Madrid

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Después de varios siglos de evolución tecnológica, expansión por el espacio, guerras con civilizaciones extraterrestres y aumento del número de humanos con capacidades sorprendentes, la Humanidad ha cambiado: los Estados Unidos, después de la Guerra de Secesión, son un país exclusivamente dedicado a la industria del ocio, mientras que sus colonias estelares se han convertido en una civilización guerrera entrenada para conquistar y destruir. Europa, por su parte, mantiene a duras penas el control sobre los focos independentistas de diversos planetas.

Sin embargo, en Madrid, la capital europea, el acontecimiento del año es la final de la Liga de Campeones de fútbol, que enfrenta a dos equipos con centenaria rivalidad, el Real Madrid y el Barça. Poco o nada importa que un asesino en serie esté asolando la ciudad, o que un incidente diplomático amenace con desencadenar una invasión militar. O que el fin del mundo esté a la vuelta de la esquina.

El espectáculo, pase lo que pase, debe continuar.

ANTICIPO:
—¡HIJOOOS DE PU TA!

Joder, qué hermoso es todo esto. Banderas, estandartes, miles de voces de uno a otro extremo de la calle, coro de Wagner, ejército antiguo de héroes dispuestos a la cruzada, Lucifer y sus fieles aullando al cielo en rebeldía hasta que la bóveda estelar misma se resquebraje, sin miedo, exhibiendo con descaro su rabia, su hombría, frente a los oscuros y cobardes depositarios del orden establecido.

—¡HIJOOOS DE PU TA!

Junto al estadio el espectáculo es épico, lloraría si no fuera de maricas. El grito unánime, nuestra plegaria, acalla sirenas, músicas, voces y gentío, los contrapuntea convirtiendo la disonancia de la ira en sinfonía perfecta para aderezar ésta, la noche más hermosa que los tiempos han visto.

—¡HIJOOOS DE PU TA!

En la puerta cinco todo es níveo. Los Ángeles Blancos, con nuestros uniformes albos teñidos ya con la sangre orgullosa de la batalla, marcamos la diferencia con el resto de infelices, pávidos, incapaces de igualarnos. Nosotros, marciales, magníficos, sólo nosotros. Ésta es nuestra noche, y los cerdos de negro que nos rodean con caballos y ametralladoras son testigos y custodios de tanta gloria.

—¡Hijos de putaaaaaa! —Alex se sale de madre, como siempre, el muy cabrón se pasa esnifando pintura y acaba liándola. Dos hostias y los cerdos lo sacan en volandas. Al hospital, supongo, o a cualquier zanja de cualquier obra. No se le ve la nariz en medio de la jodienda roja de su cara.

La montamos, cabreados por lo de Alex, insultando, enarbolando cuernos como enseña, saludando con la mano al cielo y, por supuesto, sin movernos del cerco en que nos han metido como al ganado. No hay huevos para menearse entre tanto cerdo armado, no de momento.

—¡Blitz!, vamo a follanno a esas maricona.

El que me habla es Alejandro, Alex no, otro. Éste es Alejando Lafuente, “Raus” para los camaradas, mi última posibilidad. Espero. No le hagan mucho caso de momento, yo mismo le ignoro por completo cuando se encuentra en semejante estado de excitación, y es mi amigo. Qué digo amigo, mi hermano de sangre. No me duelen prendas en declarar que quiero a esta bestia. Pese a ser un analfabeto funcional, un tarado que sólo piensa en beber y golpear, es muy capaz, un tío brillante aunque no se lo parezca ahora con la cara pintada y gritando lindezas a voz en cuello. Resulta difícil mostrar talento cuando se está sumergido en las simas de la barbarie. Olviden de momento a Raus, y en su lugar atiendan a lo que nos rodea, eso sí merece la pena. Respírenlo, dense unos minutos e imprégnense de los gritos, las banderas, la pasión, la cólera, las luces azules de la policía. Llevamos siglos con esas luces adornando nuestras noches; nunca me cansaré de verlas. Y qué me dicen de los chicos; magníficos, airados, cargados de alcohol y pintura, y armados con toda la sana cólera. Final de la Champions League. Madrid – Barcelona. En Chamartín. Si no he conseguido ya su atención es que están muertos.

