La princesa de Éboli

PrincesaEboli

Esta es la historia de una mujer fascinante: Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, quien por su belleza e inteligencia provocó la atracción y el rechazo de los hombres más importantes de su época. Implicada en una trama política y sentimental, al lado de Felipe II y su astuto secretario, Antonio Pérez, la Princesa de Éboli luchó por sus derechos con una fuerza y decisión inusuales en una mujer de la España del siglo XVI. Narración histórica y de intriga, precreada por una descendiente directa de la princesa: Almudena de Arteaga del Alcáraz, de la familia de los Mendoza.

Almudena de Arteaga, historiadora y novelista, es autora de tres novelas histórica, La vida privada del Emperador, Eugenia de Montijo y esta La Princesa de Éboli.

ANTICIPO:
Aquellas rencillas quedaron momentáneamente a un lado por la sucesiva llegada de dos noticias trágicas. La primera fue la muerte del papa Pío V, gran fraguador de la Santa Liga que había machacado a los turcos, reformador del Concilio de Trento y expulsador de prostitutas y judíos en Roma, mano dura y eficaz contra todos los enemigos del cristianismo.

La segunda llegaba de Francia, donde Catalina de Médici había decidido seguir cumpliendo con lo que su astrólogo judío Nostradamus le había predestinado, el dar a todos sus hijos una corona.

La vieja reina pensó que nada era mejor para demostrar su cristiandad tan sometida a duda, que pasar a cuchillo a los calvinistas la noche de San Bartolomé.

Una dama francesa de la reina Isabel que había regresado a París, me contó en una carta cómo aquella noche los gritos y alaridos surcaron las callejas de esta ciudad hasta muy entrado el día. Y que tantos fueron los muertos, que una semana después seguían las carretas recogiendo cadáveres de las calles para ir a quemarlos a las afueras de la ciudad. A la mayoría de ellos no les habían quedado parientes vivos para encargarse de su sepultura; por lo que el olor a podredumbre humana y carne chamuscada atufó a toda la ciudad durante muchos días.

Gracias doy a Dios por no haber tenido que vivir nunca una situación similar. Aunque en todas las lejanas guerras participábamos, ninguna contienda nos hizo luchar entre vecinos de las mismas villas y lenguas, que sin duda son las que más dolor producen.

En Holanda tampoco las cosas iban como todos hubiésemos esperado. Una vez más el rey se tuvo que convencer de que las tácticas bélicas no llevaban a ninguna parte, y que mejor sería regresar al diálogo.

Ruy andaba enfermo, pero aun así fue el primero en quien pensó su majestad para que acudiera a Holanda a demostrar una vez más sus cualidades pacifistas. Tuvieron varias reuniones, pero vuestro padre ya no era el mismo que antes, y muy consciente era de ello, por lo que decidieron elegir a alguien que capaz fuera de llevar a cabo este asunto.

Se pensó luego en Antonio, pero el rey no quiso prescindir de él en sus despachos.

Mientras todos estos eventos ocurrían, tan lejos de Madrid, la gran Villa empezaba a ser considerada por el rey como una segunda sede de gobierno, encontrándose cada vez más encariñado con el ya Monasterio de El Escorial. Al mismo tiempo, don Felipe instauraba la antigua moralidad castellana a rajatabla, y sobre todo no indultaba a nadie que por su educación bien tendría que saber las normas a seguir y desechar cualquier otra forma de vida.

La última anécdota que corría de boca en boca era cómo el conde de Ribagorza había sentenciado a muerte a su esposa por adulterio, cumpliendo la ejecución de ésta sin llevarla a juzgar por los cauces y órganos competentes para estos negocios. La pobre ajusticiada era hermana de la condesa de Chinchón, que no dudó en pedir justicia al rey. Su hermana había sido asesinada a manos de su marido sin tener ni siquiera posibilidad de argumentar nada en su defensa.

El rey ordenó inmediatamente la captura del justiciero, que había huido a Roma. Pronto fue capturado y ejecutado por orden del monarca. Chichón quedó enormemente agradecido a su majestad. Lo que el rey no sabía es que éste era enemigo acérrimo del padre del ejecutado.

Ruy, entre todas estas habladurías y líos, cada día se apagaba más.

Llegó el verano. El rey seguía en El Escorial y a mí me hubiera entusiasmado ir a Pastrana, pero vuestro padre me necesitaba. Había sido una de las personas más vitales que había conocido, sin embargo ahora estaba cada vez más avejentado, cansado y enfermo. A principios de julio casi no se levantaba de la cama, la enfermedad le comía día a día y yo me pasaba las horas muertas a su lado.

