El auriga de Hispania

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El hispano Gayo Aurelio Diocles fue el mayor héroe popular del mundo romano, el más solicitado, admirado y celebrado de sus ciudadanos, un ejemplo de tesón, habilidad y audacia en tiempos de los emperadores Apuleyo y Adriano. A él se deben algunos de los más admirables hitos de la historia del circo romano: cuarenta y dos años corriendo, cuidador de varios caballos centenarios (ganadores de cien carreras o más), el auriga que más competiciones ganó (1462), el récord de victorias en un solo año (134)…

El auriga de Hispania narra la trayectoria de este singular ídolo de las masas, al tiempo que lo sitúa en un fascinante enigma en el que la traición y la manipulación de las apuestas concurren para debilitar a la poderosa Roma.

Con el talento para combinar misterio y recreación de ambientes que le han situado en un lugar de privilegio en la narrativa histórica española, Jesús Maeso de la Torre nos ofrece la novela definitiva sobre un gran héroe hispano.

ANTICIPO:
Deslumbrado como una avecilla asustada, llegó el día de su presentación en el Circo Máximo, y aun a pesar de la fuerza que le había infundido el bautizo de Mitra, Diocles se sentía como un frágil esquife en medio del océano embravecido.

Sin embargo, en aquel mundo despiadado, la protección brindada al pícaro de Lupino no le acarreó sino beneficios, pues, como sostienen los filósofos, en la lealtad desinteresada es donde se manifiestan los corazones desprendidos. El chiquillo, con intención de agradado, le ayudó con su saber innato y se ofreció a anunciar las carreras en el Foro, donde se le comparaba con el laureado Talo, el más grande auriga surgido hasta entonces en Roma.

Tito Valens y Galo habían puesto en marcha, en medio de una actividad devoradora, una campaña por los catorce distritos de la urbs para dar a conocer su nombre. El hispano temía no estar a la altura de las circunstancias y se angustiaba, pues ¿no se fracasa a veces porque se cree difícil lo que el ingenio puede conseguir fácilmente? Polemizaban los romanos en las termopolia sobre el arrojo y sangre fría del joven hispano, provocando un entusiasmo que lo inundaba de placer, pero también de exigencias.

DIOCLES, EL VALIENTE AURIGA VENCEDOR EN LOS CIRCOS DE HISPANIA, CUYO INSTINTIVO VALOR Y ESTILISTA PUREZA CAUTIVÓ A ADRIANO AUGUSTO, rezaba en grandes pasquines colgados en el Foro, que toda la ciudad había leído.

Sin embargo, una evocación pérfida aún lo llenaba de ira y aunque inquietas sombras intentaban ocultado a su recuerdo, pese a los años transcurridos, aún percibía el nítido rostro de la cobardía que en aquellos días lo entristeció hasta el punto de transformar su carácter. En la antevíspera del gran día sofocado y misterioso, Lupino vino a vedo a las caballerizas. Preocupado, le confesó entrecortadamente:

-Diocles, esta mañana, mientras pregonaba las carreras, entré en las letrinas del Foro, pues sentía retortijones en el vientre, y cuando me raspaba con la esponja, descubrí, tras de mí, a los dos mozos de cuadra de Menandro, el auriga pelirrojo, ese dacio bravucón que anda propalando disparates contra ti. Y lo que se decían me inquietó. Uno explicaba que ya había comprado la piedra carbunclo y el otro que después de recoger la lámina de plomo se verían con su amo en la Puerta Carpena, antes de la puesta de sol.

-¿Y qué tiene eso que ver conmigo, Lupino? No te entiendo.

-¿Que no lo comprendes? Van a consumar un conjuro a las fuerzas del mal para acarrearte sus maleficios y atraer la fatalidad en tu estreno. Lo suelen hacer contra todos los que los inquietan -le aseguró-. Eres un recién llegado al ombligo del Circo y desconoces las artimañas de las que se valen los aurigas veteranos para vencer a sus antagonistas más jóvenes y prometedores. Te muestras ingenuo como una vestal, yesos berracos sin escrúpulos van a convocar al cielo contra ti.

-¡Explícate, rapaz, me agobias! -repuso, y recordó su experiencia con Pollux en Tarraco, para luego disponerse a escuchar de sus labios trémulos una inconcebible superchería que venía a confirmar sus sospechas.

-Yo he echado los dientes bajo estos techos y he presenciado demasiadas infamias entre aurigas. Entre estos muros, el crimen, el veneno y la venganza son tan naturales como el sol que nos alumbra. He trabajado para Escorpio, el tallista de piedras mágicas, y sé que el carbunclo, llamado también rubí macedonio, que ha adquirido uno de esos sicarios, se utiliza para practicar maleficios.

