Los complejos de la derecha

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Nadie mejor que Luís Racionero para analizar los complejos que atenazan a la derecha y a la izquierda españolas. En este libro Racionero deshace mitos y prejuicios y arremete contra los ciudadanos que se definen como "de izquierdas" o "de derechas" de por vida. El autor reclama para el ciudadano la capacidad de elegir propuesta política y de cambiar de opinión si lo estima conveniente. En este análisis apasionante Luís Racionero ha contado con la ayuda de Ramón Tamames, Luís María Ansón, Antonio Escohotado, Fernando Sánchez Dragó, Fernando Savater, Jordi Pujol, Josep Piqué, Oscar Tusquets y Albert Boadella, con los que conversa sobre puntos claves de la política actual en un intento por descubrir de qué se avergüenzan la derecha y la izquierda, en qué se diferencian y qué puntos comparten.

ANTICIPO:
La diferencia entre derecha e izquierda

El que no ve diferencia entre la derecha y la izquierda, es que es de derechas, dice el aforismo. Pero cada vez se ve menos, ¿acaso nos estamos volviendo todos de derechas? Josep Piqué lo tiene claro; Si se plantea a alguien la pregunta: ¿qué prefieres, libertad o igualdad?, si contesta libertad es de derechas, si igualdad, es de izquierdas. Si fuesen excluyentes eso sería así, pero al ser algo compatible, los de derechas ponderan un porcentaje mayor de libertad con algo de solidaridad y los de izquierdas prefieren un alto porcentaje de igualdad junto con la libertad. La fraternidad supongo que la invocamos todos. Ramón Tamames ve el blanco y el verde, que no el rojo.

LR. — ¿Hay diferencia entre derecha e izquierda?

RT. — Menos que antes, y yo diría que en términos de política económica, generalmente hablando, muy pocas. Hoy tú ves perfectamente el gobierno socialista, pues administra codo igual, y se plantea reducir más los impuestos como el anterior, y se plantea privatizar empresas públicas como el anterior, y se propone toda una serie de cosas como el anterior. Yo creo que económicamente, y eso es la madre del cordero, las diferencias son cada vez menores. Aunque no se diga, el pensamiento único se ha extendido mucho, y el consenso de Washington, aunque se diga que hay otros consensos, sin embargo funciona.

Desde otros puntos de vista, ya las cosas son diferentes. Hoy la frontera entre la izquierda y la derecha está fundamentalmente en dos cosas: en el respeto a los principios de las Naciones Unidas y de la Carta, y por lo tanto no aceptar la idea del hegemonismo de Estados Unidos como un bien para la Humanidad, como hacen todos éstos, y no aceptar incursiones como la de Irak, o la de Afganistán, u otras que se puedan plantear, primero. Y segundo, el tema ecológico. El tema ecológico, yo creo que ahí también hay otra frontera muy importante. Es decir, el blanco de la paz y el verde de la ecología. Yo creo que esos dos colores son los que hoy diferencian. El rojo del progresismo económico o no, eso es otra cosa ya. Porque además terminó la referencia de la Unión Soviética que tampoco era excelsa, incluso la transformación china hacia un capitalismo moderno, yo creo que desde el lado económico la cosa está clara.

LR. — Pero los de derechas son ecologistas ya, ¿no?

RT. — Porque no tienen más remedio. Kohl ha sido el máximo ecologista de los gobiernos europeos. Pero ¿por qué? Porque sabía que si daba satisfacción a los verdes, tendría el voto de gran número de verdes, mientras que de otra manera no podría llegar a ejercer. Hombre, claro, se han hecho ecologistas: para morir ahorcado se vistió de abogado, en este caso de verde.

LR. — ¿En España es posible una derecha laica?

