El contrincante

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Una mujer desaparecida y su novio, obsesionado por ella hasta rozar la locura; dos muertes incomprensibles, un asesino demente, religiosos, psiquiatras, policías y un aterrador círculo verde que se aparece en los espejos. Todo ello converge en una inteligente trama de posesiones diabólicas, suspense y amor incondicional que revela una temible realidad: el origen de las fuerzas maléficas está en el propio Dios, pues Él sólo puede reinar si tiene un adversario con el que batirse en un combate perpetuo, que es el motor del mundo.

Elia Barceló, autora de El secreto del orfebre, El vuelo del Hipogrifo y Consecuencias naturales, entre otras novelas, ofrece un viaje al infierno en el que no faltan misterios, intriga, horror y revelaciones.

ANTICIPO:
La función se le pasó volando, como un sueño, viviéndola de verdad, creyéndose lo que hacía. En la escena de la boda, Nieves lo miraba como si no pudiera creerse que estuviera actuando así, y en la del bosque estaban ya tan dentro de sus papeles que por un momento la sintió temblar al abrazada y tembló él también.

Los aplausos fueron ensordecedores; el público estaba entusiasmado y conmovido. Salieron seis veces a saludar y luego lo reclamaron para una ovación en solitario. Hasta los compañeros se lo dijeron en el camerino, un poco desorientados por la fuerza que había desarrollado. Aguantó con modestia y sonrisas las felicitaciones y, en cuanto pudo, se encerró en el lavabo a esperar a que se fueran todos.

El Lanas le había prometido que Lola vendría a recogerlo después de la función, y ahora la perspectiva de enfrentarse con aquella mujer a la que sólo había visto una vez, en trance, le asusta bao

Llegó al camerino al mismo tiempo que ella y se quedó un momento mirándola sin saber qué hacer. No le dio la mano ni la besó; se limitó a abrirle la puerta para que entrara con un gesto de invitación.

No la recordaba en absoluto. No tenía la piel tan pálida como él había creído, era sólo de un blanco poco frecuente, tipo irlandés, y no había nada de especial en ella. Los ojos pequeños, muy negros y algo juntos, el pelo oscuro y abundante recogido en una trenza a la espalda, la boca firme, de labios finos y tensos.

-Soy Lola -dijo-. El Lanas me ha dicho que querías verme. Él asintió con la cabeza sin saber bien si ofrecerse a ayudarle a que se quitara el gigantesco anorak que la cubría hasta casi las rodillas.

-El Lanas me ha contado lo que dije en la fiesta de Rafa. Me llevé un buen susto, ¿sabes?

-¿No te había pasado nunca? -Los ojos de Jorge se dilataron de asombro.

-Sí, hombre, tranquilo. Soy médium de toda la vida, con eso se nace. Pero de pequeña no podía controlado y esas cosas me pasaban en cualquier sitio, ¡imagínate qué número! Luego empecé a aprender de un maestro con experiencia y ahora ya no me suele pasar. Por eso me asusté, porque no lo hice adrede.

-Pero… -Jorge no sabía cómo preguntar lo que quería saber sin ofenderla-, todo eso -hizo un vago gesto circular con la mano- ¿es realmente verdad?

Para su sorpresa, ella sonrió mostrando unos dientes muy pequeños y muy blancos, algo puntiagudos.

-¿Qué crees, que hago teatro gratis para asustar a los amigos? -Su voz, poco cultivada y bastante vulgar, sonaba divertida.

-No, mujer. Es que a mí no me había pasado nunca y aceptado me resulta muy raro y muy difícil.

Ella siguió sonriendo, sacó un chicle del bolsillo, se lo metió en la boca y tiró el papel al suelo. Jorge, automáticamente, se agachó a recogerlo y lo tiró a la papelera.

-¿Son todos espíritus de gente muerta?

Ella asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.

-¿ y cómo entran en ti?

Lola frunció la frente y siguió masticando.

-No sé. Mi maestro dice que los que tenemos el don somos como una radio siempre en marcha. Recogemos todo lo que hay por ahí y ellos hablan por nuestra boca. Bueno, unos hablan, otros escriben, otros mueven cosas, otros se aparecen pero, claro, para eso no nos necesitan a nosotros.