Ruy nació un simple hidalgo y llegó a príncipe, y para algunos a rey, como le apodaban. Era estable, afable, generoso, excesivamente puntual para nuestras costumbres, nada arrogante aunque lo podía haber sido dada su cercana posición al monarca. Con los amigos se mostraba prudente y discreto. En los asuntos políticos era fiel a su majestad y le sirvió siempre loablemente, con las manos limpias, el espíritu alto y condición generosa. Conmigo fue marido cariñoso, comprensivo, respetuoso, dulce y benévolo.

Era el eje de la familia, y todo giraba a su alrededor. Nunca pensé que nuestras vidas cambiarían tanto al faltar su presencia. Transcurrido ahora el tiempo, creo que fue la voz de mi conciencia durante todos esos años. Por ello estuvimos todos en nuestra casa a salvo de influencias externas que tornasen nuestra felicidad en la amargura que ahora padecemos.

Después de su larga y dolorosa enfermedad murió el día veintinueve de julio del setenta y tres, no sin antes haber dejado las cosas en la tierra bien organizadas. Años más tarde sufrí un similar dolor en esa misma fecha, y por eso tengo la intuición de que moriré ese mismo día.

Aquella jornada fue una de las más dolorosas de mi vida. Al caer la noche el calor continuaba atormentándonos, y sin embargo, cada vez que cogía a vuestro padre de la mano, porque un leve gemido salía de sus labios, la tenía fría como un témpano. Ya el doctor que le asistía me dijo antes de retirarse que poco le quedaba y que era cuestión de horas, por lo que decidí pasar todo el tiempo a su lado. .

Su respiración era entrecortada y su última hora se me hizo eterna. Mi mirada quedó fija en la parte de las sábanas que cubrían su pecho para ver si su débil respiración era constante. Comenzó a fallar, sin ningún cambio en la expresión de su rostro. Repentinamente se paró, cinco o seis veces antes de hacerlo definitivamente.

Durante aquellos interminables intervalos en los que Ruy más estaba con Dios que en la Tierra, mi corazón y respiración se paraban al mismo tiempo que los suyos. El pensamiento y deseo de morir con él, supongo que era la principal causa de que mi cuerpo reaccionara de tal modo.

Sin embargo, poco tardé en comprobar, cuando la muerte venció a la vida, que Dios no me llamó, pues después de contener la respiración como en las ocasiones anteriores la recuperé de nuevo. Entonces tomé el espejo que el médico me había dejado junto a su lecho y al acercarlo a su nariz no se empañó. Quedé quieta observándolo. Aquella tranquilidad que le caracterizaba era en ese momento más palpable que en ningún otro de su vida. Allí quedaba yo, a los treinta y tres años recién cumplidos, sola y rodeada de niños por los cuales velar.

Un miedo indescriptible a la responsabilidad me asaltó de repente. Las lágrimas brotaron de mis ojos como manantiales y mis pensamientos sólo se dirigían a un propósito: huir. ¿Y qué mejor modo de hacerlo que ingresar en uno de los conventos que los dos habíamos ayudado a fundar sólo unos años antes?

Así fue como, dando más riendas a la pena que a la razón, me levanté del lecho de Ruy, sobre el cual estaba inclinada, y besándolo por última vez, le arranqué el hábito al fraile que más cerca de mí se encontraba y me lo puse sobre el sayo, anunciándoles a todos los presentes que de mi persona se olvidasen, porque había decidido partir hacia Pastrana y enclaustrarme en el convento de aquellas santas monjas el resto de mis días.

compra en casa del libro Compra en Amazon La princesa de Éboli
Interplanetaria

3 Opiniones

Escribe un comentario

  • Totti
    on

    Es una mujer interesante, ¿es digna la biografía? ¿o es más bien biografía novelada, por lo que parece el anticipo? ¿quién la ha leido? Es que no me fio mucho, despues de ver los engendros perpetrados por algunos autores españoles en la novela histórica.

  • Pansy
    on

    Acabo de leer la novela y realmente es mitad bografía y también algo de ficción.Sin embargo está bastante bien narrada haciendo fiel seguimiento de esta mujer.Lo recomiendo.

  • Ivanhoe
    on

    Si alguien quiere leer una buena novela sobre Éboli que no se pierda Esa dama de Kate O´Brien. Creo que está en Edhasa.

Leave a Comment

 

↑ RETOUR EN HAUT ↑