RT. — SÍ, creo que sí. Yo creo que sí. Indudablemente, si ves los sondeos de actitudes ante la vida y de prácticas, la gente de derechas suele ir más a misa, suele creer más, ven la religión como defensa de una serie de instituciones y de patrimonios también. Pero ya hay mucha gente en la derecha que no cree. No cree. No tiene un sentido de trascendencia de la vida, y por tanto aceptaría un laicismo. Yo siempre digo que España no es un Estado laico. En la Constitución no está dicho en ninguna parte. El artículo 16 habla de las religiones, pero el Estado es aconfesional. No tenemos religión oficial. Pero tenemos algo que no está tan lejos de parecerse. Porque el especial trato hacia la Iglesia católica que se refleja en la Constitución, llámalo H. Y luego, ya has visto con la muerte del papa, ¡vaya Estado laico!, ocho horas de programación desde Roma. El papa es una figura que en España tiene una importancia tremenda. No somos un Estado laico, somos un Estado sin religión de Estado. Un país sin religión de Estado, pero que tiene algo que se le parece.

Y por lo tanto, puede haber gente de derechas laica. Pocos, todavía. Y que se manifiesten expresamente, pocos. Parece como si para ser presidente del PP o secretario general o lo que sea, hay que ser católico prácticamente. Todavía lo exigen los cánones. Y Fraga, que es de derechas, y yo creo que es demócrata, hizo un ejercicio de conversión, que tampoco le costó demasiado porque él era estudioso del derecho político y con esa base no tenía más remedio que pensar que la democracia iba a venir. Yo le conocí a raíz de ese discurso que hizo en Guadalajara cuando salió del gobierno en el ano 69 y hablaba de la democracia que tendría que venir. Coincidimos un día en una mesa, nos pusieron juntos y oye, muy interesante. Y desde entonces somos amigos, a pesar de su colaboración con Franco. Pero bueno, eso, cuando estamos con otros amigos y se comenta, dice: «Yo cumplí con mi deber», y yo con el mío, y nos quedamos tan tranquilos. Pero él no es un laico, aunque tampoco sea un meapilas.

Pregunto a Ansón:

LR. — La diferencia entre derecha e izquierda, ahora, ¿existe?

LMA. — Es difícil contestar a eso en estos momentos, de verdad. Yo te voy a explicar por qué creo que no hay ahora diferencia entre derecha e izquierda en los países europeos, ¿eh?; si acudimos, por ejemplo, a Iberoamérica, es otra cosa. En los países europeos no hay diferencia entre derecha e izquierda porque la izquierda se ha hecho de derechas. Y se viste como de derechas, tiene las costumbres que tenía la derecha o que tiene la derecha y se comporta como la derecha. Mientras que la derecha, en las cuestiones relacionadas sobre todo con el mundo religioso, ha evolucionado hacia las posiciones de la izquierda, a la tolerancia de las costumbres, etc., es decir, que la izquierda revolucionaria, que era la izquierda por ejemplo de finales del siglo XIX, ya no existe, salvo algunos residuos comunistas; ¿quién defiende hoy la nacionalización de la banca, la nacionalización de los seguros? Es al revés, los gobiernos socialistas están privatizando, el gobierno de Felipe González privatizó un 70 por ciento de las cosas que estaban nacionalizadas. Entonces, la diferencia sustancial entre la izquierda y la derecha es el laicismo, eso lo ha aceptado la derecha; y las privatizaciones, eso lo ha aceptado la izquierda; las privatizaciones y la propiedad privada y los sistemas privados.

La realidad es que una buena parte de la izquierda, y si además analizas su forma de vida, viven muy fiel al planteamiento de la derecha. Lo cual honra a la izquierda porque lo que pasó en Francia, como tú recordarás, aquellos dos primeros años de Mitterrand, se armó un caos de tal calibre…

Yo comprendo esas posiciones en los países donde no hay clase media y donde hay una oligarquía, te doy como ejemplo más cercano el que tenemos, que es México, donde hay una minoría riquísima y no existe clase media casi, y el resto es la pobreza y la miseria. Mire usted, ahí está justificado el sentido este revolucionario que ha tenido la izquierda tradicional, la del siglo XIX. Es que cuando hablamos de la izquierda del siglo XIX tenemos unos sistemas industriales con los cuales la gente trabaja seis días de la semana, doce horas al día, por un sueldo de miseria que no le da para tener una casa ni poder educar a los hijos. Pues naturalmente se produce un movimiento revolucionario de reivindicación.