-¿Para qué?

-Para aparecerse. A nosotros sólo vienen los que pueden comunicarse de palabra.

-¿Y luego vosotros no os acordáis de nada?

Lola negó con la cabeza, manteniendo la absurda sonrisa que a Jorge estaba empezando a resultade incómoda.

-¿ Y sólo salen espíritus?

-Natural. -Hizo una pompa de chicle y volvió a aspirada.

-Entonces ¿crees que Rosa está muerta?

Ella puso los ojos como platos.

-¡Anda tú! Pues claro.

-Ella dijo, tú dijiste, quiero decir, bueno, ya sabes… le pregunté si estaba muerta y me dijo que aún no.

Lola negó con la cabeza, despacio.

-¿ y cómo te lo explicas?

-Pasa mucho -contestó Lola con naturalidad-. Sobre todo en muertos recientes y más que nada en los que han muerto de accidente o asesinados. Los que no se lo esperaban, como quien dice. Mi maestro dice que no han tenido tiempo para prepararse, para saber que se morían, y por eso no saben lo que les está pasando. Es como un cuelgue, ¿comprendes?, como un mal viaje. No saben dónde están, no entienden nada, dicen siempre que está oscuro y que tienen miedo. Aún no se les ha ocurrido que están muertos.

Jorge escuchaba con un profundo desagrado que se iba convirtiendo en horror la explicación de Lola, que seguía imperturbable mascando su chicle con las manos serenamente cruzadas en el regazo.

-Pero Lola, escúchame, ¿no puede ser que Rosa esté aún viva y quiera comunicarse conmigo?

Lola lo miró como se mira a un idiota insalvable.

-Si estuviera viva te habría llamado por teléfono, ¿no?

Su lógica era aplastante y así se sintió por un momento, físicamente aplastado, como si le hubiera caído una piedra encima.

-Ella me dijo que no -continuó en voz muy baja, apoyando la cabeza en las manos-. Me pidió ayuda; me pidió que la salvara.

Lola asintió vigorosamente con la cabeza.

-Es normal. Si aún no le ha entrado que está muerta, cree que sigue viva pero herida o perdida o así, y te llama para que la ayudes porque sabe que la quieres.

-¿ y qué puedo hacer?

-Pse. Unos pagan misas, otros ponen velas o rezan. A veces ayuda si el muerto era creyente.

-Rosa no era creyente y además me pidió que fuera a buscarla.

Lola se encogió de hombros.

-Para ir a buscada tendrías que estar muerto, tío. Si te quieres suicidar es cosa tuya -añadió-, pero te digo por experiencia que los suicidas suelen pasado fatal en el otro mundo.

Jorge atajó con un gesto la posible explicación sobre los suicidas, que se imaginaba peor que la de antes. .

-Estoy convencido de que aún vive y está en alguna parte donde lo está pasando muy mal.

-Eres muy libre. Si eso te pone mejor…

Jorge se levantó impetuosamente.

-Vente conmigo a casa. Quiero enseñarte su diario. Léetelo y dame tu opinión.

-Por mí… -dijo Lola poniéndose de pie-. Como no sabía lo que íbamos a tardar no he quedado con nadie, por si acaso.

Echaron a andar pasillo adelante, apagando luces tras de sí.

-¿Sabes que nunca había conocido a un actor de la tele?

-dijo ella con una risita.

Él no respondió.

-Me hacía mucha ilusión. Cuando el Lanas me dijo que querías verme me alegré un montón. -Otra risita-. Estás mejor al natural que en la tele.

-Gracias -dijo él, seco. Ella no pareció notarlo.

-Cuando lo cuente por ahí no se lo van a creer.

Él siguió en silencio.

-¿Ésta es tu bici?

-Sí.

-¡Qué gracioso! Un actor famoso en bici por la vida. ¿Me llevas en la barra?

-¡No! -Fue casi un rugido; se amonestó a sí mismo y contestó Con más dulzura-. Mejor cogemos un taxi.

