Muerto hasta el anochecer

MuertoHastaAnochecerHarris

Con la primera novela de la Serie de Sookie, Muerto hasta el anochecer, Charlaine Harris demuestra hasta qué punto su talento puede hacer que una casi imposible mezcla de vampiros, misterio, intriga y humor se convierta en una obra deliciosamente imprescindible. Una autora avalada por más de dos décadas escribiendo y entreteniendo a miles de lectores de todo el mundo.

Sookie Stackhouse es una camarera con un inusitado poder para leer la mente. Su don es el origen de sus problemas. Siempre acaba sabiendo más de lo que le gustaría de la gente que le rodea, de todos menos de Bill Compton, porque su mente, la de un vampiro que trata de reinsertarse en la sociedad, es absolutamente impenetrable. Cuando sus vidas se cruzan descubrirá que para ella ya no hay vuelta atrás. La aparición de un asesino en serie es la prueba definitiva para su confianza… porque ni siquiera ella sabe si Bill es su protector, o si se convertirá en su fatal asesino.

ANTICIPO:
Al día siguiente, a la hora de comer, me encontraba sobre mi tumbona plegable de aluminio, en el patio delantero, poniéndome cada vez más morena. Llevaba puesto mi vestido de dos piezas preferido, sin tirantes, que por cierto me quedaba más holgado que el verano anterior, así que estaba más contenta que unas castañuelas.

Entonces oí que se acercaba un vehículo por el camino de entrada y la camioneta negra de Jason, con sus blasones rosas y celestes, se detuvo a menos de un metro de mis pies.

Jason descendió hasta el suelo (¿he mencionado que su camioneta luce esas ruedas enormes?) y se me acercó. Vestía sus ropas habituales de trabajo: camisa y pantalones caquis, y llevaba un cuchillo de monte encajado en el cinturón, como casi todos los trabajadores de carreteras del condado. Por el modo en que andaba, supe que estaba cabreado.

Me puse las gafas de sol.

—¿Por qué no me has dicho que les diste una paliza a los Rattray anoche? —Mi hermano se dejó caer en la silla de aluminio para exteriores que había junto a mi tumbona—. ¿Dónde está la abuela? —añadió con retraso.

—Colgando la colada —respondí. La abuela usaba la secadora cuando era necesario, pero adoraba tender la ropa mojada al sol. Y desde luego, la cuerda para tender estaba en el patio trasero, como debe ser—. Está preparando bistec al estilo campero, boniatos y habichuelas que recogió el año pasado, para la comida —dije, sabiendo que eso distraería un poco a Jason. Confié en que la abuela siguiera en la parte de atrás, no quería que escuchara aquella conversación—. Mantén la voz baja —le recordé.

—Rene Lenier estaba impaciente esta mañana por contármelo todo, en cuanto he entrado a trabajar. Se pasó por la caravana de los Rattray anoche para comprarles un poco de hierba, y Denise apareció con el coche como si quisiera asesinar a alguien. Rene dice que lo podría haber matado de lo furiosa que estaba. Entre los dos pudieron subir a Mack a la caravana, y después lo llevaron al hospital de Monroe —Jason me lanzó una mirada acusadora.

—¿Y te ha contado Rene que Mack me atacó con un cuchillo? —pregunté, decidiendo que el mejor modo de enfrentarme a aquello era pasar a la ofensiva. Sabía que el enfado de Jason se debía en gran medida al hecho de haberse enterado por una tercera persona.

—Pues si Denise se lo dijo a Rene, él no me lo ha contado — respondió Jason lentamente, y vi que su atractivo rostro enrojecía por la furia—. ¿Te atacó con un cuchillo?

—Sí, así que tuve que defenderme —dije, como si fuera algo obvio—. Y se llevó tu cadena—todo era cierto, aunque un poco sesgado—. Volví para contártelo, pero cuando regresé al bar ya te habías marchado con DeeAnne —proseguí—, y como yo estaba bien, no me pareció que mereciera la pena salir a buscarte. Sabía que te sentirías obligado a ir a por él si te contaba lo del cuchillo —añadí de manera diplomática. Aquello tenía un mayor porcentaje de verdad, ya que Jason adora las peleas.

