La verdadera historia de los masones

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En La verdadera historia de los masones, Santiago Rio, masón antiguo y Jorge Blaschke, premio nacional de periodismo, nos revelan desde dentro toda la verdad sobre esa institución. En un recorrido que nos llevará desde el antiguo Egipto hasta la actualidad, pasando por la Revolución francesa o la fundación de Estados Unidos, los autores nos desvelan todos los misterios que envuelven a esta institución. Han tenido acceso directo a fuentes, documentos y personas a las que nadie había podido acceder y no eluden ningún tema. Explican la relación entre la Iglesia y los masones, la masonería femenina, los vínculos entre la masonería y política, los ritos masones o su papel en los grandes acontecimientos históricos, particularmente en los relativos a la historia de España.

ANTICIPO:
Los orígenes de la masonería han dado lugar a muchas especulaciones y leyendas, algunas de difícil credibilidad, otras dentro de unos contextos históricos que son razonables y comprobables hasta cierro punto; en cualquier caso, deben ser citadas SÍ se quiere buscar el origen de esta institución con rigurosidad.

Algunos masones consideran que sus inicios están en el templo de Salomón, otros los ven en el sufismo, rama esotérica del islam. Hay un grupo importante que cree que los templarios son la conexión de la masonería con el templo de Salomón y el sufismo; y, finalmente, hay quienes, sin despreciar estas teorías, basan el nacimiento de la masonería en el mundo en los constructores de catedrales y la influencia que tuvo en estos gremios cierto grupo de hombres sabios pertenecientes, en algunos casos, a la Royal Society de Londres.

La masonería es una institución esotérica e iniciática que, según los datos más ortodoxos, data de las hermandades religiosas o gremios de albaniles ingleses o franceses de los siglos XII y XIII. Pero esta institución debe remontarse mucho más atrás, ya que se encuentran muchos indicios que la ubican en un pasado mucho más antiguo. Así, Eliphas Levi recuerda una leyenda masónica que la relaciona con un ritual, manuscrito del siglo VII, sobre la construcción del templo de Salomón y el maestro de los trabajos, Hiram. También encontramos antecedentes en la Roma imperial, donde las fraternidades dionisíacas eran cofradías de constructores, según explica Apuleyo en Apología, y muchas de esas organizaciones tenían un parecido sorprendente con la actual masonería.

Algunos historiadores, los más ortodoxos, aseguran que la verdadera masonería empieza en Inglaterra en el siglo XVIII, cuando se dio el paso de la francmasonería operativa, la de los constructores, a la especulativa, en la que la construcción sólo era un símbolo.

Orígenes sufíes de la masonería

Para los investigadores Lacarrièe, Leroy y Festugière, el origen de la masonería hay que buscarlo en la secta de los sabeos. Según ellos, en esta rama semítica de origen babilónico se aprecian una serie de factores que podrían ser la base de una cierta masonería. Los sabeos eran artesanos y comerciantes, investigadores y estudiosos que empleaban una catequesis teosófica metódicamente graduada. También practicaban un comunismo iniciático que propagaba un ritual de compañerismo, un entendimiento entre cuerpos de un mismo oficio. Los autores citados creen que constituyen el inicio de la masonería en este medio islámico. Si nos atenemos a su teoría, vemos que estos presuntos iniciadores de la masonería perecieron bajo los embates de las cruzadas y, teóricamente, su trabajo pasó a Occidente, dando a luz a órdenes como los templarios, que terminarían en la masonería.

Los sufíes fueron acusados de tener unas raíces sabeas, al coincidir ciertos aspectos filosóficos de ambos pueblos. Cabe citar que los sabeos profesaban una doctrina helenística atribuida a Hermes, y se concentraron, entre los siglos IX y XI, en Harran, al noroeste de Alepo, y también en la Alta Mesopotamia.

Robert Graves es rotundo en cuanto a sus afirmaciones referentes al origen de los masones. Para el prolífico autor, la masonería proviene de una sociedad sufí. Graves deduce que la masonería fue introducida en Escocia bajo el disfraz de un gremio de artesanos a principios del siglo XIV, gracias a los Caballeros del Temple. Esta orden, creada por san Bernardo, trajo abundante documentación requisada en sus correrías por el Islam; por esta razón, al analizar los escritos de san Bernardo se encuentran pasajes cargados de una evidente mística sufí. Dentro de este contexto cabría recordar que tras la muerte de Jacques de Molay, quemado en París en 1314 —entre otras cosas, acusado por Felipe el Hermoso de Francia y el papa Clemente4 de escupir en la cruz y del beso «in a parte spine dorsi», que para algunos sería el secreto Kundalini y no sodomía—, unos templarios huyeron a Escocia y otros a Alemania (en este último país se convertirían en los rosacruces), pero, en cualquier caso, llevando con ellos una tradición sufí.

