El espejo de Salomón

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Alejandra Espinosa, historiadora en paro, oye hablar por casualidad, durante una reunión de antiguos compañeros de estudios, acerca de un libro muy extraño, fechado en el siglo XIX y descubierto por casualidad por un amigo mientras catalogaba una biblioteca particular. Ese libro está escrito en ulfiliano, el antiguo alfabeto de los visigodos, y en el prólogo se afirma que es la copia de un texto medieval. Intrigada por ese hallazgo misterioso y sospechando que pueda ser una falsificación histórica, tema del que es una apasionada, se decide a investigar acerca del mismo.

Esa investigación la va a conducir a una cadena de la que el propio libro no parece ser sin un eslabón más, y que parece remontarse a lo largo de los siglos, desde nuestros días a la época de los reyes visigodos. Una trama oculta que ha involucrado a sociedades secretas y personajes públicos de lo más variopinto, todos ellos en pos de un objetivo que no acaba de aparecer claro. También va a llegar a otra conclusión en muy poco tiempo: la de que todo aquel que se interesa por el libro y se acerca demasiado a él, parece verse expuesto al peligro, o incluso a una muerte violenta.

ANTICIPO:
Alejandra puso los ojos donde el otro le indicaba; a mano derecha, junto a la cancela y en la parte exterior. Al resplandor del farol eléctrico, contemplaron juntos aquel símbolo cincelado en la roca: una cruz florlisada de cuatro brazos iguales. En los años treinta, cuando el Sr. B. visitó aquel túnel, puede que aún tuviese restos de pintura negra pero, más de seis décadas después, ya no quedaba nada. Alejandra, llevada por un impulso, se quitó el guante de la mano derecha para pasear las yemas de los dedos por la inscripción. Acarició la piedra fría, por un momento abstraída, antes de apartarse y sacar fotos de la misma, de aquel tramo del túnel y de la cancela.

Nilo quebró con la cizalla la cadena, que era una masa de óxido, antes de probar en vano a abrir la reja. Empuñó de nuevo el martillo.

-Échate para atrás.

Comenzó a golpear, al principio con suavidad, y luego con más fuerza, tratando de libe-rar los goznes. Los martillazos reverberaban a lo largo del túnel, en ambas direcciones, y el polvo rojo de la herrumbre formaba nubecillas al resplandor del farol. Al igual que con la puerta de la bodega, los que cedieron fueron los propios goznes, de forma que toda la reja se soltó y fue resbalando sobre las piedras del túnel, con un rechinar espantoso, hasta quedar encajada y torcida. Nilo agarró los barrotes con ambas manos y tiró hasta conseguir desplazarla. La hizo a un lado con esfuerzo y el camino quedó expedito.

-Espero que no haya nadie ahí delante –comentó con cierto humor Alejandra, al tiempo que agitaba las manos, tratando de disipar la polvareda de óxido-. Los golpes tienen que haberse oído a kilómetros.

-Es lo que tienen los túneles. –Nilo se encogió de hombros, antes de recoger su farol y pasar por el hueco-. Vamos.

Tras aquella reja, el pasadizo no experimentaba cambio alguno, lo que les reafirmó en la idea de que se trataba de un añadido posterior. Al cabo de algo más de cien pasos, empero, la galería iba a desembocar en un espacio algo más grande. Nilo, que aún seguía delante, fue quien advirtió que el túnel se abría a un arco de medio punto. Se lo indicó a su acompañante, antes de acercarse y asomar primero el farol y luego la cabeza. Las paredes estaban construidas con aquellos mismos bloques de roca sin pulir que el túnel y el techo era abovedado, puede que para darle mayor resistencia. Ni una sola de las cuatro paredes estaba vacía. A la luz amarilla del farol, pudieron ver que en el muro contrario se abría otro arco de medio punto, aunque de éste partía una escalera que se hundía aún más en la tierra.

En cuanto a las otras dos paredes, estaban ocupadas por sendas hornacinas. La situada a mano izquierda estaba vacía, en tanto que la de la derecha albergaba una estatua de una Virgen con un Niño, de piedra y como medio metro de altura. Se acercaron a ese nicho. A simple vista era patente que se trataba de un trabajo de calidad y muy antiguo, a juzgar por los churretes oscuros de humedad.

