Mares tenebrosos

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El mar siempre ha sido un enclave propicio para la aventura la exploración, lo desconocido, las grandes hazañas y, también, por qué no decirlo, para el horror. No es extraño encontrar en muchos viejos mapas de mares y costas, en todas las lenguas y culturas, la enigmática expresión que nos advierte: «más allá hay monstruos». La antología que nos ocupa está preñada de sangre, de mareas, de mástiles y velas desplegadas al viento, y de hombres que afrontan el mar con desafío, con cobardía, con indiferencia o sorpresa, y también con horror. Mares tenebrosos es la más extensa antología de relatos de terror ambientados en el mar que se haya editado en España. Hay cuentos que se desarrollan en la costa, cerca del mar otros en islas desconocidas y desiertas, en las cantinas portuarias, llenas de viejos lobos de mar que narran extrañas historias, en un faro perdido entre los escollos, a decenas de kilómetros del continente, en un barco fantasma que no sabe que lo es… Vagabundearemos sin rumbo, enloquecidos, en medio de la bruma más espesa e impenetrable, incluso viajaremos tierra adentro, a un pueblecito alejado del mar y que, sin embargo, alberga una de las más bellas historias fantásticas jamás escritas sobre el mar. No podían faltar en esta antología autores de la talla de Hodgson, gran maestro de este peculiar género, Lovecraft o Howard. También se han induido autores menos conocidos por el aficionado español como John Masefield, James Anley, William Outerson, Frank Norris, Michel Bernanos y Jack Cady, autor norteamericano recientemente fallecido.

ANTICIPO:

