Hocus Pocus

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Déjate sorprender mientras las estrellas de la edad dorada de la magia se materializan ante los ojos de un mago principiante en el siglo XXI!

Un prodigiosos elenco que incluye:

Alexander: ¡El hombre que lo sabe todo! ¡Un vidente! Conoce, ve y lo cuenta todo.

Chung Ling Soo: El maravilloso hechicero chino capaz de atrapar una bala en el aire.

Houdini: El inconfundible y sensacional, nos presenta su nueva y sorprendente invención.

Con la participación especial de Jenny, el elefante que desaparece (único en el mundo).

¡El autor intentará fugarse de un bidón de acero galvanizado lleno de agua y herméticamente cerrado con sólidos candados!

Disfruta con las postales con efectos ópticos y carteles de importantes magos de la historia que encontrarás en el interior.

Una novela sobre Magníficos Magos y sus Asombrosas Hazañas, con prólogo del actor Daniel Radcliffe.

¡Contiene más de 30 trucos de magia, postales con efectos ópticos y carteles!

ANTICIPO:
Adoro la magia, la adoro desde que era un niño. Mamá y papá me regalaron un juego de magia por mi décimo cumpleaños, y todavía puedo recordar como si fuera ayer la excitación al desenvolver los accesorios de extraña apariencia de la caja. Bolas chinas decoradas con dragones dorados que hacían multiplicarse granos de arroz y después los transformaban en agua; pequeñas bolas que aparecían, desaparecían y se multiplicaban bajo tazas mágicas como si tuvieran vida propia; y un pequeño triángulo de cristal en un marco rojo —podías atravesar el cristal con un lápiz afilado ¡sin realizar un solo agujero en él!—. Todo esto era sorprendente. Me atrapó de inmediato y estaba desesperado por descubrir más.

Un día, poco después, mi papá me llevó al Museo Británico de Londres, un lugar bastante misterioso por sí mismo. Pero resulta que, frente a la entrada principal del museo, estaba situada la tienda más fascinante que jamás había visto: una tienda de magia. A través de las telarañas del escaparate pude vislumbrar más objetos de aspecto misterioso. Parecidos a los accesorios de mi juego de magia, pero mucho mayores y, aparentemente, más antiguos. Eran de metal y madera, y no de plástico y goma como los de mi caja. Convencí a papá para que me llevase dentro.

Cuando entré en la tienda… bueno, no había contemplado nada igual en toda mi vida. El lugar estaba lleno de viejos aparatos llenos de encanto sobre polvorientas vitrinas de cristal: bolas de plata, grandes anillos de metal, cajas de madera pintadas, ramos de flores hechos con plumas. En una de las vitrinas había una vieja cabeza de cera de una mujer llamada Mary Maskelyne (así decía en la etiqueta). Parecía muy sonriente, teniendo en cuenta que carecía de cuerpo. Gasté toda mi paga en las cosas que podía permitirme, como barajas de cartas y pañuelos de colores. Pero lo que realmente deseaba se encontraba en el fondo de la tienda: un sarcófago de aspecto misterioso. ¿Sabes a qué me refiero? Una especie de cajón de momia con forma humana, pero de mayor tamaño que un hombre. Estaba decorado con fantásticas imágenes de antiguos dioses egipcios en naranja brillante, turquesa y lo que parecía una verdadera capa de oro. Nadie podía acercarse a él, excepto el temible hombre de detrás del mostrador. ¿Para qué podría servir aquello? ¿Para serrar a alguien por la mitad? ¿Para hacer desaparecer a alguien? Por la noche, permanecía despierto tumbado en la cama e imaginaba que era un mago famoso y que llevaba a cabo un gran espectáculo de magia con aparatos mágicos, místicos, tal como los de esa rara y maravillosa vitrina.

Un día, justo después de las vacaciones de Navidad, cuando tenía ahorrado más de lo normal (aproximadamente unos catorce euros), convencí a mamá y papá para que me llevasen allí de nuevo (con la excusa de que, principalmente, quería ir al museo). Reuní el coraje suficiente para preguntar al hombre de detrás del mostrador cuánto costaba la caja de la momia.

—Más de un par de semanas de tu paga, hijo —me respondió con rudeza y mirándome enfurecido, como si yo fuera un niño estúpido.

Bien, se suponía que era un niño, pero no era estúpido.

