Estambul. Memorias y la ciudad

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Una mezcla de las memorias y los recuerdos del autor, recientemente galardonado con el premio Nobel de literatura, retrato palpitante de una de las ciudades más fascinantes del mundo. Orhan Pamuk, el gran escritor turco, oscila constantemente del plano histórico al autobiográfico para desvelarnos las sinuosidades de una ciudad a caballo entre Europa y Asia, ilustrándola con semblanzas y fotografías de artistas, escritores, callejuelas, monumentos y hermosos edificios en ruinas. Una ciudad viva donde palpita una realidad cambiante y un misterio en cada esquina.

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27 Opiniones

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  • Frau Hesselius
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    No sé cómo será este libro dedicado exclusivamente a Estambul, pero las descripciones y las reflexiones que hace de esa ciudad en sus novelas el nuevo Premio Nobel, Orhan Pamuk, son geniales.

  • Pluto
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    De lo que llevo leido, los seis primeros capítulos, lo que más me sorprende es que no hay nada sorprendente, solo la historia de un niño mimado de una familia acomodada que crece feliz e indolente entre almohadones sin enterarse demasiado de la miseria y la corrupción que rodea el palacete de su familia. Supongo que luego, con los años, se espabila el muchacho.

    Curiosa la continua mención que hace de como los turcos se dividían en dos, los "occidentalizados", que en realidad solo lo eran en estética y para ahorrarse ritos religiosos como el ayuno del ramadán, y el resto, que, a juzgar por lo que dice Pamuk, se pasaban la vida viendo pasar los barcos por el Bósforo para olvidar sus penurias: "La vida no puede ser tan mala cuando, al menos, uno siempre puede ir a darse un paseo por el Bósforo". (Pág. 80)

  • Frau Hesselius
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    Siempre me ha llamado la atención de la gente de esa parte del mundo que conozco su interés por estar a la última en todo. Eso le pasaba a la familia de Pamuk en los años sesenta. Por las fotos familiares que aparecen en el libro, ¿no te parecía más moderna su madre que cualquiera de las muchachas de aquí que eran jóvenes en aquella época?

    De lo poco que he leído aún del libro lo que más me ha gustado es cómo describe el sentimiento de amargura que durante todo el siglo XX poseyó a los turcos. "Cuando nací, Estambul vivía los días más débiles, pobres, aislados y alejados del mundo de sus dos mil años de historia (…) Toda mi vida ha transcurrido combatiendo dicha amargura o, por fin, y como todos los demás estambulíes, asumiéndola".

  • Pluto
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    La clase media y alta de Turquía hacía un esfuerzo intensso por occidentalizarse al menos en la forma, sin no en el fondo. (¿Sigue siendo así?) Al hablar de su infancia Pamuk recalca mucho el contraste entre esa nueva apariencia y los vestigios del pasado que les envolvía: dice que su inafancia consistía en "descubrir el sabor de la vida entre los restos de una civilización, en tiempos grande y poderosa".

  • Frau Hesselius
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    ¿Cómo será eso de que te pese un imperio? Los españoles perdimos en el XIX otro imperio y no hemos sufrido tanto. Claro, que aquello estaba del otro lado del océano y no a la puerta de casa.

  • Pluto
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    Los turcos lo perdieron de golpe, de un día para otro, al final de la PGM (¿has leido De parte de la princesa muerta?) Y estaba, desde luego, a las puertas de su casa. Cinco siglos acostumbrados a ver como inferiores a árabes, kurdos, drusos, griegos, armenios… y de repente les tienen que tratar en pie de igualdad.

    Por cierto, Pamuk y Naguib Mahfuz son los dos únicos Nobel de literaatura del mundo islámico. ¿No encuentras parecdio entre ellos? La importancia del paisaje urbano, de la familia extensa, el choque entre tradición y moderidad, el lento discurrir de la existencia pero conla presencia permanente de la política en el horizonte…

  • Frau Hesselius
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    De Pamuk sólo he leído Me llamo Rojo, que es una novela histórica, así que no puedo comparar.

    En cuanto a las similitudes, pues los dos proceden de ciudades gigantescas en las que la vida transcurre en la calle, en los cafés… Las familias son más numerosas que en Occidente… Existe un choque mayor entre tradición y modernidad… Pero, de lo poco que voy leyendo, hay una gran diferencia (y perdón por la jaimitada que voy a soltar): Mahfuz es egipcio y Pamuk es turco. Su carácter y su forma de ver la vida no son iguales. Lo de Mahfuz no era amargura, sino, en todo caso, melancolía. Pero esa melancolía era siempre vencida por unas ganas inmensas de disfrutar de la vida.

  • Pluto
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    En 1974 un periódico de Estambul aconsejaba a sus lectores: "Si ve a una mujer hermosa por la calle no la mire con odio, como si fuera a matarla, ni con excesivo deseo. Si sus miradas se cruzan, limítese a sonreir y a seguir adelante apartando la mirada". Mal asunto cuando hace falta pedir a la gente que se respete.

