Una historia de las sociedades secretas españolas

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Las sociedades secretas se han convertido en un tema recurrente de la divulgación histórica española en los últimos años, centrada principalmente en la vida, obra y milagros de los masones y la masonería. Pero el panorama del asociacionismo secreto es mucho más amplio y variado de lo que da a entender esa fijación en la francmasonería hispana.

De la mano de una sólida investigación histórica y la consulta de fuentes originales e inéditas, los autores ofrecen un panorama completo de las sociedades secretas españolas, que tuvieron su mayor florecimiento en el convulso siglo XIX. Sin obviar la importancia de la masonería, el libro nos adentra en un mundo variopinto y fascinante en el que conviven todo tipo de organizaciones con fines muy diversos y no sólo políticos.

Por primera vez se pone a disposición del lector una exposición amplia de todas las sociedades secretas y clandestinas españolas hasta la guerra civil de 1936. Y se iluminan algunas turbias historias, como la de la Mano Negra, y se esclarecen misterios como el de la Garduña o el de Los Linajudos. Por sus páginas desfilan sociedades políticas, militares, religiosas, esotéricas y delictivas. También se dedica un capítulo especial a las sociedades secretas coloniales en América, Guinea y Filipinas.

ANTICIPO:
El principal fin de la sociedad de la Garduña tras la expulsión de los judíos, en 1492, fue la de perseguir a aquellos de éstos, y también a los musulmanes, convertidos en falso a la fe católica. Si bien existía una institución, la Inquisición Española, dedicada a perseguir a judaizantes, ya hemos visto en el capítulo dedicado a los criptojudíos que no era todopoderosa: había conversos falsos que, debido a su posición, relaciones o riqueza, estaba a salvo de persecuciones. La Inquisición recurría entonces a los garduños, que liquidaban de forma discreta a los señalados por los inquisidores. Esta labor de asesinos a sueldo de nobles e inquisidores garantizaba a la Garduña una impunidad casi total en sus otras actividades delictivas.

Aparte de esa labor de mano izquierda de la Inquisición, la sociedad secreta de la Garduña, que contaba con una organización depurada, cometía todo tipo de delitos que pudiera lucrarle, aunque el asesinato fue siempre la base de sus actividades. Se ocupaba, mediante ajuste y previa garantía monetaria, de dar cuchilladas que resultaban mortales o no, a gusto del cliente. Tampoco desdeñaba la sociedad el dar palizas y cencerradas, ni la comisión de robos, secuestros, etc. El asesinato se cobraba caro, y era necesario contar con cierto poder e influencias para conseguir que la hermandad se encargase de asesinar a una persona. Sin embargo, una vez comprometida, se tenía a cambio la seguridad de que la Garduña cumpliría su parte del trato, ya que la sociedad tenía a punto de honra el servir con exactitud y fidelidad a sus clientes.

A la cabeza de la hermandad se situaba un directorio secreto y la identidad de los miembros del mismo era conocida tan sólo por el Hermano Mayor, una especie de gran maestre que habitaba en la Corte, en la que a veces disfrutaba de posición elevada. Este hermano mayor solía residir en Toledo y se señala que por lo normal era hombre de alcurnia. Algunos autores señalan que el famoso D. Rodrigo Calderón, Marqués de Sieteiglesias, secretario personal de Felipe III, fue uno de los hermanos mayores de la Garduña. En cada ciudad, la hermandad estaba presidida por un Capataz, que recibía instrucciones directas del hermano mayor. Estas instrucciones se hacían ejecutar con una prontitud y un celo que harían sonrojar a más de un funcionario público.

Como vemos, el organigrama de la Garduña guardaba bastantes similitudes con el de la Germanía, lo que no podía ser menos, dado que ambas sociedades secretas eran delictivas, urbanas, de la misma época y se organizaban a imitación de las hermandades y cofradías.

En cuanto a los miembros inferiores de la Garduña, no sólo eran muy numerosos, sino que se dividían en gran profusión de grados, con denominaciones pintorescas, que hacían referencia a su ocupación delictiva. Algo que también se veía entre los secuaces de la Germanía.