«Se lo demostraré», pensé, «algún día…».

Estaba decidido a convertirme en el mejor mago que pudiera ser. Me encantaba aprender a realizar trucos de magia con barajas de cartas y monedas y con los pequeños accesorios que había conseguido en la tienda, pero después me volví más ambicioso. Había visto en la televisión magos representando «grandes ilusiones»: hacían desaparecer tigres y aeroplanos. ¡Quería ser capaz de hacer magia a gran escala tal como ellos! Así que durante mi adolescencia solía pasar horas cubriendo todos mis libros del colegio con esbozos de ambiciosas ideas de magia (es mucho mejor que el álgebra, pensaba) e imaginado cómo realizar mi propio atrezo. El mezquino hombre de la tienda de magia no me desanimó. Me preparé un cajón de mago con cajas del supermercado, pintándolas con cuidado para lograr que se pareciesen a las que había visto. Por desgracia, cuando traté de cortar a mi hermano por la mitad (algo que siempre había querido hacer) él permaneció insistentemente en una sola pieza, ¡pero la caja se desplomó en un montón! Hay una buena razón para que, por lo general, estas cosas estén hechas de madera.

Solía ejercitarme todo el tiempo: podía hacer flotar en el aire una bola de plata, hacer aparecer y desaparecer velas encendidas y, finalmente, tuve éxito a la hora de cortar a mi hermana Karen en tres pedazos (y volverla a unir de nuevo, por supuesto). ¡Y no mucha gente puede decir que ha hecho levitar a su abuela sobre una alfombra voladora! Un día, estaba sentado en la cama mientras mi madre hablaba conmigo acerca de mis deberes del colegio, ¡y mi pierna se cayó! Le di un buen susto, pero sólo ponía en práctica una nueva idea de magia.

Cuando terminé el colegio, comencé a trabajar como mago profesionalmente, y esto es lo que he hecho desde entonces. He viajado por todo el mundo actuando en barcos cruceros, en teatros y en televisión. He estado frente a seis mil personas en el Royal Albert Hall de Londres e hice desaparecer a algunas de ellas… ¡Es un trabajo formidable! De nuevo tuve entonces una pequeña ayuda —un tipo de ayuda espeluznante— pero te hablaré acerca de ello dentro de un rato.

Al regresar a Hackney, en el este de Londres (donde vivo), las cosas cambiaron un poco. La vida no es tan glamurosa cuando tienes que hacer la compra, cocinar, fregar los platos y demás. Y mi trabajo también es diferente. En ocasiones me piden que diseñe extraños efectos mágicos para obras de teatro, como convertir niños en ratones, o enseñar a un cantante de ópera a salir de un reloj de pie. Es un verdadero rompecabezas pensar en modos de hacer estas cosas, pero tengo que comenzar por alguna parte: generalmente con una reunión en el centro de Londres, y para llegar allí he de tomar el autobús. Siempre he cogido autobuses para moverme por Londres y existe una buena razón para ello. Cuando me mudé a mi casa descubrí que, en el camino de vuelta desde la parada de autobús, debía pasar frente al edificio más mágico de la tierra.

Surge de ninguna parte mientras caminas a lo largo de Mare Street, como una rosa en medio de un arriate de malas hierbas, arropado entre tiendas comunes y negocios de comida rápida: el teatro Hackney Empire, un asombroso y espectacular lugar de entretenimiento construido hace más de un siglo. Su fachada, toda cubierta de elegante ladrillo rojo y espirales de mampostería, es ya bastante impresionante: parece un templo exótico. Pero introducirse en su interior te deja verdaderamente sin aliento.

La decoración es deslumbrante, con cúpulas de oro orientales, columnas ornamentadas, vidrieras y asientos de terciopelo rojo de lujoso aspecto. El escenario y el auditorio parecen enormes y mucho más amplios que la fachada del teatro. Como una especie de Tardis (¡pero sin el Doctor!). Así que tiene el aspecto de un lugar mágico incluso antes de que hayas visto nada…

Y lo mejor de todo es saber que allí actuaron los más grandes magos de la historia. Houdini, Servais Le Roy, el Gran Lafayette… Tal vez sus nombres no te digan nada (todavía), pero fueron las mayores estrellas durante los años dorados de la magia, hace aproximadamente un siglo. Solía haber una gran cantidad de «palacios de variedades» (un atractivo modo de llamar a viejos y destartalados teatros pintados para causar impresión), pero cuando el cine se apoderó gradualmente del espectáculo en directo, la mayoría fueron demolidos y reemplazados por bloques de apartamentos y centros comerciales. El Hackney Empire era la joya de la corona entre estos teatros en el momento de su construcción. Sólo sobrevivió (por fortuna) porque fue convertido en una sala de bingo. Ahora ha sido restaurado y devuelto a su antigua gloria teatral.

