Hombres de mar y guerra

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En un volumen ricamente ilustrado y con la elegante prosa que le caracteriza, Patrick O’Brian presenta al lector, de un modo conciso, ameno y muy claro, el trasfondo histórico sobre el que creó el impresionante ciclo narrativo que lo inmortalizó, la serie sobre el capitán Jack Aubrey y el cirujano y espía Stephen Maturin.

La estructura de las naves, las armas, la jornada de trabajo de marineros y oficiales, las comidas, los sueldos, incluso las tonadas más populares entre la marinería son descritas con la soltura, la amenidad y el sutil sentido del humor que hacen de O’Brian un escritor inconfundible, y ello permite al lector, con el apoyo de espléndidos gráficos e ilustraciones, comprender al detalle cómo debió de ser la vida a bordo en tiempos de Nelson.

Embarcarse en la lectura de este libro es volver a sentir bajo los pies los crujidos del maderamen de las míticas embarcaciones que surcaron los mares durante las guerras napoleónicas. Un libro que sólo el gran O’Brian podía escribir.

ANTICIPO:
PASEMOS AHORA A LOS HOMBRES que gobernaban los barcos y servían los cañones, empezando por los oficiales. Tomemos por ejemplo un muchacho que se ha propuesto embarcar, y sigámoslo a lo largo de su carrera como oficial desde el inicio hasta el final; hagamos que sea un joven valeroso dotado de una digestión de hierro, con la suerte necesaria para no asomar la cabeza en la trayectoria de una bala de cañón, todo ello con tal de que pueda mantener su rumbo en la Armada. Es el típico joven de buena familia (probablemente hijo de un oficial de la Armada o, como Nelson y los hermanos de Jane Austen, hijo de un párroco); no obstante, carece de estudios superiores, puesto que embarca a la edad de doce o catorce años y no ha tenido mucho tiempo de asistir a la escuela. Oficialmente, la edad más temprana eran los once años para los hijos de oficiales y trece para los demás, pero nadie hacía mucho caso a esta reglamentación, y no era infrecuente encontrar a bordo niños de siete años. Antes de que pueda hacerse a la mar, su familia le habrá procurado un capitán que esté dispuesto a tenerlo a bordo, dado que éste es prácticamente el único medio de convertirse en oficial. Una vez solventado este requisito, nuestro joven héroe sube a bordo cargado con un baúl de marinero lleno a rebosar, pues el capitán no sólo ha insistido a los padres para que le proporcionen una paga de hasta cincuenta libras anuales en caso de tratarse de uno de los mejores barcos, sino que, además, les ha remitido una lista de equipaje; he a continuación un comedido ejemplo.

1 Casaca de uniforme de buena tela.

1 Casaca de faena.

1 Capa.

1 Sobretodo y un capote.

3 Pares de pantalones blancos de dril y tres chalecos.

3 Pares de pantalones de algodón, además de tres chalecos de lana basta.

2 sombreros redondos con lazo dorado y escarapela.

1 Gorra, cuchillo o daga y cinto.

18 Camisas de lino con volantes.

12 Camisas lisas de calicó.

3 Pañuelos negros de seda.

12 Pañuelos de bolsillo.

12 Pares de medias marrones de algodón.

6 Pares de medias blancas de algodón.

2 Pares de zapatos resistentes y 2 pares de zapatos ligeros.

6 Toallas y 3 pares de sábanas y fundas de almohada.

2 Manteles de unas tres yardas de largo.

Un colchón, 3 mantas y un cubrecama.

Un juego de peines y cepillos de ropa.

Un juego de cepillos de dientes y polvos para los dientes.

Un juego de cepillos para calzado y 12 tarros o media docena de botellines de betún.

Una jofaina y una taza de peltre.

Un baúl recio de marinero, con cajón y dos bandejas en su interior, además de un buen candado con dos llaves.

Un cuadrante y un pequeño catalejo de día y de noche.

Una cuchara de plata y una cucharilla.

Un cuchillo y tenedor, además de una navaja de bolsillo y un cortaplumas.

Un cuaderno y diario, con papel, instrumentos de escritura y tintero.

Un ejemplar de Elements oi Navigation, de Robinson.

The Requisite Tables and Nautical Almanac.

La Biblia y devocionario.

Cuando embarque para puerto extranjero, será necesario incluir un traje más, con chalecos de tela más ligera, sombrero de dos puntas y más ropa de lino.

