Terraformar la Tierra

Desde su conocida La Legión del espacio (1947) hasta hoy, Jack Williamson, que fue contemporáneo de Heinlein y Asimov, ha recibido numerosos premios y sido nombrado Gran Maestro de la ciencia-ficción. Con Terraformar la Tierra (2001), Williamson ha demostrado que su edad no repercute en su vigor narrativo, al ganar el Hugo, el Nebula y el John W. Campbell Memorial.

Se trata de una historia de esperanza en la que Duncan Yare y sus sucesivos clones narrarán los continuos renacimientos de la Tierra, desde el día en que un asteroide aniquilase toda la vida del planeta. Los fracasos son muchos, al igual que las dificultades, pero ese puñado de humanos supervivientes no se rinden en su anhelo de devolver la vida y la gloria a un mundo que ha dejado de ser su hogar.

ANTICIPO:
Ame seguía sacudiendo la cabeza y miraba hosco a nuestros padres en el tanque de hologramas. Dian se puso a su lado y lo rodeó con un brazo.

-Tenemos que ir -le dijo Pepe-. ¿Has olvidado por qué estamos aquí?

-¡Maldito DeFort! -El labio de Ame sobresalía con tozudez-. Su locura de plan no se ajusta a los hechos. Quizá fuera muy listo, pero con todo lo sorprendieron. El asteroide era más grande de lo que imaginó jamás. No sólo esterilizó el planeta sino que también destrozó buena parte de la corteza. Eso dejó inestabilidades sísmicas que siguen provocando terremotos y volcanes. Todavía se está recuperando, los casquetes polares están retrocediendo pero creo que deberíamos esperar otra generación.

-¡Ame! – Tanya sacudió la cabeza en una dolorida reconvención-. Su albedo dice que ya es lo bastante cálido. Que ya está listo para nosotros.

-Si crees a los albedos.

Nuestros padres holográficos permanecían congelados en el tanque con los ojos clavados en Ame, como si el ordenador maestro jamás hubiera programado una rebelión así, pero Tanya le hizo una mueca.

-jAmy Barny! -Al burlarse de él su voz adquirió el tono agudo que tenía a los tres años-. Bajo todos esos faroles, siempre has sido un miedoso. ¿O acaso eres un gallina capitán de la sardina?

-Por favor, Tanny -Pepe le acariciaba el brazo-. Ya somos adultos. -Se volvió muy serio hacia Ame-. Y no podemos olvidar por qué nos puso el doctor DeFort aquí.

-DeFort está muerto.

-Y con el tiempo todos estaremos muertos. -Pepe se encogió de hombros-. Pero la verdad es que si piensas en lo que quería DeFort que fuéramos, no tiene que importamos. No importa cuándo o cómo muramos, siempre nos puede sustituir otra generación.

-Yo no estoy listo para que me sustituyan -Ame había enrojecido de la emoción, pero sacudió la cabeza dirigiéndose a Tanya con una especie de deliberación forzada-. Me llamas cobarde, yo diría que soy prudente. Sé de geología y de la ciencia de terraformar. He pasado miles de horas examinando la Tierra con telescopios, espectroscopios y radares, estudiando los océanos, las tierras inundadas y las tierras bajas. No he encontrado ningún sitio adecuado para albergar vida. Los mares siguen contaminados por los metales pesados del asteroide, los ríos siguen lixiviando más materia letal de los continentes. Encontraríamos la atmósfera irrespirable, el oxígeno agotado, niveles de dióxido de carbono que te matarían, dióxido de sulfuro de las erupciones constantes: los climas son demasiado severos para permitir que la vida arraigue en ningún sitio. No veo ningún lugar para ningún tipo de vida, al menos de momento. Si tenemos que hacer algún esfuerzo loco a pesar de todas las probabilidades, al menos esperemos otros diez o veinte años…

-¿Esperar qué? -interrumpió Tanya con más brusquedad-. Si una glaciación no fue lo bastante larga para limpiar el planeta, ¿qué clase de milagro esperas que se produzca en sólo otros diez o veinte años?

-Podemos reunir datos -Ame bajó la voz y apeló a la razón-. Podemos actualizar el plan para adecuar la Tierra a como esperamos que esté en diez o veinte mil años. Podemos entrenamos para nuestra misión, si al final tenemos que realizada.