-¡Ven al puente y échale un vistazo a esto, Darky! -gritó Jepson, corriendo hasta la mitad de la cubierta-. El viejo dice que ha habido un terremoto submarino y todo el mar está burbujeante y lleno de lodo. Obedeciendo los excitados llamamientos de Jepson, le seguí. Era tal y como había dicho; el eterno azul del mar estaba ahora salpicado por unas manchas del color del barro, y a veces surgía una burbuja enorme que pronto reventaba con un sonoro «plof». El patrón y los tres oficiales se hallaban sobre el castillo de popa, examinando la superficie del océano con sus prismáticos. Mientras miraba las enlodadas aguas, algo surgió del mar al aire de la tarde por el costado de barlovento. Parecía un banco de algas, pero enseguida volvió a sumergirse con brusquedad, como si fuera algo más sustancial que unas simples algas. Justo después de este extraño suceso, el sol desapareció con la rapidez de las regiones tropicales y, bajo las breves luces crepusculares que siguieron, las cosas adoptaron una extraña irrealidad.
Toda la tripulación se encontraba abajo, sólo el primer oficial y el timonel permanecían en la toldilla. Delante, sobre el juanete del castillo de proa, se podía adivinar la oscura silueta del vigía apoyado en el estay de mesana. No se oía ningún sonido excepto el tintineo ocasional de la cadena de un escotín, o´ el traqueteo del engranaje de dirección cuando alguna pequeña ola se deslizaba por debajo la quilla. Entonces la voz del primer oficial rasgó el silencio y pude ver que el viejo había salido al puente y estaba hablando con él. Por las pocas palabras que logré descifrar, supe que andaban comentando los extraños sucesos que habían tenido lugar durante el día.
Un poco después del crepúsculo, el viento, que había soplado con fuerza, cesó por completo, y la temperatura del aire se hizo demasiado calurosa. Nada más tocar las dos campanadas, el primer oficial me hizo llamar y me ordenó que llenara un cubo con agua del mar, y que se lo llevara luego. Hice lo que me pedía, y luego metió un termómetro dentro del cubo.
-Justo lo que pensaba -musitó, sacando el instrumento del recipiente y mostrándoselo al capitán-: treinta y ocho grados. ¡Casi podemos hacer el té con el agua de mar!
-Espero que no siga calentándose -gruñó un poco más tarde-, o vamos a cocemos vivos.
A una señal del primer oficial, vacié el cubo y lo dejé en su lugar habitual, volviendo luego a ocupar mi puesto sobre la barandilla. El viejo y el primero caminaron de un costado a otro de la toldilla. El aire se fue calentando según pasaban las horas y, tras un largo periodo de silencio solamente roto por los ocasionales “plob” de las burbujas de gas al reventar, la luna se irguió en el cielo. Sin embargo, su luz resultaba enfermiza ya que una densa neblina había empezado a surgir del mar y los rayos de la luna apenas podían atravesarla. Decidimos que la bruma era debida al excesivo calentamiento del agua del mar; se trataba de una niebla muy húmeda y pronto quedamos completamente empapados. La interminable noche fue transcurriendo con lentitud y el sol surgió por el horizonte, un sol tenue y fantasmal que apenas se dejaba ver entre la niebla acumulada alrededor del barco. Medimos la temperatura del agua de tanto en tanto, aunque ésta apenas había experimentado una leve subida. No se pudo llevar a cabo ninguna tarea y la sensación de que algo inminente estaba a punto de acontecer invadía a todos los del barco.
La sirena sonaba ininterrumpidamente mientras el vigía atisbaba entre los jirones de bruma. El capitán caminaba por la toldilla acompañado de sus oficiales y, en un momento determinado, el tercer oficial habló mientras señalaba las nubes de niebla. Todas las miradas siguieron su seña; vimos lo que parecía ser una especie de línea negra que atravesaba la pálida blancura de los vapores. No se parecía a nada en concreto, pero nos recordaba un poco a una enorme cobra erguida sobre la cola. Se evaporó mientras la observábamos. El grupo de oficiales evidenció gran desconcierto; parecían no ponerse de acuerdo entre ellos. Entonces, mientras discutían, oí la voz del segundo oficial:
-No es nada -dijo-. Ya he visto antes cosas similares en medio de las brumas, pero al final siempre han resultado ser fantasías.
El tercer oficial sacudió la cabeza y contestó algo que no pude oír, pero ya no se hicieron más comentarios. Por la tarde fui abajo a dormir un poco y, al volver a cubierta con las ocho campanadas, descubrí que la bruma aún no nos había abandonado; es más, parecía haberse espesado algo. Hansard, que había estado tomando la temperatura del agua mientras yo me encontraba abajo, me comunicó que ésta había subido tres grados y que el viejo estaba de un humor raro. Cuando dieron las tres campanadas, me dirigí a la proa para echar un vistazo por encima de las amuras y charlar un poco con Stevenson, que estaba de vigía.
Cuando llegué al extremo del castillo de proa me incliné sobre la baranda y eché un vistazo a las aguas. Stevenson se aproximó, quedándose a mi lado.
-Qué raro es todo esto -refunfuñó.
Luego permaneció en silencio durante un rato; ambos parecíamos hipnotizados por la reluciente superficie del mar. De pronto, surgiendo de las profundidades, justo delante de nosotros, apareció una monstruosa cara negra. Era como una caricatura espantosa de un rostro humano. Nos quedamos petrificados mirándola; la sangre de mis venas pareció convertirse en hielo al instante; me sentía incapaz de moverme.
