Que siga el baile

sigbai

Canas. Barquín peina un diez por ciento de canas. Es lo que lleva gastado de su vida; y le parece poco, su cabello lleva mal las cuentas. No costaría nada confundirlo con cualquiera de los delincuentes a los que persigue, o quizá no, quizá su sentido del humor caústico lo diferencia definitivamente de los demás. Una noche entre semana, Barquín toma su trago en un bar de alterne cuando irrumpen dos atracadoras. Dos niñas bien, por su aspecto y porque tratan a los clientes como palurdos. Barquín sufre un flechazo: se enamora de una, la más alta y cargada de espaldas. La lámpara de la caja, cuando ella se entretiene estudiando el teclado, ha tallado su rostro con sequedad, pero se cubre la cabeza con una gorra azul de marinero, de la marina mercante, con los galones de capitán. Encantadora. No importa que le ponga al cuello una pistola, o que pinche a Calatrava Golden, uno de los gorrones del bar, que ha pretendido hacerse el valiente con ella…

compra en casa del libro Compra en Amazon Que siga el baile
Interplanetaria

Sin opiniones

Escribe un comentario

No comment posted yet.

Leave a Comment

 

↑ RETOUR EN HAUT ↑