Las pruebas de la infamia

Baquedano es un abogado ya maduro, antiguo empleado de banca, que vive en el corazón del viejo Madrid. En los casos que acepta, suele encontrar con facilidad la pista del engaño y la corrupción. Así ocurre en Las pruebas de la infamia, cuando se encarga de la defensa de Andrés Puente, acusado del asesinato de un ex concejal, Otilio del Río, dedicado al negocio inmobiliario. Todas las pistas encontradas en el lugar del crimen apuntan con demasiada facilidad a la culpabilidad de Andrés Puente, que trabajaba para el ex concejal como gerente de producción.

Esto hará sospechar a Baquedano que alguien quiere incriminar a su cliente, convirtiéndole en cabeza de turco del asesinato. A medida que avanza en la investigación, ayudado por su amigo el periodista Adolfo Sedano y por el inspector Guedán, con quien mantiene una excelente relación, Baquedano seguirá la pista del dinero que se mueve en la especulación inmobiliaria como móvil del crimen.

En esta novela, Joaquín Leguina aborda por segunda vez el personaje del abogado Baquedano, que creó en Por encima de toda sospecha.

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5 Opiniones

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    Frau Hesselius
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    Este libro de Leguina me gusta por dos cosas: por el protagonista, Baquedano (un abogado reposado que inicia (ya, iniciaba) sus días oyendo las homilías de Gabilondo en la radio, duerme siempre la siesta junto a un buen libro y es un devoto de restaurantes madrileños clásicos) y, sobre todo, por la descripción que hace de las relaciones entre las fuentes de información interesadas y algunos periodistas (algunas de las páginas de Las pruebas de la infamia deberían de leerse en las Facultades de Ciencias de la Información).

    Sin embargo, girando el argumento en torno a la especulación urbanística en Madrid, me ha parecido que se ha quedado muy corto: enseña a la masa unas ligeras nociones de reparto de plusvalías, opciones de compra, cambios políticos respecto a las recalificaciones de terrenos, … pero poco más.

    Ojalá vuelva a escribir otra novela sobre el tema, pero protagonizada por un político (tendría más morbo).

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    NormanBates
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    Leguina está lleno de buenas intenciones, pero es tan poquita cosa como escritor…

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    Frau Hesselius
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    Poquita cosa como escritores son la mayoría, pero a éste al menos se le agradece la lucidez y la mala leche. Y no lo digo por esas cosillas que le gustan a él de poner el nombre de los tránsfugas de la Asamblea (allí es asamblea, ¿no?) de Madrid a un sicario colombiano, o de sacar impepinablemente a un Acosta, sino por reflexiones sencillas y de gran calado como: "Cuando los españoles cumplen los cincuenta dejan de hablar de mujeres y comienzan a saber más que nadie de vinos".

    Y repito que lo mejor es cómo narra las relaciones de las fuentes interesadas con los periodistas más experimentados. De traca, pero real.

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    pepe
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    no sé como es posible pero estoy de acuerdo con los dos. el protagonista de estas novelas, pues hay otra editada, está más que interesante, aunque se hace un poco pesado la descrición de sus usos diarios, que no me hace falta saber que come filete con ensalda, etc. que la trama es flojita, pues sí, se me hace poca cosa esta trama, sobretodo con la información de la que dispone el autor, que ha sido lo que ha sido y podría largar bien, aunqeu no sé si eso jodería algunas cosas hechas bajo su mandato o el de sus colegas. lo de las fuentes perodísticas me hace pensar que si eso pasa más o menos en la realidad, que nos pillen confesados, pues vaya mierda de estado de derecho en el que vivimos, y si la polciá no se mueve si no es a golpe de artículo perodístico, vamos bien pero que bien jodidos. Leguina es uno de esos personajes, que me hacen pensar que or qué no se alía con un buen novelista, él le da las ideas y el otro las escribe, pues como señala Norman es flojito como escritor, y si no echar un vistazo, pero eso sí sólo un vistazo a un libro llamado El rescoldo, cuya idea era cojonuda pero el muy …. se la caga, por aburrido e ilegible.

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    Frau Hesselius
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    De acuerdo contigo. Este hombre, con lo que sabe, que muchos autores no podrán llegar jamás ni a imaginar, podría darle mil vueltas al autor de El Padrino, y sin embargo, recurre a un absurdo lío de faldas como móvil del crimen del inmobiliario y ex político. Vergonzoso.

    Sí, y a mí también me da ardor de estómago tanto peregrinaje de Baquedano por los restaurantes favoritos de Leguina. Mientras leía la novela me preguntaba: si este abogado sólo lleva este caso, con el que se demora semanas, se echa unas siestas de campeonato y se pasa todo el día comiendo y cenando, ¿de dónde saca la pasta? Cómo se nota que su creador ha sido político (y los que yo conozco no suelen pagar nunca).

    Y lo de la prensa es así o peor. ¿Qué creías?

    Bueno, no me lío más que se me pega la comida.

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