-¿Qué Virgen será? –se preguntó Alejandra en voz baja.

-Ni idea. –Nilo subió y bajó la luz, buscando en vano alguna inscripción-. Es una buena talla.

-Muy buena.

-¿De qué época puede ser? –Al desplazar el farol, las sombras se movían.

-La Historia del Arte no es lo mío, pero yo diría que es una Virgen del Románico. –Alejandra observó con mayor detenimiento la estatua. El Niño, con el rostro recorrido por sur-cos mohosos, tenía la diestra alzada en gesto de bendición-. Aunque me cuesta creer que algo tan antiguo se haya conservado así. Podría ser una copia de algo, o una imitación posterior; no lo sé. ¿Qué hará aquí?

-Ya me gustaría a mí saberlo.

Alejandra se alejó un par de pasos y sacó fotos de la estancia, los accesos, el otro nicho vacío, y por último, varias desde distintos ángulos de aquella supuesta Virgen románica. Al guardar la cámara, sintió los dedos entumecidos y se frotó las manos.

-¿Frío? –Nilo había notado el gesto.

-Mucho. –Le dedicó una sonrisa, casi de disculpa.

-Es por la humedad. Mejor no nos detengamos mucho rato.

Asomó el farol por la segunda abertura, para alumbrar la escalera. Se encontró con un tramo de escalones muy anchos, puede que para compensar lo resbaladizos que resultaban por culpa del agua. Abajo arrancaba otro túnel, idéntico en todo al anterior.

-¿Seguirá mucho más? –Alejandra dejó escapar el aliento, casi esperando que formase vaho.

-No lo sé. Pero mejor para nosotros que no –respondió Nilo con humor.

-¿Por qué?

-Si no me equivoco, vamos en dirección este, aproximadamente. –Señalo con el farol-. Así que nos estamos dirigiendo a la zona de Ventas.

-¿Y?

-Allí en tiempos hubo un penal y un cementerio, cosa que no todo el mundo sabe. Todo ese subsuelo está lleno de antiguas tumbas y fosas comunes. Los videntes dicen que, cuando entran en los garajes de algunas de las casas de por allí, los ven abarrotados de espíritus.

-Vaya… –Alejandra sintió un escalofrío-. Mejor no sigamos discutiendo eso.

-¿Crees en fantasmas?

-No sé si creo o no. Pero se me ocurren conversaciones más alegres para tener en un túnel olvidado, bajo tierra. Además, mi casa está en Ventas, aunque ahora no viva en ella. Pero supongo que algún día volveré a ella y, para ciertas cosas, soy bastante miedosa. No quiero lle-gar una noche al garaje y que me dé por pensar que está todo lleno de fantasmas, y que mi casa está justo encima de un antiguo cementerio.

Suspiró.

-Me apetece horrores un cigarrillo.

-Podemos para un momento, a fumarnos uno. Aquí no hay nada que pueda incendiarse, y no creo que haya filtraciones de gas.

-Mejor no. Sigamos. No me gusta el frío.

Pese a sus temores, aquel segundo túnel no era demasiado largo y al cabo de pocos mi-nutos llegaron a lo que parecía el final. A primera vista hubieran creído que la galería remataba en un fondo ciego; pero, ya más cerca, se percibía que la pared del fondo era en realidad una gran losa de piedra, colocada allí a manera de barrera o puerta. La laja era de caliza pulida, en-cajada a la perfección en un dintel, y en su superficie aparecían cincelados dos símbolos, a unos dos tercios de altura. El de la izquierda era la ya familiar cruz florlisada, en tanto que el de la derecha era un sello de Salomón, formado por dos triángulos equiláteros enlazados.

-Esto es nuevo –susurró Alejandra.

-Así es –admitió Nilo, pensativo.

A media altura y a la izquierda había una ranura en la losa de piedra, una que sólo podía ser un asidero para desplazarla. Nilo puso su farol en manos de Alejandra, antes de introducir la diestra en la oquedad y tirar primero con precaución, a modo de tanteo, y luego con más fuerza. La losa se estremeció y, entre sonidos de piedra resbalando sobre piedra, se deslizó con suavi-dad sorprendente hacia la derecha. Nilo la abrió del todo y, mientras la sujetaba con una mano, tanteó en su mochila hasta encontrar un par de cuñas de madera con las que calzó la puerta de piedra, no fuera que se cerrase por accidente.

