En la noche y entre los hielos

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La expedición del barco noruego Fram, dirigida por Fridtjof Nansen, constituye una de las grandes hazañas de las exploraciones árticas del siglo XIX. Para demostrar su teoría de que una corriente marina permitía cruzar el Círculo Polar Ártico, Cansen y sus compañeros se dejaron atrapar por los hielos y siguieron a la deriva del casquete polar durante tres años. En la última etapa de la expedición, Nansen, acompañado por otro tripulante, emprendió una expedición en trineos tirados por perros y acabó siendo recogido por un barco inglés que lo llevó de regreso a Noruega. La narración de Nansen comunica la sensación de aventura en una de las regiones más inhóspitas de nuestro planeta que, no hay que olvidarlo, era un espacio en blanco en todos los mapas cuando Nansen emprendió su travesía.

ANTICIPO:
Sábado 27 de enero. Al atardecer de hoy hubo intensas presiones; comenzaron a las 7.30 en el canal a popa, y continuaron sin interrupci6n por espacio de dos horas. Resonaba como si se despeñase sobre nosotros una catarata estruendosa con fuerza irresistible; se oía el entrechocar de los témpanos que se desmenuzaban mutuamente, formando altas murallas y aglomeraciones. Estas paredes deben de extenderse ahora de Este a Oeste, a lo largo del canal, pues el estruendo se oye en todo el trecho.

Ahora se aproxima. El barco experimenta fuertes sacudidas, como producidas por olas debajo del hielo. Vienen de la parte de atrás, avanzando hacia adelante. Clavamos la mirada en la noche, pero nada vemos. Ahora oigo crujir y empujar en el montículo de estribor, diagonalmente a popa. Luego disminuye el estrépito de la cascada y se abren largas pausas entre las sucesivas embestidas. Siento tanto frío que me voy abajo.

Apenas me he sentado a escribir, el buque se levanta de nuevo. Tiembla, y a través de sus costados oigo el estruendo de los choques. Como la trampa de osos puede correr peligro, tres hombres bajan a ver cómo andan las cosas. Como ven que entre la cresta de hielo nuevamente formada y el alambre que sujeta la trampa queda todavía un espacio de cincuenta pasos, la dejan en su lugar.

Otra vez empieza un intenso movimiento de los hielos. Salto a cubierta y miro a mi alrededor. En cuanto se abre la puerta, hiere los oídos un fuerte alboroto; esta vez llega de proa y de popa; por lo visto, el hielo se amontona en ambos extremos del canal, por lo cual, si los movimientos llegan hasta el barco, lo aprisionarán por delante y por detrás, levantándolo fácilmente. Por todas partes tenemos las presiones muy cerca.

En la vieja colina de babor, diagonal a popa, vuelven a producirse crujidos, que se van intensificando progresivamente; por lo que puedo observar, el montículo se eleva poco a poco. En el gran témpano de babor se ha formado un surco de direcci6n oblicua; pese a la oscuridad, se distingue el agua. La presi6n y el ruido son cada vez más fuertes, el barco tiembla, y tengo la sensaci6n de ser levantado lentamente con el costado de popa. Salí a observar el movimiento ca6tico de las masas de hielo. Parecían gigantescas serpientes que movían de uno a otro lado sus cuerpos monstruosos y se enroscaban bajo el cielo sereno cuajado de estrellas, cuya paz era s6lo turbada por una aurora boreal que, allá al Nordeste, no cesaba de fluctuar y fulgurar.

De nuevo pienso en lo confortables y seguros que nos encontramos a bordo del Fram, y considero con cierto menosprecio la terrible confusi6n que causa inútilmente la Naturaleza; no nos aplastará, y ni siquiera logrará asustarnos. Oigo el estruendo de las presiones allá fuera, y siento las sacudidas mientras sigo inclinado sobre mi Diario, escribiendo.

Consciente de nuestra seguridad y comodidad, pienso con sincera compasi6n en los muchos hombres que en tiempos pasados debían estar prestos en todo momento a abandonar su frágil navío en cuanto comenzaba esta clase de presiones. ¡Los pobres del Tegetthov! Pasaron tiempos difíciles, a pesar de que tenían un buen barco, en comparaci6n con los de otras expediciones.

Son las 11.30, y el ruido mengua. Es raro que se produzcan ahora estas fuertes presiones, pese a hallarse la Luna en cuarto menguante y de que estemos en período de mareas muertas. Esto no cuadra en absoluto con nuestras experiencias anteriores. El termómetro marca -41,4 °C, pero no sopla viento, por lo cual el tiempo casi podría calificarse de templado.

Pero las presiones no han terminado aún. Estando yo en cubierta a las 12 menos cuarto, se reanudó el estruendo y el temblor, esta vez a babor, en dirección diagonal hacia popa. Luego resonó de pronto un fuerte chasquido, al que sucedieron otros que resonaron en la lejanía; el barco tuvo una sacudida; siguió luego una presión más débil y, después, una calma absoluta.

Domingo 28 de enero. La cresta formada detrás del barco prueba lo violenta que había sido la presión; en un punto, la altura sobresalía del agua de 5,5 a 6 m. Témpanos de 2,5 m de espesor habían sido fragmentados, apilados en bloques tetragonales y desmenuzados. Una enorme columna sobresalía elevándose en el aire. Del lado opuesto de aquella muralla de hielo no descubrí grandes trastornos. La cadena que se alza detrás de nosotros es una de las más elevadas que jamás haya visto. Si el Fram hubiese estado allí, habría sido levantado completamente fuera del agua.