Por otro lado, la derecha reacciona contra determinadas imposiciones y su reacción es de carácter religioso, y ahí ha aprovechado las posiciones de la izquierda para que hayamos llegado a estos Estados laicos, que yo creo que en definitiva y en sus vías, permiten al que es practicante y está en la religión practicarla. Total, que hemos llegado a un sistema que no querría decir que sea de felicidad, porque no es cierto, pero en fin, que es el sistema que más se aproxima a la felicidad. Alguna nación como Holanda, como Bélgica o como Dinamarca, ¡caray!, es que es casi la perfección. Son los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados y culturalmente más progresistas.

LR- — ¿Es posible que en España haya una derecha laica?

LMA. — Sí, completamente.

Mira, en España hay una clase media, por lo tanto una parte de esa clase media está en la izquierda, la que se podría llamar la Izquierda muy religiosa, las comunidades de base cristiana. En la clase alta, lo que ha predominado durante siglos ha sido la hipocresía, incluida en la propia clase alta religiosa: eran gente sin vocación, que terminaban siendo obispos o cardenales por decisiones políticas y que creían muy poco en Dios.

Hoy, en España hay unas comunidades de base cristiana, todo el movimiento neocatecumenal, todas las órdenes religiosas, que es clase media, más bien clase media hacia abajo, y que son profundamente religiosos, mientras que el descreimiento de una parte, no toda, pero de una parte de la alta burguesía y de la aristocracia española, es casi completo.

LR. — Lo de ser de izquierdas o de derechas, ¿se nace o se hace?

LMA. — El ambiente familiar influye, pero yo creo que lo que más influye es la gente que te encuentras en la universidad o en el centro de trabajo, es lo que termina por condicionar a la gente. Y hoy, no nos engañemos, Luís, hay una separación de la sociedad y de la clase política y de las posiciones políticas cada vez más acentuada. Yo creo que en estos momentos puede ser que estemos ya en un 70 por ciento de gente que desprecia la clase política, que cree que lo único que quieren es forrarse, que les trae sin cuidado, que en un porcentaje muy alto de ese 70 por ciento ni siquiera acuden a votar. Ten en cuenta que estamos ya en votaciones que nos parecen altas. Piensa en el referéndum europeo, y si llegamos al 45 o 48 por ciento, decimos que bien. Está la gente desentendida. Desentendida.

El fenómeno que ha producido esa desideologización, yo creo que en el sitio donde se ha visto más claro ha sido en Francia, que tú conoces también.

Yo creo que en Francia al final la gente vota según le va en la feria. Hay una parte que sigue votando a la izquierda, una parte que sigue votando a la derecha, en estos esquemas un poco simplificadores, pero la inmensa mayoría vota según le va en la feria. Y esto es lo que hace la alternancia en el poder.

Cuando a uno le va muy mal en la feria porque los inmigrantes van a estropear su calle, van a desvalorizar su casa, van a atacar a no sé qué, se produce el fenómeno Le Pen, pero ¿qué extrema derecha real hay en Francia, Luís? Un 0,5 por ciento. Como aquí, nada. ¿Y por qué Le Pen sacó el 19 por ciento, el 18,5 por ciento, y se convirtió en segundo y hubo que desempatar con él? ¿Por qué? Oiga usted, porque a la gente le iba muy mal en la feria con todas esas historias de tantas concesiones y entonces la gente reaccionó y votó donde más da y donde más duele. De Gaulle había previsto un sistema electoral muy inteligente con el cual se iba a una segunda vuelta, y entonces los franceses, tapándose las narices, votan a Chirac y dejan al otro con su 20 por ciento y se pasan otra vez a Chirac.