Tan pasmoso anuncio aguijoneó su curiosidad, y preguntó con cierto recelo:

-¿Hechizos en el Circo Máximo? ¿Y por qué han de ir dirigidos contra mí? -se resistió a creerlo-. Un hado cruel me persigue con mis antagonistas.

-Menandro, si no puede corromper, destruye. Odia a los jóvenes capacitados como tú, y a más de uno ha descalabrado. Es un mal bicho, que aunque no lo parezca, nació esclavo.

-Y la hoja de metal, ¿qué objeto tiene en todo este embrollo? -insistió Gayo.

-Que Jano me perdone, pero eres el hombre más crédulo que he conocido.

-Simplemente, soy incompatible con la falsedad, pero sigue.

-¿No te ha advertido Tito Valens de estos manejos? En el ambiente del Circo llaman a esas diabólicas láminas devotio(6). Se trata de placas de plomo donde se invocan a las oscuras fuerzas del Averno y del Orco(7) para debilitar a los corceles y alterar el seso de los corredores, y que seguramente esos desalmados van a enterrar en alguna tumba de la Vía Apia. ¡Seguro!

-Sé que la malicia y las discordias son frecuentes entre mis colegas, pero, ¿estás seguro de cuanto me estás revelando? -preguntó crispado-. ¡Vamos!, daremos cuenta de ello a los jueces de los juegos.

Giró los talones, pero el joven Lupino, suplicante, lo detuvo.

-No te recomiendo que lo divulgues, pues lo negarán y Se mofarán de ti. Esas prácticas no son nuevas aquí, pero se ocultan aunque se vienen realizando desde que Domicio Enobarbo, el padre de Nerón, corría en este hipódromo.

-¡Que Júpiter me envíe un rayo! -se enfureció-. Aunque confío que la maldad, al final, beba de su propio veneno.

-Existe un modo de desbaratar el conjuro, Dioc1es -le aseguró-. Sustraer la devotio del lugar donde la van a ocultar, probar si tú eres el sujeto de sus hechizos, destruirla luego y callar después.

-Yo no creo en esas supercherías, pero salgamos de dudas. He de desenmascarar a ese desalmado y acusarlo ante el editor de los juegos con pruebas. Me atrae el riesgo y no los temo. Los seguiremos. ¡Avisa a Lauso!

***

Por su porte, parecían hombres principales; Gayo se angustió aún más.

Se movían cautelosos cuando se apostaron en las inmediaciones de la Puerta Carpena, a espaldas de las tumbas de la gens Marcela. Un lugar nada recomendable, transitado por adivinos de los que leen la fortuna en tratados de astronomía falsificados. Algunas lobas y atildados pederastas tomaban posiciones en los muros del Templo del Honor y la Virtud, rodeados de individuos sospechosos.

Palpando las empuñaduras de sus dagas, aguardaron a los hechiceros envueltos en gruesas capas, pues el aire anunciaba aguaceros. La curiosidad se agitaba en sus corazones cuando al poco apareció Menandro, con su nariz ancha y brutal, seguido de tres hombres, uno calvo, que Gayo identificó como el editor de la facción de los azules, un tal Festo, y uno de los jueces de los juegos, un vejestorio de rostro picado por la viruela que moqueaba constantemente y que solía saludar a Galo con zalamería. No podía creerlo, pero la auténtica verdad se le manifestó cruel e insoslayable.

A algunos jerarcas del Circo Máximo les interesaba que Gayo Diocles fracasara en su carrera con una muerte penosa y sin gloria, y se aliaban sin escrúpulos con las fuerzas del mal y sus inexplicables poderes. Se internaron como una cuadrilla de conspiradores entre el laberinto de tumbas, y los tres jóvenes, emboscados, los siguieron hasta la bifurcación de la Vía Latina, una zona de túmulos funerarios donde los romanos pudientes enterraban a sus muertos. La siniestra caterva se detuvo ante una lápida, simulando ser familiares del fallecido que le ofrendaban flores y vino. Se escondieron tras unos arbustos que cercaban el gallinero de un huerto, y esperaron, mientras el vuelo de los murciélagos y el maullar de los gatos los llenaba de pavor.