-Nos hemos entrenado. -Pepe esperó el asentimiento de Tanya-. Hemos estudiado, estamos tan listos como lo vamos a estar jamás. Vamos. Y yo digo que ahora.

-Yo no. -Ame abrazó a Dian contra su cuerpo y ella le sonrió-. Nosotros no.

-Te echaremos de menos. -Pepe se encogió de hombros y se dirigió a mí-. ¿Cómo lo ves, Dunk?

Tragué saliva y cogí aliento para decir de acuerdo, pero Tanya ya le había agarrado el brazo.

-Yo soy bióloga. Entiendo los problemas. He encontrado máscaras listas para nosotros en el almacén, si es que necesitamos máscaras de oxígeno. Sólo bájame. Sé cómo plantar la semilla.

Despegaron juntos, Pepe pilotaba la nave espacial y Tanya hacía los informes de radio mientras examinaban la Tierra desde una órbita baja. Describió los polos más encogidos, el nivel del mar más alto, las costas cambiadas que hacían que los rasgos familiares fueran difíciles de reconocer.

-Necesitamos suelo donde pueda crecer la semilla -dijo-. Es difícil encontrado desde el espacio si es que existe. Las rocas se desmigajan Y se convierten en sedimento pero los ríos se están llevando la mayor parte al mar por falta de raíces para sujetado. Intentaremos plantar desde la órbita pero quiero aterrizar para echar un vistazo más de cerca.

Dian les pidió que buscaran cualquier reliquia de civilización humana.

-Ya es un poco tarde para eso -el tono de Tanya era sardónico-. El hielo y el tiempo han borrado las grandes pirámides, las grandes presas, la gran muralla china. Todo lo bastante grande como para buscado.

-Lógico -murmuró Ame-. El impacto ha rehecho la Tierra, pero no para nosotros. Quizá nunca pueda volver a albergar vida humana.

-Ese es nuestro trabajo. -Era la voz de Pepe-. Adecuada. -¡Un munqo nuevecito! -La ironía había desaparecido de la voz de Tanya_. Esperando la chispa de la vida.

En el micro Ame tenía preguntas técnicas sobre las lecturas que había hecho el espectrómetro de las radiaciones solares reflejadas en la superficie y refractadas por la atmósfera, preguntas sobre el hielo polar, sobre el aire y la circulación de los océanos. Eran datos, dijo, que deberíamos recoger para la siguiente generación.

-Estamos aquí para volver a plantar el planeta – Tanya se impacientó-. Y ahora estamos demasiado por debajo del ecuador para ver todo eso. Hasta ahora no hay nada útil que podamos decir sobre la atmósfera o las pautas de circulación de los océanos.

Al menos vemos que el planeta está bastante húmedo. Unas nubes muy pesadas ocultan la mayor parte de la superficie. Necesitaremos el radar para buscar un lugar de aterrizaje.

Ame nunca dijo que ojalá hubiera bajado con ellos, pero siguió con sus preguntas hasta que pensé que se sentía culpable.

Tras dejarse caer sobre una órbita que rozaba la atmósfera, sembraron el planeta con bombas de vida, cilindros protegidos del calor equipados con paracaídas y cargados de perdigones de semillas cubiertos de fertilizante.

Un claro sobre el este de África reveló un mar estrecho en el Valle de la Gran Falla, que parecía más profundo y más ancho. Tanya quería aterrizar allí.

-Es el sitio más probable que hemos visto. Debería ser lo bastante cálido y húmedo. El agua parece azul, quizá dulce, sin señales de una gran contaminación. Además, resulta que está cerca del sitio donde evolucionó el Homo sapiens. Un lugar simbólico para una segunda creación, aunque Pepe dice que estaba loca por molestarme con eso. Dice que ya hemos terminado nuestro trabajo. Hemos esparcido semillas por todos los continentes y hemos tirado bombas de algas en todos los océanos importantes. Dice que tendremos que dejar que la naturaleza se ocupe del resto, pero yo sigo siendo bióloga y quiero recoger muestras de suelo, aire yagua para ayudar con el siguiente intento si tenemos que hacerla otra vez. Ame debería estar aquí. -Hablaba en serio, sin sarcasmos-. Es el geólogo que entendería las consecuencias del impacto. Es el terraformador, más experto que nosotros. Y se está perdiendo la emoción de esta vida. -El júbilo le burbujeaba en la voz-. Nos sentimos como dioses. Bajamos del cielo con el don de la vida para este mundo destrozado. Pepe dice que deberíamos volver a la Luna mientras aún podemos pero yo no quiero… no puedo… renunciar al aterrizaje real.