Al otro lado de la Castellana, junto al Complejo Herrera, un mar de banderas azules y rojas brama provocándonos, separados de nuestro blanco purificador por cien soldados, y más que pueden saltar ahí en medio, llenando en un segundo los seis carriles de la avenida.

—¿Cómo dejan a esas maricona ahí? —gruñe Raus—. Le van a ejcoltá pa entro y a nosotro, lo daquí, nos tien comol ganao, ej que…

—Es por el TDF, me temo que la situación les supera un tanto. Han decidido que los últimos en estabular seremos toda la basura, nosotros y ellos. ¿No ves por ahí a la Fuerza Colonial? Hoy los cerdos tienen ayuda del ejército.

—Ej que esos maricas no puen solos con nosotros.

—No es eso. Estamos a una hora del fin del mundo. Una hora para que expire el ultimátum.

—¿Que haga el qué el ulti qué? —le doy, le doy porque me jode que sea tan gilipollas, que queme la luz de su intelecto en una marea de sexo, violencia y pintura. Bien es cierto que puestos a malgastar neuronas, la de Raus es la forma más agradable, pero para mis propósitos resulta frustrante. Aun siendo su simpleza el mejor refugio y salvoconducto en este mundo de expoliadores del hipotálamo y chismosos del subconsciente, ahora lo necesito despierto, sagaz, si eso es posible.

—Hay que atender más a la actualidad. Mira —el techo de Madrid está cubierto de blanco. En medio de imágenes de jugadores, estrellas y copas, junto a Mr. Waky dando saltitos, a modelos de El Corte Inglés sonriendo y a las noticias de última hora que muestran un tío encañonando a una chica en medio de la lluvia, o la estampa macabra del fuego terrorista, o aquellas otras con un gigante corriendo y disparando por las calles, se pueden ver grandes letras rojas previniendo, indicando que hacer cuando se produzca el ataque.

—Esa tía, arriba —dice Raus—, la maciza questá mojándose con ese mamón al lao… es la de la peli, ¿no?

—Me temo que no…

—Que sí, lo pone ahí. Que mañana estrenan esa de la Guerra —las imágenes cambian confabulándose con mi compañero. Todo el cielo se convierte en un escalofriante firmamento por donde vuelan negras naves voraces, sañudas, dispuestas a caernos sobre la cabeza. Sus disparos hacen que muchos nos agachemos, aun sabiendo que solo son proyecciones sobre el techo. Tras el fuego aparece la cara de una preciosa oriental vestida de militar y los carteles…

ZUM ZANGY EDDIE SICKS

THE END…

MAÑANA, EL MUNDO ACABARA

Miente la publicidad de Hollywood, como siempre. Será en un par de horas cuando acabe el mundo, a no ser que yo intervenga.

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Interplanetaria

3 Opiniones

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  • Frau Hesselius
    on

    Me gustaría leer un anticipo del nuevo libro de DAniel Mares, Madrid. ¿Podría meterlo la redacción? Gracias. (Y también un poquito del de Ramón Muñoz, a ser posible)

  • Frau Hesselius
    on

    Gracias por el anticipo. Francamente, ha dejado cortas mis expectativas. Ahora ya tengo curiosidad por saber qué habilidades especiales tendrán algunos madrileños del futuro.

    Un saludo.

  • Vizzini
    on

    Me acabo de terminar el libro y la verdad que le anticipo le hace justicia, es igual de bruto que En mares extraños (el otro libro que he leído del autor) y tiene el mismo gusto por lo bizarro (me recuerda un poco a Palahniuk)

    Estilísticamente no es muy fino, pero es eficaz para el tipo de historia que quiere contar y la verdad que el ritmo es endiablado, te tiene todo el rato de un lado para otro sin descansar. Además tiene momentos que se me hicieron bastante graciosos. La verdad que me lo he pasado muy bien y me lo he leído en dos patadas, solo le veo dos problemas uno que puede espantar al público y otro que me fastidia a mi. El primero es que a veces se pasa de bruto y el otro que sea del Madrid (Esa manía a Eto´o cuando hay jugadores mucho más odiables)

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