  • Frau Hesselius
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    Que se respete, no. Cuando te impiden disfrutar de las cosas bellas de la vida(¿y si no vuelves a cruzarte con una mujer hermosa en un siglo?).

  • Pluto
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    Pamuk recoge en Estambul una buena cantidad de noticias "pintorescas" esxtraidas de los periódicos, y relata anécdotas jugosas de la intrahistoria (como diría Unamuno) de la ciudad, como la de esa increible Enciclopedia de Estambul, una obra interminable redactada por decenas de intelectuales que amaban Estambul y se dedicaban a obaservar y retratar todos los pequeños avatares de la vida urbana, p.ej. una entrada de la enciclopedia estaba dedicada a los niños mendigos.

    Decenas de colaboradores trabajaron durante años en la obra sin cobrar un céntimo, la Enciclopedia de Estambul parece salida de un cuento de Borges.

  • Frau Hesselius
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    Se adelantaron a Wikipedia.

    Otra perla, en la página 166 de Estambul, donde se advierte claramente cómo el modelo a seguir era siempre Occidente y, en especial, Francia: "Inspirados por el artículo sobre las maneras de caminar por la ciudad aparecido en el famoso diario parisino Matin, recordemos algo a los que no saben hacerlo como es debido por las calles de Estambul: no anden por la calle con la boca abierta". Esto parece ser de 1924.

    Nos sorprende, pero las revistas para mujeres que se escribían en los años 40 en otros lugares del mundo (por ejemplo, las que tengo yo de México) estaban llenas de normas de urbanidad y de consejos para ser la mejor mami del mundo. ¡Menuda tiranía!

  • Frau Hesselius
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    En realidad, esa enciclopedia de Estambul que mencionas era mucho más divertida que Wikipedia. La gente tendía a meter historias truculentas, propias de la sección de sucesos del antiguo ABC (Una historia de la enciclopedia: "A un jenízaro que había raptado a la joven esposa de un imán, que le había cortado el pelo y paseado por la ciudad vestida de muchacho y había vivido un gran amor con ella, cuando lo atraparon le rompieron piernas y brazos, lo metieron con trapos engrasados y pólvora en el cañón de un mortero y lo hicieron volar por los aires").

    Pues irse a la cama con un tomo de esa enciclopedia tenía que ser de lo más excitante.

  • Pluto
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    La educación religiosa de Pamuk, a pesar de ser musulmán, parece la de cualquier católico español: conoció la religión por las mujeres de su familia y en el colegio, y dice: "Para mí la esencia de la religión es el sentimiento de culpabilidad." (pág. 216) Y ya en la adolescencia: "Cuando a los doce años el lugar de aquella tensión metafísica entre creer y querer pertenecer a un grupo fue ocupado por la curiosidad por el sexo y la culpabilidad correspondiente, mis inquietudes religiosas perrdieron bastante fuerza." (p.220)

    ¿No podría haberrlo escrito esto un español de su edad?

  • Frau Hesselius
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    Tú y Pamuk sabréis: yo a esos años no tenía ningún problema.

  • Pluto
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    "Aquella vez en que el ruido de la explosión y el humo de las llamas que ennegrecía el cielo estrellado anunciaron que dos petroleros habían chocado en medio del Bósforo y que estaban ardiendo después de estallar, yo todavía tenía ocho años y, más que el miedo, me excitó la perspectiva del espectáculo". (Pág.242)

    En un mundo sin televisión, la distracción habitual de los estambulinos era ver pasar los barcos por el Bósforo y cotillear sobre ellos, comentar sus accidentes (alguno llegaba a empotrarse contra la costa derribando edificios a su paso), sus incendios (auténticos espectáculos nocturnos), su destino y su carga.

    Los grandes buques de guerra soviéticos siempre curazaba de noche, casi en silencio, evitando llamar la atención, pero su enorme envergadura hacía que los edificios temblaran a su paso.

  • Frau Hesselius
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    Creo que la semana pasada, puede ser en El Cultural, salió una foto de Pamuk observando Estambul desde el balcón de su casa (sigue viviendo en el mismo edificio que construyera su familia en los años 50). Y tenía una panorámica fantástica del Bosforo.

  • Pluto
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    Me parece interesante estO: Pamuk cuenta que mientras Estambul fue un lugar al que se tardaba una enormidad de tiempo en llegar, a los viajeros les fascinaba su exotismo hasta en los detalles más prosaicos, pero "cuando los barcos de vapor y el ferrocarril acercaron Estambul a Occidente, el viajero que de pronto se encontraba en las calles de la ciudad comenzó a permitirse el lujo y el placer de preguntarse para qué había venido y qué era lo que hacía en tan horrible lugar". (Pág. 276)

  • Frau Hesselius
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    ¿Se lo creería de verdad cuando lo escribió? Puede ser una ciudad caótica, pero no creo que nadie se sienta decepcionado con ella.

