Las garras del águila

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Esta novela nos adentra en el mundo de los druidas y los ritos de las llamadas tribus bárbaras, en este caso los durotriges. El ejército romano, que no ceja en su empeño de conquistar Britania, se enfrenta a un crudo invierno mientras espera el momento propicio para continuar su avance, pero el secuestro de la familia del general Aulo Plautio complica sus planes. El centurión Macro y Cato son enviados a tierras desconocidas, en compañía de un intérprete que se revelará muy poco útil, para intentar liberar a los secuestrados, y ello les llevará a enfrentarse a las más sorprendentes y arriesgadas aventuras, sin otra ayuda que su ingenio (y la ingenuidad de los bárbaros).

Tras los éxitos de El águila del imperio y Roma vincit!, Simon Scarrow vuelve a sorprender a los seguidores de las aventuras del optio Cato con una vuelta más de tuerca. El autor se ha ganado ya un puesto entre los escritores de la moderna novela histórica y su serie sobre Cato y Macro promete dilatarse en aventuras.

ANTICIPO:
La sexta centuria formaba el lado izquierdo de la cara frontal de la formación de cuadro. A su derecha se encontraba la primera centuria y otras tres formaban los flancos y la retaguardia del cuadro. La última centuria actuaba como reserva y la mitad de sus efectivos vigilaban a los prisioneros. Macro y Cato se dirigieron al centro de la primera línea de su centuria y esperaron a que Hortensio diera la orden. En el camino, por delante de ellos, los druidas ya se habían dado cuenta de que algo pasaba. Estiraban el cuello para atisbar por encima de la pared de escudos en busca de sus compañeros. El cabecilla clavó los talones y espoleó a su montura para acercarse a los legionarios. Levantó una mano que se llevó a la boca para que se le oyera mejor.

-¡Romanos! ¡Dadnos vuestra respuesta! ¡Ahora, o moriréis!

-¡Cuarta cohorte! -rugió Hortensio-. ¡Adelante!

La cohorte avanzó y sus botas hicieron crujir la nieve helada mientras se acercaban a la silenciosa concentración de durotriges que los aguardaba. Cuando la pared de escudos empezóa avanzar, los druidas hicieron girar sus monturas y volvieron al galope junto a sus seguidores para ponerse a salvo. Tras el brocal de su escudo, los ojos de Cato escudriñaron las oscuras figuras que bloqueaban el paso de la cohorte y después miraron con ansia más allá, hacia el lugar donde el sendero conducía a la seguridad del campamento de la segunda legión. Su mano izquierda se había asido con más fuerza a la empuñadura de la espada y la hoja se elevó hasta quedar en posición horizontal.

En tanto que la distancia entre los dos bandos iba disminuyendo, los druidas bramaron unas órdenes a los guerreros durotriges. Con un chasquido de riendas y el griterío de lasinstrucciones y el ánimo dirigidos a sus caballos, los aurigas de los flancos empezaron a desplazarse hacia el exterior, dispuestos a lanzarse como una exhalación contra cualquier hueco que se abriera en la formación romana. Los ejes chirriaron y las pesadas ruedas retumbaron mientras los carros se movían bajo la ansiosa mirada de los legionarios. Cato intentó tranquilizarse diciéndose que poco tenían que temer de aquellas anticuadas armas. Siempre y cuando las líneas romanas se mantuvieran firmes, las cuadrigas podían considerarse poco más que una desagradable distracción.

Siempre y cuando la formación se mantuviera firme.

