Espacio Revelación

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Algo aniquiló a los amarantinos hace novecientos mil años.

Para los colonos humanos que se están asentado en Resurgam, el planeta natal de esta civilización perdida, se trata de un hecho de escaso interés científico, a pesar del descubrimiento de una ciudad casi perfecta y una estatua gigantesca que representa a un amarantino alado. Para Dan Sylveste, sin embargo, es algo más que una mera curiosidad intelectual. Este científico, brillante y despiadado, no se detendrá ante nada hasta conocer la verdad, por elevado que sea su coste. Pero no sabe que los amarantinos fueron exterminados por una razón… ni tampoco que el peligro está más cerca y es mucho más grande de lo que imagina.

ANTICIPO:
-Supongo que eres una de esas personas racionales que se enorgullecen de no creer en fantasmas -dijo Volyova.

Khouri la miró, frunciendo levemente el ceño. Volyova había sabido desde un principio que aquella mujer no era ninguna estúpida, pero seguía interesada en ver cómo reaccionaba ante aquella pregunta.

-¿Fantasmas, Triunviro? No puede ser cierto.

-Una de las cosas que pronto descubrirás es que siempre hablo completamente en serio replicó Volyova. Señaló la puerta ante la que se habían detenido, situada discretamente en una oxidada pared interior de la nave. La puerta era robusta y, entre las capas de corrosión y las manchas, se podía apreciar el estilizado dibujo de una araña-. Adelante. Yo iré detrás.

Khouri hizo lo que le pedía sin vacilar. Volyova estaba satisfecha. Durante las tres semanas que habían transcurrido desde que la habían secuestrado (o reclutado, por decirlo de forma educada), la había sometido a un complejo régimen de terapias para alterar su lealtad. El tratamiento prácticamente se había completado, excepto por las dosis de puesta al día que se mantendrían de forma indefinida. Pronto, la lealtad de esa mujer sería tan fuerte que transcendería la mera obediencia para convertirse en una obligación, en un principio que nunca podría ignorar, del mismo modo que un pez nunca puede dejar de respirar agua. Esta lealtad, llevada a un extremo que Volyova esperaba que fuera innecesario, podría hacer que Khouri no sólo deseara cumplir con la voluntad de la tripulación, sino también amarla por haberle dado esta oportunidad. Pero Volyova se detendría antes de someterla a una programación tan profunda. Tras su menos que fructífera experiencia con Nagorny, Lo último que deseaba era crear otra cobaya incondicional. De hecho, prefería que Khouri conservara cierto resentimiento.

Tal y como había prometido, cruzó la puerta tras Khouri. La recluta se había detenido a unos metros del umbral, al advertir que no había forma alguna de seguir adelante.

Volyova selló la gran puerta de hierro que tenían a sus espaldas.

-¿Dónde estamos, Triunviro?

-En mi pequeño santuario privado -respondió. Ordenó por el brazalete que se encendiera una luz, aunque la sala permaneció envuelta en sombras. Era como un enorme torpedo, dos veces más largo que ancho. El interior estaba suntuosamente equipado: en el suelo se habían Instalado cuatro asientos acolchados de color escarlata, muy juntos entre sí; detrás había espacio para otros dos, aunque no quedaba nada de ellos, excepto sus puntos de anclaje. Las paredes de latón, allí donde no estaban revestidas de terciopelo acolchado, eran curvadas y lustrosamente oscuras, como si hubieran sido construidas con obsidiana o mármol negro. El apoyabrazos de la butaca que había ocupado Volyova estaba provisto de un panel de control de ébano negro. La mujer acarició las esferas y los botones de su interior, familiarizándose con ellos. Eran de bronce o de cobre y mostraban elaboradas inscripciones, realizadas con floridas incrustaciones de madera y mármol. La verdad es que no necesitaba familiarizarse con aquellos controles, puesto que visitaba la habitación-araña con una regularidad razonable. De todos modos, disfrutaba del placer táctil de acariciar el panel con sus dedos-.Te sugiero que te sientes –añadió-. Vamos a movernos.

