Harry Flashman

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He aquí a Harry Flashman, el cobarde más condecorado de la historia.

En su presentación al mundo, veremos como el joven Flashy es expulsado del colegio por emborracharse y debe encontrar un medio que le procure una vida cómoda y sin demasiado esfuerzo. Ingresar en el ejército no parece una mala forma: trabaja poco, practica la equitación y el uniforme luce mucho ante las damas. Pero una serie de actuaciones sexualmente irreflexivas le conducen hasta Afganistán, donde se verá inmerso en el gran desastre del ejército británico en Kabul. Es el momento de que aparezca su madera de héroe o, al menos, de encontrar el modo para salir de una pieza del conflicto.

ANTICIPO:
-Mal empezamos -dijo, sonriendo con desprecio-. Contemple esta sustancia. Yah, Asaf.

Uno de sus bribones se acercó al borde de la zanja con una bolsa de cuero atada al cuello. Desatándola con mucho cuidado y sosteniéndola por la parte de abajo, la invirtió de repente sobre la zanja. Para mi horror, media docena de viscosas y plateadas formas que despedían un siniestro brillo bajo la luz de la antorcha cayeron culebreando al interior del sumidero, tocaron suavemente su fondo y serpentearon con asombrosa velocidad hacia las paredes. Pero, como no pudieron subir, siguieron arrastrándose por el suelo de su extraña prisión en medio de un silencio mortal. Se adivinaba su irritada furia mientras reptaban delante de nosotros.

-Su mordedura es mortal-dijo Gul Shah-. ¿Empieza a comprenderlo, Flashman? Es lo que ustedes llaman el juego de la cuerda… usted contra Mansur. Uno de ustedes tendrá que conseguir arrastrar al otro al interior del sumidero y entonces… el veneno tarda sólo unos minutos en matar. Puede creerme, las serpientes serán más benévolas con usted de lo que hubiera sido Narriman.

-¡Socorro! -grité, a pesar de que bien sabía Dios que no esperaba ninguna ayuda.

Sin embargo, la contemplación de aquellas cosas tan repulsivas, el solo hecho de pensar en su viscoso tacto yen el pinchazo de sus afilados dientes… creí volverme loco. Me enfurecí y supliqué, pero el cerdo afgano batía palmas y se tronchaba de risa. El enano Mansur brincaba de impaciencia hasta que, al final, Gul Shah se apartó, le dio una orden y, volviéndose hacia mí, me dijo:

-Tire con todas sus fuerzas, Flashman. Y presente mis salaams a Shaitan.

Yo me había apartado todo lo posible del borde de la zanja y me encontraba de pie, medio paralizado por el miedo, cuando el enano dio con sus muñecas un impaciente tirón a la cuerda. La sacudida me ayudó a recuperar el sentido; tal como ya he dicho antes, el terror es un poderoso estimulante. Apoyé con firmeza los tacones de mis botas en el áspero suelo de madera y me preparé para resistir con todas mis fuerzas.

El enano sonrió y se alejó a toda prisa hasta que la cuerda se tensó entre nosotros. Adiviné cuál sería su primer movimiento, por lo que ya estaba preparado cuando se produjo el repentino tirón. A punto estuvo de levantarme los pies del suelo, pero yo me volví pasándome la cuerda por el hombro y tirando a mi vez con la misma fuerza. La cuerda se tensó como la de un arco y volvió a aflojarse; el enano me miró con desprecio y emitió una especie de silbido entrecortado. Después contrajo los poderosos músculos de sus hombros e, inclinándose hacia atrás, empezó a tirar.

Qué fuerza tenía, Señor. Resistí hasta que me crujieron los hombros y me temblaron los brazos, pero, poco a poco, centímetro a centímetro, mis tacones empezaron a resbalar por la áspera superficie del suelo hacia el borde de la zanja. Los ghazi daban ánimos al enano y gritaban de alegría mientras Gul Shah se acercaba al borde para observar cómo me deslizaba inexorablemente hacia el límite. Sentí que uno de mis alones resbalaba en el espacio, la cabeza me estallaba l causa del esfuerzo y me silbaban los oídos. De repente, el insoportable dolor de mis muñecas se calmó y me quedé tendido en el suelo junto al borde mientras e1 enano brincaba y se reía al otro lado y la cuerda se aflojaba entre nosotros.

Los ghazi se lo estaban pasando en grande e instaban al enano a que diera un tirón final y me arrojara al sumidero, pero él sacudió la cabeza, retrocedió una vez más y dio un pequeño tirón a la cuerda. Miré hacia abajo; parecía que las serpientes supieran lo que iba a ocurrir, pues se habían concentrado en una sibilante y ondulante masa justo bajo el lugar donde yo me encontraba. Retrocedí sudando de temor y de rabia 1 tiré utilizando todo el peso de mi cuerpo para tratar de hacerle perder el equilibrio, pero, a pesar de la violencia del tirón, fue como si el enano estuviera atado a un árbol.