-¡Mantened la alineación! -gritó Macro cuando algunos de los soldados más nerviosos de la centuria empezaron a dejar atrás a sus compañeros. Al ser aleccionados, los hombres ajustaron el paso y las líneas se nivelaron para ofrecer al enemigo una pared de escudos continua. Los durotriges se encontraban ya a no más de unos cien pasos de distancia y Cato pudo distinguir las facciones individuales de aquellos a los que mataría o a manos de quienes moriría en los momentos siguientes. La mayor parte de la infantería pesada enemiga llevaba puestas cotas de malla encima de sus túnicas y leotardos de vivos colores. Las barbas greñudas y las colas de caballo salían por debajo de los cascos bruñidos y cada uno de aquellos hombres llevaba una lanza de guerra o una espada larga. Aunque estaban organizados en una pequeña unidad, la desigualdad de su línea de escudos dejaba claro que era muy poca la instrucción que habían recibido.

Cato percibió un extraño zumbido que iba subiendo de tono por encima del crujido de la nieve y el tintineo del equipo y dirigió una rápida mirada a la infantería ligera a ambos lados del centro enemigo.

-¡Honderos! -exclamó no se supo quién, por entre las filas romanas.

El centurión Hortensio reaccionó enseguida.

-¡Las primeras dos filas! ¡Los escudos en alto y agachados! Cato cambió la forma en que agarraba el escudo y se agachó un poco de manera que el borde inferior le protegiera las espinillas. El legionario que tenía justo detrás alzó su escudo por encima de Cato. Dicha acción se repitió a todo lo largo de las primeras dos filas de manera que el frente de la formación romana quedó resguardado de la descarga que se avecinaba. Al cabo de un momento el zumbido subió bruscamente de tono y fue acompañado de un sonido semejante al de un látigo. Un golpeteo ensordecedor inundó el aire cuando la mortífera descarga de proyectiles alcanzó los escudos romanos. Cato se estremeció cuando uno de aquellos proyectiles de plomo golpeócontra una esquina de su escudo. Pero la línea romana no flaqueó y avanzó implacablemente mientras los disparos de honda continuaban rebotando estrepitosamente en los escudos con un sonido igual al de mil martillazos. No obstante, unos cuantos gritos pusieron de manifiesto que algunos proyectiles habían alcanzado su objetivo. Aquellos que cayeron y rompieron la formación fueron rápidamente reemplazados por los legionarios de la siguiente fila y sus retorcidas figuras quedaron atrás para ser recogidas por un puñado de soldados que se encargaban de transportar las bajas y depositarIas en una de las carretas de la cohorte que también iba avanzando entre traqueteos en el interior del cuadro.

A poca distancia del hormiguero de la línea enemiga, Hortensia ordenó a la cohorte que se detuviera.

-¡Filas delanteras! ¡Jabalinas en ristre! -Aquellos que todavía tenían una jabalina que lanzar después del combate en la aldea echaron los brazos hacia atrás al tiempo que plantaban los pies separados en el suelo y se preparaban para la próxima orden-. ¡Lanzad las jabalinas!

Bajo la luz mortecina pareció como sr un fino velo negro se alzara de las filas romanas y describiera un arco para descender sobre el remolino de durotriges. Un traqueteo y estrépito tremendos fueron rápidamente seguidos de gritos cuando las pesadas puntas de hierro de las jabalinas atravesaron escudos, armaduras y carne.

-¡Desenvainad las espadas! -bramó Hortensia por encima de aquel estruendo. Un áspero ruido metálico resonó en todos los lados del cuadro cuando los legionarios desenfundaron sus cortos estoques y mostraron sus puntas al enemigo. Casi al instante el discordante fragor de los cuernos de guerra sonó por detrás de los durotriges que, con un enorme rugido de bélica furia, se precipitaron hacia delante.

-¡Al ataque! -gritó Hortensia y, con los escudos firmemente sujetos al frente y las espadas a la altura de la cintura, las primeras líneas romanas se lanzaron contra el enemigo. Cato sintió su corazón golpeando contra las costillas y el tiempo pareció ralentizarse, lo suficiente para que pudiera imaginarse que lo mataban o que caía gravemente herido a manos de uno de los hombres cuyos salvajes rostros se encontraban a tan sólo unos pasos de distancia. Una gélida sensación le recorrió las tripas antes de que se llenara de aire los pulmones y diera salida a un desaforado grito, decidido a destruir todo lo que encontrara a su paso.

