La noche roja

NocheRoja

Ercunda es un planeta con un rotación de casi cuarenta y ocho horas terrestres, el doble de la nuestro mundo. Sus habitantes, humanos, viven allí en ciclos alternos: uno diurno, caluroso y lleno de luz, y otro nocturno, entre frío y tinieblas. Son casi dos vidas diferentes y muchos de los habitantes de Ercunda incluso adoptan nombres y comportamientos distintos para cada ciclo. Es un mundo hostil, y Cigal Fastul se ocupa de atender a los extranjeros. Es por eso que Cosmos a Moa, agente terrestre que sigue la pista a un extraño asesino, recurre a él al pisar el planeta.

León Arsenal (Madrid, 1960) cultivó la ciencia ficción durante los años 90, antes de dedicarse a escribir novela histórica, género en el que se enmarca su producción más reciente (El hombre de la plata, Las lanzas rotas). Dentro del género de la cf, está considerado como el mejor cultivador de la space-opera en nuestro país. Sus relatos están llenos de mundos extraños, razas exóticas y personajes errabundos; circunstancias todas que se encuentran en abundancia en este La noche roja, la novela ambientada en el mundo de Ercunda, cuyas noches están alumbradas por la luz roja de la gran luna Panac.

ANTICIPO:
Según lo previsto, alcanzaron Estación Ahjmut al cabo de tres semiciclos, pero sólo para verse en mitad en una violenta escaramuza. Ya llegaban sobre aviso, dado que se habían acercado volando bajo sobre los arenales, fuera de la vista, emitiendo mensajes y escuchando el estampido de las explosiones. Habían elegido esa ruta en vez de otras más abiertas para evitar que alguien, divisándoles de lejos y no distinguiendo las cruces rojas, les disparase por error. Y de golpe, al rebasar un amontonamiento de rocas peladas, se encontraron ante Ahjmut. La estación, el campamento de los bandidos, las naves en vuelo; todo apareció allí de repente, ante sus ojos.

Ahjmut, como el resto de estaciones, era una población de reducido tamaño, encerrada por un muro alto, de barro marrón, reforzado por torres anchas y cuadradas, que impedía cualquier vista del interior. Había existido también un diminuto barrio extramuros, unas cuantas casas de adobe, reducido ahora a escombros. A distancia considerable, podía divisarse el campamento nómada: una aglomeración de tiendas hemisféricas, arracima-das sin orden ni concierto. Y, entremedias, se veía revolotear en esos instan-tes a gran número de voladores.

Aquellas naves, llenas de gente armada, iban y venían por doquier, subiendo, bajando, ejecutando toda clase de piruetas y acrobacias. Con fusiles lanzacohetes montados sobre pivotes, los nómadas disparaban contra la estación y desde allí respondían al fuego, de forma que multitud de centellas incandescentes se entrecruzaban en el aire. Algunas estallaban en vuelo y otras iban a dar en las dunas, alzando surtidores de arena, o alcanza-ban la muralla, con gran estruendo.

Uxvel, el bocorce, aterrizó en lo alto de un médano y ellos se apearon para estirar las piernas y valorar la situación. Observaron cómo los voladores nómadas se zambullían y pirueteaban vertiginosamente, esquivando las estelas llameantes que llegaban de la estación. Movido por la costumbre -no en vano trabajaba en la Oficina para Exteriores- Fastul aclaró al terrestre que los muros eran de barro batido, barro mezclado con otros ingredientes para darle gran dureza y resistencia, así como que estaban protegidos por escudos de fuerza.

A Moa enfocó su visor en la muralla, en la que, a simple vista, podía verse una vibración en el aire más cercano, un temblor que indicaba la presencia de tales escudos. Luego volvió su atención a los nómadas de los voladores, a los grandes visores con que se cubrían los ojos y a la forma de revolotear, como carroñeros, en torno a la estación.

-Buscan huecos. -Fue Rae quien hizo la aclaración-. El sistema de escudos que usan las estaciones es el de un entramado de fuerza, con fuentes múltiples. La red de energía absorbe los impactos y, en medio de una batalla como esta, hay oscilaciones, sobrecargas y caídas locales.

El apaciguador plantó la culata del fusil en la arena, para apoyar luego ambas manos sobre el cañón.

-Se producen fallas que duran unos pocos segundos y esos -señaló a las naves en vuelo- andan a la busca de tales huecos. El juego está en prever, mediante los visores, dónde y cuándo se abrirá una brecha de energía, y meter por ahí un proyectil. Porque la verdad es que todo esto no es más que eso, un juego. -Sonrió, mostrando los grandes dientes-. No van a conseguir gran cosa; pero se divierten jugándose la vida, esquivando tiros y logrando muy de tarde en tarde algún que otro blanco.