¡Otra vez domingo! ¡Es asombroso que el tiempo pase tan deprisa! Por un motivo estamos en mejor disposición de ánimo: sabemos que avanzamos constantemente hacia el Norte. Un cálculo aproximado a base de la observación de hoy nos sitúa a 79º 50´ de latitud; no es mucho desde el lunes, pero ni ayer ni hoy ha soplado apenas viento, y los demás días fue muy débil.

Miércoles 31 de enero. El viento silba por encima de los montículos de hielo, arrastrando la nieve a través del aire. Hielo y cielo se han fusionado en un todo indivisible. Reina oscuridad, la piel duele de frío, pero avanzamos hacia el Norte a plena velocidad.

Jueves 1 de febrero. El mismo tiempo de ayer, aunque más bonancible (-22 °C). La nieve cae como en nuestro país durante el invierno. El viento sopla más del Sur; en estos momentos, de Sur-Sudeste. Podemos dar por seguro que hemos superado el grado 80. Pan de centeno tierno y bollos para desayuno.

Di un gran paseo para tener apetito a la hora de la comida.

Según la observación de esta mañana, estamos a 80º 10´ de latitud Norte, y a 132º 10´ de longitud Este. ¡Hurra! ¡Buena singladura!

Minuta de hoy: pudín de pescado, patatas, pastel de carne, guisantes verdes, judías turcas, moras con leche y una botella de cerveza para cada uno. ¿Puede pedirse más? Para la cena se sirvieron peras y melocotones confitados, pan de especias, plátanos, higos, pasas y almendras secos. El día ha sido fiesta completa.

Leímos en alta voz las controversias sobre la expedici6n publicadas antes de nuestra partida, y celebramos, regocijados, las múltiples objeciones formuladas. Es posible que nuestros allegados que nos aguardan en casa no se rían al leerlas.

Lunes 5 de febrero. Hoy nos hemos bebido la última botella de cerveza Ringnaes. ¡Qué lástima!

Martes 6 de febrero. Buen tiempo. Al Sur, sobre el horizonte, un intenso resplandor solar; encima amarillo, verde y azul claro, en un cielo de tonalidad ultramarina oscura. No creo que el cielo italiano sea más azul. Cosa extraña, este color intenso va siempre acompañado de frío. ¿Será posible que las corrientes aéreas procedentes de regiones más septentrionales produzcan una atm6sfera más seca y diáfana en las capas superiores?

Formaban un sorprendente contraste con el azul oscuro del cielo la roja caseta de cubierta del Fram y la blanca nieve del techo de la tienda y del aparejo. El hielo y las colinas eran de un violeta intenso cuando no recibían la luz diurna; este color parecía más intenso en los campos de nieve y en los témpanos.

La temperatura registrada fue de -47° y -48 °C. Es un contraste brusco, de 70 °C, cuando se viene del sa16n, donde el term6metro marca 22 °C sobre cero. Pese a ello no se nota mucho el frío, aun yendo vestido ligeramente y con la cabeza descubierta; incluso se puede coger sin peligro la empuñadura de lat6n de la puerta o el cable de acero de los obenques.

En cambio, el frío se hace visible; el aliento parece humo pulverizado, y al escupir se levanta del suelo una nubecilla de vapor en torno a la masa húmeda, El Fram desprende constantemente niebla, que el viento arrastra, y desde gran distancia se descubre a los hombres y los perros entre los montículos y cadenas de hielo, por las columnas de vapor que siguen sus pasos.

Miércoles 7 de febrero. La esperanza o, por mejor decido, el temple del hombre, es una cosa bien frágil.

Esta mañana soplaba una ligera brisa Nornordeste, a no más de 2 m por segundo; el termómetro bajó a -49,6 °C, y enseguida se me nubló la frente y me pareció que daba lo mismo la forma de regresar al hogar, con tal de que fuera pronto. Se me ocurre que al Norte debe de haber tierra, una tierra de la que proceden estos vientos fríos, la clara atmósfera, las heladas y el cielo azul claro, y deduzco que esa vasta tierra forma un Polo de frío con un máximo constante de presión atmosférica, determinante de vientos del Nordeste, que nos empujan otra vez hacia el Sur.

A mediodía se levantó algo de niebla, y mi estado de ánimo mejoró. Esperaba viento del Sur.

En efecto, al anochecer empezó a soplar de Sudsudoeste; ahora, las 12, su velocidad alcanza 3,6 m, y la temperatura ha subido a -42 °C. Esto es muy prometedor. Seguramente no tardaremos en llegar al grado 81. Otra vez se ha desvanecido la tierra septentrional.

A la hora de comer se nos sirvió zumo de limón azucarado en vez de cerveza. Pareció gustar a todos; llamamos vino a esta bebida y la preferimos a la sidra.

Al anochecer se procedió a pesarnos. En algunos, el aumento de peso es inquietante: de 2 kg durante el último mes, por ejemplo, en Sverdrup, Blessing y Juell, que es el más gordo, con sus 86,2 kg.

-¡Nunca pesé tanto como ahora! -confiesa Blessing. En todos se registra un aumento parecido de grasa. ¡Oh, sí, resulta una expedición agotadora!

Tal y como había esperado, oigo el viento aullar en el aparejo. ¿Será una tempestad con todas las de la ley, a juzgar por las ideas que tenemos aquí de las tempestades?

Sábado 10 de febrero. Lo del viento terminó en nada. Esperábamos haber avanzado un buen trecho hacia el Norte, y resulta que la observación de ayer arrojó 79° 57´.

Es sorprendente la facilidad con que uno se acostumbra a las decepciones; otra vez empieza el ardiente anhelo, y de nuevo aparece el objetivo tan lejano y tan incierto. Por la noche; sueño ahora que salimos de los hielos al oeste de Islandia. La esperanza es un vehículo bien frágil.

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