La trilogía steampunk

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La trilogía steampunk es un magnífico ejemplo de humor extraño e inteligente, todo ello mezclado en una excelente ambientación a caballo entre la era Victoriana, la Fantasía y la Ciencia Ficción.

Paul di Filippo, el autor de Páginas perdidas nos ofrece tres novelas cortas , tres historias desarrolladas a finales del siglo XIX, en una época tan peculiar como atrayente, y por las que desfilan figuras como Emily Dickinson, Walt Whitman, Herman Melville, o la propia reina Victoria, que se verán envueltos en aventuras más allá de la imaginación.

ANTICIPO:
El delicado calibrador parecía un mondadientes en las úrsidas zarpas de Jacob Cezar.Las pinzas del instrumento de medida desaparecían bajo los rizos lanudos de la mollera de Dottie Cezar. Masticando un palo de sauce para limpiarse los dientes e ingiriendo a sorbos grandes alguna bebida nativa en una cáscara de huevo de avestruz que había traído de casa, la hotentote se sometía pacientemente al examen. Para pasar el rato leía Nana de Balzac en el francés original, soltando alguna risita de vez en cuando.Cezar decía en alto las mediciones, gritando igual que un barquero del Mississippi de Mark Twain sondando las profundidades.—Tges con seis, sinco con nuefe, dies con dose…Agassiz, sentado en su mesa de trabajo, representaba las cifras en un gráfico complejo, a la vez que las registraba en varias filas y columnas. Por fin, levantó la mano en señal de que ya tenía suficientes datos.—Ahí está —dijo el científico—, justo lo que sospechaba. Hablando en términos craneométricos y frenológicos, su compañera hotentote no posee el suficiente desarrollo cerebral para ser clasificada como ser sensible. Al igual que el resto de su raza, su desarrollo mental es más próximo al del chimpancé.—¿Qué demonios está fagfullando?Agassiz se irritó.

—Mire, hombre, está todo aquí escrito, matemáticamente indiscutible.¡Caray, tiene el Bulto de la Sagacidad prácticamente cóncavo! Por no mencionar la distorsión a lo largo del Nódulo de Razonamiento y la hipertrofia de la Curva de la Concupiscencia. Y el volumen total de su sesera es claramente deficiente. Si Sam Morton se hiciera con su cráneo preparado, apuesto a que podría llenarlo con sólo unas pocas onzas de perdigones.Cezar lanzó el calibrador por los aires indignado. Uno de los brazos puntiagudos se incrustó en el cuadro del lugar natal de Agassiz.

—¡Usted es el que tiene la cabesa llena de pegdigones, Louie! Que no es sensible…¿Cómo puede desig semejante cosa, después de llefag un mes pgácticamente fifiendo en las faldas de Dottie?Aggasiz se estremeció con la metáfora.

—No hay nada de animosidad personal, Jacob. Es estrictamente un hallazgo científico.¡Y no puede discutir la ciencia! Es verdad, su compañera exhibe ciertas cualidades instintivas que podrían engañar al profano en la materia haciéndole pensar que es capaz de razonar como una humana. Pero un análisis más minucioso revelará que no se encuentra más cerca del verdadero raciocinio que —Agassiz se esforzó por encontrar un improbable punto de comparación adecuado—, ¡que el Tursiops truncatus, el delfín mular!Entonces Dottie dejó el libro e intervino. Agassiz tuvo que admitir que su dominio del idioma, aunque todavía rudimentario, había mejorado considerablemente desde su llegada.—Profesor Agassiz, suponga que estoy de acuerdo con usted en que soy inferior a los representantes de la raza blanca. Suponga que me considero a mí misma un animal. ¿No cree que hasta los animales se merecen un trato ético?—Bueno, sí, dentro de unos límites… A menos que esté en juego cualquier beneficio para la humanidad, claro.—¿Entonces cómo justifica el abuso ruin que se inflige a los esclavos negros en su tierra de adopción? Los latigazos, la separación de miembros de una misma familia, el trabajo agotador de sol a sol…Agassiz tosió y se aclaró la garganta. Sacó un pañuelo y se sonó la nariz. No podía mirar a la bosquimana a los ojos.