Un esclavo de Menandro, que transportaba un costal de cuero, se arrodilló, extrajo una herramienta y cavó un hoyo al pie del sepulcro. Diocles los contemplaba boquiabierto, con la respiración entrecortada. Observó sus rostros ennegrecidos por el sesgo del atardecer y, de repente, pasó de la sorpresa a la estupefacción y de ésta a la incredulidad más absoluta: vio que sacrificaban un perro negro y lo ataban con un ramal, y luego, orinaban y escupían sobre una lámina de metal que relucía como el azogue con los postreros rayos del ocaso.

El vejestorio pronunció su fórmula mágica practicando gestos risibles, antes de enterrar en la placa y el can sacrificado, animal infausto para los romanos, pues no ladraron el día que los galos asaltaron el Capitolio, mientras pronunciaba su sentencia de muerte:

-¡Que Diocles se vea atado en el Circo como este animal, privado de sus fuerzas, y que Gálata respire el azufre de los Avernos! -pudieron oír en la lejanía-. ¡Aniquílalo, mátalo!

6. En las tumbas de la Vía Apia se han hallado numerosas devotio o talntllae defixiorun, preferentemente maldiciones dirigidas contra aurigas del Circo Máximo.

7. Denominaciones mitológicas de los infiernos.

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20 Opiniones

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  • maeso
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    Extraordinaria novela sobre la roma imperial y de un personaje tan desconocido como extraordinario.

  • Clan
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    ¿Está basada en alguien real?

  • Ferm
    on

    No la he leído, pero tengo entendido que la novela es una reconstruccción libre de la vida de Gayo Apuleyo Diocles, uno de los aurigas más renombrados en tiempos de Adriano.

  • Imilce
    on

    Lamento discrepar, a pesar de que el autor ha escogido un personaje histórico real y de que la época me interesa. Pero el lenguaje es en muchas ocasiones de un poético pretencioso que asusta y el argumento está mal trabado. No pude terminarlo.

  • Wamba
    on

    Yo es que tengo motivos personales: atendí al señor Maeso en la librería en la que trabajaba y se portó como un auténtico cretino. El mismísimo Aznar es todo un ejemplo de buena educación a su lado. Así que he decidido no leer nada de él.

  • Anónimo
    on

    De ti para mí, ahora que nadie nos lee, tiene unos baches de aúpa ;)

    No le conozco, pero me apena saber que es otro auriga que se sube al carro (la frase viene al pelo) del cretinismo. Vale, estamos de acuerdo en que a un autor se le valora y se le compra por su obra, pero resulta muy fácil comprar otro libro que te gusta si te cae mal. A menudo no entiendo porque los artistas (ampliemos el abanico) tienen tantas ínfulas. Somos los lectores quienes les aupamos o derribamos con nuestras compras.

  • Iago
    on

    He intentado leerlo pero no le he encontrado nunguna gracia, y lo mismo digo por el Catón de Matilde Asensi y el aburridisimo Numero de dios. El Trafalgar de Perez Reverte no vale una decima parte del de Perez Galdos, y las sabanas, los codigos y las hermandades son una sarta de memeces. Que año tan malo, probre de mi. Unicos consuelo, Flashman y Nuestro agente en Judea.

  • Imilce
    on

    No desesperes. Aún hay libros que merecen la pena. Yo insisto en que El último soldurio merece la pena de ser leído. Yo creo, humildemente, que es un novelón.

  • Aurelio
    on

    Lo conocí en la presentación que hizo de este libro y me pareció un hombre muy sencillo, humilde y cariñoso, la verdad es que estuvo muy bien en su alocución, atendiendo amablemente a los lectores que estuvimos allí durante un buen rato, a pesar del calor que hacía.

    En cuanto al libro, he de deciros que después de haber leído en los ultimos años bastante novela histórica y algo de thriller histórico, me siento orgulloso de tener entre nosotros escritores que manejan una tan depurada y deliciosa prosa, sin necesidad de tirar de Merovingios, códigos y hermandades secretas y sin mencionar en ninguno de sus libros al gran Leonardo.

    El libro comienza muy original y entretenido y aunque la trama se distrae un poco, al final convence; sinceramente entretiene y divierte.

    P.D. Para despellejar a nuestros escritores de forma altruista siempre hay tiempo y mucho más cuando las críticas carecen de argumentación sólida.

  • Pluto
    on

    De acuerdo por completo con Iago respecto de Reverte. Si no fuera por su influencia en televisión nunca habría despegado, y después la inercia y el marketing han hecho el resto, pero es un escritor malo, malo. No tiene originalidad ni en el estilo ni en las tramas, y en la caracterización de los personajes es el paradigma de lo que NO se debe hacer, p.ej. la carta esférica: una fantasmada detrás de otra, el protagonista resulta un fanfarrón hueco, no el tipo de duro veterano de la vida que Reverte quería recrear.