Khouri se sentó junto a ella, obediente. Volyova presionó una serie de interruptores de ébano, haciendo que algunas esferas se iluminaran en tonos rosados y que sus agujas temblaran mientras los circuitos de la habitación-araña se llenaban de energía. Sintió un placer sádico al advertir que Khouri estaba desorientada: era obvio que no tenía ni idea de dónde se encontraba ni qué estaba a punto e suceder. Se oyeron unos sonidos metálicos y se produjo un repentino movimiento, como si la sala fuera un salvavidas que empezara a ser remolcado por un barco.

-Nos estamos moviendo-comentó Khouri-. ¿Qué es esto? ¿Una especie de ascensor de lujo para el Triunvirato?

-No es nada tan decadente. Nos encontramos en un viejo eje que conduce al casco exterior .

-¿Necesitas una habitación para ir a casco? – El desdén que despertaban en Khouri las extravagancias de la vida de los Ultra volvió a quedar de manifiesto. Volyova se sintió perversamente complacida: eso significaba que su terapia de lealtad no había destruido la personalidad de la mujer; sólo la había redirigido.

-Si sólo fuéramos al casco, habríamos ido caminando -replicó Volyova,

Ahora el movimiento era suave, pero todavía se oían los ruidos metálicos de las esclusas y los sistemas de tracción al moverse para permitirles el paso. Las paredes del eje seguían siendo completamente negras, pero Volyova sabía que eso estaba a punto de cambiar. Mientras tanto, observaba a Khouri, intentando averiguar si estaba asustada o si simplemente sentía curiosidad. Si era lista, ya debía de haberse dado cuenta de que había invertido demasiado tiempo en ella para querer matarla… aunque su instrucción militar en Borde del Firmamento debía de haberle enseñado a no dar nada por sentado.

Su aspecto había cambiado considerablemente desde que la reclutó. Siempre había tenido el cabello corto, pero ahora lo llevaba rasurado y de cerca se podía ver la aterciopelada pelusa que empezaba a nacer. Tenía el cráneo repleto de elegantes cicatrices de color salmón: las marcas de las incisiones que había practicado Volyova para colocar los implantes que antes ocupaban la cabeza de Boris Nagorny.

También había tenido que realizar otros procedimientos quirúrgicos. Debido a sus días como soldado, el cuerpo de Khouri estaba cosido de metralla y de cicatrices curadas y casi invisibles ocasionadas por armas de rayos o impactos de proyectil. Algunos fragmentos de metralla se encontraban a tanta profundidad que los doctores de Borde del Firmamento habían sido incapaces de sustraerselos. En su mayoría no le habían causado ningún daño, porque eran compuestos biológicamente inertes y no se encontraban cerca de órganos vitales, Pero los médicos también habían sido negligentes: justo debajo de la piel de Khouri había encontrado algunos fragmentos que tendrían que haber retirado. Fue Volyova quien lo hizo, examinándolos de uno en uno y guardándolos en su laboratorio, Todos los fragmentos, excepto uno eran compuestos no metálicos incapaces de interferir en los sensibles campos de inducción de la interfaz de la artillería; sin embargo, Volyova prefirió catalogarlos y almacenarlos. A continuación, recogió el fragmento de metal y lo observó con el ceño fruncido, maldiciendo a los médicos.

Fue una ardua labor, pero el trabajo neurológico resultó ser mucho peor. Hacía siglos que las formas más comunes de implante se cultivaban in situ o se diseñaban de modo que se autoinsertaran sin causar dolor alguno, a través de los orificios existentes, pero dichos procedimientos no podían aplicarse a los delicados y exclusivos implantes de la interfaz de artillería.