Esto es ridículo.¡Me pongo al nivel de alguien que discute metafísica con un perro! Aún así, ¡que no se diga que Agassiz no aceptó un desafío, por absurdo que fuera! Lo primero de todo, descarada, el sistema americano es una condición preexistente, en cuya instauración yo no intervine personalmente. Me mantengo moralmente al margen de toda esa cuestión. Sin embargo, si quisiera defender el sistema, podría encontrar muchos puntos favorables. Primero, ha logrado traer la Cristiandad a muchas almas que de otra manera hubieran languidecido en la ignorancia espiritual. Segundo, las condiciones de vida materiales de los oscuros americanos son infinitamente superiores a sus antiguos niveles. La madera y el ladrillo han remplazado a las zarzas y el barro. El pan saludable y la leche fresca sustituyen con creces a los gusanos y las raíces.—No hay nada malo en un gusano si lo cosinas bien —interpuso Cezar.Agassiz ignoró la interrupción.

—Y tercero, su estúpida labor, que además es buena para sus constituciones, ha permitido al conjunto del país disfrutar de un nivel de vida más alto. Si ha de procurarse al precio de unos pocos azotes —siempre administrados cuando son debidamente merecidos, como yo lo entiendo— entonces su servidumbre es muy justificable.¿De qué otra manera vivirían si fueran libres, de todos modos?Con el rostro serio, Dottie dijo:—Hace que suene tan atractivo, profesor Agassiz.¿A lo mejor le gustaría cambiar el sitio con un esclavo, aunque fuera por uno o dos días?Agassiz se puso de pie, furioso.

—¡Menuda sugerencia más absurda!¡Imagínese, yo, Louis Agassiz, en medio de las plantas de algodón, aullando espirituales negros!¿Ve, Jacob, qué poco se parecen los procesos mentales de esta criatura a los de un verdadero ser humano? Hasta usted debe admitirlo ahora.—Todo lo que tengo que admitig es que pagagía al menos un dólag pog feg la imagen de usted con un saco de algodón en la espalda y entonando los cantos de labgansa de Dahomey.—¡Bah!Esta conversación disparatada no nos lleva a ninguna parte.Cezar adoptó una mirada pesimista.

—Eso segugo, Louis. Tenemos la misma idea hoy de dónde está T’gusegi que la que teníamos hase dos semanas, después de que usted saliega de la pgisión.¿Y sabe qué día es hoy, fegdad? El final del pegiodo dugante el cual el conejo de Saagtjie debía empapagse de las figtudes del agua de kifi. A pagtig de ahoga, T’gusegi puede ig al Lugag Cosmogónico y usag el fetiche.—No hace falta que me lo recuerde.¿Cree que yo no estoy preocupado también?¿Pero qué podemos hacer? He exprimido mi intelecto y sigo sin tener idea de dónde atrapar a ese canalla. Estaba seguro de que lo encontraríamos en el último sitio que investigamos.—¿Retorciendo cabos en la cordelería?—Bueno, allí sí que usan cáñamo. No, admito que estamos totalmente perdidos. Sólo podemos esperar que Kosziusko o Bopp le atrapen antes de que haga algo espantoso. Aunque la idea de que cualquiera de esos maníacos obtenga el fetiche para sus propósitos particulares no me entusiasma precisamente. Pero quizá se hagan trizas entre ellos, como los gatos de Kilkenny.—Las dos son malas notisias. Pgefegigía no metegme con ellos. Bueno, antes de que me depgima más, me foy con Dottie a mi bagco a fumag una pipa. A lo mejog todafía se nos ocugge algo.¿Quiege acompañagnos?

