El aura

ElAuraMontserratBustos

Alguien habita entre el bien y el mal… ¿Quieres conocerlo?
Mi padre es Satanás, rey del Infierno, y todopoderoso Maligno. Según él, yo debía subir a la Tierra para demostrarle que era digno de sucederle en el trono cuando decidiera cedérmelo. ¡¡¡Maldita sea!!! Me mandó a una universidad de Barcelona a impartir los siete pecados capitales, y lo primero que hice nada más llegar allí fue… enamorarme de la muchacha de diecisiete años más bonita e inteligente de cualquier mundo y que, dicho sea de paso, tenía una delantera que tiraba de espaldas; los senos más increíbles que cualquier demonio pueda desear. ¿Cómo iba a conseguir salir del lío en el que me había metido? Si además, para acabar de rematar, tenía en calidad de niñera a mi hermano Beelzebub, el ser más vicioso, vulgar, maléfico y destructivo que existía en el escalafón demoníaco, mi vida a partir de ese momento ya no sería un infierno, qué va; sería… como estar en el maldito Cielo.
Por cierto… soy Acatriel, y ahora…
¿Queréis conocer mi historia?

ANTICIPO:

Mi hermano Beelzebub es insuperable; no hay ser habido ni por haber que alcance siquiera su belleza. Supongo que tiene mucho que ver el hecho de ser un pura sangre y descendiente directo de Satanás. Eso le da un aire misterioso y peligrosamente excitante. Medirá aproximadamente un metro ochenta y cinco, es un poco más bajo que yo y algo más delgado, aunque no mucho. Su estructura física es bastante similar a la mía. Es ancho de espalda, largo de torso y con unas piernas largas y perfectas. También tiene los músculos bastante marcados, al igual que el color de la piel, que también es exacto al mío, pero su cara…
Sus facciones son cuadradas y severas, sus cejas cuadradas también y acabadas en punta, sus pestañas son largas y espesas y luce unos increíbles y magníficos ojos de un verde oscuro y profundo, igual que los de su madre Astoreth, Diosa de la Naturaleza. Su nariz es recta, sus labios parecen ligeramente más finos que los míos, pero eso quizás sea debido a la perpetua y pícara sonrisa que siempre lleva en su cara, como ahora. ¡Su cabello es demasiado! Se pasa horas ante el espejo para lograr peinarlo así. Lo lleva liso y corto por detrás y por los lados, pero sin llegar a ser tipo marine, y por arriba mucho más largo, recto y de punta. Toda la parte de arriba de punta y con una altura exorbitante, creo que perfectamente puede llegar a medir veinte centímetros. No sé cómo consigue mantenerlo así todo el día sin despeinarse ni un ápice, exceptuando alguna que otra greña que deja caer hacia abajo, como por casualidad, y que evidentemente por esa misma casualidad son algo más cortas que el resto del cabello, para no taparle la visión. Su color es rojo como el fuego, con unos diminutos finales en negro por las puntas. ¡Tiene una chulería!
La pequeña y casi inexistente perilla es de igual color que el pelo; apenas se aprecia, no es más que una raya en rojo que nace desde un pequeño triangulito negro por debajo del labio inferior y muere al final de su perfecta barbilla para darle más sensualidad si cabe al maravilloso hoyuelo que posee en ésta. A veces le hago bromas respecto a ella y se enoja muchísimo. Claro que mi hermano es de enfado fácil, por eso me gusta picarlo. En realidad su aspecto es increíble. Es tan asquerosamente bello que desmoralizaría incluso al mismísimo David de Miguel Ángel.
