Felices Pesadillas

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Tras quince años de labor interrumpida en el inagotable campo de la literatura fantástica y el terror, la editorial Valdemar ha llegado a reunir en sus distintas colecciones cerca de mil relatos de terror, cuyos autores han volcado su peculiar genio y buen hacer en el sano y loable objetivo de "meter miedo" (acelerar el pulso, suspender la respiración…) a sus asombrados y agradecidos lectores.

Felices pesadillas pretende ser el crisol en el que se mezcla lo más granado de esta cosecha terrible: la quintaesencia del miedo. Esta antología reúne cuarenta relatos de otros tantos autores, y el lector descubrirá en ellos los temás más clásicos de los cuentos de terror: la muerte, los fantasmas, el diablo, los vampiros, los sabios psicópatas, la venganza, la fatalidad…

El fragmento que aquí les ofrecemos pertenece a Una cama terriblemente extraña, de Wilkie Collins, sobre la aventura de un joven afortunado en el juego que decide pasar la noche en un alojamiento extraño y desconocido.

ANTICIPO:
¿Qué podía hacer? No tenía ningún libro para leer. y sin embargo, a menos que encontrara algún método para distraerme, estaba seguro de que me hallaba en la condición idónea para imaginar todo tipo de horrores, para atosigar mi cerebro con presentimientos de todos los peligros posibles e imposibles; en definitiva, para pasar la noche sufriendo todas las variedades posibles de terror nervioso.

Me apoyé en el codo y contemplé la habitación, que aparecía bien iluminada por una preciosa luz de luna que se derramaba a través de la ventana, para ver si había cuadros o adornos que pudiera distinguir claramente. Mientras mis ojos vagaban de pared a pared, recordé el delicioso librito de Le Maistre, Voyage autour de ma Chambre. Decidí imitar al autor francés y entretenerme para aliviar el tedio de mi insomnio haciendo un inventario mental de todos los elementos del mobiliario que pudiera ver, siguiendo hasta sus fuentes la multitud de asociaciones que incluso una silla, una mesa o un lavabo pudiera convocar.

Dado el estado nervioso y alterado de mi mente en aquel momento, descubrí que me resultaba mucho más fácil hacer el inventario que entregarme a reflexiones, de modo que pronto me rendí ante la imposibilidad de seguir el imaginativo truco de Le Maistre, o, mejor dicho, ante la imposibilidad de pensar en absoluto. Observé los diferentes muebles que había en la habitación y poco más.

Primero estaba la cama sobre la que estaba tumbado, nada menos que una cama de cuatro postes. ¡De todas las cosas con las que me podría haber topado en París! Sí, una cama inglesa de cuatro postes, bastante vulgar, con su habitual dosel forrado de chintz, su habitual cenefa alrededor, y las habituales cortinas sofocantes y malsanas que recordaba haber descorrido mecánicamente hasta dejadas pegadas a los postes nada más entrar en la habitación, pese a que no me había fijado particularmente en la cama. Después estaba el lavabo de mármol, desde cuya superficie seguía goteando lenta y más lentamente, hasta llegar al suelo de ladrillo, el agua que había derramado en mi prisa por llenar la pila. Después, dos pequeñas sillas, con mi abrigo, mi chaleco y mis pantalones doblados sobre ellas. Después, una enorme silla de brazos recubierta por un polvo blanco y sucio, sobre cuyo respaldo reposaban el pañuelo y el collar de mi camisa. Después, una cajonera con dos de los agarradores de metal caídos y una vulgar estampa de porcelana rota a modo de adorno fijada en la pa.tte superior. Después, un tocador adornado con un espejo muy pequeño y un acerico enorme. Después, la ventana; una ventana inusualmente grande. Después, un retrato viejo y oscuro que la débil luz de la vela me mostró apagadamente. Era el retrato de un hombre tocado con un gran sombrero español coronado con un puñado de plumas. Un rufián siniestro y moreno que dirigía la mirada hacia arriba, cubriendo sus ojos con una mano y contemplando algo intensamente, quizá la horca en la que le iban a colgar. En cualquier caso, tenía la apariencia de habérsela ganado a pulso.

Aquel cuadro pareció obligarme a dirigir también la mirada hacia arriba, hacia la parte superior de la cama. Era un objeto deprimente y nada interesante, de modo que volví a concentrarme en el retrato. Conté las plumas del sombrero del hombre, ya que aparecían destacadas: tres blancas, dos verdes. Observé la parte superior de su sombrero, que era de forma cónica, siguiendo la moda supuestamente impuesta por Guido Fawkes. Me pregunté qué estaría mirando. No podrían ser las estrellas. Semejante bandido no era ni un astrólogo ni un astrónomo. Debía de ser, sin duda, la horca; y además estaba a punto de ser colgado. ¿Se quedaría el verdugo con su sombrero cónico y con sus plumas? Las conté otra vez. Tres blancas, dos verdes.

