Sharpe y el tigre de Bengala

Sharpetigre

El fusilero Richard Sharpe es sin duda uno de los oficiales más temidos de cuantos intervinieron en las guerras napoleónicas. Su escaso respeto por la disciplina, su nobleza y su temeridad le convierten en un adversario impredecible dispuesto a las más arriesgadas acciones y su periplo por una Europa desgarrada por la guerra constituyen la recreación más emocionante de un período de la historia que cambió la faz del mundo. Cornwell traslada al lector al corazón de unos acontecimientos apasionantes, le hace partícipe de las más grandes batallas…

Esta es una aventura previa a la participación de Sharpe en los conflictos con Napoleón. Desde el cielo sin nubes de la India, los buitres observan el lento avance, a través de la llanaura agostada, del 33º Regimiento del Ejército de Su Majestad Británica, que se dirige a la conquista de Seringapatam. Su gobernante, el Tipoo, no tiene miedo de los ingleses: confía en Alá y en la terrible trampa que ha preparado para aniquilarles por completo.

ANTICIPO:
-¡Síganle, muchachos! -gritó el sargento Creen, y cerca de la mitad de los miembros de la Compañía Ligera saltaron al agua cubierta de verdín. Los demás se agacharon y aguardaron las órdenes de Morris, pero Morris seguía confuso y el sargento Hakeswill estaba en cuclillas al pie del terraplén, oculto al enemigo.

-¡Vamos! -gritó Wellesley, enojado por la vacilación de los soldados-. ¡Vamos! ¡No dejen que se queden ahí parados! ¡Capitán West! ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Capitán Morris, muévase!

-¡Oh, Dios, madre! -exclamó Hakeswill mientras subía gateando por el muro de contención-. ¡Madre, madre! -gritó al dejarse caer en el agua tibia. Fitzgerald y la primera mitad de la compañía ya habían cruzado al otro terraplén y en aquellos momentos ya estaban dentro del tope, y Hakeswill oyó gritos y disparos y un escalofriante sonido del entrechocar del acero. .

Wellesley vio que al final sus dos compañías de los flancos avanzaban hacia el otro lado del canal y mandó a un edecán a avisar al comandante Shee y al resto del batallón. El fuego de los mosquetes en el tope era intenso, un inacabable traqueteo de disparos que con cada fogonazo iluminaban momentáneamente la niebla de humo de pólvora que se extendía entre las hojas. Parecía algo salido del infierno: un destello de fuego tras otro que surgía de la oscuridad, estelas de misiles centelleando entre los árboles y siempre los quejidos de soldados moribundos y alaridos de pánico. Un sargento les gritó a sus hombres que cerraran filas, otro soldado chillaba desesperadamente queriendo saber dónde se encontraban sus compañeros. Fitzgerald animaba a sus hombres a seguir adelante, pero había demasiados casacas rojas que estaban siendo arrinconados contra el muro de contención, donde se hallaban en peligro de ser arrollados. Wellesley tuvo la sensación de que lo había hecho todo mal. Tendría que haber utilizado el batallón entero en vez de tan sólo las dos compañías de los flancos, y se enojó al darse cuenta de su error. Él se tomaba muy en serio su profesión, pero si un soldado profesional no era capaz de echar de un bosquecillo a unos cuantos infantes y artilleros enemigos, entonces ¿de qué servía él? Pensó en espolear a Diomedes, su caballo, para que atravesara el canal y se adentrara en las zonas de llameante humareda del interior del tope, pero resistió el impulso porque entonces se hallaría entre los árboles y habría perdido contacto con el resto del 33.Q, y sabía que necesitaba a las ocho compañías restantes de Shee para que reforzaran a los atacantes. Si fuese necesario podría hacer llamar a los dos batallones cipayos como refuerzos, pero estaba seguro de que el resto del 33.Q sería suficiente para transformar en victoria aquella confusión, así que se dio la vuelta y regresó al galope para hacer avanzar inmediatamente al batallón.

