Demonios familiares

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«Satán te quiere». Así reza la nota aparecida en el parabrisas de un coche aparcado delante de una fábrica abandonada donde se ha realizado un aquelarre. Unida a los extraños sueños de Félix, donde se le aparece su hermano Bruno, prestigioso ginecólogo que ha desaparecido de forma misteriosa, marcará el inicio de una investigación angustiosa que arrastrará la protagonista -todo un antihéroe- hasta el núcleo de una poderosa secta satánica: la Serpiente Negra.

En su primera novela, Pedro Pablo G. May se revela como un autor ágil, directo e inteligente, capaz de sumergir al lector en una trama profundamente inquietante, que combina el terror y la ntriga policial, con unos personajes sólidos y una lúcida reflexión sobre las diversas formas del poder y la perenne lucha entre las fuerzas del bien y del mal.

ANTICIPO:
-Sí, conozco a alguno de ellos.

-¿A quienes, en concreto?

-No soy tan idiota como para ir dando nombres, pero usted parece una persona inteligente. Piense cuál es la mejor forma de conseguir materia primera para los sacrificios. Dónde pueden operar.

-¿En las chabolas?

-No… Esa gente tiene más miedo que necesidad ante una cosa así… Aunque a veces se hace, cuando es urgente y no se encuentra de otra manera, pero siempre bajo engaño: se busca una familia especialmente pobre, con demasiados churumbeles para salir adelante, y se les cuenta la historia de la pareja estéril, deseosa de un hijo al que dar un buen futuro y dispuesta a pagar uno o dos kilos por el bebé a cambio de no esperar los engorrosos trámites legales. Y por supuesto con la condición de que los padres renuncien a reclamarlo, e incluso a volver a verlo nunca más. Pero de esta forma siempre se puedan dejar pistas y, además, la gente oye rumores. Y puede que des con gente agresiva o… No, no. Existe un método mejor, y legal. al menos en apariencia en los lugares apropiados. En el momento adecuado…

-¿En los hospitales? ¿Las clínicas privadas?

-Ajá. Veo que empieza a usar el cerebro.

-Hay cientos de consultas. Sería iposible descubrir cuáles de ellas se dedican a secuestrar a los pequeños…

-Por eso mismo. Además, los médicos son muy respetados por la sociedad. Todo el mundo confía en ellos… nos sé por qué, si matan más gente que salvan, los bastardos. Y son una profesión cerrada sobre sí misma, son racistas y corporativistas como insectos. Nunca se acusan unos a otros a no ser por rencillas o venganzas personales. Son más que un clan. Vaya si lo son. Se lo digo yo que conozco a más de uno. Tan respetables… Tan sabios… Tan grandes hombres… Trabajé en un centro hospitalario un par de años y le puedo asegurar que aprendí una cosa: ¡los médicos sí que son una secta!

-…

-Y no se crea eso de que nos estamos quedando sin niños. Tal vez no haya tantos como antes pero cada día nace un buen puñado y no cuesta demasiado sustraer alguno de vez en cuando, siempre que se tomen las adecuadas precauciones. Naturalmente, hay que escoger las familias apropiadas para la operación: gente insegura, con miedo, que no esté muy convencida ante la responsabilidad de la paternidad o bien aquellos que ya tienen descendencia, mejor cuanto más baja sea su extracción social, con problemas económicas, es más fácil si son inmigrantes… Todo eso suma puntos. Hay multitud de detalles útiles en las fichas médicas. La guinda consiste en llevar a cabo la operación en un gran hospital: impresiona más. Y se puede contar con la ayuda involuntaria de la burocracia del edificio. Nadie sabe nunca nada.

-¿De verdad se pueden robar con tanta facilidad?

-Los satanistas no son los únicos. Hay mucha gente metida también en tráfico para Estados Unidos y el norte de Europa. Suelen actuar en apyo de una estructura internacional, como escala para la mayor parte de los pequeños que pasan por aquí antes de llegar a su destino… final. La verdad es que la mayoría de los niños no son españoles. Vienen de distintas partes del mundo.

-¿Niños para adoptar?

-Y para cosas mucho peores, como trasplantes ilegales. O lo más terrible: el cine snuff. Eso sí que es una porquería, y también son tipos peligrosos porque manejan muchísima pasta. Torturan y matan a los niños y lo ruedan en vídeo. En los circuitos ilegales esas cintas valen una fortuna, sí, señor, aunque digan luego que semejantes barbaridades no existen y que se trata de una eleyenda urbana. Pero eso no me va, yo nunca he trabajado para ellos. Para los de trasplantes, sí. He «importado» un autobús entero, desde la India. Nos hicimos pasar por una organización humanitaria que los traía de vacaciones a España, por un acuerdo con el gobierno hindú. ¡Vacaciones pagadas para unos niños huérfanos de Benarés! ¡Qué corazón de oro tienen estos españoles! La verdad es que la documentación falsificada que hubo que rellenar fue un auténtico trabajo de artesanía, pero mereció la pena. Son como cerdos, ¿sabe?, se aprovecha todo: hígados, corazones, córneas… Los médicos y las autoridades dicen oficialmente que esto no puede ser, que muchos de sus órganos no sirven porque son demasiados pequeños, pero yo sé lo que sé porque lo he visto, Incluso he oído una historia asombrosa acerca de unos colegios especiales que han montado en Suiza. Bueno, unos centros que parecen colegios y que en realidad son granjas, donde internan a los niños y los educan y todo eso, esperando que crezcan lo suficiente para que merezca la pena sacrificarlos. para eso sí que hace falta dinero, ¿eh? Pero, en el fondo, eso es sólo una historia, no puedo confirmarla. Lo otro sí, eso lo conozco y lo único que puedo decir a ciencia cierta es que lo que no se trasplanta se usa para experimentos científicos diversos. Pero los niños no se enteran, mueren sin darse cuenta… Se asombraría usted de las cantidades que están dispuestos a pagar algunos tipos un órgano concreto.