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13 Opiniones

Escribe un comentario

  • xx
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    me parece absurdo

  • Wamba
    on

    Puedes explicarte más?

  • Boecio
    on

    Dejale Wamba, es el típico troll, sobre todo porque sabe que el autor es uno de los administradores de la pagina.

  • Catalina
    on

    Es un cambio respecto a todo lo escrito por Arsenal, para entrar en otro género, pero está muy bien. Me ha gustado mucho y os lo recomiendo de verdad.

  • SacoRoto
    on

    Coincido con Catalina en las dos cosas: muy bueno y un cambio bastante grande de Arsenal. ¿No es esto peligroso para un escritor? Me explico. Un escritor supongo que mueve un publico fiel, pero por otro lado, si se mantiene en una linea de escritura, supongo que es más facil vender entre la gente que le gusta esos temas que toca.

    ¿Qué opináis?

  • Wamba
    on

    Un escritor que escribe en función de lo que cree que se puede vender no es un artista. Si uno se dedica a escribir por el arte, igual que quien hace música, pinta, esculpe… entonces debe escribir lo que quiere escribir. Aunque sepa que no se va a vender. Si lo que quiere es ganar dinero vendiendo libros, entonces es bastante capullo. Le sería mucho más fácil estudiar ADE y meterse en la cúpula de alguna empresa a cobrar una pasta gansa cada mes mientras los curritos cobran 600 euros. Pq, ¿qué posibilidades hay de hacerse rico escribiendo libros?

    No sé porqué, me da que el caso de Arsenal es el primero.

  • Norman
    on

    Creo que debes vivir donde te apetece y escribir lo que te apetece.

  • carlota
    on

    ¿Posibilidades de hacerse rico escribiendo? Bastantes, si consigues que un libro se venda bien ¡ojo! no hace falta ni siquiera que se venda muy bien. En España siempre hubo escritores con cuentas muy muy saneadas, no hay más que ver a todos los autores de la Generación del 98 y del 27, no hay duda alguna sobre el monto de sus ingresos. Actualmente, hay varios autores con fortunas importantes, otros con pequeñas fortunas, otros con ingresos muy saneados, si además tienes en cuenta que la mayoría escribe en periódicos, da conferencias etc…, pues calcula.

    Es algo que me parece perfecto, lo excepcional se debe pagar, y escribir bien, saber contar algo con iter e interés es una capacidad excepcional.

    La mayoría de los escritores siempre han escrito por dinero, es decir, quieren que se les lea pero evidentemente quieren que les paguen por eso, también ha sido y es frecuente que se escriba de encargo o que se cambien de temática. Si te gusta escribir, es lógico querer vivir de ello. Es una capacidad, como jugar bien al futbol, esta incluso más excepcional. Pensar que los escritores son entes puros y sin mácula y que sólo escriben para exponer su filosofia de la vida, es considerar a los escritores como intelectuales, cuando en realidad, son simplemente una personas que tiene una capacidad especial: son capaces de plasmar por escrito una idea, desarrollarla y hacerla facilmente inteligible.

  • Max-O
    on

    ¿Habrá segunda parte?

  • Monica
    on

    Estoy ahora mismo leyendo el libro. No conocía a Arsenal y he llegado hasta él porque en un periódico comentaban que hablaba de los Oscos. Precisamente por eso he comprado el libro yo soy de allí y somos una zona olvidada y perdida…bueno cada vez menos pero mantenemos la tranquilidad que describe el libro.

    Saludos y os invito a conocer la zona

  • Selene
    on

    Yo no conocía los Oscos, la verdad. Me he enterado de su existencia por la novela y, si es la mitad de salvaje que pinta la novela y las webs que he visitado, merece la pena visitar la zona, desde luego. ¿Son reales todos los lugares que menciona la novela, no?

  • Chaman
    on

    Dice el escritor en alguna entrevista que muchos de los sitios mencionados lo son.

  • Txacoli
    on

    Es muy ágil sin duda y, por una vez, tenemos una intriga tramada y no personajes y circunstancias saliendo de la manga a conveniencia del autor. Lo recomiento.

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