Informa de su llegada al oficial de guardia; a continuación es conducido a la camareta de guardiamarinas, lo que seguramente supondrá una sorpresa para él, puesto que al veda descubre que se trata de un agujero apestoso, húmedo y triste, sin luz ni aire fresco, escasa comodidad y menos comida, situado abajo, casi en lo más hondo del barco. La camareta de guardiamarinas, a pesar de que no sea un guardiamarina -nada más lejos-, donde anotan su nombre en el rol en calidad de voluntario de primera clase si existe una vacante como tal a bordo, como paje del capitán o, incluso, como marinero de primera si no hay tales vacantes. Hasta pasados un par de años no ascenderá a guardiamarina. Sin embargo, no abrillanta las botas del capitán, ni desempeña las tareas propias de un marinero; él y todos los que son como él son llamados <9óvenes caballeros», viste uniforme de guardiamarina (casaca azul con remiendo blanco en el cuello, calzones blancos y sombrero de dos puntas para las grandes ocasiones; casaca azul, pantalones azules o blancos y sombrero en un día cualquiera, con espadín o cuchillo en la cintura). Pero sobre todo, frecuenta el alcázar, coto privado de la oficialidad. Tiene que hacerla durante seis años, para aprender los rudimentos de la profesión, tanto en el aparejo como en cubierta, atendiendo las clases que imparte cada mañana el profesor de a bordo en materias tales como las matemáticas y la navegación, además de mantener al día su propio diario; durante todo ese tiempo, ya sirva como paje del capitán, guardiamarina o segundo del piloto (un guardiamarina veterano), tan sólo es considerado un hombre más, susceptible de ser despedido por decisión del capitán o, incluso, desembarcado en cualquier momento. Si se comportara de mala manera, podría ser castigado, enviado a menudo al tope como el joven caballero de la ilustración, a pasar varias horas ahí arriba, reflexionando y arrepintiéndose de sus pecados.

Concluido este período de seis años embarcado, se dirigirá a la Oficina de la Armada, llevando consigo los certificados de competencia y buen comportamiento extendidos por los capitanes a los que haya servido, además de sus diarios y, quizá, un documento que certifique de algún modo que ha cumplido los veinte años. En teoría ésa era la edad mínima necesaria para ascender al empleo de teniente, pero en la práctica sucedía que algunos ascendían a los quince o dieciséis años. No obstante, se hacía hincapié en el hecho de que el aspirante debía de haber figurado seis años en el rol de tripulantes del barco, dos de ellos en calidad de guardiamarina.

De modo que ahí lo tenemos, en la Oficina de la Armada, con el corazón en un puño, intentando recordar la diferencia entre babor y estribor; ahí lo someten a un examen oral en cuestiones de navegación y náutica. N o es ningún tonto, ha aprendido mucho a lo largo de los últimos seis años, y lo va a lograr. ¡Ha conseguido aprobar el examen de teniente! Está encantado, satisfecho, pero sigue estando nervioso. Una cosa es aprobar y otra muy distinta que lo asciendan al empleo de teniente. No obstante, se ha comportado bien en el mar, sus capitanes hablan en su favor, su familia disfruta de cierta influencia en política o en el Almirantazgo, y un buen día llega un maravilloso documento cubierto de sellos y firmas oficiales, que reza:

De parte de los comisionados para la ejecución de la oficina del lord almirante de Gran Bretaña, Irlanda y etcétera. Y de todas las plantaciones de Su Majestad y etcétera.

AL TENIENTE WILLIAM BLOCKHEAD, A PARTIR DE ESTE MOMENTO NOMBRADO TENIENTE DEL Thunderer, NAVÍO DE SU MAJESTAD.

En virtud del poder y la autoridad que se nos ha conferido, le nombramos teniente del navío de Su Majestad Thunderer, y por la presente se le requiere para que suba a bordo del mismo, con la obligación de ordenar a los suboficiales y demás miembros de la dotación pertenecientes al susodicho y subordinados de usted, para que se responsabilicen de sus tareas respectivas con el debido respeto y obediencia hacia su persona. Del mismo modo, deberá usted observar y cumplir las órdenes y directrices que reciba de su capitán y de cualquier otro oficial superior. De lo expresado anteriormente, ni usted ni ningún otro faltarán a su deber; de 10 contrario, responderán por su cuenta y riesgo.

Con el nombramiento del rey bajo el brazo, por fin se ha convertido en un oficial de verdad. Acude a pedir a su pobre padre un uniforme nuevo (casaca azul con solapas, bocamangas y medias blancas para las grandes ocasiones, y una casaca azul, a menudo combinada con pantalones o calzones azules, para los días ordinarios). Confia en que será la última vez que tenga que pedir nada, puesto que a partir de ese momento ganará cinco libras y doce chelines al mes, además de la anhelada posibilidad de obtener una parte del dinero del botín. Su padre, obviamente, comparte la esperanza de su hijo.

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