Illuminati

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En 1776, un oscuro personaje llamado Adam Weishaupt fundó una sociedad secreta conocida como los Iluminados de Baviera o Illuminati, que han intervenido de forma notable en los principales acontecimientos de estos últimos tres últimos siglos. Pero ¿quiénes son exactamente? ¿Cómo afecta su posible influencia en el futuro de la humanidad?

Los Illuminati son una de las sociedades secretas más misteriosas del mundo. Aunque sus influencias pueden rastrearse en los cultos precristianos y en la masonería medieval, su presencia se ha hecho sentir especialmente en los últimos tres siglos. Personajes tan influyentes como Goethe, Mozart o Herder han formado parte de esta orden. Desde la Revolución francesa hasta las dos guerras mundiales, los tentáculos de los Illuminati no han hecho más que extenderse para ir cumpliendo paso a paso sus siniestros planes con respecto a la humanidad. Paul H. Koch nos ofrece el primer relato completo de esta orden desde sus inicios hasta la actualidad.

ANTICIPO:
Adam Weishaupt

La noche del 30 de abril al 1 de mayo de 1776, la famosa y siniestra noche de Walpurgis, un grupo de hombres decididos se reunía en un bosque de Baviera, en el sur de Alemania, para juramentarse entre sí la consecución de sus objetivos finales. El momento escogido no fue casual. Hubo que esperar a que se produjeran los sucesos de los Mártires del Movimiento obrero de Chicago, en 1886, para que el mundo moderno instituyera en su recuerdo el primero de mayo como el Día Internacional del Trabajo, aunque, en realidad, esta fecha ha sido sagrada para los europeos durante milenios, ya que constituía uno de los dos ejes del antiguo calendario celta, que rigió en la mayor parte de Europa occidental, antes de la expansión del Imperio Romano. En aquella época se la conocía como Beltaine o Beltené y en ella se celebraba el final del invierno —que comenzaba con otra gran celebración céltica, la del Samhain, el 1 de noviembre, que conmemora en la actualidad el cristianismo con el nombre de Todos los Santos, y el paganismo, con la fiesta de Halloween— con distintos rituales que incluían grandes hogueras. La luz de esas hogueras alumbró la mística de los antiguos europeos. La luz de las que tuvieron que encender los congregados en la oscuridad del bosque bávaro a finales del siglo XVIII ha incendiado a partir de entonces el mundo entero, acercándole progresivamente al culto de un ser torturado aunque poderoso: Lucifer, el ángel de la luz.

Aquella fatídica noche nació la Orden de los Perfectibilistas, más conocida como la Orden de los Iluminados de Baviera o simplemente los Illuminati. Con el tiempo se convertiría en la más poderosa de las sociedades de la Antitradición.

Mi reino es de este mundo

Adam Weishaupt, catedrático de Derecho Canónico de la Universidad de Ingolstadt, es el enigmático fundador de esta orden, una de las sociedades secretas con peor reputación de los últimos siglos porque sus planes quedaron al descubierto de manera accidental. Nacido el 7 de febrero de 1748, su padre George Weishaupt era catedrático de Instituciones Imperiales y de Derecho Penal en el mismo centro universitario, y su familia era de origen Judío. A los cinco años de edad se quedó huérfano y fue acogido por su abuelo y tutor, el barón Johann Adam Ickstatt. Convertido al cristianismo, Adam Weishaupt ingresó en el colegio de los jesuitas, donde pronto destacó gradas a su gran memoria y su inteligencia por encima de la media. Luego ingresó en la Facultad de Derecho, en la misma universidad donde había enseñado su padre.

En la biblioteca de su abuelo tomó contacto con las obras de los filósofos franceses y empezó a interesarse por la masonería y otras organizaciones similares. Además, desarrolló un ideario personal que se vio reforzado por su gran amistad con Maximilien Robespierre, al que conoció durante un viaje a Francia. Más tarde, tuvo ocasión de contactar con un místico danés llamado Kolmer, que había vivido varios años en Egipto en calidad de comerciante y, a su regreso a Europa, había intentado poner en marcha una sociedad secreta de orden maniqueo. Durante sus viajes, Kolmer se había entrevistado, entre otros, con el enigmático conde de Cagliostro en la isla de Malta. El joven Weishaupt, fascinado por su personalidad y sus conocimientos, le pidió que le iniciara en los llamados Misterios de los Sabios de Memfis, sin descuidar sus estudios «normales». Con 25 años se convirtió en profesor titulado y dos años después ya era catedrático en Ingolstadt.

La capacidad intelectual y personal de Weishaupt no había pasado inadvertida para sus mentores jesuitas, que, de hecho, le orientaron en su carrera hasta ordenarle sacerdote de su orden. Pero cuando descubrieron sus actividades heterodoxas lo expulsaron. No se puede decir que él lo sintiera mucho; para entonces ya estaba convencido de que el plan de Dios para el desarrollo de su creación resultaba tan endeble como impracticable en un mundo dominado por el materialismo, así que decidió cambiarse de bando y buscar otro tipo de iluminación, justo el contrario del prometido por el cristianismo. En ese sentido, necesitaba un grupo de trabajo que le permitiera profundizar en sus propios anhelos místicos a la vez que aplicaba sus ideas sobre el mundo físico. Una organización parecida a la de los jesuitas o la masonería, pero que fuera en una dirección muy diferente. Al no encontrar nada parecido, decidió fundarla él mismo en aquella noche de 1776, tras crear un reglamento a medio camino entre ambas sociedades y determinadas corrientes de falso rosacrucianismo. Entre los símbolos figuraba uno que pronto se haría célebre en el mundo entero: una pirámide con un ojo abierto en su interior. El Ojo que Todo lo Ve.