—¿Pero qué demonios estabas haciendo allí? —me preguntó, aunque mucho más relajado. Supe que estaba empezando a asumirlo.

—¿Sabías que, además de vender drogas, los Ratas son desangradores de vampiros?

Ahora se lo veía fascinado.

—No… ¿y?

—Bueno, uno de mis clientes de anoche era un vampiro, y estaban dejándolo seco en el estacionamiento de Merlotte´s. ¡No podía permitirlo!

—¿Hay un vampiro en Bon Temps?

—Sí. Y aunque no quieras tener a uno como mejor amigo, no puedes dejar que una escoria como los Ratas lo drenen. No es como robar gasolina del depósito de un coche. Y lo habrían dejado entre los árboles para que muriera. —Aunque los Ratas no me habían revelado sus intenciones, eso era lo que yo suponía. Incluso aunque le hubieran puesto a cubierto para que pudiera sobrevivir al sol, un vampiro drenado tarda más de veinte años en recuperarse, o al menos eso es lo que dijo uno de ellos en el programa de Oprah1. Y eso si otro vampiro puede encargarse de él.

—¿Y el vampiro estaba en el bar cuando yo me fui? — preguntó Jason asombrado.

—Ajá. El tipo de pelo oscuro que se sentaba con los Ratas.

Jason sonrió ante mi calificativo para los Rattray. Pero todavía no estaba dispuesto a dejar pasar lo de la noche anterior.

—¿Cómo supiste que era un vampiro? —me preguntó, pero al mirarme supe que hubiese preferido morderse la lengua.

—Simplemente lo supe —dije, con mi tono más anodino.

—Muy bien —y compartimos toda una muda conversación.

—Homulka no tiene un vampiro —dijo Jason mientras reflexionaba. Echó atrás la cara para que le diera el sol, y supe que habíamos dejado atrás el terreno peligroso.

—Cierto —reconocí. Homulka es el pueblo rival de Bon Temps. Hemos sido rivales en fútbol americano, en baloncesto y en importancia histórica desde hace generaciones.

—Ni tampoco Roedale —dijo la abuela desde detrás nuestro, provocando que tanto Jason como yo nos levantáramos. He de reconocer que, siempre que ve a la abuela, Jason se pone en pie y le da un abrazo.

—Abuela, ¿tienes suficiente comida en el horno para mí?

—Para ti y para dos más —dijo la abuela mientras le sonreía. No ignoraba los defectos de Jason (ni los míos), pero lo quería—. Acaba de llamarme Everlee Mason, y me ha contado que anoche te liaste con DeeAnne.

—¡Oh, cielos! ¿Es que no puedes hacer nada en este pueblo sin que todo el mundo lo sepa? —respondió Jason, aunque no estaba realmente enfadado.

—Esa DeeAnne —añadió la abuela con tono de advertencia mientras entrábamos en la casa —ya ha estado embarazada una vez, que yo sepa. Tú ten cuidado y que no tenga uno tuyo, o estarás pasándole dinero el resto de tu vida. ¡Aunque claro, igual esa es la única manera de que yo tenga bisnietos algún día!— La abuela ya tenía la comida sobre la mesa, así que en cuanto Jason trajo su silla nos sentamos y bendijimos la mesa, tras lo cual la abuela y él comenzaron a compartir rumores (aunque ellos lo llaman "ponerse al día") sobre los habitantes de nuestro pequeño pueblo y su parroquia2. Mi hermano trabaja para el estado, supervisando los grupos de mantenimiento de carreteras. A mí me daba la impresión de que la jornada de trabajo de Jason consistía en ir de un lado para otro en una camioneta oficial, fichar a la salida, y entonces ir de un lado para otro con su propia camioneta. Rene estaba en uno de los grupos de trabajo que supervisaba Jason, y habían ido juntos al instituto. Salen bastante con Hoyt Fortenberry.

—Sookie, he tenido que sustituir el calentador de agua de casa —dijo Jason de modo repentino. Él vive en el viejo edificio de mis padres, en el que residíamos los cuatro cuando ellos murieron en la riada. Después de aquello nos trasladamos con la abuela, pero cuando Jason terminó sus dos años de colegio universitario y empezó a trabajar para el estado, volvió a aquella casa, que sobre el papel es mitad mía.