compra en casa del libro

1 Opinión

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  • melmek
    on

    Estimados amigos: Os informamos que ya está a la venta el libro “LA TRILOGÍA STEAMPUNK” del norteamericano Paul di Filippo, en la editorial AJEC. La Trilogía Steampunk, es un magnífico ejemplo de humor extraño e inteligente, todo ello mezclado en una excelente ambientación a caballo entre la era Victoriana, la Fantasía y la Ciencia Ficción.  Paul di Filippo, el autor de Páginas Perdidas nos ofrece tres novelas cortas , tres historias desarrolladas a finales del siglo XIX, en una época tan peculiar como atrayente, y por las que desfilan figuras como Emily Dickinson, Walt Whitman, Herman Melville, o la propia Reina Victoria, que se verán envueltos en aventuras más allá de la imaginación. El término Steampunk está ligado íntimamente a un género de libros situados en un siglo XIX fantástico, caracterizado por la ansia de la ciencia y un abrazo fanático del método científico. Esta antología de Di Filippo reúne tres novelas cortas que unen ciencia y pseudociencia en una interesante mezcolanza. El misticismo domina la historia de «Walt y Emily», dónde Waly Whitman y Emily Dickinson se lanzan a un viaje a otro mundo, trufado de escenarios bien construidos, y un lenguaje poético que sostiene en sus diálogos y conversaciones, convirtiéndose en un personaje más del relato. Los monstruos de Lovecraft aparecen en «Hotentotes», aunque su objetivo es la sexualidad femenina; el científico Aggasiz, discipulo de Cuvier, descubre una terrorifica verdad sobre su maestro, y deberá enmendar sus errores. En «Victoria» la reina Victoria es reemplazada por un peculiar ente a medio camino entre lo humano y lo reptil. La supervivencia del Imperio depende de que hallen a la verdadera reina sana y salva. Si bien otros libros steampunk usan la ciencia para formar su base, en este, Di Filippo la usa para «satirizar» a las pseudociencias y hacer disfrutar a cualquiera con su falsa prosa victoriana y su agudo sentido del humor. Así, «La Trilogía Steampunk» es una antología que hará las delicias de los amantes de la ciencia ficción, la fantasía, el humor, y la historia. La novela se puede comprar en librerías y grandes superficies. Para más información se puede escribir a grupo_ajec@msn.com, y en la página web http://www.grupoajec.comTambién se puede leer un anticipo en la página de la editorial y en la página de BEM: http://www.bemonline.com/bol/index.php?option=com_content&task=view&id=333&Itemid=34   FICHA TÉCNICA: Título: La Trilogía SteampunkAutor: Paul di FilippoTítulo Original: The Steampunk Trilogy (1992) Traductor: Teresa PonceDiseño de Portada: Alejandro Terán (www.alejandroteran.com)Precio: 14,95 eurosTamaño: 23×16 cmPáginas: 248ISBN: 978-84-96013-40-7 Paul Di Filippo es el autor de cientos relatos, recogidos en varias antologías, entre las que destacan: Páginas Perdidas (Lost Pages); la Trilogía Steampunk (the Steampunk Trilogy); Ribofunk o Babylons sisters. También es autor de novelas, como la multipremiada «A year in the linear city», «Cipher» o «A mouthful of tongues».Su extraña sensibilidad, entrañables personajes, exquisita prosa y divertidos diálogos le han dado a su trabajo una voz única. Ha sido finalista de los premios Hugo, Nebula, BSFA, Philip K. Dick y World Fantasy Award. Di Filippo es uno de los escritores de ciencia ficción y fantasía más cultos y eruditos en la actualidad. Dotado de un irreverente sentido del humor, combina ambas cualidades en sus escritos con total desparpajo. Sus personajes aman, follan, sueñan, y luchan por crear mundos dignos de su imaginación (y dignos de los aspectos más compasivos de la imaginación colectiva humana), mundos mucho mejores que los que conseguimos evocar en la vida real.Su imaginación es enciclopédicamente erudita y procesa una gran variedad de influencias literarias y culturales; siempre dispuesto a entretener a su audiencia, posee una irremediable vena utópica que revela la ferviente creencia de que un mundo mejor es posible.Actualmente vive en Rhode Island, Estados Unidos.

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