Estaba jugando conmigo; no cabía duda de que era más fuerte que yo puesto que me había arrastrado dos veces hasta el borde del sumidero y me había vuelto a soltar. Gul Shah aplaudió y los ghazi lanzaron vítores de jÚbilo; después Gul dio una orden al enano y comprendí horrorizado que estaban a punto de acabar conmigo. En mi desesperación, me alejé rodando desde el borde y me levanté; tenía las muñecas destrozadas y ensangrentadas y las articulaciones de los me ardían a causa del esfuerzo. Cuando el enano volvió a dar otro tirón, me tambaleé hacia adelante y, al hacerlo, a punto estuve de arrastrarlo, pues el muy bruto esperaba una resistencia mucho mayor y poco faltó para que perdiera el equilibrio. Tiré con fuerza, pero él se recuperó a tiempo y me miró con rabia, soltando un silbido mientras golpeaba el suelo con los pies para asentarlos en él con firmeza.

Cuando finalmente estuvo preparado, empezó a tirar de nuevo de la cuerda, pero no con todas sus fuerzas, pues sólo me arrastraba un par de centímetros cada vez. Supongo que lo hacía como una especie de repugnante refinamiento final; luché como un pez atrapado en un anzuelo, pero no había forma de resistir aquel terrible y continuado tirón. Me encontraba a unos tres metros del borde cuando él me dio la espalda, tal como suelen hacer en tales contiendas los miembros de uno de los equipos cuando ven que los del otro ya se han dado por vencidos. Entonces comprendí que, si quería aprovechar la última y desesperada ocasión que me quedaba, tendría que hacerlo en aquel momento en que todavía se me ofrecía un poco de espacio para maniobrar. Recordé que había estado casi a punto de hacerle perder el equilibrio con un aflojamiento accidental. ¿Y si pudiera hacer lo mismo de una forma deliberada? Haciendo acopio de las últimas fuerzas que me quedaban, planté firmemente los tacones en el suelo y di un tremendo tirón; el enano se volvió a mirarme por encima del hombro mientras su repulsivo rostro se contraía en una mueca de sorpresa. Después sonrió y volvió a tirar echando el cuerpo hacia atrás. Mis pies empezaron a resbalar.

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Interplanetaria

10 Opiniones

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  • soberano
    on

    Una de las mejores novelas históricas de todos los tiempos, mencionada una y otra vez en vuestros propios foros, con un artículo dedicado y otro prometido… y sin reseñar.

    Pues que decir de este pedazo de libro, desternillante, bien escrito y mejor documentado. ¿Que mantiene y hasta mejora el nivel en sus continuaciones?

    No sé que haceis leyendo este mensaje cuando podíais estar leyendo este libro, ¡fulleros!

  • QUATERMAIN
    on

    El único fallo que tienen los libros de Flashman es el precio. Por lo demás, recomendable para todo el mundo (menos para tu peor enemigo).

  • Lobo
    on

    La verdad es que estoy disfrutando mucho de la novela, aunque el tipo sea despreciable :-)

  • josemiguel
    on

    Toda la saga es memorable.

  • Alberto
    on

    Flashman es un miserable, pero se hace simpático. Además todavía no ha alcanzado sus más altas cotas de miseria. Leete Flashman el libertador

  • ozu
    on

    en lo poco que llevo leido ha cometido un par de violaciones, una alta traición a su pais y su bandera, matado a un hombre desarmado por la espalda después de darle su palabra, dejado en la estacada a quienes le salvaron la vida.

    ¿se puede ser más miserable?

    la verdad es que en flasman es posible

  • Alberto
    on

    > ¿se puede ser más miserable?

    Cuando te dedicas al tráfico de esclavos, si. Aunque, después de leer la novela entera reconozco que Flashy llega a tener algún buen momento.

  • orujo
    on

    ¿Es cierto que en uno de los libros de Flashman sale el malo de Sandokan y que además hace de bueno?

    ¿Existió realente ese tipo?

  • Alberto
    on

    James Brooke, el rajá de Sarawak, sale el el tercer libro: Flashman y señora. Si que fué un personaje histórico, un aventurero inglés que llegó al trono de Sarawak (Borneo) y se dedicó a luchar contra los piratas de la región. Flashy lo describe en su estilo.

  • Hipkiss
    on

    ¨Personaje divertido y diferente de los demas, nada que ver con la realidad, pero muy bien

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