Sus primeros adeptos fueron cuatro alumnos de su propia cátedra, que inicialmente se dedicaron al proselitismo de acuerdo con una norma básica: sólo aceptaban la adhesión de personas bien situadas social y/o económicamente. Nadie podía acceder a la orden por deseo propio, sino por consentimiento de sus miembros. «Pocos, pero bien situados», solía repetir Weishaupt, que no deseaba presidir una organización numerosa sino poderosa. Por ello buscó y encontró desde el primer momento el apoyo económico de un banquero que ha pasado a la historia como uno de los hombres más ricos del planeta: Meyer Amschel Rothschild. La historia de su clan estará muy presente en los sucesivos acontecimientos de este libro.

La estrategia de crecimiento selectivo surtió efecto y pronto apareció el primer adepto de rango social elevado, un barón protestante de Hannover llamado Adolph Franz Friedrich Ludwig von Knigge, que ya había sido iniciado en la masonería regular y que introdujo a Weishaupt en la logia de Munich, Teodoro del Buen Consejo. La ambición personal y la capacidad de movilización de Von Knigge orientaron al grupo hacia un rápido crecimiento, multiplicando por diez el número de miembros con la incorporación sucesiva de nobles del rango del príncipe Ferdinand de Brunswick, el duque de Saxe-Weimar, el de Saxe-Gotha, el conde de Stoiberg, el barón de Dalberg y el príncipe Karl de Hesse, entre otros.

En poco tiempo, los Illuminati abrieron diversas logias en Alemania, Austria, Suiza, Hungría, Francia e Italia. Al cabo de dos anos entre sus miembros apenas había una veintena de estudiantes universitarios, todos los demás pertenecían a la nobleza y la política o ejercían profesiones liberales como la medicina, la abogacía o la justicia. Incluso el muy famoso escritor Wolfgang Goethe se dejó seducir por los postulados de esa orden.

¿Cuáles eran éstos? Según se revelaba a los nuevos miembros se trataba de la sustitución del viejo orden reinante en el mundo por otro nuevo en el que los Illuminati actuarían como mando supremo para conducir a la humanidad hacia una era nunca antes vista de paz y prosperidad racional. Eso equivalía a un gobierno mundial en el que cada hombre contara lo mismo que los demás, sin distinción de nacionalidad, oficio, credo o raza. Todos, excepto los propios Iluminados, encargados de regirlo. El propio Weishaupt escribió: « ¿Cuál es en resumen nuestra finalidad? ¡La felicidad de la raza humana! Cuando vemos cómo los mezquinos, que son poderosos, luchan contra los buenos, que son débiles… cuando pensamos lo inútil que resulta combatir en solitario contra la tuerte corriente del vicio… acude a nosotros la más elemental de las ideas: debemos trabajar y luchar todos juntos, estrechamente unidos, para que de este modo la fuerza esté del lado de los buenos. Pues, una vez unidos, ya nunca volverán a ser débiles.»

Dicho así, sus intenciones resultaban incluso loables. Sin embargo, los objetivos finales sólo eran conocidos por Weishaupt y sus más inmediatos lugartenientes. Nesta Webster, autora de Revolución Mundial. El complot contra la civilización y profunda conocedora del tema, describe así las seis metas a largo plazo de los Illuminati:

1." Aniquilación de la monarquía y de todo gobierno organizado según el Antiguo. Régimen.

2. ° Abolición de la propiedad privada para individuos y sociedades.

3. ° Supresión de los derechos de herencia en todos los casos,

4° Destrucción del concepto de patriotismo y sustitución por un gobierno mundial.

5. ° Desprestigio y eliminación del concepto de familia clásica.

6. ° Prohibición de cualquier tipo de religión tradicional.

Según el razonamiento de Weishaupt, no había grandes problemas para conducir a los países de Oriente hacia esa unificación mundial, debido a la posibilidad de manipular las profundas conexiones de su cultura con el misticismo, el ritualismo y el eclecticismo. Sin embargo el pensamiento de Occidente era mucho más individualista, nacionalista y aventurero y además llevaba mucho tiempo dominado por el cristianismo. En especial, por la Iglesia católica, cuya obsesión por cortar de raíz cualquier mínima desviación del dogma convertía cualquier heterodoxia espiritual en una empresa arriesgada. Pero también por el movimiento protestante en ciernes, que, en esencia, suponía una especie de catolicismo sin Papa.

En consecuencia, su primer objetivo debía orientarse contra la cultura occidental. Y dado que tanto él como sus seguidores vivían en Occidente, el secreto era un arma imprescindible. Según él mismo: «Se trata de infiltrar a nuestros iniciados en la Administración del Estado bajo la cobertura del secreto, al objeto de que llegue el día en que, aunque las apariencias sean las mismas, las cosas sean diferentes.» Sólo de esta manera podría «establecer un régimen de dominación universal, una forma de gobierno que se extienda por todo el planeta. Para ello es preciso reunir una legión de hombres infatigables en torno a las potencias de la tierra, para que extiendan por todas partes su labor, siguiendo el plan de la orden».

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Interplanetaria

1 Opinión

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  • An
    on

    Recientemente leí ¨LA HISTORIA OCULTA DEL MUNDO¨ del mismo autor y la verdad es que me ipresionó positivamente y me gustó mucho. Definitivamente las sociedades secretas están infiltradas en muchas áreas de nuestra sociedad en todo el mundo y solamente a través de un claro entendimiento por partte de todos nosotros , podemos sacudirnos y buscar el cambio en beneficio común de todos los pueblos. Conclusión, compártamos estos temas con todos los allegados de cada uno de nosotros y creemos conciencia al respecto.

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