La única forma posible de implantados o extraerlos era utilizando una sierra, un escalpelo y frotando con fuerza. La labor había sido doblemente compleja debido a los implantes rutinarios que ya descansaban en la cabeza de Khouri. Tras examinados de forma precipitada, Volyova había decidido dejados donde estaban, pues sabía que tarde o temprano tendría que reimplantar artefactos similares para que la mujer pudiera funcionar con normalidad fuera de la artillería. Como los implantes se habían injertado bien, ese mismo día, mientras la recluta permanecía inconsciente, la había llevado al asiento de artillería para cerciorarse de que la nave podía comunicarse con sus implantes y viceversa. Antes de poder efectuar nuevas pruebas tendría que esperar a que las terapias de lealtad se completaran. Y eso sucedería cuando el resto de la tripulación durmiera.

Prudencia: ésta era la nueva consiga de Volyova. La imprudencia había provocado aquel desagradable incidente con Nagorny.

No volvería a cometer el mismo error.

-¿Por qué tengo la impresión de que esto es una especie de prueba? -preguntó Khouri. -No lo es. Tan sólo se trata de… -Volyova movió una mano,descartando la idea-. Intenta complacerme, ¿de acuerdo?

-¿Y cómo podría hacerlo? ¿Diciendo que veo fantasmas?

-Verlos no, Khouri. Oírlos.

Más allá de las paredes negras de la habitación se veía una luz. Las paredes eran de cristal, pero hasta ese momento habían estado rodeadas por el metal del eje por el que se desplazaba. El resto del trayecto se desarrolló en completo silencio. La habitación se fue aproximando a la luz hasta que su frío resplandor azulado la inundó desde todos sus ángulos. Entonces, la sala se abrió paso hasta el otro lado del casco.

Khouri se levantó de su asiento y se acercó al cristal, emocionada. Aquel cristal era hiperdiamante: era imposible que se rompiera en pedazos o que, si tropezaba, cayera al otro lado, pero parecía tan ridículamente fino y frágil que a su mente humana le constaba confiar en su robustez. Si se hubiera asomado un poco más, habría visto las ocho patas de araña articuladas que la anclaban al casco exterior de la nave. Y hubiera entendido por qué Volyova llamaba a aquel lugar la habitación-araña.

-No sé quién ni qué la diseñó -explicó la Triunviro-. Supongo que la instalaron después de que la nave estuviera construida o cuando estaba a punto de cambiar de manos… asumiendo que alguien pudiera permitirse comprada. Creo que esta sala era una táctica muy elaborada para impresionar a los clientes potenciales… y que a eso se debe el nivel general de lujo.

-¿Estás diciendo que sólo la construyeron para poder soltar un rollo de vendedor? -Tendría sentido… asumiendo que alguien tuviera la necesidad de salir al exterior de una

nave como ésta. Si la nadie tuviera conectados los propulsores, cualquier módulo de observación enviado al exterior tendría que igualar el nivel de propulsión para no quedarse atrás. No habría ningún problema si el módulo fuera simplemente un sistema de cámaras, pero si hubiera personas a bordo, las cosas se complicarían. Alguien tendría que pilotarlo o, al menos, saber cómo programar el piloto automático para que lo hiciera. La habitación-araña elimina dicha dificultad al unirse físicamente a la nave. Utilizarla es un juego de niños, al igual que hacer que se mueva sobre sus ocho patas.

-¿Qué ocurriría si…?

-¿Si se soltara? Bueno, nunca ha ocurrido… pero aunque eso sucediera, esta habitación cuenta con diversos enganches magnéticos y perforadores. Y si estos fallaran… y puedo asegurarte que es imposible, la habitación podría propulsarse por sí sola durante el tiempo que tardara en alcanzar a la nave. Y si todo esto fallara… -Volyova se interrumpió-. Bueno, si todo esto fallara, me plantearía intercambiar unas palabras con mi deidad predilecta.

Volyova nunca había hecho que la habitación se desplazara hasta más allá de unos cientos de metros de su punto de salida, pero sabía que podía dar la vuelta entera al casco. De todos modos, hacer algo así no sería muy inteligente, debido a la radiación del exterior. El aislante del casco protegía a la nave de la radiación, pero ésta podía filtrarse por las delgadas paredes de la habitación-araña, haciendo que el ejercicio de salir al ex tenor tuviera un extraño y arriesgado glamour.

