La invasión divina

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Hace siglos que Dios vive exiliado en un remoto planeta. En éste residen también dos colonos humanos, Herb y Rybys, completamente aislados entre sí. Dios ve en ellos la solución para regresar a la Tierra: serán los padres de un nuevo Mesías. Así, Él empieza a incordiar (literalmente) a Herb para que se haga cargo de Rybs, virgen y embarazada, y la acompañe en el viaje de retorno.

El niño Emmanuel, nacido con daños cerebrales que le impiden recordar su destino cósmico, habrá de enfrentarse al malvado Belial, que ha corrompido la pureza del planeta y de sus habitantes, con el gobierno como brazo ejecutor. En su misión colaborarán la misteriosa Zona, que, mediante la dialéctica, le ayudará a recuperar la memoria, y Elías Tate, un espíritu eterno que, entre otros, ha encarnado en el pasado al conde Egmont, Beethoven y Martin Buber.

ANTICIPO:
-Soy nuevo -le dijo Emmanuel a la niña del vestido blanco-. No entiendo dónde estoy.

Los bambús se agitaron con un susurro. Los niños jugaban, y el señor Plaudet estaba junto a Elías Tate, observando al niño y a la niña.

-¿Me conoces? -le dijo la niña a Emmanuel.

-No -dijo él. No la conocía y, sin embargo, le resultaba familiar. Su carita estaba pálida y tenía el cabello largo y oscuro. Sus ojos, pensó Emmanuel, están cargados de años; los ojos de la sabiduría.

-Nací cuando el océano aún no existía -le dijo la niña a Emmanuel en voz muy baja. Esperó un momento, observándolo, buscando algo, quizá una respuesta. Emmanuel no lo sabía-. Fui creada hace mucho tiempo -le dijo la niña-. En el comienzo, mucho antes que la mismísima Tierra.

-Dile tu nombre -la riñó el señor Plaudet-. Preséntate. -Soy Zina -dijo la niña.

-Emmanuel-dijo el señor Plaudet-, ésta es Zina PalIas. -No la conozco -dijo Emmanuel.

-Ahora vosotros dos os iréis a jugar a los columpios -dijo el señor Plaudet-, y mientras tanto el señor Tate y yo hablaremos. Venga, marchaos.

Elías fue hacia el niño y se inclinó sobre él.

-¿Qué te ha dicho? -le preguntó-. La niña, Zina… ¿qué te acaba de decir? -Parecía enfadado, pero Emmanuel estaba acostumbrado a los casi continuos estallidos de ira del anciano-. No he conseguido oírlo.

-Te estás quedando sordo -dijo Emmanuel.

-No, es que ha hablado en voz muy baja -dijo Elías.

-No he dicho nada que no se dijera ya hace mucho tiempo -dijo Zina.

Perplejo, Elías miró primero a Emmanuel y luego a la niña. -¿De qué nacionalidad eres? -le preguntó.

-Vámonos -dijo Zina. Cogió de la mano a Emmanuel y se lo llevó. Los dos niños se alejaron en silencio.

-¿Qué tal es la escuela? -le preguntó Emmanuel pasado un momento.

-No está mal. Los ordenadores son algo anticuados. Y el gobierno lo observa y controla todo. Los ordenadores son del gobierno; debes acordarte de eso. ¿Cuántos años tiene el señor Tate?

-Muchos -dijo Emmanuel-. Creo que unos cuatro mil. A veces se marcha, pero siempre vuelve.

-Ya me conocías -dijo Zina.

-No, no te conozco.

-Has perdido la memoria.

-Sí -dijo él, sorprendido al ver que Zina lo sabía-. Pero Elías está convencido de que ya la recobraré.

-¿Tu madre está muerta?

Emmanuel asintió con la cabeza.

-¿Puedes verla? -le preguntó Zina.

-A veces.

-Usa los recuerdos de tu padre. Entonces podrás estar con ella en el retrotiempo.

-Quizá.

-Tu padre lo tiene todo almacenado.

-Me da miedo -dijo Emmanuel-. Es por el accidente. Creo que lo provocaron.

