Yo fui un cazador de cabezas

Hay viajeros por placer y quien viaja “para llegar”. Jean-Yves Domalain confiesa al iniciar su relato que no le gusta viajar: es una “perdida de tiempo, de energía y gastos inútiles”. Domalain se propone gastar lo menos posible de lo que más le falta: dinero. Por ello elige el autostop para llegar a Indonesia, puesto que lo que le gusta, es el estudio de los animales, y allí es donde se encuentran los dos bichos tras los que encamina sus pasos: el varano de Komodo y el esfenodonte de la isla de Stephen. Le veremos atravesar, Pakistán, India, Nepal, Thailandia, Laos y Malasia, hasta acabar en lo más intrincado de Borneo. Panjamón -el libro que recoje este periplo- no es obra apta para espíritus tiernos y sensibles, es duro, muy duro. A Domalain, que por todo equipaje lleva rifle, equipo fotográfico y cazuela, lo que le interesan son las dos especies de reptiles sobre los que quiere hacer el reportaje. El resto de los animales con que tropieza –salvo su mona Totoche– suelen ser catalogados de “comestibles”, “poco comestibles”, “deliciosos”, “insípidos” y, todo lo más, “raros” o “peligrosos”.

En su inicio Panjamón es una excursión fotográfica de un freelance de los reportajes de animales en libertad. Pero Panjamón –el término”– significa “cortar la cabeza”. Cuando Jean-Ives le comenta a dos Iban Dayaks de la costa de Borneo su intención de penetrar más al interior, sus interlocutores intentan hacerle desistir: los Iban Dayaks de las montañas…, Panjamón… Si hasta entonces las andanzas de nuestro viajero de riesgo habrían hecho preguntarse a muchos lectores si “este francés estaba loco”, lo que entre los Iban Dayaks del interior le ocurre está más próximo a la aventura desquiciada y la pelicula de terror, que a una de Tarzán con casita en el árbol. Aventuras de caza, ceremonias de iniciación, ritos, salvajismo, humor malvado… todo un curso de supervivencia en la selva tropical, incluida esa peculiar especialidad que no suelen incorporar las que en Europa se hacen para directivos: de “como conservar la cabeza entre cazadores de cabezas”. Si a algo puede recordar la estancia de Domalain entre los Ibans es a Un hombre llamado caballo. Con una salvedad: los sioux de Richard Harris están muy en el futuro cultural de los habitantes del interior de Borneo. Lo único que creemos tener claro según pasan las páginas, es que, puesto que Panjamón es un viaje, una aventura real, sabemos que Jean-Ives Domalain vuelve. Ahora que… por los pelos.

Este libro, un clásico del viaje antropológico de riesgo –si es que está modalidad existe- está incomprensiblemente descatalogado en España. Se le suele ver rodando por los mercados de libro de segunda mano. Así que os sugiero que aprovechéis la Feria del libro antiguo y de ocasión que acaba de inagurarse en Madrid. Hay edición de bolsillo –la más frecuente- y en tapa dura con fotografías. Si veis ésta absteneos de tocarla y avisadme. Hace años que la busco y sigo conteniéndome cada vez que la ojeo en la biblioteca.

Interplanetaria

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