Nuestros propios adversarios

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El calamar gigante de Verne, el conde Drácula de Stoker, el ojo que todo lo ve, Sauron, de Tolkien. Son tan sólo tres ejemplos de entre los muchos que la literatura fantástica ha grabado a fuego en nuestras mentes. El cine les ha dado forma, logrando traspasar el terror de las páginas a la gran pantalla. A ese famoso adversario, ya sea animal, persona o cosa, se le ha bautizado con multitud de nombres y se le ha dotado de terribles poderes. Unos poderes capaces de dominar el mundo, someter a los pueblos, en definitiva, causar miedo. Es entonces que uno se pregunta qué tendrán estos personajes para que a lo largo de la literatura universal siempre hayan estado presentes. Os propongo que nos demos una vuelta por nuestra propia historia para conocer a Nuestros Propios Adversarios.

La cuna de nuestra actual civilización: El antiguo Egipto, Mesopotamia y la Grecia y Roma antiguas. Todas ellas han tenido que soportar en sus culturas a entidades (o deidades) maléficas, pérfidas, con mucha mala baba.

Set, dios al que se le asociaba con las terribles tormentas de arena, y al que los egipcios veneraban con el fin de tenerlo a su favor. Más tarde, sin embargo, se convirtió en el señor del desorden, así como enemigo de Horus y el mundo ordenado que éste representaba. A Set se le solía representar con la cabeza de un animal, parecida a la cabeza de un oso hormiguero, o un hipopótamo o un cerdo. Hay que reconocer que los egipcios empezaron fuerte.

La antigua Mesopotamia creo a las gallas, de naturaleza implacable y sin atisbo de sentimientos o necesidades propias de los seres humanos. No dudaban en arrancar a los bebés de entre los brazos de sus padres, ni en robar a las recién casadas del lecho nupcial.

Aunque, sin duda, de entre todas las civilizaciones la que se lleva la palma es la Griega y Romana, con la creación de una riquísima mitología, de dioses y semidioses en constante rivalidad. Las que probablemente todos recordamos son las Gorgonas, surgidas durante las violentas contiendas entre los dioses. Las que consiguieron sobrevivir continuaron atemorizando a la humanidad con su horrenda cabeza redonda llena de serpientes y convirtiendo en piedra a todo aquel que osase mirarlas. Las Grayas eran, a su vez, hermanas de las Gorgonas y simbolizaban la vejez. Con el tiempo, se convirtieron en unas brujas de cabellera grisácea, que compartían entre sí un único diente y un solo ojo. Equidna, descrita por Hesíodo como una hermosa mujer de cintura para arriba y monstruosa serpiente de cintura para abajo, es una muestra más de la cultura de deidades maléficas de estos griegos y romanos aunque no termina aquí la retahíla. De la unión de Equidna con Tifón, monstruo creado por Gea para combatir contra Zeus, nacieron toda una serie de vástagos entre los que destacaba Cerbero, el perro de las tres cabezas que vigilaba la entrada del reino de las tinieblas (de la saliva de sus fauces brotaban plantas venenosas). La Quimera, un monstruo a medio camino entre un león, una serpiente y una cabra, expulsaba fuego por la boca y la Esfinge, que tenia la cabeza de mujer y cuerpo de león, se dedicaba a acosar a los habitantes de Tebas y por último el león de Nemea, que constituía una pesadilla para las gentes de la propia Nemea.

Hemos empezado por las civilizaciones más próximas y hemos encontrado un buen número de Adversarios, de personajes a los que hay que temer, a los que se les debe un respeto y en ocasiones ferviente devoción. Forman parte de la cultura de nuestro mundo ya desde tiempos remotos. No es de extrañar, por tanto, que a lo largo de la historia numerosos escritores hayan tomado prestado ese miedo, y a la vez encanto, y lo hayan vestido con su propia imaginación.

De todos modos, no quisiera quedarme aquí, tan cerca. Próximo parada a través de la historia: Celtas, Oriente, el Nuevo Mundo y África.

Interplanetaria

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