La flota perdida: Intrépido

intrepido

Las hazañas legendarias del capitán John Black Jack Geary son bien conocidas por todos. Reverenciado por su forma de resistir heroicamente durante los primeros días de la guerra, se pensaba que había muerto. Sin embargo, un siglo después, Geary regresa milagrosamente después de superar su periodo de hibernación, y acepta a regañadientes tomar el mando de la flota de la Alianza en un momento en el que los síndicos amenazan con aniquilarla. Aunque le abruma toda la parafernalia de héroe que hay montada a su alrededor, Geary sigue siendo un hombre comprometido con su deber. Sin embargo, para ganar esta guerra, tendrá que estar a la altura de la heroica leyenda de Black Jack.

Jack Campbell Es el seudónimo de John G. Hemry, autor de tres series de ciencia ficción militar y oficial de la marina norteamericana retirado. El padre de John era miembro de las Fuerzas Armadas, por lo que el escritor creció entre Pensacola, Florida y San Diego, California. Se graduó en Kansas en 1974, año en el que se inscribió en la Academia Naval de los Estados Unidos. Basándose en su experiencia como marine escribió las series ‘Stark’s War‘ y ‘Paul Sinclair’, pero es bajo el seudónimo de Jack Campbell que ha conocido el éxito, gracias a la serie ‘La flota perdida’, uno de los fenómenos superventas de la ciencia ficción militar en Estados Unidos y gran parte de Europa.

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Interplanetaria

1 Opinión

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  • Vengador
    on

    Abordar una novela desde la óptica de un líder superdotado no debe ser tarea fácil: requiere mostrar -en lugar de limitarse enumerar- aunadas una serie de cualidades ya de por sí difíciles de encontrar en la gente por separado. Por lo pronto, recuerdo algunos novelas de temática similar:

    [i]El aprendiz de guerrero[/i], de [b]Louis McMaster Bujold[/b] (saga de Miles Vorkosigan, [url]http://www.interplanetaria.com/ficha.php?id=aprendizGuerrero[/url]), donde el genio de joven Miles se retrata demasiadas veces a base de que se lo recuerden quienes le rodean: «Qué inteligente es nuestro Miles»

    [i]En la estación Basilisco[/i], de [b]David Weber [/b] (saga de Honor Harrington, [url]http://www.interplanetaria.com/ficha.php?id=estacionBasilisco[/url]), que si bien se enfrenta a enemigos más competentes que Miles (y menos originales y divertidos, también hay que decirlo) su capacidad se muestra básicamente por la ineptitud de quienes la rodean en su mismo bando. Así, aunque no tengamos una legión de cansinos comentando entre ellos lo inteligente que es su jefa (o directamente a ella, lo cual los convertiría en unos pelotas espaciales de cuidado), sí que desfila una panda de incompetentes que por puro contraste hacen brillar a Honor.

    [i]El juego de Ender[/i], de [b]Orson Scott Card[/b], es una de las que sí logran en cierto modo transmitir esta sensación de brillantez, aunque tiene una pequeña trampa: los protagonistas son niños, y Ender es simplemente un niño más avispado y que aprende más rápido. Hay que reconocer que ya sin trampa -con Ender adulto- mejoraba el efecto en su continuación, [i]La voz de los muertos[/i], aunque la temática fuese muy distinta. Por desgracia Card se cargó el personaje, la saga, las ideas y todo con las continuaciones de las continuaciones…

    [i]El general genético[/i], de [b]Gordon R. Dickson[/b] ([url]http://www.interplanetaria.com/ficha.php?id=generalGenetico[/url], ciclo Dorsai), es quizá la que más me haya gustado en la tarea de dibujar un lider convincente, dentro de un escenario original (aunque no excesivamente vistoso) en el que Donal Graeme -el prota- dirige algunas de las más brillantes operaciones militares que he leído (el bombardeo sobre Newton no tiene desperdicio).

    Y en estas tenemos esta nueva saga, de Black Jack Geary, donde el enfoque creo que solo tiene lo peor de cada uno de los ejemplos citados. El protagonista es un héroe de guerra al que se reencuentra y revive 100 años después de que muriera en la batalla que le hizo célebre (luego, cuando te narran la batalla uno piensa que no es para tanto); resulta que en 100 años la tasa de bajas de la guerra es tan monumental que la gente muere a las primeras de cambio y así no solo no se transmite experiencia a las generaciones posteriores, sino que se pierde. En resumen, los herederos del pobre Geary son aprendices y éste no tiene más que poner en juego sus conocimientos para que le traten como nos quejábamos al principio de Miles Vorkosigan: «qué inteligente es nuestro Geary» mientras éste se autolamenta con pensamientos de «si no es para tanto, qué presionado estoy».

    El Universo en que se mueve, de momento, no aporta gran cosa, una especie de OTAN espacial (la Alianza) en guerra contra una especie de URSS espacial (los síndicos) y, para colmo, una trama que no concluye en éste libro (tengo la mala sensación de que la trama y el misterio que asoma justo al final de la novela se resolverán al final de la serie -[i]La Flota Perdida[/i]-, y que luego empezará otra serie).

    Como lectura, en resumen, solo recomendaría [i]Intrépido [/i] a incondicionales del space opera militar (como yo).

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