El parche de la princesa de Éboli y otras 350 anécdotas de la historia

¿Qué se escondía bajo el parche que tapaba el ojo derecho de la princesa de Éboli? ¿Cómo se financió la pirámide de Keops? ¿Recibió Oviedo este nombre por el mal carácter de un rey?¿Cómo se bautizó a Tarragona como el Balcón del Mediterráneo? ¿Era Ana Bolena realmente una fashion victim en la Inglaterra Tudor? ¿Qué relación tiene la Sonata Kv. 39 de Mozart con la teoría de la Relatividad de Einstein? ¿Dónde y por qué cantaron más de dos mil personas La Internacional en Madrid en los años sesenta?

El parche de la princesa de Éboli y otras 350 anécdotas históricas es un ameno compendio de estos sucesos reales acontecidos a lo largo de los siglos. Organizado por temas ―De faraones, césares y emperadores; El mundo medieval; Estrategas y políticos; Testas coronadas; El agitado siglo XX; y Del taller al laboratorio― presenta de manera amena y divulgativa acontecimientos, sucesos y hechos históricos trágicos, divertidos, emocionantes, curiosos, emotivos, repletos de ironía e, incluso, macabros. Pero todos ellos con un denominador común: son sucesos reales protagonizados por distintos personajes a lo largo de la historia.

El libro que le permitirá conocer la historia de una manera diferente.

ANTICIPO:
LA SUTILEZA BARROCA

La agudeza del doctor Zimmerman

Federico el Grande (1712-1786), rey de Prusia, no confiaba en absoluto en la medicina. Posiblemente esa fue la causa de que preguntara a su médico, el doctor Hans Zimmermann:

—Decidme sinceramente, doctor ¿la muerte de cuantos pacientes lleva en la conciencia?

Y el médico respondió:

— Unas trescientas mil menos que vos, Majestad.

Sin embargo tenía una fe ciega en sus ejércitos pese a que no siempre obtuvieron la deseada victoria. Por ejemplo, durante la toma de Praga a los austriacos, el rey ordenó, sin éxito, un asalto tras otro. Cuando la derrota ya era un hecho y apenas quedaban hombres en la retaguardia, un oficial se atrevió a preguntarle:

—¿Vuestra Majestad tiene intención de asaltar las baterías enemigas en solitario?

Pombal, el artífice de la nueva Lisboa

El centro de Lisboa quedó asolado tras el terrible terremoto de 1755. Como el Ave Fénix, la ciudad renacería de sus propias cenizas gracias a la obra de un ilustrado, el todopoderoso ministro Sebastião José de Carvalho e Melo, Marqués de Pombal (1698-1782), Éste decidió hacer de la capital lusa una ciudad racional y monumental según los nuevos criterios urbanísticos del Siglo de las Luces. Así, en menos de un año, Lisboa estaba libre de escombros, se habían trazado nuevas y amplias avenidas organizadas en geométricas manzanas de casas y ya se había comenzado a construir. Pero las reformas no fueron del agrado de quienes seguían apegados a los usos estéticos del ancien régime. Cuando uno de ellos reprochó al primer ministro su gusto por las calles anchas, éste les contestó:

—Mi querido amigo, estas calles algún día se demostrará que todavía son demasiado estrechas—y continuó— y otro tanto sucederá con su forma de pensar.

Mazarino, ¿bendito de Dios?

El 9 de marzo de 1661 falleció Julio (o Giulio, en honor a sus orígenes italianos, ya que había nacido en Pescina en 1602) Mazarino, sucesor de Richelieu en el gobierno de Francia.

Para notificárselo a Luis XIV , el emisario empleó la fórmula de rigor:

—Sire, el cardenal ha entregado su alma a Dios.

Y el rey que no sentía demasiada simpatía por el cardenal, respondió:

—¿ Y estáis seguro de que la ha aceptado?.

Un crítico sincero

El crítico y ensayista Nicolas Boileau-Despréaux (1636-1711) fue reclamado por Luis XIV para que le diera su opinión sobre unos versos que había escrito. El erudito los leyó y respondió:

—Nada hay imposible para Vuestra Majestad. Habéis querido hacer unos malos versos ¡y lo habéis conseguido!.

La frialdad de Cromwell

Oliver Cromwell (1599-1658) consiguió convencer al Parlamento británico de la necesidad de condenar a la pena máxima a Carlos I. Su frialdad a la hora de comprobar que se cumplía la sentencia fue tal que las crónicas recogen que, una vez el verdugo ejecutó su trabajo, subió al patíbulo y tomando la cabeza cortada del rey entre las manos, comentó:

—¡Lástima! El rey gozaba de muy buena salud. Si hubiera sido un buen gobernante hubiera podido vivir muchos años…

Tardío galardón

José Patiño,(1670-1736) fue ministro con Felipe V y Fernando VI, sin embargo cayó en desgracia y murió prácticamente relegado de la vida política. Estaba ya muy enfermo cuando Fernando VI acudió a visitarle para comunicarle personalmente que le habían concedido la Grandeza de España, una dignidad que le potestaba para permanecer cubierto en presencia del rey. De ahí que el ex ministro agonizante comentara :

—El rey me envía el sombrero cuando ya no tengo cabeza…

Solo por tres coronas

Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel (1768-1821), esposa de Jorge IV de Inglaterra, quiso hacer del parque de Saint James en Londres su jardín privado. Preguntó entonces al primer ministro, Lord Liverpool, cual podía ser el importe de la construcción de un muro que cerrara el parque al público.

El ministro pensó unos momentos y luego le respondió:

—Tres coronas

Como la corona era una moneda d e escaso valor, la reina se extrañó y volvió a preguntar:

—¿Sólo tres coronas?

—Si, majestad— respondió el ministro—las coronas de Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Todo es relativo…

Lord Darnley, descendiente del que fuera segundo esposo de la reina María Estuardo, pretendía sin éxito a una actriz de la época enamorada del célebre actor y director teatral David Garrick (1717-1779).

En una ocasión, cuando el enamorado aristócrata le reprochó a su amada su encuentro de aquella misma mañana con el célebre actor, ella le respondió:

—¿Con Garrick? ¡Si hace un siglo que no le veo!

—No me mintáis, señora— le contestó—Os he visto pasear con él por Regent’s Park.

—Tal vez—le replicó la dama—habré compartido la mañana con él pero le echo tanto de menos que me parece que hace un siglo que no le veo…

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