-Claro que fue provocado, pero a quien deseaban matar era a ti, aunque ni ellos mismos lo supieran.

-Quizá ahora puedan conseguirlo.

-No tienen forma de encontrarte -dijo Zina.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque soy la que lo sabe todo. Me encargaré de saberlo todo por ti hasta que recuerdes, e incluso entonces seguiré a tu lado. Es lo que siempre quisiste. Estaba a tu lado todos los días; era tu amor y tu deleite, siempre estaba presente. Y, cuan do terminaste, ellos fueron mi principal placer.

-¿Cuántos años tienes? -le preguntó Emmanuel.

-Soy mayor que Elías.

-¿Mayor que yo?

-No -dijo Zina.

-Pareces mayor que yo.

-Eso es porque has olvidado. Estoy aquí para hacer que recuerdes, pero eso es algo que no debes contarle a nadie, ni siquiera a Elías.

-Siempre se lo cuento todo -dijo Emmanuel.

-Esto no -dijo Zina-. No le hables de mí. Tienes que prometérmelo. Si hablas de mí con alguien, sea quien sea, el gobierno me descubrirá.

-Enséñame los ordenadores.

-Aquí están. -Zina lo llevó hasta una gran habitación-. Puedes preguntarles cualquier cosa, pero te darán respuestas tergiversadas. Quizá tú seas capaz de engañarles. Me gusta engañarles. Son realmente estúpidos.

-Puedes hacer magia -dijo él. Al oír esas palabras, Zina sonrió. -¿Cómo lo sabías?

-Tu nombre. Sé lo que significa. -No es más que un nombre.

-No -dijo él-. Tu nombre no es Zina; Zina es lo que tú eres.

-Pues entonces dime qué soy -le pidió ella-, pero dilo en voz muy baja, porque si sabes lo que soy entonces es que estás recuperando una parte de tu memoria. Pero ten cuidado; el gobierno escucha y observa.

-Antes, haz algo de magia-dijo Emmanuel.

-Lo sabrán; el gobierno se enterará.

Emmanuel cruzó la habitación hasta una jaula dentro de la que había un conejo.

-No -dijo-. Eso no. ¿Hay aquí dentro otro animal en el que puedas convertirte?

-Emmanuel, ten cuidado -dijo Zina.

-Un pájaro -dijo Emmanuel.

-Un gato -repuso Zina-. Espera un momento. -Se quedó quieta y movió los labios. Un instante después el gato, una hembra gris con rayas, entró en la habitación-. ¿Quieres que sea la gata?

-Quiero serio yo -dijo Emmanuel.

-La gata se morirá. -Deja que se muera. -¿Por qué?

-Fueron creados para eso.

-En una ocasión, un ternero al que iban a sacrificar se escapó. Se fue corriendo a un rabino en busca de protección y puso la cabeza entre sus rodillas. Y el rabino le dijo: «¡Vete, pues para eso has sido creado!». Quería decir: «Has sido creado para que te sacrifiquen».

-¿Y qué pasó después? -preguntó Emmanuel.

-Dios hizo que el rabino pasara grandes penalidades durante mucho tiempo -dijo Zina.

-Comprendo -asintió Emmanuel-. Me has enseñado una lección. No seré la gata.

-Entonces yo seré la gata -dijo Zina-, y no se morirá porque yo no soy como tú. -Se agachó, puso las manos en las rodillas y llamó a la gata. Emmanue!la observó, y la gata acabó acercándose y pidió hablar con él. Emmanue la cogió en brazos, y el animal posó una pata sobre su cara. Con la pata le dijo que los ratones eran una gran molestia y que, aun así, la gata no deseaba su extinción, pues, por muy molestos que fueran, dentro de ellos había algo fascinante, más fascinante que molesto. Y ésa era la razón de que la gata anduviera siempre buscando ratones, aunque no los respetaba demasiado. Ésta quería que los ratones existieran y, no obstante, los despreciaba.

Todo esto se lo comunicó la gata al posar la pata sobre la mejilla del niño.

-Está bien -dijo Emmanuel.

-¿Sabes si hay algún ratón por aquí? -preguntó Zina. -Eres la gata -dijo Emmanuel.

