El niño marciano

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“Oh, sólo una cosa más, Dennis cree que es marciano”

Ése era el último escollo que tenía que superar David –soltero y gay- para finalizar la tarea de adoptar un niño, tras años de dura lucha e incomprensión.

Pero, después de todo, Dennis, a pesar de haber sido abandonado al nacer, parecía un niño normal de ocho años, hasta que comenzó a pedir deseos marcianos… que se hacían realidad; o hasta que David comenzó a investigar otra serie de niños con las mismas características que Dennis, y que todos, sin excepción, decían provenir de Marte…

Esta novela está basada en el cuento The Martian Child del propio David Gerrold, ganador de los premios Hugo, Nebula y Locus en 1995.

Basada en una experiencia personal del propio autor, la novela se ha adaptado recientemente al cine, protagonizada por el afamado actor John Cusack.

ANTICIPO:
Empecé a buscar pruebas.

Comencé a repasar mi diario.

Había estado tomando notas diariamente de los incidentes interesantes, en caso de que alguna vez quisiera escribir un libro sobre nuestras experiencias. Al principio, no podía encontrar nada. La mayoría de los incidentes sobre los que había escrito eran bastante rutinarios. Ni siquiera apto como material para el Reader’s Digest.

Por ejemplo, la semana después de que se instalara, lo había llevado al partido del béisbol en el estadio de los Dodgers. Cuando entramos en el aparcamiento dije:

—Bien, tío, desea que haya alguna plaza libre.

Dennis se inclinó hacia delante en su asiento con una expresión intensa en su cara.

—Parece abarrotado. Será mejor que desees con fuerza.

Llegué al final de la hilera y giré hacia la siguiente. Había seis lugares vacíos.

—Uy. Te has pasado.

—Realicé un deseo marciano.

—Oh, bien. Bueno, hay cinco personas detrás de nosotros que también necesitan un sitio para aparcar. Ahora, vamos a ver al mejor equipo de béisbol del mundo. ¿Sabes cual es?

—¡Los Dodgers!

—¡Correcto!

Durante la primera parte del partido, Dennis estaba más interesado en obtener un banderín y conseguir un poco de algodón de azúcar, que en lo que estaba ocurriendo abajo en el campo. Pero hacia la quinta entrada se subió en mi regazo y empecé a explicarle en que consistía el juego.

—Ves a ese hombre sujetando el bate en la base del bateador. Desea que golpee la pelota fuera del estadio.

—Está bien —dijo Dennis.

¡Cra—a—a—ack! La pelota salió disparada fuera del campo hasta los asientos situados a la derecha del recinto. Alguien en la grada más baja la atrapó y el corredor se paseó fácilmente alrededor de las bases mientras el organista tocó, “Gloria, Gloria, Aleluya”.

—Se te da bien pedir deseos, Dennis. Eso fue increíble. ¿Quieres probar otra vez?

—No.

—Está bien.

Dos entradas después, los Dodgers estaban una carrera por detrás. Le pedí a Dennis que deseara más golpeos. Cuatro lanzamientos después, había corredores en la primera y la tercera base.

No me importaba quién fuese a batear en ese momento; no recordaba los nombres de ningún lanzador desde que Roy Campanella catcheara para Don Drysdale y Sandy Koufax. En cuanto a mí, me daba igual quien estuviera en la primera, la segunda o la tercera. Solamente me gustaba el béisbol mientras no tuviera que ser un experto, pero nunca había visto a los Dodgers ganar un partido. Cada vez que vine al estadio perdieron; así que decidí alejarme del estadio de los Dodgers para darles una posibilidad de victoria. No esperaba que ganaran esta noche, pero los deseos de Dennis les habían hecho remontar tres carreras de desventaja.

—Está bien, Dennis —dije, apretándole un poco —es momento para un último deseo. Mira a ese tipo sujetando el bate en la primera base. Tienes que desear que batee un home run . Que la bola salga fuera del campo. Deséalo como hiciste antes, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Y al igual que antes —cra—a—ack— la pelota fue en dirección hacia la parte más profunda de la parte derecha de la grada, provocando una repentina avalancha de seguidores excitados moviéndose de sus asientos para atrapar la bola.

Los Dodgers ganaron aquella noche. Durante todo el camino a casa, continué elogiando a Dennis por su excelente manera de desear.

Un par de semanas después de eso, paramos en un semáforo esperando a que cambiara. Era una de esas intersecciones que existían situadas un poco de soslayo en los límites de la realidad. Siempre que parabas allí, el tiempo se ralentizaba hasta la velocidad del paso de tortuga. Sin ni siquiera pensarlo dije:

—Dennis, desea que se ponga verde, por favor.

—Está bien —dijo.

Y repentinamente la luz cambió al color verde. Fruncí el ceño. Me parecía que el ciclo de los tres colores no había sido completado del todo.

No. Debía haber estado soñando. Crucé la intersección con el automóvil. Un momento después, nos atrapó la siguiente luz roja. Dije una palabra malsonante.

—¿Por qué dijiste eso?