La indumentaria, sin embargo, es otra cosa. Para mi gusto es demasiado llamativo y ostentoso, de lo más fashion diría yo. Pero triunfa, ya lo creo. Tiene a todas las diablesas del Infierno haciendo cola, aunque eso también podría ser debido a su buena fama para con el sexo femenino. La verdad es que no sé qué les da, pero por lo que he oído decir… sus artes amatorias demoníacas son de lo más variopintas, imaginativas, sicalípticas, obscenas y viciosas. A veces se lleva seis o siete candidatas de una sola vez a su habitación y entre suspiros, gritos, y muebles rompiéndose forman tal alboroto que se escandalizan hasta los ángeles del Cielo. Por lo que tengo entendido hace unos cambios de fase físicos que las pone más calientes que el mismísimo fuego eterno. ¡Vamos, que Casanova a su lado no sería más que un simple aprendiz, vaya! Pero, a lo que íbamos, el modelito esta vez se las traía: americana entallada y de media levita, camisa de seda abierta hasta el pecho, probablemente para lucir la pequeña cruz boca abajo que cuelga de su cuello en una cadena, pantalón de pitillo y zapatos de punta. Todo de diseño, porsupuestísimo, y de un brillante y llamativo color dorado. ¡Ah, se me olvidaba! En su oreja izquierda lleva un insustituible y diminuto brillante rojo, creado con las llamas del fuego sagrado. Bien, creo que eso es todo. En definitiva mi hermano es el Dios Adonis encarnado en demonio… HASTA QUE ABRE LA BOCAZA.
—¿Qué? ¿Has acabado con esa monada? ¿Podrías prestármela, entonces? No es mucho de mi estilo pero… podría hacer un esfuerzo. Ya sabes que no soy demasiado exigente en lo que a mujeres se refiere.
Ahora se repasaba visualmente la manicura; no había cambiado su postura en ningún momento.
—¿Qué haces aquí, Beelzebub? —insistí.
—¡Beeelzeeee! —dijo mofándose—. ¿Qué haces tú? ¿No tenías trabajo que hacer? —dijo mirando a Eva.
—Eso no es asunto tuyo —protesté.
—Pues nuestro padre no opina lo mismo.
Por descontado que no; mi padre tenía tanta confianza en mí como podría tenerla en un gato.
—¿Por qué has matado a Tatiana? —repetí.
—Porque no lo has hecho tú. Tienes a papá contento. ¿Cómo permitiste que te humillara de ese modo?
—¿Qué os pasa a los dos? ¿Es que os habéis enganchado al culebrón La bajada de pantalones de Fran & Acatriel?
—Ése sería un buen título, sin duda, sobre todo por tu parte. La verdad es que eres de lo más patético.
—Ella ya había recibido un justo castigo.
—Nuestro padre la quería. —A pesar de que me hablaba a mí, no apartaba los ojos de Eva, y eso estaba empezando a mosquearme—. Sin duda, eso creí en cuanto percibí su fuerza.
Me quedé callado y pensativo un momento.
—¿Sabes que todos creen ahora que fue el muchacho, Fran, quien la mató? ¿Cómo pretende nuestro padre que imparta el mal si estoy en la cárcel?
—No lo estarás; toma otro cuerpo —me dijo con total naturalidad.
—¡NOOO! —dijo Eva aterrada. Ahora sí me miraba, y lo hacía muy directamente a los ojos.
—No lo haré —le dije tocándole la cara con cariño—. Tranquila, ¿vale? —añadí.
—Pero qué absolutamente tierno y conmovedor. Puro amor, diría yo. ¿Os apetecería un soneto? ¿Un solo de arpa, quizás? Veo que te lo tomas con mucha calma con la jovencita. ¿Debo enseñarte cómo se hace eso también, hermano?
Mi ira crecía por momentos.
—Eres odioso. No te acerques a ella o te juro que…
—¡Eh, niña! —La estatua de Adonis se movió por fin, acercándose un poco a nosotros con cuatro elegantísimos pasos de claqué—. ¿Tienes tanta curiosidad como parece? ¿Quieres probar con un demonio de verdad? ¡Te aseguro que soy el rey del amooor! —Le lanzó un beso con la mano—. Todo lo que tengo es material de primera, nena. Soy de lo más… caliente.
Se manoseaba el cuerpo obscenamente, pasándose la lengua por el labio superior, como si el hacer eso confirmara sus palabras.
—Eres repulsivo —dijo Eva absolutamente asqueada.
Beelze se rió escandalosamente.
—¡Venga ya! Engáñate si quieres, guapa. A mí no me la das. Podemos leer la mente, ¿recuerdas? Te tengo tan caliente que podría hacer lo que quisiera contigo aquí mismo y con el mojigato de mi hermano mirando. ¿Te gustaría, Acatri? ¡Quizás hasta podrías aprender algo! —Su sonrisa no cesaba.