Pude recuperar el control de mis actos con un terrible esfuerzo y, tras agarrar a Stevenson por el brazo, descubrí que apenas podía emitir más que un graznido, pues la facultad de hablar correctamente me había abandonado.
-¡Mira! -jadeé-. ¡Mira!
Stevenson siguió mirando el mar como si se hubiera convertido en una estatua de piedra. Se inclinó un poco más sobre la baranda, como queriendo examinar más de cerca aquella cosa.
-¡Señor! -exclamó-. ¡Es el diablo en persona!
Y entonces, como si el sonido de su voz hubiera roto un encantamiento, la cosa desapareció. Mi compañero se quedó mirándome mientras me restregaba los ojos, creyendo que me había quedado dormido y que aquella espantosa aparición tan sólo había sido el producto de una terrible pesadilla. Pero me bastó una simple mirada a mi compañero para quitarme de la cabeza ese pensamiento. En su rostro se reflejaba un tremendo desconcierto.
-Será mejor que vayas a popa y se lo digas al viejo -balbuceó. Asentí, y le dejé en el castillo de proa mientras me dirigía hacia la popa como en una especie de trance. El patrón y el primer oficial se hallaban en el saltillo de la toldilla. Subí corriendo la escalera y les dije lo que había visto.
-¡Majaderías! -se mofó el viejo-. Lo único que has visto es el desagradable reflejo de tu propio rostro sobre las aguas.
Sin embargo, a pesar de arriesgarse a hacer el ridículo, me interrogó más detenidamente. Por fin, ordenó al primer oficial que fuera a comprobar si podía ver algo. Regresó al poco, y le comunicó al viejo que no había nada extraño. Sonaron las cuatro campanadas y nos relevaron para tomar el té. Cuando volví a la cubierta descubrí que los hombres se arracimaban hacia la proa. Estaban hablando de la cosa que habíamos visto Stevenson y yo.
-Supongo, Darky, que no se trataría de un reflejo, ¿verdad? –me preguntó uno de los marineros más viejos.
-Pregúntale a Stevenson -le respondí mientras seguía mi camino hacia popa.
Con el tañido de las ocho campanadas volví a mi turno de guardia en cubierta, y descubrí que no había ocurrido ninguna cosa digna de mención. Pero, casi una hora antes de la medianoche, al primer oficial le entraron las ganas de fumar y me mandó que fuera a su camarote para traerle una caja de cerillas con la que poder encender su pipa. Apenas me llevó un minuto descender por la escalerilla cubierta de latón, regresar a popa y entregarle el deseado artículo. Abrió la caja, tomó un fósforo y lo prendió en la suela de la bota. Pero mientras lo hacía, un grito apagado se elevó en medio de la noche. Luego se escuchó un clamor ronco, como los rebuznos de un asno, pero considerablemente más profundos, y que portaban una terrible nota de humanidad.
-¡Buen Dios! ¿Has oído eso, Darky? -preguntó el primer oficial sobrecogido.
-Sí, señor -le contesté, casi sin atender a lo que me decía, pues estaba escuchando atentamente por si se repetían aquellos extraños sonidos.
De repente, el terrible mugido volvió a oírse claramente. La pipa del primer oficial cayó sobre la cubierta con un golpe sordo.
-¡Corre a la proa! -gritó-. ¡Deprisa! Dime si puedes ver algo.
Corrí a toda velocidad, con el corazón latiendo desaforadamente en mi garganta. Todos los hombres del turno de guardia se encontraban sobre el castillo de proa, arremolinados alrededor del vigía. Hablaban y gesticulaban como locos. Pero enseguida se callaron y me lanzaron miradas interrogantes mientras me abría paso entre ellos.
-¿Habéis visto algo? -grité.
Pero antes de que pudiera recibir cualquier respuesta, el terrible mugido volvió a estallar en medio de la nada, profanando la noche con su coro infernal. A pesar de la bruma que nos envolvía, parecía provenir de un sitio muy concreto. Y, sin duda, sonaba más cerca. Me demoré un rato para asegurarme de su procedencia y después volví corriendo hacia la popa a dar parte al primer oficial. Le dije que no habíamos podido ver nada, pero que el sonido venía directamente de delante. Nada más oír esto, ordenó al timonel que virara un par de grados. Al rato, un grito escalofriante se elevó en medio de la noche, seguido al instante por aquella especie de rebuznos.
-¡Está muy cerca por la proa, hacia el costado de estribor! -exclamó el primer oficial, mientras le indicaba al timonel que virara un poco más.
Luego llamó a la guardia y corrió hacia proa, aflojando a su paso las brazas de sotavento. Una vez reorientadas las vergas con respecto a la nueva derrota, regresó a popa y se inclinó sobre el pasamanos escuchando con atención. Los minutos parecían horas y el silencio permaneció inalterable. De repente, los sonidos retornaron y estaban tan cerca que casi parecían provenir de a bordo. Esta vez observé una extraña nota retumbante que se mezclaba con los rebuznos. Y un par de veces se produjo un sonido que sólo puede ser descrito como una especie de “gug, gug”. Luego hubo un siseo jadeante, similar al que producen los asmáticos al respirar.
La luna seguía brillando lánguidamente entre los vapores, aunque me dio la sensación de que era un poco menos espesa. El primer oficial me agarró del hombro cuando los ruidos volvieron a elevarse y desaparecer de nuevo. Ahora parecían provenir de un sitio concreto por el costado del barco. Todos los ojos en cubierta intentaban horadar la niebla sin resultado. De pronto, uno de los hombres gritó que una cosa larga y oscura se había deslizado hacia popa entre la bruma. De ella se elevaban cuatro torres difusas y fantasmagóricas que parecía ser mástiles, cuerdas y velas.