-¿Sabes si hay algún ratón por aquí? -repitió ella.

-Eres una especie de mecanismo -dijo Emmanuel. -¿Sabes…?

-Tienes que encontrarlos tú sola -dijo Emmanuel.

-Pero tú podrías ayudarme. Podrías asustarlos y obligarlos a que vinieran a donde estoy. -La niña abrió la boca y le enseñó los dientes. Emmanuel se rió.

La pata volvió a posarse sobre su mejilla y le comunicó más pensamientos: el señor Plaudet estaba entrando en el edificio.

La gata podía oír sus pasos. Déjame en el suelo, le dijo la gata.

Emmanuel dejó a la gata en el suelo.

-¿Hay algún ratón por aquí? -preguntó Zina.

-Basta -dijo Emmanuel-. El señor Plaudet está cerca. -Oh -dijo Zina, y asintió con la cabeza.

El señor Plaudet entró en la habitación y dijo:

-Veo que ya has conocido a Misiy, Emmanuel. ¿Verdad que es una gatita preciosa? Zina, ¿qué te pasa? ¿Por qué me miras de esa manera?

Emmanuel se rió; Zina tenía ciertas dificultades para desembarazarse de la gata.

-Tenga cuidado, señor Plaudet -dijo-. Zina le arañará.

-Supongo que te referirás a Misiy, ¿no? -aventuró el señor Plaudet.

-Oh, no, yo no tengo esa clase de trastorno cerebral -dijo Emmanuel-. El… -Se calló; podía sentir cómo Zina le decía que no.

-No es muy bueno con los nombres, señor Plaudet -dijo Zina. Ahora ya había logrado separarse de la gata y Misty, perpleja, se alejó caminando muy despacio. Estaba claro que Misiy no había dado con ninguna explicación de por qué, de repente, se había encontrado en dos sitios distintos al mismo tiempo.

-Emmanue!, ¿recuerdas mi nombre? -le preguntó el señor Plaudet.

-Señor Talk -dijo Emmanuel.

-No -dijo el señor Plaudet, y frunció e! ceño-. Aunque en alemán “Plaudet” quiere decir lo mismo que “Talk” en inglés: hablar.

-He sido yo quien se lo ha contado a Emmanuel –dijo Zina-. Me refiero a lo de su nombre.

Después de marcharse e! señor Plaudet, Emmanuelle dijo a la niña:

-¿Puedes llamar a las campanas?, ¿para bailar?

-Por supuesto. -y un instante después se ruborizó-. Oh, esa pregunta tenía trampa.

-Tú también haces trampas. Siempre las estás haciendo. Me gustaría oír las campanas pero no tengo ganas de bailar. Aunque me gustaría ver cómo bailas.

-En otra ocasión -dijo Zina-. Claro que si sabes lo de la danza, es que recuerdas algo…

-Creo que recuerdo. Le pedí a Elías que me llevara a ver a mi padre al sitio donde lo tienen guardado. Quiero ver qué aspecto tiene. Si lo viera quizá pudiera recordar muchas más cosas. He visto fotos suyas.

-Hay algo que quieres pedirme -dijo Zina-. Algo que te interesa mucho más que lo de la danza.

-Quiero conocer qué poder temporal tienes. Quiero ver cómo haces que el tiempo se detenga y empiece a correr hacia atrás. Ése es el mejor truco de todos.

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3 Opiniones

Escribe un comentario

  • Danko
    on

    Uno de lo mejores libros de Dick, los escenarios de la CF y la religión judía (el Talmud) de la mano.

  • Gol
    on

    ¿De qué va? ¿Merece la pena?

  • Danko
    on

    Va de lo que he dicho la cábala bajo una óptica de Cf Dickiana, y a mi parecer la obra es redonda.

    Nadie mejor que Dick en ahondar los misterios metafísicos de la religión judía adaptados a la CF.

    Si te interesa el tema te gustará, pero bueno la biblia es mayormente CF :) y así es tratada profusamente en este género el tema teológico.

    Como:

    Un caso de conciencia

    Desierto de niebla y cenizas

    Cantico por Leiwobitz

    y hasta hyperion…

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