—¿Necesitas algo de dinero?—pregunté.

—Qué va, tengo suficiente.

Los dos contamos con nuestros salarios, pero además nos llegan pequeños beneficios de un fondo que se creó cuando abrieron un pozo de petróleo en las tierras de mis padres. El pozo se secó en unos pocos años, pero mis padres y después la abuela se aseguraron de invertir bien el dinero. Ese colchón nos había ahorrado a mí y a Jason un montón de problemas. No sé cómo hubiera podido mantenernos la abuela de no haber sido por aquel dinero. Ella estaba decidida a no vender ni una parcela de las tierras, pero sus ingresos se reducen a los de la seguridad social. Esa es una de las razones por las que no me he ido a un apartamento: si vivo con ella y traigo comida, le parece razonable; pero si compro la comida, la llevo a su casa y la dejo en la mesa, y después me vuelvo a mi casa, eso es caridad y la pone furiosa.

—¿Y de qué tipo lo has colocado? —le pregunté, solo para mostrar interés.

Estaba ansioso por contárnoslo. Jason es un fanático de los aparatos eléctricos y quería describirnos con detalle todas las comparaciones que había hecho antes de comprar el nuevo calentador. Lo escuché con toda la atención que pude reunir. Justo en ese momento se interrumpió y dijo:

—Ey, Sook, ¿te acuerdas de Maudette Pickens?

—Claro —respondí sorprendida—. Fuimos a la misma clase.

—Pues alguien la asesinó en su apartamento anoche.

La abuela y yo nos quedamos atónitas.

—¿Cuándo? —preguntó la abuela, asombrada por no haberse enterado antes.

—La han encontrado esta misma mañana en su dormitorio. Su jefe la llamó por teléfono para saber por qué no había ido a trabajar ni ayer ni hoy, y al no recibir respuesta fue hasta allí, convenció al portero y abrieron el cerrojo de la puerta. ¿Sabías que tenía el apartamento enfrente del de DeeAnne? —Bon Temps solo tiene un complejo legal de apartamentos de alquiler, un conjunto de tres edificios, cada uno de dos plantas en forma de U, así que sabíamos exactamente de qué lugar nos hablaba.

—¿La mataron allí? —Me sentí enferma. Recordaba con claridad a Maudette: tenía una mandíbula muy prominente y el culo cuadrado, un pelo negro muy bonito y hombros firmes. Era buena empleada, pero ni brillante ni ambiciosa. Me parecía recordar que trabajaba en el Grabbit Kwik, una gasolinera y cafetería, y así lo comenté.

—Sí, llevaba trabajando allí más o menos un año, calculo yo —confirmó Jason.

—¿Cómo lo hicieron?—Mi abuela puso esa mueca de "dímelo sin rodeos" que usa la gente amable cuando pregunta por las malas noticias.

—Tenía algunos mordiscos de vampiro en sus… eh… la cara interna de los muslos —dijo mi hermano, sin levantar los ojos del plato—. Pero no fue eso lo que la mató. Fue estrangulada. DeeAnne me contó que a Maudette le gustaba ir a ese bar de vampiros de Shreveport en cuanto tenía un par de días libres, así que puede que fuera allí donde la mordieron. Es posible que no fuera el vampiro de Sookie.

—¿Maudette era una colmillera? —sentí náuseas al imaginarme a la achaparrada y mentalmente cortita Maudette envuelta en los exóticos ropajes negros tan queridos por los colmilleros.

—¿Qué es eso? —preguntó la abuela. Debió de perderse Sally—Jessy3 el día que analizaron ese fenómeno.

—Son hombres y mujeres que salen con vampiros, les gusta que los muerdan. Son como fans de los vampiros. Pero me parece a mí que no duran mucho, porque quieren que los muerdan todo e1 rato, y antes o después reciben un mordisco de más.

—Pero no fue un mordisco lo que mató a Maudette —la abuela quería asegurarse de haber entendido eso.

—No, estrangulamiento. —Jason ya estaba terminando su comida.

—¿No pones siempre gasolina en el Grabbit? —le pregunté.