Aunque aún persistí en aquella ocupación intelectual y cultivada, mis pensamientos empezaron a vagar inconscientemente. El brillo de la luz de la luna que entraba en la habitación me recordó cierta noche de luna llena en Inglaterra. La noche después de un picnic en un valle galés. Todas y cada una de las incidencias del viaje de vuelta, atravesando un bellísimo paisaje que la luz de la luna hacía más bello aún, regresaron a mi memoria, pese a que no había pensado en aquel picnic desde hacía años, y aunque en el caso de que hubiera intentado recordado, con toda probabilidad habría sido incapaz de rememorar aquella escena largo tiempo superada. De todas las maravillosas facultades que nos ayudan a revelamos que somos inmortales, ¿cuál define tan sublime verdad mejor que la memoria? Allí estaba yo, en una casa extraña y del cariz más sospechoso, en una situación de inseguridad e incluso de peligro que había convertido el agradable ejercicio de rememoración en algo casi fuera de lugar, recordando sin trabas, aunque de un modo involuntario, lugares, gentes, conversaciones, minucias de todo tipo, que había supuesto olvidadas para siempre, y que no podría haber convocado por mi propia voluntad ni bajo las circunstancias más favorables. ¿Y cuál había sido la momentánea causa de aquel misterioso efecto? Ninguna, salvo unos rayos de luz lunar atravesando la ventana de mi dormitorio.

Seguí pensando en el picnic; en la alegría del viaje de regreso a casa, en la sentimental damita que citaba a Childe Harold porque había luz de luna… Me encontraba absorto en aquellas escenas pasadas y aquellos pasados entretenimientos c¡´lando, de repente, el hilo del que colgaban mis recuerdos se partió abruptamente. Mi atención regresó de inmediato al presente con más viveza que antes, y me encontré de nuevo, sin saber cómo ni por qué, contemplando el retrato una vez más.

¿Contemplando qué?

¡Dios del cielo, el hombre se había calzado el sombrero hasta las cejas! ¡No, ya ni siquiera tenía sombrero! ¿Dónde estaba aquel efecto cónico? ¿Y dónde las plumas, tres blancas, dos verdes? ¡Allí no, desde luego! En lugar del sombrero y las plumas, ¿qué era ese oscuro objeto que ahora ocultaba su frente, sus ojos, la mano con la que se cubría?

¿Acaso se estaba moviendo la cama?

Me tumbé sobre la espalda y miré hacia arriba.

¿Estaba loco? ¿Borracho? ¿Soñando? ¿Mareado de nuevo? ¿O es que en verdad se estaba moviendo el dosel de la cama? ¿Acaso era cierto que estaba descendiendo lenta, regular, silenciosa y horriblemente, tan largo y ancho como era; hundiéndose sobre mí, que yacía debajo?

De Una cama terriblemente extraña, de Wilkie Collins.

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Interplanetaria

17 Opiniones

Escribe un comentario

  • Brutus
    on

    ¿Y si dais la lista de los cuentos? ¿Es posible?

  • Salman
    on

    Eso, más referencias por favor.

  • Sable
    on

    Es ir a contracorriente, pero echo de menos en esta antología que haya salido en tapa dura, como otras ediciones de Valdemar. No me hubiera importado pagar un poco más por tenerlo así.

  • Ighor
    on

    A mi tampoco me importaría tener esta antología en tapa dura. Ya sacaron un libro de Pilar Pedraza en este formato con tapa dura. Podía animarse la editorial si le sale bien esta tirada a hacer una aunque sea limitada en tapa dura.

  • melmoth
    on

    Ahí va, aunque resultará un poco largo…

    vampirismo

    E.T.A. Hoffmann

    las aventuras de thibaud de la jacquière

    Charles Nodier

    rip van winkle

    Washington Irving

    el elixir de larga vida

    Honoré de Balzac

    la bofetada de carlota corday

    Alexandre Dumas

    el joven goodman brown

    Nathaniel Hawthorne

    los hechos en el caso del señor valdemar

    Edgar Allan Poe

    la muerta enamorada

    Théophile Gautier

    el guardavías

    Charles Dickens

    schalken el pintor

    Joseph Sheridan Le Fanu

    la araña cangrejo

    Erckmann y Chatrian

    una cama terriblemente extraña

    Wilkie Collins

    ¿qué es eso?