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7 Opiniones

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  • Danko
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    DECEPCIONANTE,en especulación MUY decepcionante.

    La idea es un calco de la serie de Benford "El centro galáctico", pero a mucha distancia de la gran obra de Benford que mete ideas en un capítulo, lo que me te Reynolds en todo el libro.

    Casi es un pastiche de "A través del mar del Soles"

    La trama es sencilla de novela negra, bien escrito y amena, tiene muchas metáforas biológicas respecto a lo físico muy logradas.

    La valoración final es correcta para pasar el rato.

    Pero le veo que está muy lejos de colosos como Bear, Benford, Brin o Stephenson y me da que sus novelas son pastiches space operas bien escritos, pero sin mucha sustancia.

  • mercurio
    on

    Pero le veo que está muy lejos de colosos como Bear, Benford, Brin o Stephenson

    Pues en el caso de Benford me parece que de colosal, colosal, será colosalmente aburrido. De los seis ladrillos de El centro galáctico diría que sobra más de uno, los personajes son idénticos entre sí y su mayor valor sería la explotación de sus profundos conocimientos científicos en el argumento si no lo hiciera de forma tan soporífera. La trama, una idea central alargada hasta el infinito para resolverla al final con el virus de siempre.

    Lo dejo ya, que tanto hablar de Benford me ha dado sueño.

  • churno
    on

    Pero le veo que está muy lejos de colosos como Bear, Benford, Brin o Stephenson

    Ufff… Si para ti son colosales Bear, Benford y Brin, entonces esta novela puede estar muy bien. 😉

    Con esta apreciación tuya has hecho que tu crítica caiga en saco roto… siempre e suna cuestión de gustos. 😉

  • Danko
    on

    Hola Churno, pero es que es así, ha cogido las ideas de Benford los mecs contra la vida biológica y también lo de las copias de personalidades humanas.

    Es un pastiche space opera, pero de REVELACIÓN NADA, ES UNA COPIA del centro galáctico.

    Y en mi opinión menos lograda.

  • mercurio
    on

    Espacio Revelación gira en torno a una idea que oscila entre lo brillante y lo torpe. Brillante por su sencillez, con la que sorprende al final sin que el lector -al menos en mi caso- llegue a sospechar de a donde nos lleva Reynolds… aunque es más que posible que muchos con más ganas que yo puedan sacarla unas cuantas inconsistencias…

    También es cierto que parte del juego del despiste al lector es por medio del poco sutil recurso de "¿recuerdas esto? Pues era mentira"

    Parece también una novela torpe en la que es dificil quitarse de encima la sensación de deja-vu. Ya hemos visto antes guerras en las que inteligencias mecánicas tratan de acabar con toda la vida orgánica, conspiraciones macrogalácticas de especies tan antiguas como mezquinas, regalos dejados por toda la galaxia por antiguos, jerga cyberpunk… Como batiburrillo de todo no está mal, aunque Reynolds tiene menos letras a la hora de narrar que sus predecesores (que tampoco pasarán a los anales de la literatura, para qué engañarnos)

    Los personajes resultan algo antipáticos, de esos que llegan a conclusiones acertadas sobre lo acaecido hace millones de años a distancias insondables con no más que unos pocos datos (ni Sherlock Holmes, oiga, solo que aquí lo son todos), se sorprenden arqueando una ceja o -muy de vez en cuando- dicen: "me asusto".

    Lo cierto es que, sin ser decepcionante, Espacio Revelación confirma la baja forma de la última generación de autores de habla inglesa, en la que muchos comparten numerosas ideas, no excesivamente brillantes, además de un estilo mediocre y notables carencias.

  • Ymyr
    on

    Pues a mí me ha parecido buenísima

  • Danko
    on

    De acuerdo con Mercurio, pagar 20 € por esto es tirar el dinero para alguien que haya leído más de 10 libros de CF.

    Y le añadiría que es sumamente INFANTIL.

    No pienso comprar NADA más de este autor.

    ESPACIO DESILUSIÓN.

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