    De Maeso no he leído nada, no opino. Las referencias personales prefiero no tenerlas en cuenta, todos le hemos caído mal a alguien alguna vez ¿no?

    Lo que dice Imilce sobre el estilo pretencioso me hace más efecto. No me gusta el estilo florido y blandengue, sino el conciso y afilado, como acero y cristal. Un buen ejemplo: León Arsenal. Creo que en octubre sale su última obra: la boca del Nilo, de temática romana también. La espero con impaciencia, (aunque Edhasa pone unos precios que a veces son disuasivos).

    Arsenal me recuerda mucho a Chandler y Hammett, y, en otro registro, a Delibes: un estilo directo, desnudo, certero, y personajes bien definidos a través de diálogos magistrales. Me gustan los diálogos de Arsenal, tienen un ritmo tenso y al mismo tiempo pausado, casi palpas la fuerza de los personajes en ellos.

    Las tramas de Arsenal son algo desvahídas, (en esto tiene más de Chandler que de Hammett) Pero quizá en la boca del Nilo, al tratar un caso histórico concreto, la acción esté más definida. Ya veremos.

    Por cierto, conocí a León Arsenal en persona y no me gustó nada. Sin embargo, como escritor me parece bueno y recomendable. Una cosa no tiene que ver con otra, pienso.

  • Saulo
    on

    A menudo no distinguimos al autor de la obra. No conozco a Arsenal, de modo que me parece fuera de lugar emitir un juicio de valor sobre su persona, aunque sí me encanta lo que escribe, pero pongo un ejemplo, Hemingway. Soy un devoto de sus textos, pero leyendo cosas de su biografía…, no me apetecería tenerlo cerco. Al final, lo mejor es quedarse con la obra de todos los creadores.

  • pepo
    on

    Wamba, los escritores de novela histórica española gozan actualmente de un bien ganado prestigio y no veo justo tu airado reproche a Maeso, y tus insistentes descalificaciones y censuras. Creo símplemnte que tratas de compensar tus carencias culturales escupiendo malos humores y descalificaciones a quien ha sido aplaudido por la crítica especializada. Conocí a Maeso en los escolapios de Sevilla, y en modo alguno responde al perfil que comentas, aunque esto es muy propio de personas resentidas que desprecian el trabajo y la creación con alegre trivialidad. Lee su Al-Gazal, La Piedra del Destino, o el Papa Luna, elogiados en toda la prensa nacional, y es probable que esos impulsos descontrolados y agrios con los que desprestigias a un autor andaluz sin fundamento alguno, y que más me parcecen lloros, gruñidos y censuras agrias del que no entiende de literatura, y tal vez cambies tus reproches por el placer de leer.

  • Lucas
    on

    No entro en las virtudes o defectos del autor. Despues de todo, ¿qué me importa sino es mi vecino? Lo que sí me echó para atrás fueron los comentarios sobre la obra. A ese precio, habiendo tantos libros, tampoco hago experimentos, y, en general, las opiniones de este foro me han evitado algunos disgustos y me han procurado grandes hallazgos de lectura placentera.

  • Wamba
    on

    Pepo, no creo haber dicho nada contra la novela histórica española ni contra su estado. De hecho, creo que está en uno de sus mejores momentos. Lo que he cicho es que un autor concreto, Maeso, se ha portado en una ocasión realmente mal conmigo. Y lo único que puedo hacer (era un cliente, al fin y al cabo) es no leerle. Y eso no tiene nada que ver con que escrivba bien o mal, o con que realmente sepa historia o no. Tal vez sea una opción discutible, pero no me parece insultante ni, desde luego, generalista para el género en España.

    Por otra parte, dices que hablo como alguien resentido y sin conocimientos de literatura. Aparte de las dos ocasiones en que ha surgido este asunto, no tengo en mente al señor Maeso casi nunca (bueno, cuando llegan a librería sus libros y los tengo que colocar en estantería, a veces le recuerdo); no creo que esa sea una actitud de resentimiento.

    Y creo que mi trayectoria en este foro deja claro que algo síq ue sé de literatura. Mis opiniones, como todas, pueden ser discutibles (y a veces son discutidas), pero intento que siempre sean razonadas.