—Estas luces se suponen que están sincronizadas —dije— de modo que solo te encuentras con luces verdes. Debemos estar desincronizados. Por qué no deseas que esta luz cambie también, por favor.

—Está bien.

Verde.

—¡Niño! Desear se te da realmente bien.

—Gracias.

—¿Puedes desear que esta luz se cambie también a verde? —dije un minuto después.

—No —dijo, repentinamente enfadado— vas a usar todos mis deseos.

—¿Cómo? —miré hacia él.

—Tengo deseos limitados y tú vas a gastarlos todos en los semáforos —su voz contenía algo de dolor.

Aparqué el automóvil en un lado de la carretera. Me volví hacia él y posé mi mano suavemente sobre su hombro.

—Oh, cariño, no sé quién te dijo eso, pero no es cierto. La bolsa de los deseos no tiene fondo. Puedes pedir cuantos deseos quieras.

—No, no se puede —insistió. Y luego, repentinamente—. ¡Deseé mi manta de Los Cazafantasmas y nunca la conseguí!

—¿Qué manta de Los Cazafantasmas?

—Cuando estaba viviendo con Pat —aquella que lo maltrató— yo tenía una manta de Los Cazafantasmas, era mi cosa favorita en el mundo, cada vez que me envolvía en ella me sentía seguro. Ella me la quitó, no quería devolvérmela. Cuando me sacaron de su casa, ella me dijo que me la devolvería cuando me mudara y luego dijo que no, no dejó que me la llevara, era mi manta favorita, era mía, era lo único que quería—. Las palabras brotaron como un torbellino incoherente, un torrente repentino de emoción, y se derrumbó en grandes sollozos—. Era mi manta! ¡Quiero que me devuelvan la manta! ¡Lo deseé y nunca me la devolvieron! Ella me la quitó y no quería que yo la tuviera. ¡Era una zorra! ¡Una perra de mierda! ¡Una zorra jodida, bastarda e idiota! ¡Zorra de mierda!

Yo ya estaba girando el coche hacia el arcén. No sabía dónde estábamos, pero no me preocupaba. El tráfico pasaba rápido en la noche, la fuerza del viento agitaba el automóvil casi tanto como los sollozos imposibles de Dennis. Lo acerqué a mi regazo y le dejé gritar. Todo su cuerpo estaba temblando. Nunca lo había visto así.

A decir verdad, antes de esto nunca lo había visto llorar en absoluto. Esta era la primera vez que me había dejado ver qué clase de angustia estaba acarreando.

Y no supe qué hacer.

No podía pensar en nada que decir.

Hace mucho tiempo, había aprendido que si no sabes qué decir, pero tienes que decir algo, has de repetir lo último que ha dicho la otra persona. Por lo menos, así saben que estás escuchando.

Así que compartí su angustia.

—Lo siento tanto, cariño. Tu manta favorita. Apuesto a que te sentías tan seguro dentro de ella. Y ella no dejó que te la llevaras. ¡Qué cosa tan terrible—. Una y otra vez—. Ojalá supiera dónde conseguir otra manta de Los cazafantasmas para ti. Si pudiera encontrar una para ti, lo haría. Porque significa tanto para ti—. Sabía que era insuficiente.

—No es justo. Se supone que tenía que cuidar bien de mí. Y no lo hizo. Se enfadó y me quitó mi manta y no me dejaba tenerla. ¡Que la jodan! ¡Que jodan a Pat! ¡Con un atizador al rojo vivo! —Ahora estaba alternando entre lloros de angustia torturados y gritos de una rabia asombrosa.

—¿Todo esto ocurrió cuando tenías cuatro años? ¿Todavía estás enfadado? ¡Guau! ¡Esa manta realmente debe haber significado mucho para ti! ¡Hacerle eso a un niño pequeño, que cosa más terrible! Lo siento tanto, cariño. Si eso me hubiera pasado a mí, estaría tan enfadado como tú.

—Quiero mi manta. ¡Es mía! ¡No es suya!

Eché un vistazo al reloj. Habíamos estado así durante veinte minutos. Es increíble cómo pasa el tiempo incluso cuando no te estás divirtiendo. Pero esto también era parte del trabajo, tal vez, incluso la mejor. Porque era cuando Dennis más me necesitaba y yo podía estar ahí para él.

Pero sentía que yo no marcaba la diferencia. No importa lo que dijera, su rabia y angustia continuaban apareciendo. ¿Acaso las baterías de este niño no iban a gastarse nunca?

—Dennis, escúchame. Sé que no hay ninguna manta en el mundo que signifique tanto para ti. Y tú sabes que si pudiera conseguirte esa manta, lo haría ahora mismo, dondequiera que estuviese. Sabes eso, ¿verdad?

Se calmó lo suficiente como para apoyar la cabeza en mi camisa y limpiarse la nariz en ella.

—Pero puedo comprarte una manta nueva. Puedes escogerla tu mismo. Y puedo prometerte que nadie te la quitará. Sé que no es lo mismo, pero tal vez podría ser especial porque yo te la conseguí.