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25 Opiniones

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  • Ravenous
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    Todos los cuentos, menos 3 y los de autores españoles, son totalmente inéditos en castellano (corregidme si me equivoco). Todos me parecen buenos, especiales e interesantes (en un sentido o en otro), y no es por que los haya escogido yo (¿o sí?) pero es realmente como lo siento (^_^)… Hay unos cuantos y, en concreto, una novela corta: "Al otro lado de la montaña", que me parecen especialmente especiales (ya me contareis). La semana que viene el señor melmonth lo tendrá en la abarrotada mesa de su despacho :]

    -Mares tenebrosos (Prólogo), José María Nebreda.

    -La noche del océano, HP Lovecraft y Robert Barlow.

    -Niebla, James Hanley.

    -Un barco maldito, Joshua Snow.

    -Superstición, Julio F. Guillén.

    -Demonios del mar, William Hope Hodgson.

    -Una voz en la noche, William Hope Hodgson.

    -La isla de los hongos, Philip M. Fisher.

    -Maldición marina, Robert E. Howard.

    -Desde las profundidades, Robert E. Howard.

    -Al otro lado de la montaña, Michael Bernanos.

    -Anty Blight, John Masefield.

    -Una deuda de marinero, Jack Cady.

    -¡Hombre al agua!, Vicente Blasco Ibáñez.

    -Fuego en el brasero de la cocina, William Outerson.

    -El barco que vio un fantasma, Frank Norris.

    -El pecio de la muerte, Simon Clark y John B. Ford.

    -La llave de los tres esqueletos, George G Teudouze.

    -Grito en el mar, Pío Baroja.

    El libro está acompañado de un Glosario de términos naúticos, esquemas de las partes, velas y arboladura de un barco, y varias ilustraciones. Espero que os guste y lo disfrutéis tanto como yo :-)

    Saludos.

  • tonibrasil
    on

    Los fans del fantásticos estaremos preparados para el abordaje a esta nueva entrega de Valdemar Gótica! :-)

  • tonibrasil
    on

    Ravenous, ¿hay algún escritor de terror que sea el maximo especialista en terrores marinos? ¿Hodgson, por casualidad? :-)

  • QUATERMAIN
    on

    ¿Se sabe ya en qué fecha aparecerá esta maravilla?

  • miguelkian
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    Otro de esos libros que que sera comprado por un servidor tan pronto lo vea asomar la nariz por las librerias.

  • Ravenous
    on

    Pues, indudablemente, Hodgson, toni. Aunque hay muchos otros que destacar y que, en un momento u otro hicieron incursiones en el campo del terror maritivo. La obra de John Masefield es una delicia, pequeños cuentos cortos llenos de fantasía, humor y fantasmas con transfondo marinero. William Clark Russell, marino y escritor, tiene dos novelas góticas, "The frozen pirate" y "The Death Ship", y bastantes cuentos de esta temática (finalmente, por desgracia, no he incluido ninguno en la antología). Igual pasa con James Hanley, William Outerson, Frank Norris y Arthur Barry. John B. Ford es un simpatico escritor británico y contemporáneo cuyo estilo es una copia (una copia buena) de Hodgson (ya lo vereis cuando leais el relato incluido), y muchas veces no sabes si se trata del maestro o del alumno. Ahora mismo va a publicar una novela, "The Haunted Ocean" de tema terrorífico-marino. Mención aparte merece Jack Cady, que, por desgracia acaba de morir mientras estaba en conversaciones con el para el cuento seleccionado y alguna otra "cosilla". Cady es (era) un escritor excepcional y amigo mío, ampliamente premiado en su pais, con una obra variada e increíblemente buena, y no puedo entender cómo es totalmente desconocido aquí. Tiene una novela, "The Jonah Watch" que es con diferencia lo mejor que se ha escrito sobre terror en el mar desde las obras de W. H. Hodgson; se trata de una historia de fantasmas con base real, ambientada en una lancha guardacostas de la marina de los EE.UU.; una verdadera gozada maravillosamente escrita. También tiene multitud de cuentos en los que no solo predomina el transfondo marino, sino muchos otros generos y situaciones narrados en un estilo melancólico, suave y fantasmagórico… En fin, espero que algún día se le descubra.