La espina dorsal de la hermandad estaba formada por los Matones, que eran espadachines diestros, asesinos osados y ladrones hábiles. Estaban dotados de valor a prueba de ansias, es decir, de tormento, y no tenía temor a ser presos y ejecutados. En la jerga de la sociedad, los matones se dividían a su vez en dos categorías: punteadores y floreadores. Los primeros se ocupaban de ejecutar los asesinatos, y de asestar las heridas más o menos graves que los clientes encomendaban a la sociedad. Los segundos se especializaban en robos, juegos de ventaja y actividades similares. Por lo general, todos estos personajes eran prófugos de las cárceles de Toledo, Sevilla y otras grandes ciudades.

A continuación estaban los soplones o fuelles, que eran así llamados porque su ocupación dentro de la sociedad consistía en recabar y comunicar al capataz las informaciones que necesitaban para cometer sus asesinatos y robos. Si era necesario, se introducían en las casas bajo diversos pretextos. Muchos soplones trabajaban además como alguaciles de justicia o del Santo Oficio. Otros eran hombres de edad avanzada, hipócritas de aspecto digno y beato, verdaderos ratones de iglesia a los que se veía siempre con el rosario en la mano, y que al abrigo de esa falsa respetabilidad sonsacaban acerca de sus víctimas.

Completaba el personal masculino de la hermandad un gran numero de jovenzuelos de entre doce y dieciséis años, aprendices de las artes del crimen. Recibían éstos el nombre de chivatos y servían de ayudantes y espías a los matones. Era preciso ser chivato durante un año para ascender a la categoría de floreador, y dos años de buenos servicios en este rango para luego poder ascender a punteador.

Además, la sociedad secreta contaba con personal femenino, que les era de especial utilidad en sus actividades. Estaban las encubridoras, que se encargaban de vender los objetos robados. Y sobre todo, figura fundamental eran las sirenas, que tenían como misión atraer a lugares propicios a las víctimas señaladas, para que los punteadores pudiesen dar buena cuenta de ellos con el mínimo riesgo posible.

Completaba este organigrama un número nada desdeñable de cómplices. Alguaciles, escribanos, procuradores, familiares del Santo Oficio, frailes, nobles, que servían de encubridores y protectores de la sociedad. A su vez se servían de ésta para sus asuntos particulares, ajustes de cuentas y venganzas. Se tendía así una red tan amplia como secreta, por la cuenta que les traía a todos. Así se explica la pervivencia en las sombras de una hermandad criminal que fue, durante cuatro siglos, una de las mayores calamidades que sufrió España.

A los miembros se les inculcaba el mito, como ya hemos comentado, de que la hermandad había nacido poco después de la invasión musulmana, y que su origen era casi semidivino, ya que descendían de los elegidos por Dios para limpiar España de infieles. El eremita Apolinario, que vivía en algún punto de Sierra Morena, cerca de Córdoba, recolectando hierbas y rezando a la Virgen, escuchó cómo ésta la invitaba a reclutar hermanos por toda España para expulsar a los musulmanes y quedarse con sus riquezas como recompensa. Para que su fe no titubease, la Virgen le entregó un botón de la túnica de su propio Hijo, reliquia que preservaría de heridas a quien lo llevase encima.

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4 Opiniones

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  • Wamba
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    El editor de Zenith, por lo q yo sé, es el mismo que editor de Minotauro, al q un buen día le dijeron que se hiciera cargo de este proyecto. Así que aprovecha y, entre pestiño esotérico y pestiño esotérico intercala buenos libros, como el de Diabolus e, intuyo, éste.

    Por ciero, gracias a los autores, que ahora podré recomendar algún libro cuando me pregunten sobre esta temática. Que lo único que ha ido saliendo por estos lares son mierdas de César Vidal y demás facherío paranoico. Que casi se les escapa lo de la "confabulación internacional judeo-masónica y comunista".

  • Alberto
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    Es raro encontrar un trabajo serio sobre este tema y menos dedicado a España (de hecho, es el único que conozco) El libro es interesante, aunque alguna de sus revelaciones me fastidió un poco (El tema de La Garduña)

  • ermanu
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    Quien escriba eso de que la Inquisición necesitaba apoyarse en sociedades secretas de malhechores, o lo hace por pura fantasía y recreación artística o no ha leído ni una sola línea de la amplia documentación que existe sobre el Santo Oficio.

  • Alberto
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    Ese fragmento solo se refiere a la leyenda de La Garduña. Si quieres enterarte más, mejor será que leas el texto completo y verás que la cosa no es como la imaginas.

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