-Usted me da asco…

-Y usted a mí urtiaria, y me lo callo. La única razón por la que le cuento todo esto es porque necesito la pasta con urgencia y al contado, pero también me arriesgo al hablar. Por mí, si usted quiere, lo dejamos aquí.

-No, necesito más detalles.

-Bueno… Pero ¡no se mee en las bragas, que luego olerá mal!

-…

-Cada vez más a menudo se aprovechan los niños introducidos bajo cuerda en España y que vienen de países en conflicto o son emigrantes ilegales. Por tradición, eran los portugueses, pero ahora ya no tanto: somos europeos y tal y tal. Mejor los de los países del Este y los rusos, y también los marroquíes y los norteafricanos en general. ¿No ha visto la cantidad de embarazadas que viajan últimamente en patera? No tiene dinero para costearse el viajecito y lo pagan con su bombo: una vez que nace el bebé, ya en España, lo entregan a las redes que los ayudaron a cruzar el Estrecho. Aunque los satanistas no quieren niños de ésos: sólo les valen los blancos. No me pregunte por qué; no lo sé. En los últimos años, ha aumentado además el porcentaje de sudacas. Claro que al otro lado del charco no se crea usted que se quedan cortos en cuanto a rituales… raros. Hoy día la cosa se ha diversificado y llegan de casi todo el mundo. Bah… y, además, siguen naciendo muchos niños no deseados de embarazos adolescentes. Fíjeses en la tele la próxima vez que cuenten la historia de María de las Nonatas, encontrada en un vertedero y salvada in extremis. En el hospital consiguen recuperarla. Un par de apariciones en los telediarios y se hace famosa: todo el mundo la conoce y comenta que menos mal que consiguieron rescatarla antes de que se muriera y que qué degenerados los padres que qusieron acabar con ella. Todos satisfechos de que la cosa cabara bien. Sólo que no acaba ahí. Al cabo de tres o cuatro día ya nadie se acuerda de maría de las Nonatas. A la semana puede acercarse usted al hospital y hartarse de preguntar por ella, que no aparecerá por ningún lado. Como mucho, le indicarán que está en alguna oficina de adopción o en manos de algún asistente social. en la práctica, no volverá a verla nunca más. Desapareció. Pufff… ¿Y a quién le importa? Todo el mundo estará convencido de que se encuentra en el mejor sitio posible y, además, tienen sus propios problemas a los que atender. el periódico de hoy, mañana sólo sirve para envolver el pescado, según dicen.

-Todo esto es un poco… exagerado, me parece. Hace unos años es posible que hubiera un descontrol tan grande, pero en la actualidad…

-Lo importante no es la existencia de controles sino quién se encarga de ellos. Si usted es amiga mía o yo puedo pagar su precio, por mí puede estar usted toda su vida a cargo de los controles, que a mí no me afectará. ¿Quién controla al controlador, eh? Pero, ya digo, yo no estoy metido en este negocio a fondo. Soy un simple mercenario. Trabajo por libre, por encargos, para unos y otros. De vez en cuando sale algo con los satanistas, o con otros… Menos los de snuff. Con ellos no trabajo, insisto. No hay difero suficiente para pagarme un servicio con esa gentuza. Supongo que emplearán a gente con menos escrúpulos?

-¿Sabe lo que es La Serpiente Negra?

-…

-Ahora le he sorprendido yo, ¿no es cierto?

-He oído algo… Siempre se oyen rumores, nada en firma. No estoy muy seguro, pero me parece que es… una especie de federación de organizaciones satanistas, una superorganización que engloba a todas las demás. Por lo menos en Europa. Pero no podría jurarlo. Yo he trabajado con grupos más pequeños. Con particulares, la mayor parte de las veces. No tenían nada que ver. O si lo tenían, yo lo ignoro.

-¿Usted no es satanista?

-Ya le he dicho que no, no me interesa. Como decía el otro: a mi edad, si no creo en el Dios verdadero no me voy a poner a adorar a otros. Cuando me muere, tendré tiempo de preocuparme por ello, si es que hay algo de que preocuparse.

-Necesito algo más. Un nombre. Una dirección.

-…

-Doblo el precio.

-Usted… correría demasiado peligro. Los satanistas son muy celosos de su intimidad. No respetan a nadie. Ni siquiera a las mujeres, ni… a los niños. ¡Ni a los niños! ¿Qué le parece? ¡Si hasta tengo sentido del humor! En fin… Mire, yo en el fondo no soy más que un pobre hombre que se dedica a estos asuntos para poder comer, porque uno ha de vivir de algo, ¿vale?, pero ellos no conocen el perdón ni la piedad. Y a usted parece que le gusta mearse en las bragas, insisto.

-Lo triplico.

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