Las dos líneas se precipitaron una contra otra con un vibrante traqueteo de lanzas, espadas y escudos que sonó como si una ola enorme batiera una orilla pedregosa. Cato notó la sacudida del escudo al golpear la carne. Un hombre dejó escapar un jadeo al quedarse sin aire en los pulmones y luego un estertor cuando el legionario que había junto a Cato le clavó la espada en la axila al britano. Cuando se desplomó, Cato lo echó a un lado de un puntapié al tiempo que arremetía a su vez contra el pecho desprotegido de un britano que empuñaba su hacha por encima de la cabeza de Macro. El britano vio venir el golpe y retrocedió para apartarse de la punta de la espada de Cato que únicamente le rajó el hombro en lugar de causarle una puñalada mortal. No gritó cuando la sangre empezóa caerle por el pecho. Ni tampoco cuando Macro hincó su espada con tanta ferocidad que ésta atravesó al britano y le salió, ensangrentada, por la parte baja de la espalda. Una expresión asustada cruzó su rostro desencajado y luego cayó entre los demás muertos y heridos que había tirados en la nieve revuelta y manchada de sangre.

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19 Opiniones

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  • Totti
    on

    Ojo, la novela me ha gustado bastante, al igual que las dos anteriores.

    Pero 3 novelas ya me parece excesiv, aunque en honor a la verdad, en la primera hasta el final no llegan a Britania.

    En cualquier caso, tratándose de un Imperio que dominaba Europa, el norte de Africa y este de Asia, empiezo a echar de menos otros parajes distintos de los britanos.

  • hugo
    on

    Eso, eso, que invadieron más culturas.

  • Ignatius
    on

    Ahora estoy leyendo esta tercera novela,y como las dos anteriores,me sigue pareciendo muy amena y entretenida.Quiza con el tiempo esta serie empiece a cansar y ser repetitiva como la de Sharpe(me quede en el sexto volumen y no se si tendre ganas de continuar)pero eso es normal cuando se alargan las cosas demasiado…esperemos que esta serie no se prolongue demasiado como otras.

  • Eneas
    on

    Si tanto Macro como Cato continuan a las ordenes de Vespasiano no seia raro que en libros siguientes la acción se trasladara a Israel pues tanto Vespasiano como su hijo Tito tuvieron que hacer frente a las revueltas judias.

    De todos modos los romanos tardaron mucho tiempo en pàcificar Britania y la aparición del personaje de Boadicea puede dar un giro a esta gran saga.

  • maximus
    on

    Veo que aquí están 2 libros de la serie

    1. Las garras del águila

    3. El águila del imperio

    ¿Cómo se llama el segundo? ¿También algo de águila? Nos va a liar con tanto aguila el Scarrow, que por muy poco no se llama Gorrión. ¿Hay alguno más de este hombre?

    Muy espectacular el anticipo, por cierto.

  • Alberto
    on

    El segundo se titula Roma Vincit. Los títulos originales (que no son los mismos que los de la edición española) si que tienen todos un Águila:

    1. Under the Eagle -> Bajo el águila (Las garras del águila)

    2. The eagle´s conquest -> La conquista del águila (Roma Vincit)

    3. When the eagle hunts -> Cuando caza el águila (El águila del imperio)

    4. The eagle and the wolves -> El águila y los lobos (inédita)

  • Troyano
    on

    Recomendable sobre todo el primero, después fatiga un poquito y se pierde la novedad.

  • campeador
    on

    Es impecable como dibuja con pocas frases los movimientos y sentidos tácticos y estratégicos de los movimientos de las legiones, y el cómo se viven las campañas en el día a día de los legionarios.

    Y poco se puede decir de las magníficas con que nos deleita.