Eso era cierto, yo también lo percibía, pero sin duda era porque influenciaba su mente. No era real como lo que ella sentía por mí.
—Maldita sea.
Eva estaba fuera de sí.
—Eres… asqueroso. Es él quien lo provoca, ¿verdad? —me preguntó—. Hazle parar. Me repugna sentir esto. Me hace sentir sucia, Acatriel.
Mi hermano estaba frente a ella partiéndose el pecho de risa.
—No le sigas el juego, cariño. Es lo que quiere, avivar tu ira.
Beelze se reía a mandíbula batiente, el muy berzotas. De haber podido hubiera estado llorando de la risa, pero los demonios no podemos llorar, aunque no sé por qué. Desde luego, como es más que obvio, reír sí podemos. No sé ni cómo, entre carcajada y carcajada, logró decir:
—No es… precisamente… la ira lo… que le… avivaría ahora… además… a mí… sí que… hace rato que ella… me está avivando… algo… aquí abajo. ¡JAA, JAA, JAAAA! —Se tocó la entrepierna lascivamente.
Cómo podía ser tan odioso. Tenía a Eva que se subía por las paredes. Lo miró con asco para gritarle:
—¡Pues hazte algo manual, asqueroso, pervertido!
Eva estaba al borde de las lágrimas, así que esta vez me puse muy serio y le dije en tono seco:
—Beelzebub, ¡basta! Te lo estoy pidiendo, ya basta.
La risa cedió un poco.
—Tiene que ser desagradable no poder hacer nada al respecto, ¿verdad, hermanito?
Apreté los dientes con fuerza.
—¿De veras crees que no podría?
—¡NO! No podrías, pero me encantaría ver cómo lo intentas. —Me estaba retando.
Sonó de pronto un trueno tan fuerte que se movieron hasta los cimientos de la casa.
—Está bien, padre. Ya sé que tenemos trabajo que hacer. Lo dejaremos para otro momento —y prosiguió dirigiéndose a mí—. Por lo pronto, ¿qué vas a hacer con tu problemilla? —Señaló a Eva con la cabeza.
—¿Qué quieres decir con eso? —le dije.
—¿Cómo sabes que mantendrá la boca cerrada? Además… —Suspiró—. Viniste aquí con una misión que tienes que cumplir. ¿Crees que se quedará impasible mirando?
—Pues cumple tú esa misión. Yo no deseo ese honor y tú sin duda lo pasarías en grande.
—¡Qué más quisiera! Sólo estoy aquí en calidad de niñera, eres tú quien tiene esa responsabilidad.
—¡NO! No la quiero —grité—. ¿Me oyes, padre? No la quiero, ¡libérame!
Sonó un trueno más fuerte que el anterior que me hizo caer de rodillas, derrotado.
—¡Por todos los tridentes del Infierno! Esto es indignante —vociferó Beelzebub.
—Acatriel. —Eva se arrodilló ante mí y me cogió la cara con las manos—. ¿Qué… qué pasa? ¿Qué ha sido?
—Él… ha tomado una decisión.
Beelze estaba que bufaba, resoplaba por la nariz. Todo su buen humor de antes se había evaporado por completo.
—¡Qué humillación! ¿Qué voy a decirle a mis amistades, a mis futuros hijos? ¡Qué asco!
Con una rapidez sobrehumana se plantó ante mí, apartando a Eva de un manotazo. Con esa misma mano me cogió del cuello y me levantó del suelo obligándome a mirarle.
—¡Renegado de mierda, no lo consentiré! —Eva se tapaba los oídos porque la voz de mi hermano sonaba como un estallido—. No puedo tener esa mancha en mi familia. ¡Un bendito! Un Tocado por la Mano Divina —tronó—. ¡RETRÁCTATE! O te juro por el fuego eterno que no llegarás ni al limbo —bramó corroído por la cólera.
—¿Qué otra cosa puedo hacer? —le dije desesperado—. Yo no soy como tú, Beelze. Soy incapaz de impartir el mal.
—Por supuesto que no eres como yo, sangre turbia. A mí no me llegas ni a la suela del zapato. Pero de todos modos… retráctate ahora mismo o te juro por nuestros ancestros que te lo haré lamentar. Cumple tu misión. ¡Haz lo que debes, maldito cobarde!

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