Al comenzar el descenso final al otro lado de la Tierra, estuvieron fuera de contacto mientras yo me mordía las uñas durante una hora.

-¡Abajo y a salvo! – Tanya estaba exuberante cuando la volvimos a oír-; Pepe nos posó en la costa oeste de este mar de Kenia. Un día espléndido con el sol alto y una gran vista a través de un cuello de agua hasta una pared de acantilados oscuros y las laderas de una montaña volcánica nueva casi tan alta como el Kilimanjaro. Una torre de humo sale del cono. El cielo que hay sobre nosotros es tan azul corno el mar, aunque quizá no por mucho tiempo. Veo una nube de tormenta que se levanta por el oeste.

Se quedó callada un momento.

-Otra cosa… una cosa muy rara. Al aterrizar sobre la cola, el avión está a gran altura. Desde la cabina podemos ver a mucha distancia del mar. La mayor parte está en calma, hay un trocito extraño de témpanos. Extraño porque se mueven hacia nosotros, sin señales de viento en ningún otro sitio.

Distingo…

Su voz se interrumpió. Oí el jadeo seco de ella y la exclamación ahogada de Pepe.

-¡Esos témpanos! -volvió su voz, mucho más aguda-. No son témpanos. Son algo… ¡algo vivo!

Debió de apartarse del micrófono. Su voz se desvaneció aunque distinguí unas cuantas palabras que decía Pepe.

-…imposible… nada verde, lo que significa que no hay fotosíntesis, no hay energía para nuestro tipo de vida… con el oxígeno tan agotado… tenemos que saber…

No escuché nada más hasta que portin Tanya volvió al micrófono.

-¡Algo nadando! -Tenía la voz rápida y jadeante– Nadando en la superficie. No vemos mucho más que los chapoteos pero debe descender de algo que sobrevivió al impacto. Pepe duda que una criatura grande pueda vivir con tan poco oxígeno pero la vida anaeróbica evolucionó en la Tierra antes de que hubiera oxígeno disponible. Se, encontraron supervivientes en los respiraderos termales de los lechos oceánicos. Los penachos negros, los gusanos cilíndricos gigantes, las bacterias que los alimentaban…

Oí la voz ahogada de Pepe. El micrófono hizo un ruido seco y se calló, permaneció callado mientras Dian y Ame venían a escuchar conmigo.

-¡Algo los ha cortado! -se estremeció Dian-. ¿Un ataque de esas cosas que nadaban?

-No hay forma de saberlo, pero intenté advertirles. -Ame debió de repetir eso una decena de veces según fueron pasando las horas-. Sencillamente el planeta no está listo para nosotros. Quizá nunca lo esté.

Sugerí que pensásemos en un vuelo de rescate.

-Seríamos imbéciles si fuésemos -Ame sacudió la cabeza-. Si necesitan ayuda, la necesitan ahora, no la semana que viene. No sabemos si tienen problemas. No sabemos nada.

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Interplanetaria

3 Opiniones

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    Hola, después de haber leído dos diferentes formas de Williamson.

    1 "La legión del espacio" MR.

    2 "Los humanoides" de Ultramar.

    La primera pulp para pasar el tiempo y muy fantástica acorde a su tiempo,los ojos pudin flotantes eran lo más.

    Los humanoides, muy buena reflexíon sobre el libre albedrío y la libertad.

    Que tal esta la ganadora del premio Hugo 2003 es un refrito de CF sobre terraformaciones o es innovadora y deslumbrante a similitud de "los humanoides".

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    hur
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    ¡Ay, cualquier tiempo pasado fue mejor! 🙁

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    Danko
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    Pues no creo que esa frase hecha sea aplicable al género.

    Las mejores novelas de CF se están haciendo ahora , otra cosa es que se haya perdido ese carácter de lo fantástico que tenía la CF.Pero ha ganado en SF en especulación a niveles nunca alcanzados.

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