Para Robert Graves existe entre los masones cierta oscura tradición relativa a un origen artesano sarraceno y más concretamente un origen sufí. Haydn, en Dictionary of Dates, cita a los historiadores masónicos indicando: «Se dice que los arquitectos de la costa africana, de religión mahometana, la llevaron [la masonería] a España hacia el siglo IX.»

Sir Richard Burton, masón y sufí, traductor de las Mil y una noches, ya señaló en su tiempo la estrecha relación existente entre los sufíes y la masonería, destacando textualmente que «el sufismo es el pariente oriental de la francmasonería». El fallecido Idries Shah Sayed, prolífico autor de libros y maestro sufí, explica que los tres instrumentos de trabajo de los masones son tres posiciones para la oración. Y que «Buiz» o «Boaz» y Salomón, honrados por los masones como constructores del templo de Salomón, no fueron, según Idries Shah, israelitas, sino arquitectos sufíes de Abd al-Malik. Los nombres auténticos de estos arquitectos, siempre bajo la versión de Idries Shah, habían sido Thuban Abdel Faiz (Izz) y su bisnieto Maaruf, hijo o discípulo de David de Tay, cuyo nombre sufista fue Salomón, por el hecho de ser hijo de David. En lo que respecta a las proporciones arquitectónicas fijadas para el templo, igual que la Kaaba de La Meca, se asegura que eran equivalentes a ciertas raíces árabes portadoras de mensajes sagrados, y cada una de sus partes quedaba relacionada con las demás en proporciones determinadas. Por otra parte, Salomón es venerado en el Islam como un profeta, y el esoterismo islámico, es decir, el sufismo, lo considera el prototipo ejemplar de maestro de cierta vía espiritual con la que se vinculan especialmente las ciencias de orden cósmico. El poeta Muhyiddín ibn Arabi, en Fusûs al-Hikan, consagra un capítulo a Salomón.

Todo indica, pues, que Salomón, constructor del templo, origina dos corrientes tradicionales, la hermandad de constructores y la de los milites Templis Salomonis o templarios.

Para muchos investigadores, la reforma de la masonería en Londres, a principios del siglo XVIII, cometió un grave error histórico, ya que confundió con hebreos sus términos sarracenos, por lo que la antigua tradición de un origen sufí quedó desvirtuada.

Ted Hughes, en The Listener, abunda en la creencia de que la masonería tiene un origen sufí cuando destaca: «A menudo aparecen referencias a la doctrina secreta, a alguna misteriosa hermandad, aparte del cristianismo, que supuestamente posee las claves de todo lo que ocurre en Occidente, y que trata de lo oculto: cartas de Tarot, sociedades secretas, rosacruces, masones, la Cabala. Ahora está claro que, en realidad, todas esas cosas se originaron entre los sufíes, y representan filtraciones degeneradas, extraviadas, de la doctrina… Así, muchos rompecabezas abandonados en el mundo, de repente, retornan a la vida.»

Fierre Ponsoye, en El Islam y el Grial, revela parte de los paralelismos que se han mencionado entre los templarios y el Islam, entre masonería y esoterismo islámico, y el mismo Rene Guenon, que transmitió los secretos y simbolismo que le aportó la masonería se dio cuenta de que el origen de ésta tenía una gran influencia sufí. Ponsoye explica en su libro cómo el Gran Maestre del Temple era asistido reglamentariamente por un escribano sarraceno. Y cómo los templarios mantenían lazos de amistad e intercambio con los sultanes. NÍ que decir tiene que las relaciones del Temple con el islam eran, ante todo, de orden iniciático, y por tamo sufí. Otro historiador, Armand Bédarrida, en Le livre d´instruction du Chevalier Kadffsch, detalla que en los países de Oriente, los templarios armaban a musulmanes pertenecientes a ciertas sectas esotéricas provistas de una iniciación análoga a la suya. Precisamente, una de las cosas que se les imputó a los Grandes Maestros de la Orden de los Templarios fue haber abierto la Regla, bajo instigación de los musulmanes, a doctrinas extrañas.

Para los sufíes contemporáneos, los masones tomaron su nombre y esquema de la organización de la Orden Babawin o Constructores, cuyo Gran Maestro rúe Hassan al Baña, en el siglo XVI, en Egipto. Ya Bernard Springett —en Sectas secretas en Siria, citando Una historia abreviada de los Asesinos, de Ameer Ali—explica que «[…] los diferentes grados adoptados en la logia La Morada de la Sabiduría, en El Cairo, forman un registro de muchísimo valor en la francmasonería. De hecho, la logia de El Cairo se convirtió en un modelo de todas las logias creadas posteriormente en la cristiandad».

España fue uno de los países que absorbió parte de la enseñanza esotérica procedente del sufismo. Cuando los ejércitos sarracenos marcharon hacia el oeste y entraron en España, los acompañaban los iniciados de las escuelas secretas sufíes de esoterismo y, Junto con rabinos y cabalistas judíos, fundaron en nuestro país centros de enseñanza. Algunos de los maestros fueron Ibn Masarra de Córdoba, Ibn Barajan de Sevilla, Abu Béker de Granada (nacido en Mallorca), e Ibn Casi de Agarabis en Portugal. Casi todos los vestigios de esta enseñanza fueron destruidos con la Reconquista, por lo que buscar raíces sufíes en la masonería española se ha convertido en una labor casi imposible.

