    Muy bueno el aporte de información, seria interesante que contaran más sobre este personaje, saber verdaderamente quien es el. con respecto a sus ideas, es otro tema ,en la cual no estoy de acuerdo.

  • xnostar
    on

    jajajajjaja

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