Hakeswill se deslizó por el terraplén del otro lado y se adentró entre las oscuras sombras de los árboles. Llevaba el mosquete en la mano izquierda y la alabarda en la derecha. Se agachó junto al tronco de un árbol y trató de darle un sentido al caos que le rodeaba. Veía los fogonazos de los mosquetes, con sus deslumbrantes llamaradas que momentáneamente teñían de luz la humareda y se reflejaban en las hojas, oía gritos y el llanto de un hombre, pero no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Un puñado de sus soldados se había quedado cerca de él, pero Hakeswill no sabía qué decirles; entonces oyó un terrible grito de guerra que provenía de no muy lejos a su izquierda, se dio media vuelta rápidamente y vio a un grupo de infantes de rayas atigradas que se abalanzaban sobre él. Dio un grito de puro pánico, disparó el mosquete con una mano y soltó el arma inmediatamente al tiempo que huía entre los árboles para escapar del asalto. Algunos de los casacas rojas se dispersaron a ciegas, pero otros fueron demasiado lentos y los indios cayeron sobre ellos. Sus gritos quedaron interrumpidos cuando las bayonetas hicieron su trabajo y Hakeswill, que sabía que los hombres del Tippoo estaban masacrando al pequeño grupo de casacas rojas, avanzó entre la maraña de árboles con desespero, dando tumbos, para intentar salir de allí. El capitán Morris estaba llamando a Hakeswill con mi dejo de pánico en su voz.

-¡Estoy aquí, señor! -le respondió Hakeswill-. ¡Aquí, señor!

-¿Dónde?

-¡Aquí, señor! -Una descarga de mosquetería retumbó entre los árboles y las balas atravesaron las hojas y se incrustaron en los troncos. Los misiles se elevaban con un sonido sibilante y pasaban con estrépito entre las altas ramas. Sus ardientes toberas cegaban a los soldados y las explosiones de sus conos llenos de pólvora proyectaban una lluvia de fragmentos de metal caliente y pedazos de hojas que caían revoloteando-. ¡Madre! -gritó Hakeswill, y se quedó encogido junto a un árbol.

-¡Formen en línea! -gritó Morris-. ¡Formen en línea! -Tenía junto a él a una docena de soldados que formaron unanerviosa línea y se agacharon entre los árboles. El rojo reflejo de las llamas de los misiles encendidos parpadeaba en sus bayonetas. En algún lugar por allí cerca un hombre moría jadeando y la sangre le borbotaba en la garganta a cada dificultosa respiración. Sonó el traqueteo de una descarga que hizo saltar astillas a unos cuantos metros de distancia, pero cayó lejos de Morris, que se agachó de todas formas. Entonces, durante unos pocos benditos segundos, el ruido confuso de la batalla se apagó y en aquel relativo silencio Morris miró a su alrededor para tratar de orientarse un poco-. ¡Teniente Fitzgerald! -gritó.

. -¡Estoy aquí, señor! -respondió Fitzgerald con confianza desde la oscuridad que había delante-. Frente a usted. Echamos de aquí a esos cabrones, señor, pero algunos de esos granujas se dirigen hacia su flanco. Tenga cuidado por la izquierda, señor. -El irlandés parecía desvergonzadamente alegre.

-¡Alférez Hicks! -exclamó Morris.

-Aquí estoy, señor, justo a su lado, señor -respondió una vocecita desde algún punto por debajo de Morris.

-¡Por Dios! -renegó Morris. Había tenido la esperanza de que Hicks hubiera traído refuerzos, pero al parecer nadie excepto Fitzgerald conservaba el control en medio de aquel caos-. ¡Fitzgerald! -gritó Morris.

-¡Sigo aquí, señor! Hemos acosado a esos cabrones, ya lo creo.

-¡Le quiero aquí, teniente! -insistió Morris-. ¡Hakeswill! ¿Dónde está usted?