Pero tú piensa eso en España. En España, Le Pen tendría unos 75 u 80 diputados en el Parlamento, no se podría gobernar sin él con el sistema electoral nuestro, que es una locura. Es el mismo sistema que tenía la IV República Francesa, o muy parecido, y que hace ingobernable la nación. En estos momentos, en España hay un partido que tiene el 2,5 por ciento del electorado de la nación, manda en Barcelona y manda en Madrid, fíjate qué incongruencia. Es Esquerra Republicana, imagínate, si en lugar del 2,5 tuviese el 20 por ciento como Le Pen, ¿no? Claro, Le Pen es el producto del apartamiento de las posiciones políticas tradicionales de la mayoría del pueblo y una parcela que se siente incómoda con la política de inmigración de una manera sustancial, que ha ido a votarle, nada más.

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11 Opiniones

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  • Wamba
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    Siempre lo mismo: se presentan como neutrales, pero a la hora de la verdad… ¿soy el único que se ha dado cuenta de que todos los que han colaborado con el autor son de derechas? Pujol, Piqué… sólo falta un prólogo de Aznar, por dios!

  • Frau Hesselius
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    No te sientas único en el mundo. También yo me había percatado, pero preferí que abriera otro el fuego (es que me estoy acostumbrando a criticar los libros ya de entrada, por un pasaje de ellos o por el resumen. Y eso no debería de ser así). No sé de qué derecha habla Racionero, ni de qué complejo (el PSOE sí que tuvo complejo durante años, y lo sigue arrastrando). El único problema de la derecha española es que no tiene complejos, ni sentido del ridículo, ni memoria.

  • Motero
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    Quien se ha pasado de la izquierda a la derecha, como Racionero, es lógico que intente demostrar que en realidad ha sido un salto muy pequeño, y que ya, izquierda o derecha, da lo mismo. Pero, por suerte, todavia no es así: el salto sigue inmenso, lo que es pequeño es la conciencia del autor, que ademas con este libro intenta sacar de su falsedad un provecho economico. La respuesta mejor: ignorarlo.

  • Frau Hesselius
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    No sé dónde estaba antes Racionero, pero sí que otros que aparecen en el libro tenían cierta aureola de progres (según ellos mismos, claro). No estoy de acuerdo contigo en que las diferencias entre izquierda y derecha sean abismales. Ha cambiado la política internacional, la política para el País Vasco… pero ¿en qué ha cambiado la política de vivienda? ¿en qué han cambiado los procesos de adjudicación de obras públicas? ¿para qué está sirviendo el Ministerio de Industria?.

    De todas formas sigo diciendo que la derecha no tiene complejo. Quizá Luis Racionero sí necesite encontrarlo.

  • Wamba
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    Frau, el problema es que asumes que el PSOE es un partido de izquierdas. Se llamará socialista, pero abandonó oficialmente el marxismo (i.e. el socialismo) hace uno años, y no recuerdo haberle visto políticas de izquierdas. Eso sí, en comparación con el PP, son unos radicales izquierdosos casi anarquistas. :)

    La diferencia entre la izquierda y la derecha sí es grande.

  • Frau Hesselius
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    Sólo en la letra de los programas. Y sí, me había olvidado de los otros partidos de izquierda porque apenas tienen representación. Cataluña es una excepción.

  • I
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    ¿Aún tienen programa electoral los partidos? ¡Me da queno!

  • Frau Hesselius
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    Sí, lo hacen y se lo entregan a la prensa antes de las campañas. No sé para qué, porque luego nadie les recuerda sus compromisos.

  • verostendhal
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    Totalmente de acuerdo con todos. Se les ve a todos los que escriben en este libro demasiado el plumero. Me da que no han sufrido muchas penurias en su vida… Y por supuesto, y evidente, a todas luces lo edita la sinpar Planeta

  • pepe
    on

    este libro de los complejos de la derecha, ¿está en la sección de fantasía y c-f?, pues después de escuchar a Aznar, eso de que los árabes deben pedirle perdón por invadir España – olo que fueramos entonces-, ya no sé de que hablamos . y lo dice el cagao que el 11-M tuvo que echar la culpa del atentado islamista a los de ETA, porque se demostraba la estupidez de la pol´tica exterior de España en los últimos años.

  • Pluto
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    En la película LA ESCOPETA NACIONAL ya dice un personaje: "yo soy apolítico, como mi padre, o sea, de derechas de toda la vida".

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