    Más bien parece que te duela el que ese señor me haya caído mal. No sé, tal vez tenía un mal día y lo pagó conmigo igual que lo podía haber pagado conel del metro. Incluso puede que sea de lo más amable habitualmente. Vale. Pero intento guiarme por mi experiencia, y en este caso ha sido de lo más irritante. Y como ya he dicho, lo único que me queda es no leerle.

  • WOOZ
    on

    Pepo por más que busqué no encontré aquello de lo que hablas en tu mensaje.

    ¿Donde podemos leer las insistentes descalificaciones, censuras… que contra el señor Maeso hace Wamba y que le hacen merecedor -a éste último- de las palabras que dirigiste contra su persona?

    Ya se, ya se, será la falta de sueño pero… tampoco entiendo la relación que puede haber entre el hecho de que haya alguien que se ha formado una mala opinión de un autor literario como persona (sin entrar a valorar su obra), y que decida no comprar sus libros, y el hecho de que esa persona presente carencias culturales y no entienda de literatura.

    Wamba, ¿no crees que sería realmente bueno que leyeras al señor Maeso -como te aconseja Pepo en su mensaje- por aquello de “la incultura se cura leyendo…” (al señor Maeso, claro está) y asimismo, para coger el gusto a leer que no tienes por lo que hemos podido ver?

    Saludos

    WOOZ

  • pregunta
    on

    Totalmente de acuerdo. Cada uno es libre de tener las afinidades que crea oportuno y mucho me extraña que se puedan encontrar descalificaciones no razonadas en los comentarios del señor Wamba.

    Por cierto, Wamba, no te mosquees, que parece que te han cambiado las teclas de sitio… y no es propio de ti. ;P

  • Wamba
    on

    Probablemente si mi pila fuera 3 o 4 vedces más pequeña le daría la oportunidad a Maeso. No dudo de que sea un escritor capaz. Simplemente no tengo tiempo de leer todo lo que querría (entre otras cosas porque me pagan por leer y eso hace que no suela poder elegir qué leo). Y como Maeso me trató mal (más bien como una mierda, diría yo), pues le coloco en el último lugar de la lista de autores. bueno, el penúltimo, justo antes de Migoya, que este sí es un imbécil (y le he tratado en varias ocasiones, no es un día) y además es un escritor mediocre tirando a malo. Si algún día cae en mis manos algo de Maeso (de manera gratuíta, se entiende) no tendré ningún problema en darle una oportunidad. Mientras tanto, tengo miles de libros que no he leído y cuyo autor no se ha puesto como un energúmeno conmigo porque no tenía todos sus libros en la librería en que trabajo (¡como si yo decidiera lo que hay o no!). Y repito, no tengo nada contra sus libros ni pongo en duda que puedan ser auténticas joyas.

  • Wamba
    on

    por cierto, el mensaje en cuestión que ha suscitado todo esto decía:

    2Yo es que tengo motivos personales: atendí al señor Maeso en la librería en la que trabajaba y se portó como un auténtico cretino. El mismísimo Aznar es todo un ejemplo de buena educación a su lado. Así que he decidido no leer nada de él. "

    Lo reconozco, compararle con Aznar es pasarse :) Perdón

  • oscar
    on

    Me veo en la necesidad de recordar que siempre se puede rebatir la opinión de todo lector y, por otra parte, no hay libro ni autor que no sea criticable. Evidentemente se ha de partir de la base de la buena educación y el sentido común.

    O dicho de otro modo: se puede debatir y discutir, pero no combatir.

    Está por completo fuera de lugar el tratar de rebatir una opinión atacando a cualquier forista con frases del estilo de "tus carencias culturales", "lloros, gruñidos y censuras agrias del que no entiende de literatura" o "personas resentidas". Estos modos no hacen más que calificar a quien los emplea, y es una lástima porque pepo parece conocer al autor y su obra lo suficiente para iniciar un debate interesante -como muchos de los que he tenido el placer de leer en estos foros- en lugar de una trifulca.

    Espero que con este mensaje quede zanjada la discusión.

    Un saludo.

  • La_peregrina
    on

    Los libros de Arsenal me encantan.

    Al contrario que a vos, Pluto, me resulta una persona agradable e interesantísima. Lo conocí este año en Buenos Aires. Tiene una personalidad muy magnética, es de esa gente con la que te pasarías una vida conversando, porque nunca se le acaban los temas, y todo lo que cuenta, lo hace con magia. Como dice un amigo mío, es un hombre muy educado que sabe, además de opinar con fundamento, escuchar a sus contertulios.

    Mejor impresión imposible.

    Si es cierto que la opinión que nos formamos de la personalidad de un autor, no debiera influir en su obra.

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