El templo de Salomón

El rey Salomón —llamado Jedidiah (amado de Dios), en hebreo Sch’lomoh (pacífico)—, de tanta importancia en la leyenda religiosa y en la masonería, nació enJerusalén en el año 1016 a.J.C., hijo de David y Baath-seba.

El nombre de Sol-om-on hace referencia al sol en tres idiomas: «Sol» en latín, «Om» en oriental y «On» en egipcio. «On» significa sol y señor, y esta asociación se encuentra en muchas culturas.

Cuenta la leyenda que el rey David, sintiéndose morir, dio a su hijo los planos del templo, diciéndole que su construcción era designio de Dios. Para edificarlo empleó a ciento cincuenta mil hombres, tres mil trescientos sobrantes y trescientos inspectores de obras. Una vez terminado, Dios se le apareció en varias ocasiones, y mostró su agradecimiento y alegría obrando prodigios.

Este templo, de unas dimensiones colosales para la época, y el imperio de Salomón, nunca fueron encontrados por los historiadores antiguos, ni Alejandro Magno le prestó atención. No obstante, parece que los planos citados fueron utilizados y, según Higgins, las ruinas de Persépolis indican un templo similar a la descripción bíblica del de Salomón.

Graham manifiesta que en la historia de Salomón, tal como se describe en la Biblia, aparecen algunas dudas importantes. La Biblia dice en tres lugares diferentes que Salomón construyó los muros de Jerusalén, pero la Jerusalén histórica era ya una ciudad amurallada en el siglo XIV a.J.C., y los judíos no existían entonces como una secta distinta. La afirmación de que empezó a edificar el templo unos cuatrocientos años después del Éxodo de Egipto es también históricamente falsa. La literatura de los jainas de la India cuenta esa misma historia de su Salomón. Proverbios 22, 17-23, 11 es una traducción casi palabra por palabra del libro egipcio La Sabiduría de Ammefome, escrito alrededor del año 1000 a.J.C.

Higgins sigue diciendo que en realidad ha habido numerosos templos o montes de Salomón, encontrados abundantemente en la India y Persia bajo una variedad de nombres, como Soleiman, Soolimana, Suleiman, Sulimon, o Solumi. De hecho, como ya se ha dicho, toda la historia de Salomón puede encontrarse en la India, al igual que la del Génesis y la de David, entre otras.

Cuenta Hazeirigg que esta capacidad de penetración demuestra que el templo de Salomón era originariamente alegórico, no literal. Ese templo no significaría ni más ni menos que el templo o bóveda celeste, de la que el sol es el rey, o centro. El templo sagrado, el templo de Salomón, y el templo del Señor, son todas expresiones de la estructura celeste que nos rodea, el altar en el que está la constelación de Aries, el signo del Oriente. El templo como símbolo de lo que está arriba se refleja en la Epístola a los Hebreos (9,24): «Pues no entró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, imagen del verdadero, sino en el cielo mismo […].» (Las cursivas son nuestras.)

En el mes de junio de 1998 estalló en la Universidad de Tel-Aviv un escándalo de grandes dimensiones. Los investigadores de dicha institución, Israel Finkelstein y David Usishkin, tras una investigación llevada a cabo durante más de dos anos, afirmaron en una tesis que el templo del rey Salomón fue construido en realidad por Ezequiel, quien reinó unos doscientos años más tarde que Salomón. Aaron Mecí Sahav, jefe de los grupos de choque ortodoxos, dijo que lo, investigadores Israel y David «merecen ser lapidados por desafiar la. Sagradas Escrituras» En lugar de amedrentarse los historiadores manifestaron: «Nada indica que durrante la época de David y de Salomón, Jerusalén fuera la capital de un imperio. La ciudad ha sido excavada durante casi doscientos años, en los cuales no ha aparecido ningún hallazgo que corrobore su esplendor en d siglo x a. J.C. ;Qué se debe deducir de todo esto; Que la Biblia exageró el papel de Salomón Un rey justo y un poeta excelso tal vez sí. Pero no el amo de un imperio que se extendía desde el Eufrates hasta el Nilo, m tampoco el artífice de una época de oro sin parangón en la historia hebrea.» El historiador Neeman dice que si Usishkin y Finkelstein tienen razón .no sólo la Biblia, sino también el pueblo judío queda despojado de sus grandes mitos».

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1 Opinión

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  • w5ms
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    Atribuir un origen sufí de la masonería, o si se quiere, una influencia sufí en la masonería, podría ayudar a algunos masones que simpatizan con el Islam, o que son masones musulmanes, aumentar no sólo sus conocimientos teóricos sino ayudarles en su realización.

    Iván Chávez

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