-Ya. -El terrestre le miró-. ¿Y por qué nos quedamos nosotros aquí?

-Esperaremos a que terminen. Si vamos a negociar con ellos, nos conviene ver cómo va la cosa. Depende del daño que hagan hoy y las bajas que tengan. Un mal resultado les hará un poco más tratables, porque a los jefes les vendrá bien entonces un poco de dinero con el que contentar a los suyos.

Asintiendo, el terrestre se alejó para sentarse en el borde del volador y, luego de encender un cigarrillo, se entretuvo siguiendo las evoluciones aéreas de los nómadas.

Subían y bajaban por el aire azul como en una montaña rusa, los mantos flameando, y aquellos que no estaban ocupados con los lanzacohetes blandían sus fusiles, lanzando gritos estentóreos. En un momento dado, una de las naves resultó tocada de refilón, a unos treinta metros de altura, y cayó echando humo. Bajó con rapidez, dando fuertes bandazos, hasta aterrizar de mala manera en una duna; los ocupantes huyeron todos, ayudándose unos a otros.

Pero aparte de aquello, tal y como le advirtiera el apaciguador, el combate resultó poco más que un tremendo despliegue de fuegos artificiales. Unos cuantos nómadas fueron muertos o heridos en pleno aire por la metralla enemiga y ellos a su vez consiguieron algún que otro impacto en el muro, causando daños menores. Y, al cabo de un tiempo, los voladores comenzaron a retirarse, los tiros fueron espaciándose hasta cesar y, en pocos minutos, el aire en torno a la estación estaba vacío.

Volaron con precaución hasta el campamento de los nómadas, que resultó ser un auténtico maremágnum de desheredados y aventureros, reunidos para aquel golpe. Tanto Rae como Fastul vestían hopalandas blancas con una cruz roja en la espalda, en tanto que el terrestre y el bocorce usaban brazales con la misma insignia. Pero aún así y a pesar del respeto que inspiraban los apaciguadores, Fastul no las tuvo nunca mucho consigo. No parecía haber asomo de autoridad o coordinación allí, por lo que se vieron obligados a errar por aquel laberinto de tiendas, abriéndose paso por entre la chusma y teniendo que preguntar en más de una ocasión.

Esa horda ni siquiera tenía un caudillo claro, ya que, cuando al fin pudieron llegar a ellos, se encontraron ante una asamblea de doce jefes. Simples cabecillas de salteadores, desbordados por la magnitud del asunto y que ni siquiera parecían demasiado bien avenidos entre ellos.

La mayoría de ellos pareció sentirse violenta en presencia del apaci-guador, en distintas maneras, desde intimidados a claramente hostiles. No les ofrecieron ni aún asiento, aunque Fastul se tomó la cosa más como un descuido, fruto de la confusión, que como una ofensa deliberada. D. Rae, sin inmutarse, apoyó el fusil en el suelo y, las dos manos sobre la boca del cañón, les expuso las razones de su visita, así como la oferta de dinero a cambio de la salida de los universitarios exteriores de la estación.

No esperaban un arreglo inmediato, pero tampoco nadie había creído que ocurriría lo que después vino. Porque cada jefecillo parecía ser de una postura distinta, de la aceptación al rechazo, pasando por la codicia más desenfrenada. Comenzaron a hablarlo y en seguida se habían olvidado de sus visitantes para comenzar a pelearse entre ellos. Gritaban, gesticulaban y los más exaltados se insultaban mientras que los demás se esforzaban en impedir que llegasen a las manos.

Según discutían a gritos, se iba congregando más y más gentío, hasta formar una muchedumbre que se decantaba por una u otra postura, con grandes voces. La disputa subía cada vez más de tono, el escándalo ya era ensordecedor y los bandidos nómadas, nunca muy templados, se enconaban y acaloraban progresivamente en sus posturas.

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Interplanetaria

33 Opiniones

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  • Nilo
    on

    ¿Por qué dejó León Arsenal de escribir space-opera?

  • gerardo
    on

    La generación de los noventa fue la mejor. Mallorquí, Boix, Arsenal…, los que valían, todos se fueron a otros pagos. No puedo saber el motivo, pero desde fuera parece que era necesario. ¿Quizá por qué en la cf no hay futuro para un escritor?

  • Barsoom
    on

    Ha escrito desde entonces un par de novelas históricas (El hombre de la plata y Las lanzas rotas). Cambió de registro.

  • Caesar
    on

    E hizo bien, porque el género cf se le quedaba corto a juzgar por el resultado. El hombre de la plata me parece una novela histórica que recrea estupendamente una época poco conocida, y encima disfrutas con una historia bien hilvanada, con algunos golpes realmente curiosos (el asalto a la nave, donde se retiran y vuelven es un ejemplo del principio de la novela, no me atrevo a citar más), y siempre queda la duda de qué puñetas pasa con esa plata, porque… Bueno, eso no lo digo :-)

    No obstante, me gustaría precisar que me parece más una extraordinaria novela de aventuras con telón de fondo histórico que una novela histórica. Es demasiado entretenida como para compararla con los últimos tostones históricos, tipo El Cid, que me he metido entre pecho y espalda últimamente.