-Aquí, señor -dijo Hakeswill, pero sin moverse de su escondite entre los arbustos. Calculaba que se encontraba a unos pasos de distancia de Morris en dirección norte, pero Hakeswill no quería arriesgarse a ser emboscado por un soldado de listas atigradas mientras andaba dando tumbos en busca de su capitán, así que se quedó allí-. Ya vengo, señor -dijo, y entonces se agachó aún más entre las envolventes hojas.

-¡Fitzgerald! -gritó Morris de mal talante-. ¡Venga aquí!

-¡Será puñetero! -masculló Fitzgerald entre dientes. Ya no podía utilizar el brazo izquierdo y tenía la sensación de que la herida era más grave de lo que había supuesto. Le había ordenado a un soldado que le atara un pañuelo alrededor de la herida y había esperado que la presión contuviera la hemorragia. Le acosaba la idea de la gangrena, pero dejó de lado esa inquietud para concentrarse en mantener con vida a sus hombres-. ¿Sargento Creen?

-¿Señor? -respondió Creen estoicamente.

-Quédese aquí con los soldados, sargento -ordenó Fitzgerald. El irlandés había conducido a una veintena de miembros de la Compañía Ligera hacia el interior del tope y no le veía ningún sentido a ceder él terreno sólo porque Morris estuviera nervioso. Además, Fitzgerald estaba casi seguro de que las tropas del Tippoo se hallaban tan confusas como las británicas, y si Creen se mantenía firme y hacía uso de las descargas, no correría demasiado peligro-. Traeré de vuelta al resto de la compañía -:-le prometió Fitzgerald al sargento Creen. Luego el teniente se giró y gritó entre los árboles-: ¿Dónde está usted, señor?

-¡Aquí! -respondió Morris con irritación-. ¡Apresúrese, maldita sea!

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28 Opiniones

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  • Cartago
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    Toda la serie de Sharpe es grande, novela de aventuras actual (la novela, logicamente, ya que las aventuras se desarrollan en el siglo XIX). Ya sé que tanto Flashman como Sharpe tienen muchos incondicionales entre los asiduos de estos foros. Pero recalco: la novela no está muerta, ni en decadencia, y el que lo quiera comprobar, que se lea a Sharpe.

  • Sable
    on

    Le voy a dar un cinco a esta novela, pero en realidad se lo doy a la serie completa. Supongo que novela a novela no se merece esa calificación -ni tampoco por temporalidad, ya que Cornwell es un autor de nuestros dáis-. Pero con esta serie, salvando las distancias, me pasa lo que con los episodios nacionales de nuestro don Benito Pérez Galdos. Hay novelas mejores y peores, pero todas juntas forman un gran fresco. De la misma manera la serie de Sharpe gana como serie y como conjunto.

    PD. Cartago, no entiendo esa afirmación de que la novela está muerta.

  • leonidas
    on

    El que le tenga miedo a esta novela porque se trata de una serie, o casi habría que llamarlo folletín (que no tiene necesariamente por que ser malo), que no se asuste.

    Es una precuela de cuando Sharpe aún era soldado y no se va a encontrar así con referencias y personajes aparecidos en otros libros.

    Por lo demás, ya se ha dicho, una buena novela de aventuras, con chicha y excelente ambientación.

  • Thor
    on

    La serie de Sharpe es cojonuda. Lo único que da pena es ver que no parece haber españoles capaces de hacer algo parecido a series como las de Flashman o Sharpe. Todas estas series están editadas por Edhasa y uno alucina viendo el salto tan brutal que hay entre los escritores de las mismas y los españoles que publica la misma editorial. La brecha entre la capacidad de narrar y meter en situaciones y aventuras de (solo es un ejemplo) Cornwell respecto a Corral es brutal, con un balance claramente desfavorable al segundo.

    ¿No hay españoles que puedan hacer eso con toda nuestra rica historia? Francamente me resulta muy dificil de creer.

  • Cartago
    on

    Me refería a la novela de aventuras, claro, no a la novela en general.

  • Cartago
    on

    El problema es de donde vienen esos escritores. Novelistas españoles excelentes hay. Capaces de hacer cosas así por supuesto. Pero a lo mejor no se acude a ellos y sí a otro tipo de escritores que son más bien eruditos que narradores.