En sus buenos tiempos, grandes audiencias acudían al Empire para asistir a extraordinarios espectáculos de variedades, tal como vamos ahora al cine para ver películas de éxito. Podían presenciarse actuaciones de acróbatas, leones marinos artistas, cantantes, números de equilibrismo y, con mucha frecuencia, al final del show había un magnífico mago que representaba cosas imposibles frente a la atenta mirada de la audiencia. Se serraba a las mujeres por la mitad con gigantes sierras circulares (¡con un médico al lado, por si acaso!). La gente desaparecía de exóticas cajas que colgaban sobre las cabezas de los espectadores y después reaparecía en algún otro lugar. Mujeres jóvenes flotaban en el aire mientras el mago pasaba sólidos aros alrededor de ellas. Atractivas ayudantes se convertían en leones y magos inmaculadamente vestidos sacaban infinitas cascadas de naipes y monedas del aire.

Y fue mucho antes de los efectos especiales que vemos hoy en día en las películas y en la televisión. Todo esto ocurrió de verdad, ¡y en directo! El mago hace que lo imposible parezca posible. Los grandes magos (y las extrañas magas) eran muy competitivos y habrían hecho cualquier cosa que estuviese en su mano para lograr que su magia fuera más espectacular que la de los demás. Solían fabricar material y maquinaria secreta, sí, pero también ensayaban todo cuidadosamente, incluyendo prestidigitaciones muy complicadas (en el lenguaje de la magia esta expresión se refiere a usar de manera rápida y habilidosa tus manos para hacer que ocurra algo que parezca mágico). En ocasiones trabajaban durante años en sus disparatadas invenciones mágicas antes de presentarlas ante el público, todo para hacer el espectáculo lo más deslumbrante posible. Entre ellos discutían a menudo acerca de quién dio primero con cuál ilusión, y todos pretendieron ser «El mejor del mundo».

Los mejores magos llevaban sus números de magia por todo el globo, y actuaban en teatros repletos de gente. Algunos también ganaban dinero —mucho dinero—, el equivalente a millones de euros de hoy al año. ¡Eran las estrellas internacionales del rock de su tiempo!

Cuando aparecían en las ciudades y pueblos, sus espectáculos se anunciaban como hoy en día se anuncian las películas: con grandes carteles sobre carteleras y pegados a los extremos de los teatros. Las enormes imágenes llenas de colorido de los magos en acción venían acompañadas por incitantes eslóganes. En aquellos días al público le atraían, sobre todo, las evocaciones de lo exótico y lo misterioso: disfraces y decorados indios, chinos o egipcios; grandes ilusiones con nombres inspirados en lugares extranjeros, como «La levitación de la princesa Karnak», «El sepulcro de Koomra-Sami», «El cesto indio de las espadas». «El misterioso Oriente» era muy popular en aquel tiempo entre la audiencia occidental, con su promesa de antiguos secretos de tierras remotas…

Esto fue mucho antes de que se inventase la tele, recuerda, y muy poca gente viajaba al extranjero. Los otros países eran algo totalmente enigmático; por ese motivo les parecían tan exóticos y misteriosos.

Siempre deseé haber estado por allí entonces para ver esos sensacionales espectáculos. Caminaba hacia casa desde la parada de autobús y permanecía frente al teatro Empire, mirando fijamente la fachada e imaginando cómo los magos más famosos del mundo se introducían en él por la entrada de artistas. Y siempre me preguntaba cómo debió de haber sido actuar en ese escenario con miles de personas en el público.

Desde el Empire, caminaba hasta casa soñando con mis ídolos desaparecidos tiempo atrás, y acerca de los que había leído en los libros. Sólo regresaba bruscamente a la realidad del presente cuando tenía que hurgar en mi bolsillo para buscar las llaves.

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Interplanetaria

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