  • quique
    on

    Es comprensible, supongo que hay más de todo (pasta, tirada, prestigio) en la histórica. Pero tiene una prosa muy personal, muy suya, y se le echaba de menos.

  • jon
    on

    El género sólo funciona como sparring. Visto lo visto, el que vale un poquito migra hacia juvenil, histórica o ensayo. Pero sin remuneración económica…, aunque duela que se marchen hay que entender a la penya.

  • leon
    on

    Sencillamente me dediqué a otras cosas, de momento. Pienso que un escritor es ante todo eso, y que debe moverse entre distintos géneros, a no ser que por propia decisión decida limitarse a uno sólo. En ese sentido, la palabra "abandono" que tanto se aplica a estas cosas me parece mal empleada. Nadie dice que un director de cine, salvando las distancias, abandona el cine negro o la comedia porque hace otras cosas.

    Sencillamente, uno produce de todo, y es bueno que así sea.

  • urano
    on

    Cierto, pero ser escritor de cf y nada es casi lo mismo. El género lleva mucho tiempo desprestigiado, y no es fácil mover la creencia de varias generaciones.

  • oxtiax
    on

    ¿me lo compro o qué?

    ¿es space opera con naves y batallas? ¿o más bien de corte aventurero, del estilo a las de John Carter? ¿Ha envejecido o no es su caso? ¿Si ha envejido, lo ha hecho dignamente o sabe a rancio?

    Ale, a responder.

  • Lobo
    on

    Es natural que los buenos escritores se prueben en otros terrenos. Todo es literatura, unos géneros gozan de más tirón popular que otros. La histórica y los libros de viajes parecen gozar de mucha aceptación hoy día. Y aquí también tenemos nuestras franquicias, ¿qué es sino Alatriste? La ciencia ficción y la fantasía a nivel popular no han recalado en la literatura, se han refugiado en el cine. Y Chrichton no me vale, él escribe best-séller, como King, aunque uno haya tirado hacia la tecnología y el otro hacia el terror. Pero su nicho es el best-séller. El hecho de que Arsenal, Mallorquí y algunos otros hayan dirigido su trayectoria literaria hacia otro lado no debería extrañar a nadie.

  • luke
    on

    Cierto, cierto. Hay encuadernar con papel de periódico ciertos libros en el metro por el que dirán, ese que no nos preocupa a nadie pero manda tanto.

  • quique
    on

    Creo que años de ediciones "pobres", argumentos "más pobres" y textos mal escrito no se borran en un lustro de buena voluntad. Entiendo que Arsenal y otros escritores, más dotados, emigren por prurito (demostrar la valía) y por dinero.

  • Xuart
    on

    Se acerca más a Vance que Burroughs, pero con cierta mala uva adicional (en general son personajes un poco a la vuelta de tó, muy propios de Arsenal) a la prosa de Vance. Ta bien, tira p´alante

  • josecarlos
    on

    Tranquilo, aquí cada uno va a su ritmo.

  • churno
    on

    ¿me lo compro o qué?

    ¿es space opera con naves y batallas? ¿o más bien de corte aventurero, del estilo a las de John Carter? ¿Ha envejecido o no es su caso? ¿Si ha envejido, lo ha hecho dignamente o sabe a rancio?

    Ale, a responder.

    Cómpratelo, sin duda. Es space opera, con intrigas en un planeta muy curioso con personajes originales e interesante además de variados (porque hay personajes de distintos mundos y de distintos estratos sociales). Es cierto que evoca más a Jakc Vance, pero eso es algo muy meritorio. No ha envejecido para nada. Y además por ese precio no deberías ir con tanto miedo. Lo pasarás bien,sin duda.

    Ále, respondido.

  • Magia
    on

    Pues a ver, hablemos del libro, imposible que envejezca, ni bien ni mal, por que es un mundo que solo tiene lugar en la mente del autor; irreal, fantastico y pura imaginacion como la mayoria de las buenas novelas de cf, con lo dificil que es escribir algo diferente. En mi opinion es entretenido, se lee bien y tiene el sello propio del autor que ya es mucho. Tu mismo.

  • hur
    on

    Bueno, tampoco te creas que la literatura general es la hostia en tema de imaginación. Hay cada truño de cuidado. Pelas y prestigio es cuestión aparte.

  • kalamity
    on

    Como el autor. Yo me he perdido un poco. Demasiado complicada para mi. ¿Qué tal un versión comic?

