Redshirts

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John Scalzi dio un soplo de aire fresco al space-opera con su aclamada La vieja guardia, revitalización y homenaje a un tiempo de novelas como Tropas del espacio (Heinlein) o La guerra interminable (Haldeman) que se convertiría en la primera de una saga que será próximamente llevada a la televisión.

En Redshirts Scalzi intenta dar un nuevo giro de tuerca, esta vez parodiando (y también homenajeando) Star Trek y su célebre hecho inexorable de que todo hombre que acompañaba a la expedición de desembarco vestido con casaca roja acababa muriendo. Ciertamente, podrían darse por aludidas también muchas otras series, desde Stargate a Galáctica, aunque hayan tratado de ser más sutiles no vistiendo de rojo a la víctima y dándole un par de líneas de diálogo, una para “demostrar” que los protagonistas ya lo conocían de algo y otra para su muerte.

Redshirts funciona muy bien durante un primer tercio de la novela, en la que un grupo de nuevos reclutas se incorpora a la nave insignia de la Unión Planetaria bajo el mando de su legendario capitán y su infalible oficial científico, pero pronto se encuentran con que el nivel de bajas de las misiones de desembarco es tan catastrófico que los oficiales deberían haber sido sometidos a un consejo de guerra, y que toda la tripulación ha desarrollado una depurada técnica de escaqueo para evitar estas misiones o cruzarse siquiera con quienes son los “inmortales” de la nave, incluso tienen calculada la probabilidad de supervivencia en función de qué combinación de oficiales acompañe la misión. Los nuevos reclutas se negarán a aceptar su destino e iniciarán una investigación para resolver el enigma… y es en esta parte donde Redshirts pierde fuelle, los homenajes paródicos se reducen y los elementos de Star Trek se vuelven demasiado explícitos. El interés a partir de aquí dura lo que dura el misterio, y una vez resuelto Scalzi dedica demasiadas páginas a experimentar puntos de vista narrativos que ni aportan a la historia ni son entretenidos de leer.

Es curioso que La viaja guardia no pasara de la nominación al Hugo (Lo ganó Spin, de Robert Charles Wilson. Sí recibió, en cambio, el premio Campbel  para nuevos escritores) y Redshirts sí lo haya ganado, tratándose esta de una obra no sólo mucho menos original y cuya escritura Scalzi se tomó mucho menos en serio (Reconoce en los agradecimientos que la escribió alternándola con su presidencia de la Asociación de escritores y fantasía de Estados Unidos). Quizá los experimentos narrativos finales tengan un valor literario que escapa a este cronista, o quizá sea simplemente cuestión de tener nombre o no.

 

 

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Óscar Cuevas

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