Asintió con la cabeza, pero luego añadió melancólicamente:

—Deseé mi manta y nunca me la devolvió.

—Bien, tal vez solamente los deseos importantes se hacen realidad.

—Ninguno de mis deseos se hace realidad.

Oh, sabía cómo aplacar eso.

—¿Qué es la cosa más importante que alguna vez has deseado?

No respondió.

—¿Cuál es el deseo más importante? —repetí.

—Deseé a un papá —admitió con cautela— alguien que se portara bien conmigo.

—Ajá. ¿Y se cumplió tu deseo?

Asintió con la cabeza.

—Así que, ya ves. No hay escasez de deseos.

—Pero ése era un deseo marciano.

—¿Un deseo marciano?

—Sí.

—Oh, bien, entonces eso es diferente.

—Los deseos marcianos siempre se hacen realidad.

—Por supuesto.

Anoté la conversación en mi diario y aparqué el asunto. Pero me dejó un sentimiento incómodo. ¿Qué le ha pasado a un niño para que crea que los deseos son limitados?

Un año después, contemplé las palabras que yo había escrito centelleando en la pantalla del ordenador, y me preguntaba sobre la capacidad de Dennis de desear. Probablemente era una coincidencia. Pero tal vez no. Y la ocasión en que habíamos acertado cuatro de seis números en la lotería con un premio de ochenta y ocho dólares. ¿Era esa la semana en la que yo le había pedido que deseara realmente fuerte para que ganáramos?

Humm.

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Interplanetaria

1 Opinión

Escribe un comentario

  • melmek
    on

    Estimados amigos:

    Os informamos que ya está a la venta la novela “EL NIÑO MARCIANO” del norteamericano David Gerrold, dentro del número 18 de la colección Albemuth Internacional.

    «Oh, sólo una cosa más, Dennis cree que es marciano»

    Aquél era el último escollo que tenía que superar David –un escritor de ciencia ficción, soltero y por añadidura gay- para finalizar la tarea de adoptar un niño, tras años de dura lucha, incomprensión y rechazo social.

    Pero, después de todos los obstáculos, parecía que con Dennis su suerte había cambiado. A pesar de haber sido abandonado al nacer, parecía un niño completamente normal de ocho años, tan sólo falto de cariño.

    Y todo fue normal hasta que comenzó a pedir deseos marcianos… que acababan por hacerse realidad; o hasta que David comenzó a investigar otra serie de niños con las mismas características que Dennis, y que todos, sin excepción, decían provenir de Marte…

    Esta novela está basada en el cuento «The Martian Child» del propio David Gerrold, ganador de los premios Hugo, Nebula y Locus en 1995.

    Inspirada en una experiencia personal del propio autor, la novela se ha adaptado recientemente al cine, con el nombre de “El niño de Marte”.

    “Encantador y divertido, éste padre soltero se gana nuestra simpatía”.

    Kirkus Reviews

    “Los momentos emotivos son muchos, pero nunca sobreexpuestos, gracias a la eficiente y brillante escritura de Gerrold.”

    Booklist

    “La narración se mueve con soltura a través de meses de adaptación y duda y finalmente aceptación de una situación que normalmente acaba en desastre.”

    Publishers Weekly

    “En el curso de esta ágil y humanizante historia, el autor llega a conocer los hábitos y comportamientos de una de las criaturas más exóticas: un niño terrestre.”

    Bay Area Reporter

    La novela se puede comprar en librerías y grandes superficies. Para más información se puede escribir a grupo_ajec@msn.com, y en la página web http://www.grupoajec.com

    También se puede leer un anticipo en la página de la editorial.

    Ficha Técnica:

    Título: El Niño Marciano

    Autor: David Gerrold

    Título Original: The Martian Child (2002)

    Traductor: Carlos Pranger

    Diseño de Portada: Estudio Ajec. Fotografía: New Line Cinema

    Precio: 12,95 euros

    Páginas: 196

    ISBN: 978-84-96013-30-8

    David Gerrold, ganador de los prestigiosos premios Hugo y Nebula, ha escrito docenas de libros de ciencia ficción, aventuras y juveniles.

    En Estados Unidos, sus libros de la saga de ciencia-ficción «Chattur», son esperados con ansiedad por decenas de miles de aficionados, si bien en los últimos tiempos, Gerrold está cultivando más la literatura mainstream y juvenil, con gran éxito de crítca y púiblico. «El Niño Marciano» es su primera novela publicada en España.

    Comenzó su carrera literaria con precocidad, siendo guionista de la mítica serie «Star Trek», para la que escribió el episodio «The Trouble with Tribbles», votado por los fans como el más popular de toda la saga. Pronto comenzó a publicar novelas de ciencia ficción con el sello Ace Books, y publicando en las revistas de ciencia ficción y fantasía más importantes. Actualmente se dedica a la escritura a tiempo completo.

    Actualmente vive con su hijo en Northridge, California, y mientras que admite que su hijo ya no es un marciano, en sus momentos de exasperada paternidad –que son muchos- , David cree que sigue actuando como uno de ellos.

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