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13 Opiniones

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  • Campe
    on

    Esta novela acaba defraudando un poco porque despierta muchas espectativas y acaba por irse de las manos a la escritora (esa es la opinión mía con todo respeto). Podía haber dado mucho más de si y Elia Barceló podría haber conseguido una novela historica en el terror español, pero se queda en el intento y el esfuerzo.

  • Hur
    on

    Estoy leyéndola aún, por lo que agradeceré que nadie me reviente el final :)

    No obstante, estoy empezando a compartir esa opinión; me agobia tanta sobreadjetivación (es lo que más me fastidia, por ejemplo, de Lovecraft) y la trama no muy original, pero no veo porqué debemos exigirles a los españoles no que no les pedimos a los anglosajones, se te cae bastante hacia la mitad de la novela. ¿Es tal vez una obra primeriza reeditada?

  • Luc
    on

    El vuelo del hipogrifo me gustó. Me la he comprado y espero poder pronto dar una opinión. Creo que necesitamos escritoras de terror en España, que nunca las ha habido.

  • Ferm
    on

    Hombre, Pilar Pedraza es una gran escritora que pisa siempre el lado oscuro :)

  • tonibrasil
    on

    Hay escritoras españolas que han escrito terror, pero no en exclusiva. Es bueno que Pilar Pedraza y Elia Barceló estén especializadas en el terror o en lo oscuro (aunque puedan cultivar otros géneros o literatura generalista).

  • Kike
    on

    Ya somos dos :(

    Y lo siento porque arrancaba de forma prometedora.

  • Tamez
    on

    Bueno, a mí el uso de adjetivos no es algo que me moleste en lo más mínimo. Sinceramente yo no le veo cual es el problema del que todo mundo se queja con autores como Lovecraft (eh incluso China Miéville, ya más modernos) por su uso de adjetivos. No sé, tal vez tiene que ver con que yo me siento a leer una historia de terror, no un tratado del correcto uso de la lengua (Y nótese que lo “correcto” es exclusivamente parte del reino subjetivo, pues que yo sepa no existe ningún código gravado en piedra sobre como se debe de escribir un relato)

    En fin, yo ya compre este libro, pero no he tenido tiempo de leerlo… veremos en unas semanas que tal

  • Saulo
    on

    Tal vez se refiera a la sobreadjetivación, algo propio de Lovecraft, y no me gusta en ningún escritor. Lo malo de la novela no es sólo eso, que al fin y al cabo es una filia o una fobia, si no el desplome de la segunda parte del libro.

  • Caliope
    on

    La sobreadjetivación es un recurso arriesgado e incluso el propio Lovecraft cae a veces (y no pocas) en el ridículo. Está por ver si es un recurso o una excusa de escritores pobres de eso, recursos. Al final lo que cuenta es el resultado y como no he leído esta novela aún callaré hasta hacerlo, pero me sumo a los que piensan que en general la sobreadjetivación indica pobreza más que abundancia.

  • Caesar
    on

    A mí me molesta, pero durante la primera mitad de la novela (que aguanta bien) no le das más importancia. Luego hay un problema mayor: la novela flojea bastante y entonces sí se notan más las carencias.

  • Gemmax
    on

    Lo poco que he leído de Elia Barceló me ha gustado, aunque después de vuestras críticas no sé si aventurarme con éste o empezar el nuevo de Pilar Pedraza. Valdemar ha publicado un relato de un autor español, El misterio del Vislatek, que aparece en la antología Mares Tenebrosos. A mí me ha gustado bastante, no es habitual encontrar relatos de miedo escritos por autores españoles, y menos ambientados en el mar.

    Recomendable, aunque el libro me ha costado una pasta (¡uffhs!)

  • tonibrasil
    on

    Consuelate pensando que los volumenes de Valdemar Gótica valen literariamente el precio que cuestan 😉

  • samatherion
    on

    Como bien comentais, el abuso de adjectivos no hace nada fácil una lectura y menos todavía en el género novelístico.Hay que ser muy adjectivómano para encontrarle la gracia al asunto….De todas maneras a su Majestad H.P.Lovecraft se le perdona todo.."lo cortés no quita lo valiente"

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