    Bueno, saludete (^_^)

  • Ravenous
    on

    Pues yo no lo se seguro, quater. Tendrás que preguntar directamente al melmonth :)

    Pero calculo que a partir de que se lo entregue (la semana que viene) deberán pasar cuatro o cinco semanas de producción hasta que salga a las librerías.

    Saludos.

  • tonibrasil
    on

    Ay, que ganas me entran de tenerlo ya en las manos! :-) Cuando digas que es inminente su presencia en librerías, si no te importa haré propaganda del libro en otros foros que frecuento (aportando la información que has proporcionado sobre estos escritores). Con permiso tuyo y de Melmoth si me lo dais, claro! 😉

  • tonibrasil
    on

    Melmoth, lo mismo con el libro de Pilar Pedraza cuando sea inminente la aparición de su libro 😉

  • Iscariot
    on

    Me parece muy buena la antología, pero yo tengo algunos de Valdemar y creo que no estaría de más publicar algún relato de W. W. Jacobs, el de La pata de mono, un gran conocedor de los terrores náuticos, y alguno de un autor del siglo XXI (a ser posible español, ¿por qué no?) ¿Cuánto falta para que nos arruinemos con esta nueva antología? ¿Superará el grosor de Los misterios de Udolfo. Por si acaso iré haciendo pesas. Saludos blasfemos de Iscariot

  • El Mes
    on

    El Iscariot hace honor a su nombre y se atreve a rebelarse al buen criterio de las altas esferas (useasé Ravenous y Valdemar) De todos modos tiene algo de razón, yo también leí una historia de Wilkie Collins que iba de marineros ahogados (quizá en la recopilación de Valdemar). Lo de meter un autor contemporáneo tampoco es mala idea. No, si al final me va a convencer el pecador éste…

  • miguelkian
    on

    Estooooo, ¿ esta confirmada ya la fecha en la que sale este libro ?

    Gracias

  • Iscariot
    on

    Sin duda para mayo, y anticipo q la selección promete alguna novedad inesperada, exclusiva de Valdemar (además de 2 pequeñas ilustraciones que inician y concluyen los relatos. Puede q me maten por desvelar esto, chicos…)

  • Euronimus
    on

    O sea, nada que ver con la de Abraxas, por lo que veo. Si es que donde no hay.,

  • tonibrasil
    on

    Para Ravenous:

    Hiciste muy bien en traducir los dos relatos de la saga de Faring Town para "Mares Tenebrosos", ya que el cuento que había sido traducido hace decadas en Narraciones Geminis de Terror estaba incompleto, le faltaban varias páginas. Una mutilación en toda regla que se ha subsanado con tu reciente traducción :-)

  • Ten
    on

    ¿No podría haber una ley que obligara a indicar que cuentos o novelas son versión integral y que reducida, mutilada, abreviada o lo que sea?

  • tonibrasil
    on

    Ni idea de si hay alguna ley que lo contemple o no. Yo pienso más que nada que la mutilación sería una costumbre en años 1950 y 1960. Todos los numeros de Narraciones Geminis de Terror que tengo tienen 128 páginas (supongo que el de Howard fue el elegido para cortar y que ese ejemplar quedara justo en 128 páginas).

    Ya debía haberlo sospechado ya que la historia la habia leido adaptada en un cómic de Conan el Bárbaro y llegaba un poco más lejos. Entonces pense que era una licencia que se habia tomado el guionista Roy Thomas, pero después de leer la traducción de Ravenous he visto que no era asi. Thomas lo adapto tal cual.

  • Ravenous
    on

    Gracias toni. Me alegro que ahora estén ambos cuentos completos.

    La verdad es que no conocía la edición española ni sabía que estaba mutilada. El cuento original en inglés lo tomé de una antología americana de sus relatos con muy buena pinta.