  • Escorpio
    on

    ¿Los hay? ¿Quiénes?

  • hur
    on

    Con tu permiso, añadiría una pregunta, ¿qué títulos? Con la próxima paga… jejeje, iré de compras otra vez.

  • Cartago
    on

    Aquí se habla, en otro foro, bastante de ciencia ficción española. He comprado algunos de esos libros y os puedo decir que son excelentes. Nada que ver con la ciencia ficción española "oficial" que de vez en cuando aparece en alguna editorial "culta", que son obras de escritores de literatura general sin conocimiento, respeto ni interes por el tema que se trata.

    De igual forma estoy convencido de que hay escritores al margen de la novela histórica "oficial" y que hasta que se abran los cauces para que puedan publicar y mejorar seguiremos leyendo buenas novelas anglosajonas y malas españolas, a grosso modo claro.

  • Andr
    on

    El problema es ese: conocemos sólo lo oficial, que suele tender a repetir siempre lo mismo y los hallazgos de autores se nos pueden pasar por alto, cachis en la mar.

  • CarpeDiem
    on

    Excelente, con el añadido de que son una especie de precuela a las aventuras napoleonicas del fusilero Sharpe y no desmerecen para nada a las novelas de la serie.

  • Melit
    on

    Si tio. Pero sin acceso a lo oficial no hay nada. Si a la gente no le publican, ellos no progresan y los lectores se quedan sin disfrutar de buenas novelas y se tienen que conformar con truños.

  • Pepe1
    on

    Creo que el señor Bernard ha realizado una buena serie con Sharpe, espero que con el libro XII, termine ya. A los amigos de este foro y seguidores del sr Bernard, les recomiendo la trilogia del Señor del Invierno (El rey Arturo), bastante bien elaborada, y seguir las aventuras del buen Derfel.

    Otras novelas de Bernard, me han parecido más flojas,, lo suyo y con diferencia es la novela histórica de acción.

  • Wamba
    on

    Hay una novelita corta de Perez Reverte llamada La sombra del aguila que es sencillamente genial. Eso sí, si no os gusta el autor, ni la pilleis, pq es él en estado puro.

    Novela de aventuras, de amnbiente histórico (guerras de Napoleón), bien narrada y muy divertida.

  • wolf
    on

    La novela es buena, el ambiente, la trama…y por una vez no tenemos que aguantar los prejuicios de sharpe contra España y los españoles. La unica potable de la saga.

  • Rickard
    on

    Lo hubo. Se llamaba Benito Pérez Galdós cuya serie "Los Episodios Nacionales" le da cien mil vueltas a la de Sharpe y si no me creeis leed algunos episodios como el de Trafalgar, Zaragoza o Gerona, brutales. Me lo agradecereis.

  • Rickard
    on

    Lo hubo. Se llamaba Benito Pérez Galdós cuya serie "Los Episodios Nacionales" le da cien mil vueltas a la de Sharpe y si no me creeis leed algunos episodios como el de Trafalgar, Zaragoza o Gerona, brutales. Me lo agradecereis.

  • Wamba
    on

    Pérez Galdós a mi no me gusta (salvo La tía Tula, no sé porqué). No es nada personal contra él, es en general contra el naturalismo y el realismo, que me aburren. No recuerdo quién decía que sólo necesitas saber si hay una silla si alguien está sentado en ella, y dónde está si alguien va a tropezarse. Pero rara vez necesitas saber cómo es. La mayoría de relatos de ese estilo que he leído son ejercicios de estilo que si realmente tuvieran interés en narrar una historia ocuparían la mitad o menos de páginas.

    Pérez Reverte tiene algunos relatos de aventuras históricas realmente buenos, sobre todo La sombra del águila. Excelente. Aunque ya sé que comparar a un Pérez con otro no está bien visto por la crítica, que sólo perdona que un autor venda mucho si está muerto.