    Pero, en mi opinión, su trato de los personajes es algo limitado, siendo la narración de las relacciones entre ellos es algo pobre. A diferencia de otros novelistas de histórica que son tan buenos en la acción como en la creación de personajes, como MacDonnal Fraser, Graves u O´Brian, Scarrow no me parece un buen constructor de estos.

  • miguelkian
    on

    A mi Scarrow me recuerda mucho al Cornwell. Como dices domina mucho el sentido de la accion y la aventura, aporta ademas numerosos datos historicos pero a sus libros les falta profundidad. Son al fin y al cabo novelas de aventuras en un contexto historico bastante fiel.

  • Fremen
    on

    Bueno, ¿es eso malo? Prefiero aventura que pretendida filosofía de salón :)

  • miguelkian
    on

    Estooooo, en ningun momento he dicho que sea algo malo, simplemente he puntualizado el tipo de literatura que es.

    Es mas, a mi me gustan tanto los libros de Cornwell como los de Scarrow, como he comentado varias veces en este foro.

  • leonidas
    on

    La he terminado recientemente. Coincido en lo que se ha comentado más abajo sobre los personajes y añadiría que la trama y la acción es algo floja.

    Eso sí, Scarrow narrando batallas es uno de los Putos Amos. Hay una persecución de una cohorte entera por parte de los britanos durante 3 días que pone los pelos de punta, y una traca final con asalto a fortaleza bastante interesante.

    Lo demás es bastante soso, sinceramente.

  • pendragon
    on

    Discrepo contigo. Si has seguido las aventuras de Macro y Cato como creo, la tercera entrega (sin estar a la altura de la primera) es arrebatadora, ver como Cato se pone los galones ya merece la pena. Lo que yo no tengo tan claro es que los druidas sean tan malos, acostumbrado a los Arturicos, que son mas ermitaños y médicos que guerreros.

  • pendragon
    on

    La eficacia la consigue desde el momento que te pasas los dos ó tres días que tardas en leer sus novelas, con el frio de Britania metido hasta los huesos, la espada corta de la legión a mano y la angustia de saber si llegarás a ver la segunda legión despues de tres días de acoso a la cohorte con la formación defensiva hecha.

    la eficacia del novelista creo que se mide en la intensidad con la que el lector se involucra en la historia

  • miguelkian
    on

    Me acabo de leer el segundo de la serie y tras su lectura me reafirmo en mi opinion sobre Scarrow. Sus libros son entretenidos y de narracion agil pero faltos de profundidad tanto en la trama como en los personajes. Eso si, se devoran.

    Otro punto a su favor es la descripcion de las batallas, que domina perfectamente.

    En definitiva, literatura entretenida y bastante veraz pero sin muchas pretensiones. Seguire con la serie.

  • J3SU2
    on

    Yo creo que Scarrow no llega ni de lejos a la altura de Cornwell. Me he leido El Aguila del Imperio y me ha dejado indiferente, sin embargo cuando me leí El rey del invierno hubiera sido capaz de matar por conseguir el segundo.

    No entraré en la ambientación histórica porque no soy un experto, pero la maestría en la trama que tiene Cornwell y la profundidad de los personajes, ya la quisiera Scarrow.

  • Pendragon
    on

    Una cosa es que prefieras a Cornwell (normal) y otra que "El Aguila del Imperio" te deje indiferente…¿de que pasta estas hecho?, ¿no te gustan los peplum?…desde luego no es un libro de cabecera pero lo considero un poco por encima de la media.

  • NIHILL
    on

    [b]I DON’T UNDERSTAND…. 25 EURO FOR A BOOK??????? NO IS IMPOSSIBLE… I DON’T BELIVE IT. I THINK THAT IS AN ERROR… I LIVE IN ITALY AND THE SCARROW BOOKS ARE 12 EURO.. [/b]

  • Alberto
    on

    This is the harcover edition, there is another edition at 9,95 €.

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