    Yo también odio las mutilaciones.

    Saludos.

  • tonibrasil
    on

    Los de Geminis fueron muy picaros cortando en un punto concreto del relato "Out of the Deep" de Howard que podía pasar como final de relato de miedo estándar :-)

    Como ya habeis dicho, enterarse de mutilaciones años después no es de mucho gusto, no.

    Ah, Ravenous, una pregunta… ¿de que libro o obra de Tolkien está extraido el fragmento de "La Caracola de Mar"? no tenía ni idea de su existencia.

  • Ravenous
    on

    Hola Toni,

    Está extraído de su libro de poemas "The Adventures of Tom Bombadil"… A mi me parece un libro maravilloso, y hay algunas piezas que son una delicia (para mi gusto)… Pero, por desgracia, parece que es un libro demasiado pequeño y dificilillo de traducir para que se decidan a publicarlo… Cosas del "marketing" :/

    Saludos.

  • tonibrasil
    on

    Debe ser más que nada una excusa porque la poesía en general no vende demasiado. He visto ediciones bilingues de los poemas de Tom Bombadil en inglés y francés y dan para un libro. Otro caso es que aquí no quieran hacerlo así (bilingue=inglés+castellano). Eso si, hay que reconocer que la traducción de poesía es mucho más delicada que la de prosa.

    Y ahora he recordado la poesía de Robert E. Howard, no estaría mal una antología de estas. Lo que he leído de él -desperdigado- hasta ahora tiene fuerza y colorido (de lo que no cabe duda es que era mejor poeta que Lovecraft, al menos los poemas de "Los Hongos de Yuggoth").

  • Pernath
    on

    Hola, saludos al foro,

    me alegra haber encontrado este sitio, es una de esas páginas que descubres y corres como loco a favoritos, no se te vaya a perder, a irse la luz u otra desgracia y no la encuentres nunca más. Pues eso, no hago más la pelota: la página mola.

    Soy lectora asidua de foros; gracias a ellos he descubierto muchos autores y obras desconocidos para mí, sin embargo rara vez he escrito. Sólo quería hacerles un comentario para ver que opinan y si lo mío es sólo un delirio paranoide, pero hay cosas que encuentro imperdonables. Veo que por aquí se tiene en (justa) estima a Valdemar, y es algo que no puede negarse por la calidad de autores y obras, cuidadas traducciones y ediciones, además de esa sensación de contacto y "buen rollo" con los lectores.

    Creo que la única forma de aprender a escribir es leyendo libros, y por eso cuando en algunos encuentro estas meteduras de pata, me da rabia. Menos mal que era el libro que es, que si llega a ser otro lo hubiera abandonado al segundo patazo (¡y lo que me hubiera perdido!). Bueno, las que señalé en las páginas 82, 86, 145, 178, 368 y algunas otras, no sé si son exactamente faltas de ortografía, gramática o sintaxis (creo que esto último, no), pero rechinan cuando se leen. Algunas más que otras, claro, pero es que lo de las "aguas infectadas de tiburones" ya fue el colmo; vale que puede ser correcto si no se es tan retorcido como yo, pero tengo la sensación de que se quería decir otra cosa. No sé si es culpa del traductor, o de algún intermediario en el proceso de impresión/edición, que desconozco por completo. Bueno, sólo era esto, y puede que sea algo exagerado, por eso agradecería sus opiniones. Un saludo

  • MANGOMAN
    on

    Hola, yo también tengo el libro, por lo que cuando he visto las páginas que has señalado, las miré (es que aún no me he leído el libro)y es cierto, son pequeñas faltas, pero son algo "molestas"(ya me estendéis), pero que se le va a hacer, nos tendremos que aguantar.

    Un saludo a todos.

  • Danko
    on

    Lo de las aguas infectadas por tiburones serán INFESTADAS, habrá sido un lapsus del traductor.

  • tonibrasil
    on

    Son erratas que se cuelan en muchos libros, no importa la editorial. Es una lucha imposible. Lo que si facilitais con vuestros comentarios es que estas erratas concretas se subsanen en reediciones futuras de estos libros.

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