    Fitz-James O’Brian

    los muertos se vengan

    Claude Vignon

    el clan de los parricidas

    Ambrose Bierce

    los dualistas

    Bram Stoker

    junto a un muerto

    Guy de Maupassant

    el ladrón de cadáveres

    Robert Louis Stevenson

    pues la sangre es vida

    Francis Marion Crawford

    john barrington cowles

    Arthur Conan Doyle

    el grabado

    M.R. James

    la pata de mono

    William Wymark Jacobs

    intercambio mutuo, sociedad limitada

    Arthur Quiller-Couch

    la novela del polvo blanco

    Arthur Machen

    la extraña cabalgada de morowbie jukes

    Rudyard Kipling

    la maldición de los fuegos y de las sombras

    William Butler Yeats

    el fantasma inexperto

    H.G. Wells

    la habitación de la torre

    Edward Frederic Benson

    sredni vashtar

    Saki

    una voz en la noche

    William Hope Hodgson

    el síncope blanco

    Horacio Quiroga

    el comerciante de ataúdes

    Richard Middleton

    el hombre árbol

    Henry S. Whitehead

    ante la ley

    Franz Kafka

    la máscara de plata

    Hugh Walpole

    calor de agosto

    William Harvey

    la llamada de cthulhu

    H.P. Lovecraft

    el valle de lo perdido

    Robert E. Howard

    grillos

    Richard Matheson

    mater tenebrarum

    Pilar Pedraza

  • Thor
    on

    Bocato di Cardinale…

    Secundo lo de tapa dura. Este derroche lo merece.

  • Ptero
    on

    ¿Alguien sabe si ha habido algún tipo de criterio a la hora de seleccionar esos cuentos?

  • Fidel
    on

    Según los editores "su calidad", y creo que han acertado, para más información te recomiendo encarecidamente la entrevista que les ha hecho Óscar Cuevas en el número 2 de la revista Galaxia.

  • Ptero
    on

    Lo que yo me preguntaba es si hay algun tipo de selección ideológica, es decir, por temas, autores, épocas, escuelas, etc.

  • Brutus
    on

    Veo que aquí hay un cuento de Pilar Pedraza, de la que tanto están hablando en el foro de terror. ¿Es representativo ese cuento de lo que hace esa escritora?

  • melmoth
    on

    Hombre, pues sí es bastante representativo de Pilar Pedraza… al menos en cuanto a relatos se refiere… Mira en el volumen titulado "Arcano 13. Cuentos crueles", editado por Valdemar… En ese volumen encontrarás otros cuentos en la misma onda…

  • Sable
    on

    Esta sí que es la antología por excelencia del terror en español. Estoy alucinando de la cantidad de cuentos y autores reunidos en un solo volumen y desafío a cualquiera a que me señale una antología de nuestros días parecida.

    Es una desgracia que con este libro pase, en general, un poco lo que indicaba Hana sobre otro libro de valdemar, las lanzas rotas. Si Valdemar fuese una editorial más poderosa y tuviera medios de comunicación a su servicio (no hace falta señalar a esta u otra) estarían dandole a esta antología un bombo tremendo como recopilación definitiva. Espero que tenga la suerte y las ventas que algo así se merece.

    Ah, y yo soy de los que también (aprovechando que el editor anda por estos foros) espera que las ventas animen a la editorial a sacar una tirada en tapa dura. Este libro no merece menos.

  • Ighor
    on

    El libro está agotado y reimprimiéndose a día de hoy. Mala suerte para los que han esperado un poquito, ya no podrán tener la primera edición. La noticia la da uno de los editores de Valdemar en el foro de terror de esta misma web.

  • Taurus
    on

    Pues en el FNAC de Madrid aún hay unos cuantos primera edición, para los maniaticos…

  • Interno
    on

    A mí el cuento de Pilar Pedraza que más me gusta, aunque más que cuento es una novela corta, es Las novias inmóviles. Me parece muy siniestro y lleno de claves del género. Quizá hubiera sido mejor poner éste en la antologia, aunque Mater Tenebrarum no está nada mal.

  • gandal
    on

    Totalmente de acuerdo y aunque yo me he hecho con ella tarde, después de haberla oido nombrar, la leí este verano y me pareció que la selección contiene todos los registros de terror y todos los estilos

    Te abre los ojos a la liteartura de terror si eras un simple aficionado y te hace interesarte por autores concretos.

    Al acabarlo tuve un arrebato de leer más de Ambrose Bierce y de Pilar Pedraza.

    Chao

  • gandalin
    on

    Totalmente de acuerdo y aunque yo me he hecho con ella tarde, después de haberla oido nombrar, la leí este verano y me pareció que la selección contiene todos los registros de terror y todos los estilos

    Te abre los ojos a la liteartura de terror si eras un simple aficionado y te hace interesarte por autores concretos.

    Al acabarlo tuve un arrebato de leer más de Ambrose Bierce y de Pilar Pedraza.

    Chao

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