  • Milarepa
    on

    El libro no es complicado ni enrevesado porque es una historia de aventuras, de spaceopera con una trama de persecución, carreras, mutantes y tiros. Es muy entretenida pero no complicada.´

    ¿No será que lo que pasa es que tú eres algo simple? :o)

  • kalamity
    on

    Yo no he dicho que no me gustara, sólo que me costó un poco seguirla, pero para mí que la literatura de ciencia ficción es así. Difícil de seguir. Porque el autor parte de unas premisas que tú poco a poco tienes que ir aceptando.

  • kalamity
    on

    cómpratelo, churro, que por seis euros vas a pasar un buen rato y mucha acción

  • kalamity
    on

    Además, Milarepa, soy un poco simple, es verdad, y no lo soy más porque no puedo, ¿Qué pasa?

  • churno
    on

    ¿A ti qué te pasa, Kalamity?

    Contestas a algo que es de 3 meses. Bueno, no pasa nada se puede dar una opinión… pero es que me aconsejas que me compre el libro cuando en mi mensaje recomendaba su lectura al que inició este hilo hace 3 meses.

    ¿No lees bien? ¿No prestas suficiente atención? ¿Te aburres mucho para leer hilos de hace tres meses? La mayoría de las veces que pones un mensaje no tiene sentido y tiene mucha razón MD, en el mensaje que ha puesto en este hilo.

    Sospecho que a ti te ocurre algo, Kalamity, además de hacer honor al nick en tus mensajes.

  • kalamity
    on

    Lo siento Churro, pero no voy a entrar al trapo si lo que quieres es provocar. Cuando leo un mensaje no sé si lo han puesto hace tres días o tres meses, Su Señoría. Si es que a vos os pasa algo para no tener nada mejor que hacer que meterse con la gente.

  • kalamity
    on

    Por cierto, ¿qué es lo que ha dicho en este hilo MD con tanta razón en este hilo ? Yo no he visto nada

  • churno
    on

    Me equivoqué de hilo. En otro hilo, leí un post que decía que tus primeras referencias a una obra era mencionar las películas antes que la obra literaria… bueno, me he equivocado de hilo.

    Vamos a ver, las fechas las pone muy claritas en cada uno de los mensajes. Viene en azul y está en el margen superior derecho (izquierdo según lo lees) de cada mensaje. Mi crítica hacia ti no es tanto por las fechas, como por mi texto. Me contextas a mí recomendándome un libro que yo estoy recomendando. No tiene mucho sentido ¿no?

    Creo que te quedas con una parte del mensaje, no lo lees todo, Kalamity.

    Ah! Y no me meto con la gente. Hago precisiones cuando no las entiendo. Y es a ti, principalmente ¡qué casualidad!

  • KALAMITY
    on

    Pues no pierdas tanto tiempo conmigo, Churro, que no merece la pena. Y comenta el libro, si es que lo has leído, que para eso estamos en este foro.

  • kalamity
    on

    Pero es una pena. Un escritor capaz de escribir en varios registros, pienso que no debía abandonarlos nunca. De muchos escritores consagradísimos en los altares se dice que han tocado distintos estilos como algo buenísimo. ¿Por qué en CF tiene que ser distinto?

  • Julio
    on

    Porque en la cf hispana no hay pasta ni gloria. No es que crea que los escritores españoles se desvelan pensando en recompensas astronómicas, pero debe pesar en su ánimo saber que no van a ver un chavo y nadie les va a reconocer el trabajo, fuera del gueto, claro.

  • Churno
    on

    Tú no te enteras de nada. Tú estás mal de la cabeza. Padeces alguna dislexia seguro. Entiendes las cosas de una manera exctraña. Pero en fin; de todo hay en la viña del Señor ¡Qué le vamos a hacer! Si no seríamos muy aburridos.

    Anyway, creo que tienes algún problema de atención y concentración. Un ejemplo, creo que me llamas "churro" no por molestar, sino porque no te has dado cuenta que una "r" es en realidad una "n"; lo que reafirma mi teoría.

  • MCG
    on

    Desde luego los hay que se aburren… No entiendo tu cabreo pero si existe algún tipo de resentimiento personal sería mejor dejarlo fuera del foro porque los que seguimos los mensajes preferimos hablar de cosas interesantes y que yo sepa esto no es un programa de cacareos varios de esos en los que alguien pone a parir a otr@ sin motivo aparente.

    Hablemos de literatura please…GRACIAS

  • kalamity
    on

    Completamente de acuerdo MCG, lo peor que se puede hacer es darle caña a churro, que por lo visto se aburre más que yo. Creo que es más apropiado comentar el libro.

  • kalamity
    on

    Estar en un gueto es triste, vale, pero más lo es no estar en ninguna parte. En España no existe apenas tradición de CF, pero alguna vez tiene que empezar,no?

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