  • Rickard
    on

    Los Episodios Nacionales de Galdós no son "novela realista" en el sentido puro del género. Son novela de aventuras pura y dura, bastante diferentes en cuanto a narración a otras obras del mismo autor como "La tia Tula", "Misericordia", "Fortunata y Jacinta" o "Miau",l con las cuales tienen muy poco que ver. A mí no me gusta la novela realista y he de reconocer que le tenía bastante manía a Galdós desde que me obligaron a leer "Miau" en el instituto, que no me gustó nada y me supuso una auténtica tortura.

    Años después descubrí los episodios nacionales, empezando por Trafalgar y nada que ver.

    Hazme caso. Si no los has leido coge Trafalgar que es el primero y verás, ya no podrás dejar la serie. De hecho yo me leía la 1ª serie toda de un tirón. Te sorprenderá. No he leído inguna otra novela de aventuras que se le iguale en español. El tercero de los episodios, por ejemplo "El 19 de marzo y el 2 de mayo" es impresionante. Sangre y acción a raudales. La descripción de la revuelta contra los franceses en Madrid es prodigiosa y tan acertada que no tenía ningún problema para visualizar Madrid al dedillo, los principales combates en las calles, en el cuartel de artillería con Daoiz y Verlarde, etc. y eso que no soy de ahí. Había leído los dos primeros libros de la serie de Sharpe pero los combates de ahí comparados con los que salen en este tercer episodio se quedan en nada, creedme.

    Liberaos de vuestro prejuicios y vereis. Seguro que me lo agradecereis.

  • ford
    on

    Estoy con Rickard, os sorprenderá Galdos en los EN, es sublime, además su lectura os acompañará toda la vida.

  • Wamba
    on

    pues me acabais de añadir un libro a la pila. Y si me gusta, pues una serie entera. Que no sea por no darle oportunidades a los "autores que están empezando", je,je.

  • oscar
    on

    JaJaJa 😀

    Como curiosidad, Trafalgar es una de sus primeras novelas, escrita con 29 o 30 años. Así que con ella sí que estaba empezando

  • Agora
    on

    A mí Galdós me parece soberanamente aburrido. Es cansino.

  • Rickard
    on

    ¿El de los Episodios Nacionales también? Es que yo creo que el Galdós de la novela realista (que yo también considero aburrido y cansino) no tiene nada que ver con el de los Episodios. Por eso digo que sorprende.

  • pugachof
    on

    De Galdós solo fui capaz de leer Trafalgar, que por cierto me parece un espléndido libro, pero seguidamente lo intenté con Gerona y es que no puedo con él, me aburre inmensamente.

    Y que os parece el Pío Baroja de Las inquietudes de Shanti Andía o el de Zalacaín el aventurero, personalmente me parecen buenos libros de aventuras, especialmente el primero.

  • pugachof
    on

    De Galdós solo fui capaz de leer Trafalgar, que por cierto me parece un espléndido libro, pero seguidamente lo intenté con Gerona y es que no puedo con él, me aburre inmensamente.

    Y que os parece el Pío Baroja de Las inquietudes de Shanti Andía o el de Zalacaín el aventurero, personalmente me parecen buenos libros de aventuras, especialmente el primero.

  • AKIUS
    on

    ¿ALGUIEN PUEDE DECIRME SI ESTE LIBRO EN EL XI DE LA SERIE DE LIBROS DE RICHARD SHARPE ESCRITOS POR BERNARD CORNWELL?

    MUCHAS GRACIAS

  • pepe
    on

    ésta novela es el inicio de una precuela dentro de las aventuras de Sharpe, pues transcurren en la India, a principios del siglo XIX. Sharpe es un simple soldado y conoce al que después será el duque de Wellington. hay dos novelas más de esta precuela en la India: el triunfo de Sharpe y Sharpe y la fortaleza india. estos hacen el número 12 y 14 de la colección, pues metió de matute un Sharpe en trafalgar que estaría entre sus aventuras de la India y su participación en las guerras napoleónicas.

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