  • Pluto
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    Pues según cuenta Pamuk hubo un tiempo, principios del siglo XX, creo, en que estuvo de moda entre los intelectuales de Europa Occidental que visitaban Estambul criticar a su regreso algunos aspectos concretos de la ciudad, como símbolos de su decadencia. Y en cuanto los estambulíes leían las críticas en la prensa extranjera se apresuraban a eliminar la causa de la crítica. Así, dice Pamuk, se destruyeron muchos símbolos del Estambul clásico, en el empeño por agradar a los occidentales.

    Un ejemplo: los cementerios. Tradicionalmente estaban dispersos por la misma ciudad, enmarcados por parques, jardines, fuentes… Eran sitios donde pasear. Pero a raiz de los comentarios despectivos de viajeros extranjeros, los turcos extrajeron las tumbas y las trasladaron a cementerios apartados, cercados por tapias, sin vegetación ni monumentos, simples almacenes (como en España).

  • Pluto
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    Por cierto, una vez, callejeando por Nueva York, me encontré de improviso en pleno Manhattan con un cementerio jardín como los que a veces salen en las películas: tapizado de cesped, con grandes árboles, circundado por una hermosa verja de hierro y con las tumbas decoradas con escultura. Fue una visión deslumbrante.

  • Frau Hesselius
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    ¡Qué barbaridad! En muchas ciudades europeas, a pesar del brutal crecimiento urbano del siglo XX, los cementerios se han conservado alrededor de las iglesias. A mí me encantan porque suelen ser espacios tranquilos, verdes y con hermosos árboles centenarios.

    Ahora tengo dudas sobre cómo son los cementerios árabes: sólo recuerdo uno que es bien visible en Fez.

  • Frau Hesselius
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    Una de las cosas que más me ha sorprendido del libro es que, después de cinco siglos, aún queden bizantinos en Estambul. Los rumis, les llaman.

  • Pluto
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    Hay una película muy buena sobre los rumís de Estambul: Un toque de canela, griega, de 2003, dirigida por Tassos Boulmetis. Narra la historia de una familia griega de Estambul, el abuelo es una especie de filósofo culinario, le encuentra una enseñanza trascendente a cada plato que prepara. El nieto, de adulto, llega a ser un astrónomo de prestigo internacional, pero en la vida siempre le han guiado las lecciones de su abuelo ("la palabra gastronomía contiene la palabra astronomía", decía el abuelo). La familia se ve obligada a trasladarse a Grecia debido al nacionalismo turco, excepto el abuelo, que no puede imaginar la vida lejos de su amada ciudad.

    Treinta años después, el nieto recibe una llamada de teléfono: su abuelo está muriéndose en Estambul, y viaja de inmediato allí para reencontrarse con su él, con su infancia y con su primer amor.

  • Pluto
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    De la película: "La cocina de Estambul se caracteriza por el abundante uso de especias. Y ello se debe a que hace mucho tiempo Estambul fue una cosmópolis. De todo el mundo abandonaban sus países de origen y viajaban a Estambul para comenzar una nueva vida. Para no olvidar la tierra de donde procedían, estos inmigrantes solían ´incorporar´ cuentos tradicionales de sus países a sus recetas culinarias. Todo lo que llevaban en sus maletas era una pizca de pimienta, un poco de orégano y unas hebras de azafrán."

    La familia del film tiene un secreto culinario, le ponen un poco de canela a un plato al que, aparentemente, la canela no le pega nada. No sé si es una licencia literaria o si, realmente, ese plato admitiría un toque de canela. Es una incógnita que me intriga desde que vi la película.

  • Frau Hesselius
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    Me gusta esa idea del abuelo de que la gastronomía contiene otras ciencias, como la astronomía. De esa parte del mundo me gusta mucho una especia poco utilizada aquí: el cardamomo. Una amiga kurda (aunque ella decía siempre que era asiria) la utilizaba bastante, en los postres y también la echaba al café y es posible que hasta al té.

  • Frau Hesselius
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    Hay varios capítulos en este libro en los que Pamuk recoge las impresiones de distintos escritores del XIX sobre Estambul. En especial, presta atención a dos: Nerval y Gautier. Su análisis de la forma de hacer literatura de viajes de este último, de su maestría en las descripciones, es muy interesante.

    Sin embargo, para Pamuk, el mejor libro de viajes de esa época corresponde a un escritor italiano: Edmundo D´Amici.

  • Pluto
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    Con este libro descubres no solo una ciudad inabarcable sino también la formación de la personalidad de un creador, y la manera en que esa ciudad influyó en esa personalidad. La primera vocación de Pamuk no fue la de escritor, sino la de pintor. Desde los 15 años pintaba una tras otra, sin cesar, escenas de su ciudad. Pintaba imitando a pintores ya famosos por sus cuadros de Estambul ("solo podemos conseguir una personalidad imitando a otros" dice Pamuk, pág. 313). Y tratando de ser pintor desarrolló el afán de observar que al cabo le convirtió en escritor.´

    Estambul es un libro fascinante, cuando crees que ya sabes por donde va a ir te sorprende con un nuevo paisaje.

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