—Claro, como mucha gente.

—¿Y no salías de vez en cuando con Maudette? —preguntó la abuela.

—Bueno, hasta cierto punto—respondió Jason con cautela.

Me pareció que eso quería decir que se acostaba con Maudette cuando no podía conseguir a ninguna otra.

—Espero que el sheriff no quiera hablar contigo—añadió la abuela, sacudiendo la cabeza como si ese gesto lo hiciera menos factible.

—¿Qué? —Jason estaba rojo, y se puso a la defensiva.

—Bueno, ves a Maudette en la tienda cada vez que pones gasolina, más o menos sales con ella, y acaba muerta en unos apartamentos con los que tienes familiaridad— resumí. No era mucho, pero sí algo, y hay tan pocos homicidios misteriosos en Bon Temps que estaba segura de que removerían cielo y tierra en la investigación de este.

—No soy el único que encaja en ese perfil. Muchísimos otros tíos ponen gasolina allí, y todos conocen a Maudette.

—Sí, ¿pero en qué sentido?—espetó la abuela—. No era una prostituta, ¿verdad? Así que le habrá comentado a alguien con quién salía.

—Simplemente le gustaba pasárselo bien, no era una profesional. —Fue bonito por su parte defender a Maudette, considerando lo que yo sabía del carácter egoísta de Jason. Empecé a tener mejor opinión de mi hermano mayor—. Y se sentía algo sola, supongo—añadió.

Jason nos miró a las dos entonces, y vio que estábamos sorprendidas y conmovidas.

—Hablando de prostitutas —prosiguió con rapidez—, hay una en Monroe especializada en vampiros. Siempre tiene cerca un tipo con una estaca por si alguno va demasiado lejos. Bebe sangre sintética para mantenerse con las reservas sanguíneas altas.

Era desde luego un cambio de tema bastante definitivo, así que la abuela y yo tratamos de pensar alguna pregunta que pudiéramos hacer sin resultar indecentes.

—Me pregunto cuánto cobra— aventuré a comentar, y cuando Jason nos dijo la cifra nos quedamos asombradas.

Una vez quedó atrás el asunto del asesinato de Maudette, la comida prosiguió como siempre, con Jason mirando su reloj y diciendo que tenía que irse justo cuando tocaba lavar los platos.

Pero descubrí que la abuela todavía le daba vueltas a lo de los vampiros. Un rato después vino a mi habitación, mientras me maquillaba para ir a trabajar.

—¿Qué edad crees que tiene el vampiro, el que conociste?

—No tengo ni idea, abuela —estaba aplicándome la máscara de pestañas, con los párpados muy abiertos y tratando de mantenerme inmóvil para no meterme el maquillaje en un ojo, así que mi voz tuvo un tono agudo, como si estuviera practicando para una película de terror.

—¿Crees que… podría recordar la Guerra?

No hizo falta preguntar qué guerra. Al fin y al cabo, la abuela era miembro fundador de los Descendientes de los Muertos Gloriosos.

—Podría ser—dije, moviendo la cara de lado a lado para asegurarme de que el colorete estaba bien repartido.

—¿Crees que podría venir para hablamos sobre ello? Podríamos tener una reunión especial.

—De noche—le recordé.

—Oh, sí, claro, tendría que ser de noche. —Los Descendientes suelen reunirse a mediodía en la biblioteca y llevarse la comida en una bolsa.

Pensé en ello. Sería muy grosero por mi parte acercarme al vampiro y sugerirle que debía dar una charla en el club de la abuela porque yo le había salvado de que los desangradores lo dejaran seco, pero quizá él se ofreciera si le daba una pista… No me apetecía, pero lo haría por la abuela.

—Se lo preguntaré la próxima vez que vaya—prometí.

—O al menos podría hablar conmigo y yo grabaría sus recuerdos—comentó ella. Casi pude oír cómo giraban los engranajes de su cabeza al pensar en el espaldarazo que supondría para ella algo así—. Sería tan interesante para los otros miembros del club… —dijo con modestia.

Contuve las ganas de reír.

—Se lo comentaré —repetí— Ya veremos.

Cuando me marché, la abuela ya estaba vendiendo la piel del oso.

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